lunes, 31 de mayo de 2010

INSOLITUDES / PLAGIO EN LOS ALPES


La imitación es la forma más elevada de admiración.
Proverbio.

¿Cuál será el personaje por excelencia de la literatura venezolana? ¿Tal vez Tío Conejo, Juan Peña (protagonista del cuento “El Diente Roto” de Pedro Emilio Coll), Florentino (el que le ganó al Diablo en un contrapunteo), Juan Bimba, o quizás Doña Bárbara?  Buen tema para una tesis de literatura, aunque no la inquietud principal de este artículo. ¿Pero qué pensaría usted, compatriota lector, si le dijeran que nuestro venezolano “Florentino” es en realidad originario de Colombia o Argentina, o que el simpático “Tío Conejo” llegó a nosotros desde Centroamérica, Estados Unidos o incluso África? 

Una reacción similar tal vez sienten en estos días algunos suizos, pues alguien anda diciendo que uno de los personajes infantiles literarios más representativos de Suiza, pudiera tener un origen distinto. ¿No presiente el lector de quién se trata? Le daré algunas pistas, de lo más suizas ellas: paisajes alpinos, verdes prados, cabritas, un chalet en la montaña, un abuelito…  ¿Ya adivinó? Se trata de… ¡Heidi!

Pues sí, un señor llamado Peter Buettner sostiene que para escribir la célebre “Heidi”, su creadora, la suiza Johanna Spyri, podría haber tomado como base en el argumento y estructura de una obra anterior, escrita por un alemán de nombre Hermann Adam von Kamp. Resulta que este señor von Kamp escribió en 1830 –es decir, 50 años antes que la obra de Spyri se publicara– una historia llamada “Adelaida, la niña de los Alpes”. Se trata de una niñita que vive con su abuelo en alguna parte de Los Alpes y que luego se la llevan a otro país, cosa que no place a la protagonista, que sólo recupera su felicidad cuando retorna a su terruño alpino. Según Buettner, las coincidencias son diversas: tanto a Heidi como a Adelaida les gusta recoger flores, las dos tienen las mejillas coloradas y en un episodio que aparece en ambas obras, las dos niñas rechazan por razones similares y en un diálogo bastante parecido, un dinero que el abuelito les ofrece. Por si fuera poco, Heidi es un diminutivo del nombre “Adelheid” o… ¡Adelaida!

A los suizos no les ha hecho mucha gracia la idea de que su mimado personaje provenga realmente de Alemania, entre otras cosas porque hay cierta rivalidad histórica entre los suizos del lado suizo-alemán de la Confederación Helvética y sus vecinos germanos. Para añadir algunos detallitos, Buettner es también alemán –qué cosas ¿no?– y parece que uno de sus tatarabuelos ilustró la primera edición de “Heidi”. Eso sí, el investigador se ha cuidado de decir que Spyri haya plagiado a von Kamp, y ha sugerido más bien que aquella se inspiró en el trabajo de este: “Nunca he querido robarle Heidi a los suizos”, ha declarado el alemán.

Los defensores del origen suizo de Heidi, si bien aceptan la posibilidad de que Spyri haya leído la historia de von Kamp, dicen que esta es de sólo unas 30 páginas, mientras que “Heidi” es una fábula mucho más compleja y larga, por lo menos 10 veces más grande. El que ambas obran traten un tema similar no es de extrañarse, pues era uno que inquietaba a la sociedad de entonces: el problema de la vivencia de los niños de zonas rurales que eran enviados a la ciudad. En la famosa obra, Heidi es obligada a dejar la montaña e irse a vivir en la ciudad alemana de Frankfurt, donde recibe una estricta educación de parte de una tía. Hay evidencia de que Spyri utilizó parte de su historia personal para desarrollar su libro: ella misma nació en una aldea suiza ubicada a los pies de una colina y luego, en su adolescencia, fue enviada a vivir en Zurich, donde tuvo diversos momentos de infelicidad.

