martes, 22 de marzo de 2011

SILMARIL / EL JARDÍN DE HIROSHIMA


Dedicado al pueblo japonés, a mis compañeros de la Cámara Júnior de Japón,  
a mi amiga Cristina Akiko Miyazawa y a mi maestro de karate, Shoko Sato.  

“Por más larga y oscura que sea la noche,   
el sol siempre vuelve a brillar”.  
Frase popular.  

En 1990 tuve la suerte de ir a Japón y pasar unos 10 días en ese extraordinario país, estudiando, conociendo y aprendiendo. Fui allá representando a Venezuela en la III Academia JCI Internacional de Liderazgo, un evento que la Cámara Júnior de Japón realiza cada año desde 1988. La Academia reunió en aquella oportunidad unos 70 delegados internacionales –solo un representante por cada país– y unos 70 delegados japoneses, para formarnos a todos en conceptos de liderazgo y ciudadanía global. En un encuentro con personas de orígenes tan diferentes, a veces resultaba más sencillo para algunos llamarnos por el nombre de nuestros países respectivos, que por los propios nombres, en muchos casos impronunciables. Yo tenía entonces 25 años y fui uno de los delegados más jóvenes en asistir; pocas veces la palabra “Venezuela” ha tenido para mí tanta carga de responsabilidad y al mismo tiempo de orgullo.

Mis vivencias en esos 10 días en Japón fueron múltiples y extraordinarias y necesitaría varios artículos para abarcar por completo el impacto que la Academia ha tenido en mi vida; parte de lo que soy hoy tiene algunas raíces en lo que allá encontré. Entre las cosas que aprendí en Japón entonces y que de alguna forma llevo aún conmigo, está la noción de ciudadano global. Un broche que recibí como graduado de la Academia con la inscripción Global Networker también me lo recuerda. En tanto tal, es para mí imposible ver lo que está ocurriendo hoy en Japón y no sentir las fibras de esa ciudadanía global removerse.

Mi Academia (la mejor de todas, para aquellos graduados de otras Academias que tienen a bien leerme) se llevó a cabo en dos ciudades; primero en Miyazaki, una preciosa localidad en el sur de Japón, y luego en Hiroshima. Si bien el evento fue fundamentalmente uno de intensa formación, el programa incluía también visitas turísticas. Finalizada la porción del programa correspondiente a Miyazaki, nos dividimos en grupos de 5 ó 6 personas para tomar el Shinkansen o tren bala, dirigirnos a Hiroshima y pasear luego por diferentes lugares de la ciudad. Estábamos aún en los estertores de la Guerra Fría, el Muro de Berlín había caído apenas meses antes y una de mis compañeras de viaje fue la delegada alemana; otro de los souvenirs que conservo es el trozo del muro que ella nos obsequió, que arrancó de la miserable pared con sus propias manos en Noviembre de 1989.

Puedo evocar con claridad la sensación que me produjo el primer encuentro con la ciudad. Hasta entonces Hiroshima era para mí un nombre relacionado solo con las tristemente recordadas bombas atómicas de 1945 y no sé muy bien qué esperaba yo del sitio, pero al salir de la estación de tren tenía ante mí un despliegue urbano insólito y asombroso; una ciudad moderna, espectacular, vibrante y fluida, absolutamente viva y pujante. Todavía en la incredulidad –feliz incredulidad, tendría que agregar– dije para mis adentros: “¿Y fue aquí, en este mismo lugar, donde explotó una bomba atómica?”

Pero sí, estaba en la ciudad que el 6 de Agosto de 1945 había sido totalmente destruida en las postrimerías de la II Guerra Mundial. Como parte de mi estada en la ciudad pude visitar el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima y conocer la Cúpula Gembaku o Domo de la Bomba Atómica, el Museo Memorial de la Paz y el Cenotafio de Hiroshima; todos sitios relacionados con la indecible explosión. Fue la primera vez que tuve un encuentro tan cercano con los horrores de la guerra y 21 años después permanezco conmovido por lo que allí observé. 

