miércoles, 5 de enero de 2011

PARA CONTAR / JANO Y LAS COSTUMBRES DE AÑO NUEVO

 “Año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán.” 
Extracto de una canción popularizada en Venezuela por la orquesta Billo’s Caracas Boys. 

31 de Enero de 2010, momentos postreros. Allí estaban las uvas sobre la mesa, listas para ser comidas y yo tenía plata en la mano –dinero y monedas– mientras llevaba en voz alta la cuenta regresiva de los últimos segundos del año. No cargaba puesto ningún “estreno” pero sí una elegante e impoluta camisa, pues –palabra de mi abuela– siempre es mejor dar una buena primera impresión al año que llega.

Mi esposa y yo le habíamos propinado una solemne limpiada al apartamento en la tarde; durante las faenas recordamos unas cuantas veces a nuestras respectivas madres que nos inculcaron esa idea de que la casa ha de estar limpia, arreglada y bonita para cuando el nuevo año llegue. Creo que supimos hacerle honor a la herencia. La mesa lucía un hermoso mantel nuevecito y mientras ella arreglaba los últimos detalles, yo me encargaba de preparar un sencilla pero sabrosita cena para cuatro, pues una pareja de amigos decidió recibir el 2011 con nosotros.

Todo en su sitio. En el balcón un pesebre prácticamente minimalista, adornado con dos soberbias velas rojas encendidas. Guirnaldas y bambalinas en las paredes, un lazo también rojo en la maceta de una planta y sobre la mesa cuatro copas de burbujeante champaña. Los agónicos segundos finales del 2010, el alegre abrazo de celebración y la ingesta de las uvitas, cada una con un deseo en específico. Salí al balcón a saludar al año nuevo y aunque me hicieron falta los fuegos artificiales que en Venezuela se lanzan a granel al dar las 12, estuve contento de estar vivo y respirar el frío aire del 2011 en esta muy calmada localidad de Ferney-Voltaire. ¡Feliz año nuevo!

Siempre me han llamado la atención los rituales, creo que encierran cierto poder. Me gustan mucho los que tienen que ver con dejar cosas atrás para poder asumir otras nuevas. A propósito recuerdo dos o tres 1° de Enero de mi infancia; la señora Ana, vecina andina del apartamento que quedaba frente al de nuestra familia, antes de ingresar en su hogar por primera vez en el año, tocaba a nuestra puerta y después de saludar, me buscaba para que entrara en el apartamento y lo recorriera por completo. Ella se quedaba en la entrada y desde allí me indicaba que caminara por todos los cuartos y que llegara hasta los rincones más alejados; después que yo hacía el trayecto, me daba algún obsequio. La señora Ana sostenía que para que el hogar tuviera suerte durante el año, la primera persona que tenía que recorrerlo debía ser de sexo masculino, a fin de espantar las cosas malas del año viejo y abrir espacio para las nuevas cosas buenas.

Muchas costumbres al recibir el año nuevo tienen elementos relacionados con esa transición, ese paso de un ciclo a otro. No es casualidad que el primer mes del año se llame Enero, pues es el mes del dios Jano, que en la mitología romana está encargado de comienzos y finales, así como de puertas. Por ello se le invocaba el primer día del año. Jano se representa generalmente como un dios de dos caras, una que mira al pasado y otra que mira el futuro. La anécdota mitológica dice que Saturno, después de haber sido derrocado por Júpiter, fue ayudado por Jano, quien le dio refugio. En agradecimiento, Saturno le concedió la posibilidad de mirar al mismo tiempo al pasado y al futuro.

En el templo que se le había dedicado en la antigua Roma, Jano, con sus dos caras, veía hacia al este y al oeste, y parece que su mirada apuntaba hacia los puntos de los solsticios de verano e invierno; el solsticio de invierno era llamado por los romanos “Janus Coeli”, que quiere decir Jano Celeste. La fecha era especial para los romanos, que también la identificaban con el nacimiento del Dios Sol Invicto, porque es precisamente en el solsticio de invierno cuando el tiempo de la luz solar del día comienzan a alargarse de nuevo y el sol vuelve a imponerse lentamente sobre las sombras nocturnas. La imagen también servía de metáfora asociada al resurgir de las tinieblas y la victoria sobre la muerte, por lo que hay quienes sostienen que la decisión de que en el mundo cristiano se celebre la navidad el 25 de Diciembre, se tomó para aprovechar ese simbolismo y asociar a Jesús con la idea del Sol Invicto, que derrota a la muerte.