Aunque leí “Heidi” en mi infancia, no recuerdo casi nada del libro (siempre preferí las narraciones de aventura que los dramas), pero es innegable que estamos hablando de un “clásico” de la literatura infantil. Shirley Temple protagonizó una adaptación cinematográfica en 1937 y la versión de “Heidi” en dibujos animados que los japoneses hicieron para la televisión en los años 70s, aumentó muchísimo su popularidad en aquella generación. Haré aquí un breve desvío para recordar el divertido análisis de la letra en español de la canción utilizada para presentar la serie, que haría sospechar a más de una agencia contra el uso de estupefacientes y sustancias ilícitas. Si no me cree, tan sólo lea algunos extractos:

“Abuelito dime tú, qué sonidos son los que oigo yo.”
“Abuelito dime tú, por qué en una nube voy.”
“Dime por qué huele el aire así.”
“Dime por qué yo soy tan feliz.”

Se podría decir que quien escribió la canción estaba bajo los efectos de cannabinoides. ¡Mínimo!

Volviendo al tema central, aunque Buettner ha sido precavido al presentar sus conclusiones y no señalar directamente a Spyri como plagiaria, no sería el primer caso en el que el tema del plagio se cuece en el medio literario. Muchos escritores, entre ellos Shakespeare, Aristófanes, Eliot, Balzac, Demóstenes, Montaigne, o para nombrar a otros más actuales, Camilo José Cela, Stendhal, Saramago, Dan Brown, Alfredo Bryce Echenique, Jorge Bucay o J. K. Rowling, han sido acusados de haberse copiado de otros. La idea del plagio y en general el que alguien declare como suyo lo que otro ha creado, me desagrada, pero me doy cuenta de que yo mismo he utilizado ideas y escritos de otros como base de este y de muchos otros artículos. Me consuela saber que al menos he hecho el esfuerzo de expresarme con otras palabras; el resto es un asunto que prefiero dejar a abogados, críticos literarios y especialistas en propiedad intelectual.

Y sí, así como ahora Heidi tiene aparentemente un clon (o ella es un clon de otra chica), hay un personaje colombiano llamado “Francisco El Hombre” que derrota al Diablo en una justa de improvisación, y otro argentino llamado “Santos Vega”, de tal capacidad improvisadora que sólo el Diablo podía ganarle, lo cual los acerca bastante a nuestro Florentino, el mitológico coplero venezolano. Y sí, el conejo como personaje que representa la astucia y que logra con sus marrullerías vencer a otros animales más grandes y fuertes, como el tigre o el zorro, tiene antecedentes Centroamericanos, Cherokees (de la tribu de indígenas de Norteamérica del mismo nombre) y Africanos, aunque en estos casos es mucho más conocido como el “hermano conejo” que como en su versión venezolana: “Tío Conejo”.

Lo magnífico de estos y muchos otros personajes, es que independientemente de su origen y a través de la magia de la escritura y del libro (así como de otros medios), niños y adultos de todo el mundo pueden en general pasarla bien con ellos, sin que les importe demasiado su correspondiente certificado de nacimiento.


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miércoles, 26 de mayo de 2010

UN LIQUI LIQUI EN LA GALIA / UN MÚSICO EXTREMO

“En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro
y el mundo no es sino música hecha realidad”.
Arthur Schopennauer.

Creo ser largo en mis preferencias musicales; disfruto la buena salsa, el “disco” de mi adolescencia, un venezolano pajarillo, las baladas, una improvisación de jazz y hasta la “música de ascensor”. Pero también me interesan otros géneros no tan multitudinarios; habiendo estudiado órgano en mi mocedad, la música electrónica me capturó desde sus inicios en los 70s, cuando pioneros como Isao Tomita, Tangerine Dream, Walter Carlo o Vangelis desarrollaron propuestas verdaderamente asombrosas para la época.

Ahora, quienquiera que conoció en aquel momento el trabajo de los músicos antes mencionados, dirá que en la lista falta por lo menos un nombre: el del genial francés Jean-Michel Jarre. A él me refiero –ya verán por qué– con el título de esta nota.