Después del recorrido por la ciudad, volvimos a encontrarnos todos los delegados participantes en la Academia y en una reunión que adquiró un tono casi solemne, cambiamos impresiones sobre lo que cada quien había observado y vivido. Gran parte de la conversación se orientó hacia el tema de la bomba y las consecuencias de la guerra. Uno de los comentarios que más me impactó fue el de alguien que dijo que si bien el uso de la bomba había sido algo espantoso, de no haber sucedido, la guerra habría durado probablemente más tiempo y que ello tal vez habría causado más muertes que las que las explosiones atómicas generaron. No fue tanto el carácter de la hipotética reflexión lo que me sorprendió, como el hecho de haberlo escuchado en la emocionada voz de uno de los delegados japoneses.

Pero no sólo visitamos sitios relacionados con la guerra; mi grupo escogió ir también al Castillo de Hiroshima, una extraordinaria edificación de estilo japonés construida alrededor de 1590 y reconstruida en 1958, que fue residencia del Daimyo de Hiroshima. El antiguo alumno de karate que yo había sido y el aficionado a las historias de samuráis que también era, la pasó de lo mejor en aquel lugar. Sin embargo, de tener que elegir el sitio que más me impresionó de todos los que conocí en Hiroshima, escogería sin ninguna duda el Jardín Shukkei-en.

El Jardín Shukkei-en es un magnífico, hermosísimo jardín de estilo japonés, construido en 1620 por Soko Ueda, un reconocido maestro de la ceremonia del té al servicio de Asano Nagarika, entonces Señor de la provincia de Aki. El lugar es un espectáculo de paz, delicada belleza y exquisita armonía, y para mí es el símbolo de lo que encontré en Hiroshima. Ubicado a algo más de un kilómetro de donde estalló la bomba del 6 de Agosto de 1945, fue arrasado totalmente por la detonación y tal vez por eso precisamente, lo más asombroso fue poder comparar las imágenes del jardín justo después de la hecatombe, con el bellísimo paisaje que yo tenía ante mis ojos en 1990. Los japoneses habían logrado reconstruirlo y hacerlo parecer, tanto como fue posible, a lo que había sido antes de la explosión.

Ese jardín representa en mi opinión, la capacidad que tiene nuestra especie de sobreponerse a las más grandes calamidades y restaurar lo que considera bello, lo que le es importante. Llámela usted como quiera: resistencia, tenacidad, entereza, resiliencia, perseverancia; me importa mucho más el resultado que el calificativo. El Jardín Shukkei-en me dijo entonces y me dice hoy, que no todo lo que se pierde está destinado a perderse para siempre y que aún en las más funestas circunstancias, por encima de los peores horrores, el ser humano es capaz de recuperar luego aquello que aún valora y estima.

Durante mi Academia, en aquel 1990, no llamé a ninguno de mis compañeros japoneses por el nombre de su país, que en japonés se pronuncia “nihon” o “nippon” y que etimológicamente significa “El Origen del Sol”. Cuando se habla del Japón como “El País del Sol Naciente”, se hace referencia a esa etimología, que está también plasmada gráficamente en su bandera. Sin embargo, allá en Hiroshima, en el Jardín Shukkei-en, supe que los japoneses habían hecho honor a su nombre. Sé, sin duda alguna, que podrán hacerlo de nuevo.


Las imágenes que ilustran este artículo fueron encontradas en Internet; corresponden además de la bandera de Japón a diferentes vistas de Hiroshima, de su castillo y de su Jardín Shukkei-en.

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12 comentarios:

The Dream Catcher dijo...

Hugo gracias por tu maravilloso escrito sobre Japon y las Academias, yo participe de la IX y al igual que tu, tuve la fortuna de visitar Hiroshima como parte de la Academia. Solo debo contradecirte en un punto , la mejor Academia fue la IX (tu entiendes).
Saludos desde Miami y sea la oportunidad para reiterarte que aqui tienes tu casa, hermano.

egarciad dijo...

Amigo, siempre olvidamos que tenemos un potencial inmenso como seres humanos y nos sorprendemos cuando vemos ejemplos de entereza como el que nos enseñan nuestros hermanos japoneses. Creo que esto ha sido aún más noticia que la tragedia en sí.
No dudo que este pueblo se recupere rapidamente y a nosotros sólo nos queda aprender la lección y pedir fortaleza y sabiduría para aplicarla en nuestras vidas. Gracias por compartir este mensaje. Un abrazo desde Panama

Fuenmayor dijo...

