miércoles, 23 de febrero de 2011

INSOLITUDES / REENCARNACIÓN PLANILLADA


 “Y volver, volver, vooooolver”
 Extracto de la popular ranchera mexicana “Volver, volver”, 
de Fernando Z. Maldonado. 

La anécdota la protagonizan unos amigos. No estuve presente, razón adicional para poder escribirla a mi gusto y escudarme después en la suficientemente imprecisa frase; “más o menos así es como creo recordar que me lo contó alguien…”.

Un grupo de jóvenes discuten la realización de un proyecto de tipo comunitario para ayudar a una población específica de muy escasos recursos económicos y tratar de paliar en algo una de sus tantas penurias. En  medio de la discusión, una chica dice lo siguiente:

- Yo no creo que debamos hacer este tipo de proyectos. Si esa gente vive hoy así, es porque en una vida anterior se comportaron indebidamente y ahora sus reencarnaciones padecen las consecuencias correspondientes. Es su “karma”. Todos tenemos que pagar por lo que hemos hecho o dejado de hacer en nuestras previas venidas al planeta.

Entonces uno de los muchachos presentes responde con un argumento que todavía hoy me parece imbatible:

- ¿Así es la cosa? Entonces si no hacemos nada para ayudar a esa gente hoy, seremos nosotros los que pagaremos “karma” en el futuro y tendremos que soportar algo similar en una próxima vida.

La Ley del Karma, esa de acuerdo con la cual lo que hagamos en una vida tendrá consecuencias buenas o malas en un próxima existencia, se inscribe dentro de la noción general de la reencarnación. No creo en la reencarnación, aunque me parece fascinante como idea, particularmente la variante de que venimos al mundo para aprender algo, pero que hasta que no lo hayamos aprendido estaremos obligados a regresar después de morir, una y otra vez. Sin embargo, se me antoja odioso pensar que yo pudiera ser una especie de hámster, que da vueltas en uno de esos aparaticos que gira sin parar pero que viene con un elaborado disfraz de planeta, hasta que aprenda algo que me permitirá bajarme un día, y lo peor es que no tengo la menor idea de qué diantres es lo que tengo que aprender, porque no puedo recordar qué pasó en mi vida pasada.

Acepto que la imagen es una reducción extrema, pero ilustra de alguna forma mi postura. Mi tío Talabarto era más rotundo al respecto; él decía que con los “vuelve a la vida” que se comía en la playa era suficiente y que no creía en la reencarnación, porque de lo contrario en los funerales habrían muchas más coronas que dijesen: “regresa pronto” y a él le habría ido mucho mejor en la escuela con la clase de historia. 

En cualquier caso, hasta ahora la reencarnación había sido asunto de religiones, pero parece que el largo y a veces muy retorcido brazo de la política quiere abarcarla también. Lo comento porque en China el gobierno ha establecido una ley que prohíbe… ¡reencarnar sin su permiso! y que además estipula el procedimiento adecuado para reencarnar. Así dicho, el asunto suena hasta a argumento de ciencia ficción, pero escarbando un poco más encontramos el punto de vista de diversos analistas políticos que sostienen que ello es un intento de los dirigentes chinos por reducir la influencia del Dalai Lama, el líder espiritual y político de la región del Tibet, que tantos dolores de cabeza les ha creado.

Deseo aclarar que es muy poco lo que conozco de lo que ocurre por aquellos lados, por lo que me parece irresponsable tomar partido por uno u otro bando. En lo personal no me gustan ni los gobiernos de vocación centralista, ni los teocráticos. Este artículo apunta sólo a compartir una de esas noticias de este mundo (y en este caso específico, tal  vez incluso de otros) que evidencia que la humanidad es una fuente inagotable de sorpresas.

La expresión “Dalai Lama”, que según algunos significa “Océano de Sabiduría”, fue originalmente el nombre que Altan Khan –un líder mongol descendiente de Kublhai Khan y Gengis Khan– dio por allá por 1577 a Sonam Gyatso, guía espiritual de la secta budista Gelug o Gelukpa, cuando los mongoles se convirtieron a esta religión. “Dalai Lama” se convirtió eventualmente en un título otorgado al líder de la orden Gelupka, quien –y aquí está lo interesante– se supone que es una reencarnación de su antecesor, que a su vez era reencarnación del anterior y así, parte de una larga línea de reencarnaciones de señores.

Se dice que el Dalai Lama tiene tal nivel de ascensión espiritual que no tendría que reencarnar más y que podría si quisiera, librarse de la “Rueda de la Muerte y el Renacimiento” (¿ven que la imagen del hámster en el aparatito de dar vueltas no es tan tirada de los cabellos?), pero escoge reencarnar para poder seguir enseñado sobre esta tierra. Según la creencia tibetana, cuando un Lama muere, volverá a nacer (o su alma tomará posesión del cuerpo de un niño nacido recientemente) en las cercanías; hay todo un ritual para reconocer al Lama reencarnado. 