Yo descubrí el trabajo de Jean Michel Jarre a través de un disco insólito titulado “Oxygene” grabado en 1976 en el comedor de su casa, que había convertido en estudio. Algunos críticos consideran este álbum como el más importante de música electrónica realizado alguna vez, entre otras razones porque dado su gran éxito de ventas, acercó a muchos al mundo hasta entonces críptico de los sintetizadores y aparatos similares, que muy pocos aceptaban como auténticos instrumentos musicales. De ese álbum se vendieron más de 6 millones de copias y estuvo entre las listas de los 10 más populares en EE.UU. tanto en la categoría de Jazz como en la de Rock. Más de 30 años después, su sonido sigue pareciéndome alucinantemente actual y su creador se mantiene entre mis músicos preferidos.

Le sobra razón a quienes pregonan que uno debe darse el gusto, al menos una vez en la vida, de presenciar en vivo a alguno de sus artistas favoritos. Ya podré decirles que con Jean Michel Jarre les hice caso, pues en Marzo pasado disfruté de una de sus presentaciones en vivo en la arena del conocido palacio deportivo de Bercy-París.

El concierto fue un verdadero regalo, no sólo auditivo sino también visual, pero antes de contarles no quiero dejar pasar una anécdota: asistí con mi esposa y ambos llevábamos una botella de agua mineral cada uno al momento de ingresar; entonces la gente de seguridad nos hizo la extraña indicación de que no podíamos entrar a menos que le quitáramos las tapas a las botellas y las desecháramos. Obedecimos, pero me habría dado algo si no hubiera preguntado la razón; una señorita me explicó que era para evitar que la gente tuviera objetos que pudiera lanzar a otros. Total que entramos con nuestras respectivas botellas llenas de agua, pero sin tapa; pensé luego que si establecieran esa restricción entre el público que asiste a algunos espectáculos deportivos de cierto país que yo conozco, sólo como protesta se incrementaría exponencialmente el número de botellas plásticas lanzadas al aire, con el inconveniente adicional de que como no pueden cerrarse, irían regando su contenido en las cabezas de todos.

El detalle de la tapa prohibida no desmejoró en nada el espectáculo; Jean Michel Jarre nos paseó por lo más granado de su repertorio y el sorprendente juego de luces y colores desarrollado fue para dejar boquiabierto a cualquiera. En uno de los momentos cumbres el tipo comienza a tocar en un arpa láser colocada en medio del escenario; es un instrumento que él popularizó y que consiste en un arpa en la que en lugar de las convencionales cuerdas hay un haz de rayos láser; cuando uno de los rayos es bloqueado, una célula fotoreceptora conectada a un sintetizador detecta el bloqueo y emite una nota musical. Si no entendieron la explicación, no importa; observen el instrumento en la imagen que está a la derecha de este párrafo y sepan que visualmente… ¡es una cosa impresionante! 

Detrás del escenario había una gran pantalla que proyectaba gráficas representativas de los distintos álbumes del artista, o imágenes detalladas de lo que ocurría sobre las tablas. En el recinto habríamos al menos unos 8.000 espectadores, pero hay que decir que una de las especialidades del excesivo músico son megaconciertos públicos con los que ha batido varios récords de asistencia. Ya en 1979 estableció un record con la reunión de más de un millón de personas en la Plaza de La Concordia en París y más tarde, en 1981, se convirtió en el primer músico occidental en hacer una serie de megaconciertos en la China post Mao. En Abril de 1986, para festejar el 25 aniversario de la NASA, convocó cerca de 1.3 millones de personas en Houston y logró un nuevo registro Guiness.

Para no perder la faraónica costumbre, en 1990, Jean Michel Jarre congregó más de 2 millones de personas en un concierto en la zona de La Défense, en París. En 1991 quiso hacer un concierto en las ruinas de Teotihuacán el 11 de Julio, día en que ocurriría un eclipse solar. El evento no se llevó a cabo y se dijo entonces que fue por diferencias con autoridades mexicanas y patrocinantes, pero aparentemente existe un documental donde el propio Jean Michel declaró tiempo después que la suspensión se debió al hundimiento de un barco. Éste traía desde Europa un escenario especial en forma de pirámide construido para el espectáculo, así como gran parte del equipo que el músico necesitaba para la ocasión.

