jueves, 30 de diciembre de 2010

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / NAVIDAD BLANCA EN ESTRASBURGO

 “I'm dreaming of a white Christmas” 
Extracto de la canción “White Christmas”.  

Nací y crecí en Venezuela, un país donde el gran frío y la nieve son para la gran mayoría, un asunto de noticieros, pero tal vez a causa de la insistencia de los programas de televisión norteamericanos y de las películas de Hollywood, digamos que podía atisbar la noción de una navidad nevada. Ahora que vivo en Francia –y ya desde tiempos en los que estudié en Estados Unidos– conozco la nieve, pero admitiré que en la época en que Diciembre correspondía más con las parrandas y el sol de la zona intertropical, no sospeché que algún día tendría la suerte de experimentar una primera verdadera navidad blanca, fría y nevada… ¡en Alsacia!

El 2010 ha sido un año relativamente agitado para mí y para mi esposa, de manera que este año decidimos regalarnos un paseíto y pasar la navidad en la ciudad de Estrasburgo, capital de la región de Alsacia, al noreste de Francia, en la frontera con Alemania y Suiza. El paseo coincidió con una nevada espectacular, de manera que pudimos experimentar el encanto de una navidad blanca, si bien en las películas no siempre te dicen que a veces el frío puede estar a nivel de estalactitas en los lagrimales.

Aparte de temperaturas excesivas para la temporada, Estrasburgo es una ciudad muy agradable y entre sus distintos atributos está una tradición navideña que la lleva a pelearse la denominación de “Capital de la Navidad”. Uno de sus atractivos son sus famosos mercados de navidad, práctica que se explica porque además de su ubicación geográfica, históricamente Estrasburgo ha estado bajo administraciones francesas y alemanas en diversas ocasiones; la costumbre del mercado de navidad es una de las muchas evidencias de la herencia alemana de la ciudad. El nombre de Estrasburgo es también de origen alemán y significa “ciudad-calle” o “ciudad carretera”, lo cual coincide con su vocación de encrucijada, tanto fluvial como terrestre, entre el norte de Europa con el Mediterraneo, así como el centro de Europa con Francia y la región atlántica.

Los simpáticos mercaditos de navidad están por todas partes y allí pueden apreciarse desde juguetes típicos y una profusa diversidad de elementos de decoración navideña, hasta los típicos “panes de especia”, representativos a más no poder de la región, o un delicioso “vino caliente”, suerte de bebida hecha con vino, especias y jugo de naranja, que se toma caliente, para entre otras cosas contrarrestar el efecto de temperaturas inclementemente bajas. A mí me fascinan estos mercados de navidad y el gusto me viene desde los tiempos de la extraordinaria “Feria del Ateneo” que se realizaba en Caracas, de manera que disfruté de lo lindo pararme en cada quiosco a observar variopintas curiosidades. Hechizado por la calidad del diseño, compré varios adornitos que decorarán mis futuros Diciembres.

Las fachadas de la ciudad en la temporada son espectaculares; coherentes con su tradición de “Capital de la Navidad”, los comercios y edificios se adornan y el resultado es encantador. Las plazas despliegan creativas decoraciones que parecen adaptarse incluso a la nieve, elemento no siempre predecible y que en algunos casos puede no ser necesariamente un buen aliado, pero que en Estrasburgo parece por momentos sumarse al esfuerzo colectivo de hacer el sitio lo más acogedor posible. Las iluminaciones nocturnas son fenomenales y algunos sitios son insoslayables, como un inmenso pino de navidad de la plaza Kléber, la decoración de la oficina de turismo o un muy particular y hermoso árbol decorado totalmente con luces azules.

Otro de los lugares emblemáticos de la ciudad es su impresionante Catedral, de estilo gótico, hecha en piedra rosada, y famosa entre otras cosas por su torre de 142 metros de alto que puede verse desde muy lejos. Tardó 4 siglos en construirse, su fachada es extraordinaria y en el interior destacan un púlpito exquisitamente tallado y unos hermosos vitrales, pero a mí me asombraron particularmente dos obras: un asombroso reloj astronómico que ha sido construido y reconstruido durante los últimos seis siglos, que aparentemente tiene una exactitud que le permite competir con los modernos relojes electrónicos, y que en cuyo diseño y mecanismo, la “Muerte”, en genial y macabra alegoría, es la encargada de contar y marcar las horas. La otra pieza que me dejó boquiabierto, es un hermoso órgano suspendido, ubicado en el lado norte de la nave central de la Catedral.

