lunes, 20 de agosto de 2012

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / SAINT REMY DE PROVENCE


 “Puedes rodar por países lejanos,
 Lo que no has visto, por ansia de ver.
 Pero país más alegre que el tuyo
 No lo has de ver, labrador provenzal”.

Federico Mistral. Poeta francés.  


Hace algunos días tuve la oportunidad de dar un corto paseo por el sur de Francia. Un breve asueto que me llevó en primer lugar a la pintoresca población de Saint Remy de Provence, una pequeña ciudad ubicada en la espectacular región de Provenza, al pie del parque natural de Los Alpilles (nombre que es una suerte de diminutivo de Los Alpes), en el departamento de Bocas del Ródano. Dice la leyenda que el Rey Clodoveo I (Clovis I, en francés) andaba por los lados de la Provenza en compañía de San Remigio (Saint Remy, en francés y apóstol fundamental en la historia de Francia, pues logró convertir a Clodoveo I al cristianismo y fue  obispo de Reims durante la bicoca de ¡70 años!). Durante el paseo, en la zona de Los Alpilles, San Remigio exorcizó a una joven poseída por un demonio desde que era niña, pero la joven falleció en el proceso. Sin embargo, San Remigio la resucitó y como agradecimiento, el padre de la chica le regaló unos terrenos en donde luego se estableció la población conocida hoy como Saint-Remy de Provence.

La localidad está ubicada en el corazón de la región, a medio camino entre ciudades tan interesantes como Avignon, Marsella, Arles, Aix-en-Provence y Nimes. Pero sin llegar a comparase con estas, Saint Remy de Provence reúne muchas de las características que atraen a tanta gente a la región de Provenza: agradable clima, ambiente pueblerino y muy pintoresco, buena gastronomía, canto de cigarras en verano, gente abierta, luz y personalidad mediterráneas, un cielo azul esplendoroso, sitios para visitar, etcétera. Caminé callecitas simpáticas, vi lugares coloridos y entre los caprichos gastronómicos que conseguí, además de unas deliciosas pastas de untar, bien mediterráneas también, están una confitura de mandarina y otra de pétalos de rosas, que mejor no les cuento.

Saint Remy de Provence posee un pasado muy antiguo; en tanto hay agua abundante y bosque, lo que es a su vez fuente de cacería y madera, la zona fue propicia para los asentamientos humanos, y los griegos trajeron a la zona los cultivos de la oliva y de la vid, tan importantes en la Francia actual. Se han descubierto allí vestigios de asentamientos celtas que datan de por lo menos 600 A.C, pero es durante la época de dominación imperial romana que la ciudad toma un primer auge. En las afueras de la ciudad hay un extraordinario sitio de ruinas romanas conocido como Glanum, suficientemente interesante como para dedicarle una nota específica distinta de esta, que publicaré próximamente.

Entre las particularidades de Saint Remy de Provence está ser el lugar natal del famoso y misterioso Nostradamus, quien se llamaba originalmente Michel de Nostredame, pero que en algún momento comenzó a firmar con el conocido seudónimo. Por cierto, “Nostradamus no es una transcripción en latín de su apellido, sino una expresión que posiblemente aquel hombre utilizaba como juego de palabras por afinidad fonética con su apellido y que significa algo así como “damos lo que es nuestro. El caso es que el tipo sale por todas partes en la ciudad y en la esquina donde está ubicada la casa en la que nació, hay una fuente muy llamativa con su busto. Vale la pena contar que sus famosas y misteriosas “profecías han opacado el resto de la obra de este interesante personaje, pero que fue un reconocido médico francés del renacimiento, además de intelectual, poeta, humanista, estudioso de los filósofos antiguos, investigador de geografía, matemática y ciencia, y que llegó a ser consejero y astrólogo de Caterina de Médicis, y médico del Rey Carlos IX de Francia.

Otro personaje famoso asociado con Saint Remy de Provence es el pintor Vincent Van Gogh, que estuvo durante un año internado por su propia decisión, en el monasterio y hospital de Saint Paul de Mausole. Durante su estada, Van Gogh pintó más de 140 cuadros, entre ellos una de sus obras maestras, Noche Estrellada, que representa el paisaje nocturno que el pintor veía desde la ventana de su habitación. Tuve la ocasión de visitar este monasterio, en cuya entrada hay una muy interesante estatua que representa al pintor con girasoles en la mano. El monasterio, cuyo claustro tiene un patio interior cuadrado muy especial con un sereno jardín y un juego de columnas digno de verse, fue construido en el siglo XI cerca de un manantial al cual llegaban peregrinos de todas partes a invocar a Valetudo, diosa romana de la salud personal. Tal vez esa circunstancia fue aprovechada para emplazar el hospital en ese lugar, que hoy sigue funcionando como lugar para el tratamiento de algunas enfermedades mentales, y que utiliza el Arte-terapia entre otras técnicas. 

Una leyenda cuenta que antes de que el monasterio existiera, había en el terreno correspondiente una familia de campesinos, uno de cuyos miembros se llamaba Paulus, que venía huyendo de la invasión de los Vándalos. Hasta allá llegaron unos emisarios de la diócesis de Saint Paul Trois Chateaux a proponerle a Paulus que sucediera en funciones al recién fallecido obispo Torcuato (no me pregunte por qué unos enviados de la iglesia le propondrían a un campesino desplazado ocupar tan alto cargo, la leyenda no lo explica). Nuestro amigo Paulus rechazó en principio la oferta y clavando una vara o bastón en el suelo, dijo que él sería obispo cuando esa vara floreara (supongo que es el equivalente a nuestro venezolano cuando la rana eche pelos), pero resulta que la vara comenzó a florear ahí mismo, de manera que a Paulus no le quedó otra que asumir su cargo. La leyenda tampoco dice si el hombre aceptó de buena gana o si más bien después refunfuñaba diciendo quién me mandaría a abrir la boca, pero la vara fue conservada como reliquia y en el mismo sitio en que floreó se construyó un oratorio que después se convirtió en el famoso monasterio.

Cierro esta nota con una referencia a Los Alpilles, un bloque montañoso calcáreo de poco más de 10 kilómetros de largo, caracteristico de la región, y que a través de sus colinas y montañas, y con una mezcla del verde intenso de la vegetación con el gris blancuzco y árido de la piedra, conjugan un paisaje muy interesante, hermoso e inusual. Tuve la suerte de alojarme en una habitacion con vista a Los Alpilles y como entre mis costumbres está la de levantarme temprano, pude observar estas formaciones cambiar de colores durante el amanecer. En Provenza hay muchísimo que ver, pero Saint Remy de Provence es una de esas localidades chicas y encantadoras que deja un muy bonito recuerdo.


Las fotografías que ilustran este artículo fueron tomadas durante mi visita a Saint Remy de Provence. Ellas corresponden, en orden descendente, a:

1. Una calle vereda con muchas plantas de adorno, en el centro de Saint Remy de Provence.
2. Otra calle en el centro de Saint Remy de Provence.
3. La fuente Nostradamus.
4. Yo, al lado de la estatua de Vincent Van Gogh, en la entrada al Monasterio de Saint Paul de Mausole.
5. Vista al amanecer de una sección de Los Alpilles.

Pueden disfrutar de imágenes adicionales en el álbum que he abierto en mi perfil de Facebook; el enlace directo es este: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151115359232902.460144.659287901&type=3


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