En Septiembre de 1996 metió la friolera de… ¡3,5 millones de personas! en un concierto en Moscú para celebrar el 850° aniversario de la ciudad, e imagino que para sacarse algo de la frustración de la suspensión del evento de las pirámides mexicanas, el 31 de Diciembre de 1999 realizó en las pirámides de Egipto un espectáculo… ¡de 12 horas! con el cual recibió el nuevo milenio y que llevó como título “Los 12 Sueños del Sol”. ¡Díganme si el tipo no merece ser calificado de excesivo!

Pero no todos sus excesos son gigantescos; en 1983 hizo la música para una exposición de obras de arte en una galería ambientada a la manera de un supermercado. Las obras exhibidas eran piezas únicas que serían subastadas posteriormente; entonces nuestro protagonista decidió que la música que creó podría ser ofrecida también como pieza única, y prometió ante un notario que eliminaría todas las copias maestras e imprimiría un único vinyl. El resultado fue un álbum llamado “Musique pour Supermarché” del cual existe un solo ejemplar, que se negoció entonces por un monto de 70.000 francos y que se supone es uno de los más caros del mundo.

De los álbumes de Jean Michel Jarre que conozco, mi favorito es “Zoolook”, realizado en 1984, en el cual mezcla sus instrumentos electrónicos con sonidos, palabras y frases provenientes de más de 30 idiomas, transformados por medio de sintetizadores. De su álbum “Rendez-Vous”, escuché una de las piezas hasta el hartazgo en la televisión venezolana durante las promociones del mundial de fútbol de 1986, y otra de ellas, específicamente “Second Rendez-Vous” es una de las melodías más obsesivas que he escuchado. Sin embargo, mientras he escrito esta nota, he utilizado la música de fondo de “Oxygene” y “Equinox”, mucho más apropiada para acompañar la escritura.

En la Caracas de mediados de los 80s, en mi primera época universitaria, me hice amigo de alguien llamado Jesús Enrique Dorta, quien compartía mi gusto por la música electrónica, incluida la de Jean Michel Jarre. En el desarrollo de nuestra amistad dijimos que algún día asistiríamos a uno de sus conciertos; infortunadamente Jesús dejó este mundo antes de lo que hubiéramos querido. Al principio del concierto pensé en el pana; “Oxygene”, sonando en ese instante, ahí, en vivo, diluyó su ausencia.

Gracias por tu música, Jean Michel.

Las fotos que ilustran este artículo fueron tomadas por mí durante el concierto que Jean Michel Jarre dio en el Palais Omnisport de Bercy-Paris, el 25 de Marzo de 2010.



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miércoles, 19 de mayo de 2010

CUALQUIER OTRA COSA / EL IDIOMA DE LAS PAREDES


“Salgo a pasear por la ciudad
y en un disparo una canción
se hace grafiti en mí”
Extracto de la canción “Graffiti”, del grupo Inmigrantes.


Uno camina por la calle acostumbrada una mañana y de repente, divisa algo distinto en un muro: una inscripción, frase o manifestación gráfica –o mezcla de ellas–, de un estilo particular, con colores por lo general resaltantes, que no sólo no estaba allí el día de ayer, sino que no estaba planificado que estuviera allí hoy, y que para bien o para mal, intenta decirle algo a quien lo observa. Uno se ha encontrado con un grafiti.

Los grafitis siempre han llamado mi atención, si bien no todo el tiempo me agradan. Quede claro que no estoy de acuerdo con que alguien venga a pintar lo que desee en la propiedad de otro; por bonito, llamativo o interesante que sea, no estaré muy contento si la pared de mi casa amanece con un dibujo que yo no solicité. Por otro lado, el costo que muchas ciudades invierten en borrar los daños causados por los grafitis es considerable; sin embargo, los garabatos sigan apareciendo. Pero no es mi intención hacer mayor filosofía del grafiti (o del propietario de la pared grafiteada) en este artículo, sino contarles algunas cosas sobre el fenómeno.