Saludos, apreciado y recordado Jci, realmente cuendo se habla de las experiencias vividas dentro de Cámara Junior, son memorias que se vienen a la mente como el momento de encuentro de amigos que eran siempre cambiar una realidad problematica y hacerla llena de logros, éxitos y armonía. Ahora donde el pueblo Nippon sufre un embate de la Madre naturaleza es cuando se debe pensar en la fortaleza necesaria para afrontar los problemas y ellos nos han dado ensenanzas en ello, nunca desmayar ante los obstaculos debemos dar lo mejor de nosotros y ahcer que eso que VALORAMOS defenderlo y recordarlo como es: PARTE DE NUESTRAS VIDAS. Saludos desde Valera un antiguyo miembro de este Capitulo

Rafael dijo...

Hugo, gracias por este extraordinario mensaje. Yo, al igual que tu, tuve la tremenda oportunidad de ir a la V Academia Internacional JCI, la cual incluyo tres ciudades: Kobe, Hiroshima y Kita Kyushu. Y el mismo recorrido que hiciste en Hiroshima, nuestro grupo, The Zumo Fighters, tambien lo hizo....

Como lo dije en muchas oportunidades visitando las entonces llamadas OLMs o capitulos de Venezuela (hoy las llamamos solo Organizaciones Locales), Hiroshima y especialmente el Parque Memorial cambio por completo mi vida y la perspectiva de ver, hacia la perspectiva del sentir. El paso entre la entrada y la salida del Parque Memorial fue un renacimiento.

Recuerdo vivamente el Castillo, El Jardin y lo mas impresionante de todo: La belleza de la ciudad que, como tu lo menciones en tu articulo, alguna vez fue devastada, pero que era imposible reconocer de entre las fotos de la devastacion (con excepcion del Domo)

Cuando nos reunimos a discutir nuestra experiencia en Hiroshima, ya en Kita Kyushu, donde entre otras actividades, se realizaria la Conferencia de Area de Asia y el Pacifico (ASPAC) con 18,000 delegados (y Venezuela estuvo alli, no era Rafael, era Venezuela, porque al igual que tu experiencia, asi me llamaron durante esos 10 dias).

Primero en nuestros grupos y luego cada grupo presentando un resumen a la audiencia de la V Academia, y tuve la enorme responsabilidad de haber sido escogido por mi grupo para hacerlo.

Mi resumen tuvo que ver coin esa curiosidad que me acompana: Si aquellos que fueron a la Academia o que han visitado Hiroshima, podran haber notado que el Parque Memorial y el Domo estan alineados con una tercera obra: un pequeno tunel, que, alguien al pararse delante de el, puede ver El Domo y el Parque, y lo que "vi" en ese momento fue el Pasado (Domo) y el Futuro (Parque) en el Presente (Tunel) y la labor de en ese entonces de la JCI de seguir construyendo el Presente mediante la formacion de los Lideres que nuestra comunidad global requiere...

Hoy Japon se ha estremecido por la Inmensidad de la Fuerza de la Madre Naturaleza, y una vez mas, el pueblo Japones dara ejemplo de Constancia, Superacion, Esperanza y Voluntad.

Gracias Hugo por abrir este espacio...

Rafa

Jose Joaquin dijo...

Gracias Hugo! esta frase "llámela usted como quiera: resistencia, tenacidad, entereza, resiliencia, perseverancia; me importa mucho más el resultado que el calificativo." Excelente, Un abrazo!!!!!!!

Lenin dijo...

Este escrito me parecio Espectacular, como casi todos los tuyos.
Por fin me pude agregar a tus seguidores
Saludos a Karla, Besos y Abrazos.
Te quiero mucho hermano, un abrazo.
Saludos desde Ciudad Ojeda, Zulia, Venezuela
Tu amigo Lenin Galban

Cristina Akiko Miyazawa dijo...