En la Catedral nos sucedió algo que mi esposa y yo hemos catalogado de surrealista. Paseábamos por el interior de la iglesia, cuando de pronto escuchamos algo parecido a una prueba de sonido. Tal vez habrá sido algún grupo musical de iglesia que comenzaba a comprobar sus instrumentos, pero lo que nos llamó la atención fue oír una voz con timbre de tenor que repetía una frase con cierta musicalidad a intervalos irregulares; algo así como cuando alguien ensaya el micrófono diciendo “probando, probando”, mas en este caso el hombre entonaba una breve estrofa, que dada la acústica tan especial de la catedral, sonaba medio macabra, pero al mismo tiempo… familiar. De repente comprendimos la razón: ¡el hombre cantaba en español! y la frase que repetía como un espasmódico mantra era la celebérrima “Feliz navidad” de la canción que con el mismo título que el cantante José Feliciano popularizó a principios de los 70s. Todavía no estábamos seguros de que esa fuera la frase, cuando el hombre agregó “próspero año y felicidad” y luego el complemento de “I wanna wish you a merry christmas”, que deshizo cualquier otra duda sobre la proveniencia del cántico.

La Estrasburgo que visitamos y disfrutamos en navidad fue la de preservadas construcciones tradicionales alsacianas, y de amables callecitas con sabor a pueblo; esa cuyo centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1988. Mas la ciudad tiene muchas otras razones para regresar, entre ellas su vocación internacional; Estrasburgo alberga al Concejo de Europa, así como a la Asamblea Parlamentaria del Concejo de Europa, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Escuela Europea de administración, el Observatorio Europeo del Sector Audiovisual, el Secretariado del G7 y a una gran cantidad de embajadas, organismos internacionales y ONGs.

A raíz de mi visita a Estrasburgo sé que el mito de la Ondina, esa suerte de espíritu europeo del agua, tiene su raíz en una leyenda alsaciana, y que las protagonistas del desusado cuento en el que las cigüeñas traen a los bebés, son las cigüeñas de la región. Vale acotar que estas aves estaban prácticamente desparecidas de la zona a principios de los años 70s y que luego fueron exitosamente reintroducidas; a las cigüeñas se les permite que hagan sus nidos en tejados de iglesias y de otras construcciones. Capitalizando al ave, Estrasburgo tiene reproducciones de cigüeñas por todas partes; por cierto, parece que uno de los alimentos favoritos de estas aves son las ranas y en un restaurante vi unos carteles humorísticos que representaban a unas apesadumbradas ranas manifestando con pancartas que decían “No a la reintroducción de las cigüeñas en Alsacia”.

Los dos primeros vinos que realmente disfruté en mi vida los probé en mi tropical Venezuela, en tiempos que ni siquiera imaginaba que viviría en Francia algún día. Fueron un vino rosado francés, de nombre “Partager” y un vino blanco alemán llamado “Liebfraumilch”. Los vinos alsacianos, en su mayoría blancos y afrutados, me recuerdan a este último y estoy contento de haber pasado mi navidad 2010 en una ciudad que representa la reconciliación francesa- alemana después de la II Guerra Mundial. Estrasburgo es además el lugar de nacimiento del prolífico Gustavo Doré, artista cumbre del grabado, y albergó también durante un tiempo a Johannes Gutenberg; dicen los alsacianos que fue en Estrasburgo donde Gutenberg desarrolló gran parte del diseño de la máquina que después sería su famosa imprenta. Pero más allá del hecho histórico, fueron las fachadas, luces y adornos, complementados con la nieve, los que hicieron de mi navidad en Estrasburgo, una muy blanca y bonita navidad.

Las fotos que ilustran este artículo fueron tomadas durante nuestro viaje a Estrasburgo. Pueden disfrutar de imágenes adicionales en el álbum que he abierto en mi perfil de Facebook; el enlace directo es éste: http://www.facebook.com/album.php?aid=271329&id=659287901&l=06d5d119a6

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