Algunos dicen que la palabra grafiti se origina en la palabra griega “graphein”, que significa “escribir”; otros sostienen que viene del italiano “sgraffio” que significa “arañazo”. Me parece más probable la primera explicación, pero hay grafiteros que respaldan la segunda, con el argumento de que eso de rayar muros es una de las primeras manifestaciones artísticas del ser humano, pues los neolíticos dibujos encontrados en grutas como las de Lascaux o Altamira, fueron realizados probablemente con instrumentos como piedras o huesos con los que se “arañaban” las paredes.

Tal vez la primera memoria significativa que tengo con un grafiti o algo parecido, fue en mi bachillerato caraqueño, en los muy entretenidos años del liceo Gustavo Herrera. Las instituciones educativas suelen ser blanco de pintas y dibujos y nuestro liceo no era la excepción,  y en la pared de uno de los salones donde recibíamos clase, alguien había pintado un inmenso órgano sexual masculino. Una vez entró al salón el sub-director del liceo y refiriéndose al dibujo, nos dijo algo como: “el que pintó eso en la pared es un cochino”, frase con la que comenzó un regañón discursito con propósito moralizante que tan pobres efectos tiene en los adolescentes. En adelante mis compañeros de clase y yo incorporamos la dichosa frase a nuestras bromas cotidianas.

Filadelfia y Nueva York se disputan el origen del grafiti como manifestación urbana. En los años 60 unos artistas comenzaron a marcar las paredes de Filadelfia; el fenómeno fue conocido como “bombing”, pues los artistas “bombardeaban” los muros con sus nombres o seudónimos, tratando de llamar la atención. Por su parte, en la Nueva York de los años 70, un mensajero a pie comenzó a rayar los vagones de metro que utilizaba para su trabajo, con la inscripción “Taki 183”. Este grafitero fue el primero que interesó a los medios de comunicación.

Hay el antecedente de un vienés llamado Josef Kyselak, que vivió a principios del siglo XIX. Kyselak apostó con unos amigos que sería conocido en todo el imperio astro húngaro; para ganar la apuesta, durante 3 años pintó en rojo y negro su apellido en todas las estaciones de tren de aquel inmenso territorio, pero también en distintos lugares como árboles, puentes, rocas, iglesias, edificaciones, etc.

Bien sabido es que los grafiteros trabajan generalmente de manera clandestina, sin permiso y muchas veces a expensas de la propiedad de otro. Hay quienes encuentran en ello una necesidad de expresarse, de procurar reconocimiento o también de definir territorio propio, de declarar “esta es mi zona”. El objetivo de muchos grafiteros es marcar la mayor cantidad posible de lugares; mientras más inaccesible, riesgoso o extraño es el sitio, más reputación recibe su creador. En Filadelfia, el grafitero Cornbread, otro de los padres del grafiti moderno, adquirió renombre por haber pintado su firma o “tag” en un elefante del zoológico.

El grafiti ha sido utilizado como vía de promoción ideológica, pero también de resistencia; sé que hay evidencia de grafitis de eslóganes políticos en las antiguas Grecia y Pompeya. En su momento los nazis usaron el grafiti como parte de sus tácticas de propaganda, pero también lo hizo un grupo de estudiantes que se les oponía, conocido como “la Rosa Blanca”. Todo aquel que haya entrado a un baño público en Latinoamérica habrá encontrado en las paredes, frases y dibujos de diversas clases.

Muchos hemos rayado alguna vez algo para manifestar descontento. Yo mismo recurrí en una ocasión a algo parecido a un grafiti para mostrar mi insatisfacción, aunque el medio no fue una pared, sino un pizarrón, ni el instrumento utilizado fue la pintura, sino la tiza. Me explico: en Venezuela calificamos de “pirata” a alguien cuya competencia nos parece mediocre; decimos, por ejemplo, que un mecánico o un médico es “pirata” para prevenir a quien quiera solicitar sus servicios. Bien, cuando estudié mercadeo tuve un profesor en mi opinión muy pirata; tanto que yo decía que cuando él venía a clases, primero entraba su loro al salón, en alusión al expandido imaginario en el que todo pirata carga una de estas aves en el hombro. Cada vez que teníamos una sesión con él, yo llegaba antes al salón y dibujaba con tiza, en el borde del pizarrón, una suerte de pico de loro que decía “¡cue!” a manera de onomatopeya del sonido que emiten esos pajarracos. Desconozco si el profesor sabía que el dibujo que asomaba en los tableros de su clase se refería a él; en todo caso aprobé su materia.