Es un honor para mi ser parte de esta dedicaoria...no sabes cuanto.
Mientras me paseaba por tu letra, me ocurrio algo increible que solo me pasa cuando te leo...
no te leo, escucho tu voz relatando...
Hiroshima es el contraste del ayer y el hoy, es la esperanza de lo imposible, simplemente es la paz despues de la guerra.
Haces que me sienta orgullosa de mis raices pero quiero que sepas que me siento aun mas orgullosa de saberme en la memoria de un ser tan
unico como tu.
Segura estoy, de que con esa fuerza positiva que emanan tus letras, JAPON volvera a decir SHIKATA GA NAI, y se levantara de su desgracia para perpetuarse en el tiempo, tanto como Dios lo decida.
Seguire leyendote, para poder continuar escuchandote...
Doumo arigatou o lo que es igual, gracias!

Hugo Marichales dijo...

Mi amada amiga Cristina:
Qué mejor halago que saber que al leerme, “me escuchas”.
DOO ITASHIMASHITE
Como siempre...

Hugo Rafael

Hugo Marichales dijo...

Queridos John, Elmer, Eric, Rafael, José Joaquín y Lenín, es un placer recibir sus comentarios y saber que tiene conmigo la deferencia de leer algo de lo que escribo.

Este nuevo abrazo repleto de cariño construido a punta de juniorismo, es para ustedes y los suyos.

¡Gracias por visitar El Cuentador!

Como siempre…


Hugo Rafael

aliciamontero dijo...

Querido Hugo y amigos de la JCI que han leido este artículo y que al igual que yo se han conmovido por lo que has plasmado:
En 1997, después de haber perdido físicamente a mi papá, tuve la oportunidad, como otros venezolanos en años diferentes, de asistir a la X Academia de la JCI (la mejor de todas; por supuesto). Mi recorrido se inició en Kitakiushu (una de los ciudades de Rafa) y finalizó en Yokohama, una ciudad-puerto pujante, muy moderna y bella. Aunque no fui a Hiroshima, le pedí a mis anfitriones que me llevaran a un cementerio y a un templo; buscando respuestas en momentos muy difíciles para mi. La experiencia en el templo fue sobrecogedora; no sólo por la arquitectura, por el diseño sublime de los jardines, sino por la atmósfera de quietud y de invitación al silencio y la reflexión: Allí oré por largo rato no sólo por mis cercanos, sino por los innumerables desconocidos que han partido, especialmente las víctimas de las bombas atómicas.
Pero fue en el cementerio donde mi experiencia fue más impactante: vi las lápidas con caracteres dispuestos verticalmente en negro y en rojo, característica que se repetía una y otra vex, doquiera que miraba. A mi pregunta de qué significaban los colores y qué estaba escrito allí, mis amigos me explicaron que allí estaban escritos los nombres de los jefes de familia en sucesión, y que estaban en negro mientras estaban vivos y al morir se pintaban los caracteres de rojo. Al margen del cambio de significado que tienen los colores en nuestra cultura, me interesó constatar que para ellos no estamos desligados de nuestros antepasados y de nuestros descendientes, sino que desde el mismo momento de nacer el nombre del jefe de familia se inscribe allí, con la plena consciencia de que estamos sólo de paso.
Estoy segura de que nuestro pueblo hermano, el que generosamente nos abrió su corazón y nos permitió ampliar nuestros horizontes intelectuales,emocionales y ciudadanos resurgirá de sus cenizas, cual ave mitológica.
Gracias, Hugo, por abrir este espacio para recordar lo vivido y orar desde nuestras creencias y convicciones.
Un abrazo desde Maracaibo, tu casa siempre. Alicia

Angelica Reyes dijo...

Gracias Hugo, me gusto mucho.
Estoy segura que Japón saldrá adelante y como dices aprenderemos de ellos. Por ahora elevo mis plegarias para que encuentren paz entre tanta angustia y abrigo en el frío.
Un abrazo desde Caracas
Angie

Isabel Alguacil-paisajista dijo...

Enhorabuena por el post! te he conocido a través de paperblog y me ha atraído tu manea de escribir. Te sigo!
Saludos