jueves, 17 de junio de 2010

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / UN APERITIVO INCÓMODO


“Es mejor ocultar nuestra ignorancia, pero es difícil hacerlo en el ocio y junto al vino”.
 Heráclito. 

Una costumbre que he encontrado en Francia y que entiendo se comparte en otros países de Europa, es la del aperitivo. Me refiero a un encuentro ocasional, generalmente al final de la tarde y siempre antes de la cena, en la que se degusta algún abreboca y/o una copa de una bebida que puede ser alcohólica o no, y que en mi experiencia, es momento para entablar conversaciones ligeras. Los franceses invitan, utilizando un simpático diminutivo, a tomar el apéro.

En el aperitivo francés a veces es más importante la bebida que al alimento, y entre las líquidas posibilidades están, además del ineludible vino, la cerveza, el vermut, los anisados y otros, pero acompañados siempre de algo masticable. Una variante interesante es el apéro-dinatoire (traducible tal vez como “cena-aperitivo”), que es algo más copioso en cuanto a comida se refiere, lo suficiente como para no tener que cenar después si no se desea. Como el aperitivo termina temprano, le permite a uno disponer de una noche aún joven para otros programas.

El caso es que el aperitivo es siempre una buena excusa como cierre de la jornada, para compartir un momento de convivialidad entre panas… o así era hasta hace poco. Porque en la post-modernidad –época en que hasta las grandes certitudes tiemblan– los aperitivos en Francia están comenzando a producir más de un dolor de cabeza y no precisamente por el efecto posterior que el consumo de vino pudiera producir.

Lo que ocurre es que en estos tiempos de Internet, invitar a un aperitivo ya no se limita a llamar a un amigo o al vecino para que venga un rato  a conversar alrededor de un trago. ¡No, señor! Ahora las famosas redes sociales digitales permiten una capacidad de convocatoria mucho mayor, pero como en todo sistema complejo, tales incrementos traen consecuencias imprevistas. Hace poco se convocó a través de Facebook a un aperitivo en la ciudad de Nantes, y más de 3.000 personas se reunieron en la Plaza Royal de esa ciudad.

Más allá del número, que es como grande para argumentar que se trata sólo de un asunto de amigos, reuniones como esta implican problemas para las autoridades locales, pues dado el carácter prácticamente espontáneo de la convocatoria, no son incluidas dentro de la programación de actividades oficiales. El inconveniente es que igual implican recursos como servicios de seguridad y asistencia, o limpieza posterior –que no han sido previstos–, sin mencionar detalles como que en la reunión de Nantes, la prefectura tuvo que lidiar con más de 50 comas etílicos. En otro de estos aperitivos gigantes, un hombre murió como consecuencia de la ingesta de alcohol y los daños al patrimonio privado y público fueron considerables; en fin, el asunto puede volverse un verdadero inconveniente.

Ahora, una de las más recientes convocatorias a uno de estos encuentros gigantes ha suscitado una polémica de tal dimensión, que ha obligado a las autoridades a suspenderlo. Fue una invitación para reunirse aquí en París, el viernes 18 de junio en horas de la tarde, en una zona conocida como La Goutte-d’Or (La Gota de Oro). La excusa era un aperitivo de Saucisson et Pinard, título que podríamos traducir como “Salchichón y Vino” (la palabra Pinard se utiliza para mencionar a cualquier vino tinto más bien barato, sin mayores pretensiones).

A primera vista podrá pensarse que la invitación no constituye ningún asunto preocupante, al fin y al cabo charcutería y vino conforman una combinación agradable, pero si ponemos la lupa en algunos detalles nos daremos cuenta de que en este caso específico puede ser considerada como toda una provocación. ¿Por qué? Bien, en primer lugar la zona escogida para la invitación es popular y una parte importante de su población es inmigrante, proveniente de países de tradición islámica. El salchichón y el vino, innegables representantes de la cultura gastronómica francesa, están hechos a base de cochino y de alcohol respectivamente y como se sabe, su consumo está prohibido en el Islam. Encima, el viernes es el día de oración más importante en la tradición islámica, de manera que puesto así, el asunto comienza a tomar otro color. ¿Cuántos de esos vecinos asistirían a la reunión?

Un antecedente –en mi opinión execrable– ocurrió hace algunos años, cuando un grupo de militantes de cierta asociación nacionalista, en una iniciativa aparentemente solidaria, comenzó a repartir una sopa entre los indigentes de la ciudad; el detalle es que la sopa contenía cochino, lo cual excluía implícitamente a aquellos necesitados de confesión judía o musulmana.

De regreso al aperitivo que nos concierne, la organización SOS Racisme, ONG cuya misión es la de detectar y denunciar los actos de discriminación racial, solicitó formalmente la prohibición de la reunión y la calificó de “claramente racista”. Por su parte, el principal partido de izquierda francés indica que el evento no es “ni popular, ni festivo, ni laico ni republicano” y que por el contrario, “detrás del nombre salchichón y vino, a priori inofensivo, se esconde una grosera provocación que apunta a crear incidentes con los habitantes y comerciantes de la zona”.

Por si fuera poco, la organización convocante está asociada con movimientos de extrema derecha, el evento tiene respaldo explícito de estas y en uno de los afiches promocionales correspondientes, para las dos letras “s” de la palabra saucisson, se usa una tipografía muy parecida a la que en su momento utilizaron las tropas de choque nazis conocidas como las SS. Hay quienes señalan esto como una “banalización del nazismo” y consideran que ello debe ser objeto de una sanción penal.

La situación tiene otras aristas: la fecha coincide con el aniversario del llamamiento en 1940 del General De Gaulle a la resistencia –que tiene en Francia connotaciones importantes de afirmación de la identidad nacional–, en la calle escogida para la convocatoria se ve con frecuencia a personas de aparente confesión musulmana orando en espacios públicos –lo cual pudiera entrar en conflicto con el elemento de la laicidad de la república francesa–, los organizadores reclaman su derecho a la libre reunión, además de asumir públicamente la convocatoria como una manera de resistir a la islamización, y antes de la suspensión oficial, la página de convocatoria abierta en Facebook tenía más de 2.300 personas que la apoyaban. Como las autoridades correspondientes decidieron cancelarlo en nombre del resguardo del orden público, uno se pregunta qué consecuencias podría haber causado la realización del evento. La pregunta queda para la especulación, pero queda igualmente la impresión de que esta no será la última iniciativa de este tipo a intentarse.

En un principio el término “aperitivo” fue usado por médicos y farmacéuticos para señalar algo que servía para abrir y limpiar las vías, luego evolucionó hacia el uso actual, que indica algo que “abre el apetito”. Uno pudiera jugar un poco con lo significados y decir que en tanto ritual de convivencia, el aperitivo serviría para abrir también vías de comunicación, así como el apetito por el encuentro con el otro; pero parece que hay casos donde el asunto apunta justo en el sentido contrario.


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