El grafiti evolucionó y pasó de ser una firma en un lugar público, a expresiones más elaboradas. Incorporó el uso de las conocidas letras en forma de burbuja, con relleno y borde que le dan un efecto tridimensional, que algunos llaman también “letras bomba”, y luego agregó personajes de dibujos animados y similares. En los años 80 hubo un grafitero en Caracas conocido como “Grillo”, porque pintaba grillos por todas partes. Hoy en día, además de pinturas en espray, se usan entre otros recursos, plantillas, mosaicos, esténcils y calcomanías gigantes, y además el asunto ya no es sólo unipersonal, pues hay también grupos que se dedican a hacer grafitis en conjunto, lo que permite obras más complejas.

A ver qué inventarán en el futuro; en cualquier caso nuevos grafitis aparecerán, pues siempre habrá quien quiera decir algo pintando paredes... ¡especialmente si no son las suyas!


Las fotografías que ilustran este artículo fueron tomadas por mí. Hay muchas imágenes de grafitis sorprendentes en la web; si desean ver otras de mi colección, les invito a visitar este álbum que publiqué en mi perfil de Facebook. 

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miércoles, 12 de mayo de 2010

UN LIQUILIQUI EN LA GALIA / LA ALFOMBRA ROJA


La primera vez que viene a Francia fue en 1999, para el Congreso Mundial de la Cámara Júnior Internacional que ese año se realizó en Cannes. Parte del atractivo del evento es que tuvo lugar en las instalaciones utilizadas para llevar a cabo el archirreconocido festival de cine que lleva el nombre de esa localidad de la costa azul francesa; puedo decir que yo también caminé sobre la alfombra roja, aunque no haya sido durante el evento de cine en cuestión, porque entre otras cosas, el congreso al cual asistí se celebró en Noviembre. Desde entonces, cada vez que hay una nueva edición del festival, recuerdo ese mi también primer viaje a Europa. Hoy comienza el 63° Festival de Cannes, y como todo festival con tradición, su historia está llena de anécdotas interesantes.

Cuentan que la idea original nació en 1939, con el propósito de hacer contrapeso al festival de Venecia, que para entonces tenía una marcada influencia fascista. Parece ser que en 1938 muchos esperaban que en Venecia se premiara la película “La Grande Illusion”, del realizador Jean Renoir (nieto del famoso pintor impresionista francés), considerada hoy como una de las mejores películas de la historia del cine y cuyo argumento tiene que ver con un grupo de oficiales franceses prisioneros de guerra durante la I Guerra Mundial, que traman un escape. No obstante, el premio fue otorgado a la película alemana “Olympia”, y tanto los franceses como los británicos y los norteamericanos se fueron del evento, protestando por lo que a su juicio fue una intromisión de la política en el cine.

Los franceses decidieron entonces crear un festival paralelo que se inauguraría en la localidad de Cannes, el 1° de Septiembre de 1939, pero en esa misma fecha Alemania invadió Polonia y se inició la II Guerra Mundial, acontecimiento que entre muchas otras cosas, postergó el festival. Al finalizar la guerra se retomó la idea y la primera edición se realizó en Septiembre de 1946; el jurado fue presidido entonces, nada menos que por Louis Lumiere, uno de los padres del cine. Este año, el honor de presidir el jurado corresponde a Tim Burton.

Fue en los años 50 que se decidió realizar el festival durante la primavera y se dice que la industria del turismo tuvo que ver con esa decisión; siendo Cannes un lugar costero, entre otras razones era poco conveniente realizar un festival tan costoso como ese a finales del verano, cuando la temporada turística terminaba.

