viernes, 24 de junio de 2011

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / LA MÚSICA DE FIESTA



 “La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.” 
Leonard Bernstein. 


El solsticio de verano es el más largo de los días del año en el hemisferio norte. Suele corresponder al 21 de Junio y desde tiempos muy antiguos es un día asociado con diversos rituales y símbolos. Uno de los más comunes es el fuego; hay quienes piensan que como a partir de esa fecha los días comienzan a ser más cortos (hasta el solsticio de invierno, por supuesto), las fogatas y fuegos rituales eran ofrecidos al sol para ayudarle de alguna forma a renovar su poder. Los antiguos griegos encendían hogueras inmensas en el solsticio de verano, en honor al dios Apolo.

Hay quienes sostienen que las fiestas de solsticios son las festividades más antiguas de la humanidad; ciertos estudios antropológicos sugieren que ya en el neolítico, el solsticio era tenido como un momento muy particular. En diferentes civilizaciones antiguas hay evidencia de la celebración del solsticio y hoy en día hay aún vestigios en lugares tan apartados uno de otro como Irlanda, Suecia, Vietnam, Perú, Finlandia, México o Estonia. Para efectos de este artículo, valga decir que muchas de esas conmemoraciones tenían –y tienen todavía– música.

La celebración católica de San Juan, que se desarrolla el 24 de Junio y en la que el fuego (y los tambores, por lo menos en mi natal Venezuela) suele ser elemento importante, tiene raíces en esas fiestas de solsticio. Según el Evangelio de San Lucas, unos días después de la Anunciación, María visitó a su prima Isabel (futura madre de Juan el Bautista) quien estaba en el sexto mes de embarazo. En tanto el nacimiento de Jesús había sido fijado para el 24 de Diciembre (cercano al solsticio de invierno), entonces fue sencillo hacer coincidir el nacimiento de Juan el Bautista con las fiestas del solsticio de verano.

Otra coincidencia interesante es que para griegos y otras culturas, los solsticios eran puertas a través de las cuales entraban las nuevas energías que venían con cada estación. El solsticio de verano era llamado “La Puerta de los Hombres”. Por cierto, Jano, otro de los múltiples dioses griegos, era también dios de los solsticios y dios de las puertas. Por su parte, se dice que en la noche de San Juan se “abren puertas” y pasan cosas medio extrañas. Hay quienes creen que esa noche los hombres pueden convertirse en dioses, pero también en demonios.

La puerta que a mí me gusta que se abra el 21 de Junio es la de la música, porque a partir de 1982 y a raíz de una iniciativa francesa, se celebra ese día “La Fiesta de la Música”. Aquel año se supo, a raíz de un estudio sobre las prácticas culturales francesas, que al menos cinco millones de personas tocaban algún instrumento musical en este país. Alguien deliró con la posibilidad de que todas esas personas salieran a la calle un día a mostrar sus dotes y Jack Lange, ministro de cultura de entonces, propuso una celebración donde la gente pudiera festejar su afición por la música, a realizarse el 21 de Junio.

La propuesta prosperó y hoy en día, la fiesta de la música  se celebra de una u otra forma en más de 100 países de los cinco continentes. La esencia es que haya diversas manifestaciones musicales de todos los géneros en la calle, de manera gratuita, para deleite del público. Es una celebración consolidada; en 1998 se le dedicó un timbre postal y este año se acuño una edición especial de la moneda de 2 euros para festejar su 30° aniversario.

Celebrar la música es una propuesta que cuenta definitivamente con mi respaldo. No podría menos que apoyar abiertamente un homenaje popular a una amiga que me ha acompañado siempre. Desde las canciones con las que me arrullaba mi madre, pasando por la variadísima colección de discos de mi padre y que luego yo amplié, mis clases de órgano electrónico y mi pasantía por distintos coros o el descubrir de mis propias preferencias musicales a partir de mi adolescencia, incluyendo la música disco y el pop del período 1975-1985, la posterior reconciliación con el rock de los 70s, o las extraordinarias aventuras que me regalaron el jazz contemporáneo, la salsa, el bossanova, la música electrónica, los cantantes líricos o la renovación de la música venezolana a partir de los 80s, por mencionar apenas algunas de las posibilidades que ella ha ofrecido al melómano no muy serio que creo ser.