Ahora bien ¿por qué este interés del gobierno chino en querer reglamentar una cosa en principio tan poco terrenal como la reencarnación? El problema surge con la ocupación militar china de la región del Tibet en los años 50 y que llevó al actual Dalai Lama a exiliarse en el norte de la India. Hoy, el Dalai Lama, el 14° de su línea y probablemente el exiliado político más famoso del planeta, tiene más de 70 años y su desaparición física de este mundo (de acuerdo, de acuerdo, me referí sólo a la desaparición de esta reencarnación; no quise ofender) es ya una posibilidad cercana. El tema es complicado porque el Dalai Lama goza de gran popularidad entre los tibetanos y después de haber recibido el Nobel de la Paz, es también una figura internacionalmente reconocida. Hay quienes opinan que la norma permitiría al gobierno chino tener control sobre el siguiente Dalai Lama, circunstancia que eventualmente serviría para mejorar lo que por ahora constituye uno de los principales problemas de la imagen china ante el resto del mundo.

Por supuesto, la idea de imponer una figura religiosa es cuando menos, inusual y no sólo Asia; piensen ustedes, por ejemplo, en un arzobispo, imam o rabino nombrado por el gobierno. No obstante, la dirigencia china alega que la ley tiene un antecedente histórico importante, al menos en cuanto a procedimiento reglamentado de selección se refiere. A finales del siglo 16, el emperador Quianlong estableció la norma de que los futuros Dalai Lama fuesen escogidos a través de una suerte de lotería en la que se colocan los nombres de posibles candidatos en bolitas de cebada y se introducen en una urna de oro; si bien el sistema no se utilizó para escoger al actual Dalai Lama, sí ha sido usado en otras ocasiones. “Los procedimientos de reencarnación tienen que cumplir las convenciones religiosas e históricas. Además, debe ser aprobada por el gobierno central” ha declarado por su parte un monje adepto al gobierno, que también los hay.

Yo sospecho que la sola perspectiva de transformar una reencarnación en un trámite burocrático es ya desagradable. ¿Se imaginan? “Sí, entre; este es el departamento de reencarnaciones. ¿De manera que usted quiere reencarnar? Muy bien, ¿trajo el carnet del partido y la constancia de estar al día con sus cuotas, debidamente sellada, junto con el formulario R-88 y la copia amarillo etéreo? Perfecto; lléneme estas 53 planillitas mientras yo verifico que su nombre no figure en la lista de quienes firmaron contra la ley que prohibe a las almas reencarnar en decadentes países capitalistas o en paraísos fiscales. Listo, todo en regla, pero tenemos un problemita: hay demasiadas solicitudes y lo único disponible ahora es reencarnar en presos políticos, nematelmintos, gente con Mal de San Vito, limpiadores de baños públicos y abogados Sí, cierto que no es muy atractivo… No, un clon tampoco es posible; en términos de cine, una reencarnación es más una secuela que un “remake”… No, aunque se parezcan, los asuntos de reciclaje son en otra taquilla… Bueno, también pudiera reencarnar en una especie en vías de extinción, mas no puedo garantizarle mucha duración… ¡Ah!, pero oiga, aquí entre nosotros, si quisiera usted colaborar conmigo de alguna forma estoy seguro de que podríamos encontrar una excepción, usted sabe, una mano lava la otra…”. ¡¿Es que ustedes se imaginan?! Una reencarnación planillada.

Por supuesto, el Dalai Lama –que será pacifista, pero no mocho– ha ripostado con diversos planteamientos; ha propuesto someter a una votación libre la decisión de mantener o no la figura institucional del Dalai Lama en el Tíbet y ha declarado además, casi como exigencia, su aspiración de reencarnar en un país libre. Otras posibilidades sugeridas son la creación de un consejo de monjes que escogería a los futuros Dalai Lamas –parecido al cónclave de cardenales que la iglesia católica utiliza para la selección de un nuevo Papa–, la posibilidad de reencarnar en una mujer (¿la llamarian tal vez Dalai Dama?) y la idea que yo encuentro más audaz e insólita de todas, al punto de que la coloco en el mismo nivel de creatividad de la carta jugada por el gobierno chino: que el Dalai Lama –con base en una antigua tradicion, entiéndase bien– pudiese escoger una reencarnación… ¡mientras está todavía vivo!

Total que la reencarnación seguirá dando que hablar aunque yo continuaré sin creer mucho en ella, por más que represente algunas ventajas, como en el caso aquel de la chica a quien en tiempos adolescentes le hice algunas propuestas románticas y me respondió que sólo saldría conmigo… ¡después de muerta!

Ji, ji. ¡Otra vaina más!



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2 comentarios:

  1. Amigo que divertido, entrenido y curioso. Gracias por compartir tu visión.

    Lo recomendaré a través de mi Twitter.

    Siempre Tu Amigo...

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  2. Jajajajajajajaja, me reiré hasta la próxima encarnación! (aunque la vaiana da para pensar... qué bolas tiene el gobierno chino)

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