Ya en los 60 el festival estaba consolidado como uno de los más prestigiosos de la industria cinematográfica. Desde su creación sólo había sido cancelado en 1948 y 1950, por razones presupuestarias, pues Europa apenas se reponía de las consecuencias de guerra y eran otras las prioridades. Pero en 1968 el festival fue suspendido nuevamente; fue el año del comentado “Mayo francés”, y varias personalidades del cine galo solicitaron la interrupción del evento en solidaridad con las protestas que se sucedieron entonces en todo el país.

El máximo galardón del Festival de Cannes es “La Palma de Oro”, y solamente una película en la historia del cine ha ganado La Palma de Oro y a la vez el Oscar al mejor film: se trata de “Marty”,  de Delbert Mann, que obtuvo ambos honores en 1955. Hay que decir que en 1946, “The Lost Weekend”, de Billy Wilder, recibió también los premios tanto norteamericano como francés, si bien el reconocimiento entregado en Cannes se llamaba entonces “Grand Prix” y no “La Palma de Oro”, y que por razones que desconozco –tal vez fue porque era la primera edición del festival francés–, en ese año recibieron el “Grand Prix” un total de 11 películas.

La estatuilla correspondiente está hecha en oro y semeja la palma que aparece en el escudo de armas de la ciudad de Cannes. La idea fue propuesta en 1954 por Suzane Lazon, una artista parisina, y desde 1997 la fabricación corresponde a la casa de joyería suiza, Chopard. Según entiendo, cada año se escoge al orfebre más destacado entre el equipo que trabaja en esa organización, y se le da el encargo de elaborar el trofeo.

Una inmensa mayoría de notables del cine han desfilado por la alfombra roja del Festival de Cannes  y allí ha sucedido de todo; uno de los momentos más famosos fue protagonizado en 1954 por la actriz Simone Silva, que posó en la playa con los pechos al aire y el tumulto ocasionado fue tal que un fotógrafo se quebró el brazo y otro se rompió la pierna, intentando fotografiar el hecho. En aquel momento se le solicitó a la actriz dejar el festival, pero desde entonces han sido varias las actrices retratadas con los senos descubiertos durante el festival.

Una de las anécdotas que prefiero es la de una monja británica, Mary Michael, que decidió protestar contra la película “El Código da Vinci” y se mantuvo un largo rato al lado de la alfombra roja. Dicen que la religiosa fue una de las personas más fotografiadas de esa edición y que posó sin problema con quienes desearon tomarse una foto con ella. Tampoco podré olvidar la pregunta que una conocida cantante (entenderán que prefiera no mencionar su nombre) hizo una vez sobre el evento: “¿Y entonces, dónde va a celebrarse el Festival de Cannes este año?”. ¿Qué tal?

El Festival de Cannes es una de las principales fiestas del cine y este año se espera que asistan por lo menos unos 10.000 miembros de la industria y 4.000 representantes de los medios. El evento se escoge para muchos estrenos importantes; en esta ocasión lo abre la más reciente realización de Ridley Scott, una versión renovada del mito de “Robin Hood”, protagonizada por Russell Crow y Cate Blanche. 50 películas serán mostradas durante los 12 días del programa, y 19 de ellas, provenientes de distintas regiones del mundo, competirán por la Palma de Oro 2010. Pero no se trata sólo de competencia, pues el festival tiene la reputación de ser además un espacio para conversar y dialogar sobre las múltiples facetas del cine, así como procurar un balance entre el aspecto de rentabilidad tan necesario para todo negocio, y la calidad artística.

Para quienes nos gusta el llamado séptimo arte, es agradable saber que la famosa carpeta roja de Cannes será recorrida de nuevo.


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CUALQUIER OTRA COSA / BREVE ACLARATORIA



Deseo informarles que la razón del reciente y relativamente prolongado hiato de escritura en este mi querido blog, se debe a que he estado dedicado a tiempo completo y desde Noviembre pasado, a la finalización de un diplomado en Formación de Adultos aquí en Francia. Ya me encuentro en las etapas finales del programa y entre las cosas que comienzo a retomar está el volver a escribir. Me ha hecho mucha falta escribir para ustedes; gracias por su paciencia.
Como siempre…

Hugo Rafael