La primera vez que oí de esa fiesta de la música fue en mi adoptiva Valencia, creo que en el 2004 ó 2005. La alianza francesa promocionaba la iniciativa y en aquella ocasión tuve la suerte de ver tocar en vivo, por primera vez en mi vida, a mi ahijado William Guzmán (creo que soy de los muy pocos que lo llaman así porque él es conocido en el medio artístico como “Magú”), que en ese momento se presentaba allá como guitarrista de la banda Papashanty Saund System.

Desde entonces he podido disfrutar de la fiesta de la música, particularmente en el tiempo en que viví en la culturalmente riquísima París. El evento marca el inicio de la temporada veraniega, llena de manifestaciones musicales de lo más heterogéneas. Hay verdaderamente para todos los gustos y he podido admirar presentaciones de jazz, música clásica, salsa, contemporánea, africana, techno, música coral, interpretados por auténticos profesionales, así como otros que sin llegar a un nivel superior de ejecución, dan lo mejor de sí a través de sus instrumentos.

De las cosas más simpáticas de la fiesta de la música parisina está que después de las presentaciones oficiales que ocurren por todas partes, ya entrada la noche, todo el que tenga un instrumento puede sacarlo y ponerse a tocar en la calle. Nunca olvidaré haber pasado una vez por el boulevard Saint-German, cerca de la media noche y de pronto escuchar el muy particular sonido de un acordeón que me parecía algo familiar. Era un grupo de colombianos rumberos que en una parada de autobús, improvisaba unos vallenatos que si bien no estaban muy afinados (quién sabe si por efecto de la, a esa hora ya prolongada ingesta de ciertos líquidos, combinada por la nostalgia de la tierra natal), les salían de adentro (a lo mejor era precisamente por eso que las notas andaban ya medio confusas).

La fiesta de la música de este año la pasé en Ferney-Voltaire; evidentemente las dimensiones de la celebración no son nunca las de la versión parisina, pero pude disfrutar de algunas presentaciones en el pueblo que ahora me acoge. En particular me sorprendieron un grupo que hizo música techno y que junto a la tecnología moderna, utilizaba también unos “didgeridoo”, instrumentos de viento tradicionales australianos que producen un sonido grave y monótono; y otro grupo de nombre “Owen’s Friends” que hacen música irlandesa, cuya calidad de ejecución disfruté muchísimo y no dudo en recomendar.

Hay un encanto bien especial en eso de salir a caminar y encontrar gente haciendo música por doquier. Observar a profesionales de las melodías desplegar su arte y asombrarse de las incontables variantes y giros que puede tomar –para insistir con la herencia griega– “el arte de las musas”. En tanto manifestación cultural, habrá las que nos gusten más y las que nos gusten menos, así como la interminable diferencia de opiniones al respecto. No niego que hay creaciones musicales que prefiero escuchar de lejitos (o mejor aún, no escuchar para nada) mientras que otras podría disfrutarlas largo rato. Más importante es que todas caben en el repertorio de la fiesta de la música.

Tal vez sea esa polifónica variedad, esa sinfonía siempre inconclusa de lo que el ser humano puede crear con sonidos y tiempos, una manera de apoyar la creencia de que en las noches de solsticio se “abren puertas” y pasan cosas medio extrañas. No podremos negar que hay músicos que tocan como dioses, mientras que otros suenan más bien como demonios.

Como sea… ¡que viva la música!


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3 comentarios:

  1. Interesante artículo, tomando en cuenta como el mundo puede unirse a través de la música y en disímiles formas

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  2. Muchas gracias, “Lupitahey”. He escrito un par de cosas más sobre el tema de la música; si te apetece, puedes seguir los enlaces que sugiero al final del artículo. De nuevo, muy agradecido por tu visita. ¡Regresa pronto!
    Como siempre…

    Hugo Rafael

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  3. Señor Hugo lei su otro blog y queria hacerle una pregunta. Si me puede escribir a info@cavj.org por favor :)

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