Los pasteles redondos que se comen en Europa para la celebración de la Epifanía tienen sus antecesores en las tortas redondas que se comían en las celebraciones saturnales romanas (ya he escrito algo al respecto en mi artículo REYES MAGOS ENGALLETADOS). El “Roscón de Reyes” español o la “Gallete de Rois” francesa son redondos, porque redondas eran aquellas tortas romanas, cuya forma rendía homenaje al disco solar.

En el cambio de año se hacen cosas curiosísimas; en algunos países latinoamericanos existe la tradición de “quemar el año viejo”, que es un muñeco que se llena de fuegos artificiales y se le prende fuego. Hay quienes hasta escriben y luego leen públicamente el testamento del año viejo, que en algunos casos resulta ser una pieza de antología picaresca. En otros países, se suele llevar ropa interior de cierto color específico –color que varía dependiendo del sitio; en Venezuela es amarillo– para llamar a la suerte en el nuevo ciclo. Por otra parte, las famosas resoluciones de año nuevo apuntan a fijar nuestra atención en aquellas iniciativas que queremos emprender o en las prácticas que deseamos desechar. Puras transiciones.

En Alemania se vierte plomo derretido en un vaso de agua fría y después se observa la forma que toma el plomo al enfriarse; se dice que con ello podrá tenerse una mejor idea de la “forma” que tendrá el año nuevo. Algunos escoceses prenden fuego a un barril de madera y lo ponen a rodar por las calles; esto facilitaría el paso del nuevo año. Hay daneses que quiebran platos en la puerta de sus vecinos para atraer la buena suerte, mientras que en algunas regiones de Italia, la gente lanza por la ventana aquellas cosas que ya no desean utilizar (parece que no vale lanzar a la pareja, por si acaso). En otros países europeos hay lugares en donde se sugiere a las chicas solteras ir hasta un pozo con la llegada del año nuevo; al llegar allí deben prender una vela y mirar al fondo del pozo, que gracias al reflejo de la llama, les mostrará el rostro de quien será su futuro cónyuge. En otros casos, deben colocar una rama de albahaca debajo de la almohada de dormir; ello hará que el marido de su porvenir se les aparezca en sueños.

Todas estas costumbres puedo conectarlas de alguna forma con la idea representada en Jano de pasar de un ciclo a otro, de cambiar, de cerrar una puerta y abrir otra, de tratar de comprender el pasado y de vislumbrar el futuro. Por cierto que la albahaca bajo la almohada me hizo recordar la historia del hombre que harto de sus penurias económicas, decidió consultar a un brujo para que le ayudara a salir de su mala situación en el nuevo año. El brujo le dijo: “Voy a darte una fórmula infalible. La víspera de año nuevo, vas a colocar debajo de tu almohada la foto de un político corrupto. Te duermes antes de que den las 12 y ya verás cómo tu situación financiera mejorará notablemente el próximo año”. Así lo hizo el hombre, pero al día siguiente lo encontraron muerto en su cama. Llamaron a la policía, que inició las investigaciones y eventualmente dio con el brujo de marras. El brujo explicó lo que había indicado al hombre y entonces la policía lo llevó para verificar su historia. Cuando registraron bajo la almohada, encontraron la foto de ________________ (coloque aquí el nombre del político corrupto que le venga en gana). El brujo, al ver la foto, exclamó: “¡Ah, no, lo que pasó fue que este hombre se metió una sobredosis!”.

Como sea, se dice que Jano, en tanto dios de las transiciones y de los nuevos proyectos, tipo práctico pues se le atribute la invención del dinero, la agricultura y las leyes, dios de la arquitectura, así como de la astronomía –tal vez por aquello de estar siempre mirando a lo lejos–, y quien media entre los mortales y los inmortales y lleva las plegarias de los primeros a los segundos, es un dios que protege a quien se atreve a cambiar las cosas.

En todo caso, para sus ideas de cambio de este 2011, observe su pasado y trate de proyectarse en el futuro; si el asunto no funciona demasiado, igual siga, que la vida no va a detenerse porque usted lo haga y no olvide aquel adagio que dice: “¿Quieres hacer reír a Dios? ¡Planifica tu futuro!” Con esto no sugiero que deseche la idea de tener sus objetivos claros para este año, pero no se sujete a ellos tanto que después la Vida no pueda sorprenderle con otras posibilidades. Bien, mi deseo en el mes de Jano para usted es que en este año nuevo 2011, los cambios que intente sean sabios y tengan éxito, pero aprovecharé también para pedirle que por lo menos algo no modifique: ¡continúe visitando y leyendo El Cuentador!

¡Muy feliz, divertido, saludable, progresista y hermoso 2011!


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