lunes, 7 de septiembre de 2009

CUALQUIER OTRA COSA / PANTALONES BIEN PUESTOS


“A mí me gusta la mujer con pantalones
que tenga siempre su opinión y sus razones”
Extracto de la canción “Mujer con pantalones”.

Se llama Lubna Hussein, es periodista, viuda, vive en Sudán y es el centro de una polémica judicial que estuvo a punto de costarle nada menos que 40 latigazos. El asunto comenzó el pasado 3 de Julio, cuando Lubna Huseein, junto con otras 12 mujeres fue arrestada en un café de Karthoum por portar, según el artículo 152 del Código Penal sudanés, “vestimenta indecente”, que en el caso que nos atañe es... ¡un pantalón!

El tema sorprende todavía más cuando nos enteramos que Lubna llevaba el pantalón bajo una túnica más bien discreta, e incluso, tenía el cabello recogido bajo un velo tradicional, como es costumbre en países de tradición musulmana. Ah, pero el pantalón es considerado como indecente de acuerdo con una interpretación estricta de la Charia, la ley islámica en vigor en el norte del país y adoptada por el régimen sudanés después del golpe de estado de 1989 dirigido por el actual presidente, Omar el-Béchir. De acuerdo, pero… ¡40 latigazos por llevar un pantalón puesto! Quienes me conocen saben que soy respetuoso e incluso defensor de las costumbres locales, mas aquí la cosa sobrepasa ciertos límites.

Si eso es conmigo, imagínense entonces con Lubna, quien ha convertido sus pantalones en bandera con el propósito de abolir el mencionado artículo 152, según ella, contrario a la Constitución y a la Charia, pues no existe en el Corán ni en las palabras del profeta Mahoma, nada que estipule la flagelación a las mujeres en razón de lo que vistan. “Estoy dispuesta a recibir 40.000 latigazos” ha declarado la periodista. “Miles de mujeres han sido flageladas a causa de su vestimenta durante los últimos 20 años. Ninguna se atreve a presentar querella”. De acuerdo con algunas fuentes, otras mujeres del mismo grupo recibieron ya 10 latigazos cada una y fueron obligadas a pagar una multa.

Pero Lubna y dos de sus compañeras han decidido dar la pelea legal y con su acción han desencadenando un proceso judicial que es seguido ahora por muchísimos ojos en el mundo. Un aspecto interesante del caso es que la periodista habría podido evitar el proceso, ya que cuando fue arrestada, estaba empleada en una célula de comunicación de la misión de la O.N.U. en Sudán y en tanto tal podía beneficiarse de la inmunidad que gozan estos empleados. Por el contrario y con su objetivo en mente, Lubna anunció su renuncia a principios del proceso y decidió afrontar el caso sin privilegios de ningún tipo, aunque el asunto no está del todo claro para la justicia sudanesa, pues la O.N.U. no ha declarado haber aceptado la renuncia.

El pleito judicial –conocido como “el proceso del pantalón”– ha despertado un inusitado interés en círculos internacionales y Lubna aprovechó la cobertura para invitar a diplomáticos, representantes de diversas instituciones y medios a acompañarla durante el juicio. Este culminó hoy cuando el tribunal correspondiente, en lugar de los latigazos de marras, decidió que Lubna debía pagar una multa de aproximadamente 200 dólares. Supongo que tanta observación habrá tenido algún efecto.

Pero todavía correrá tinta sobre el caso. Sepan ustedes que Lubna (así como otras mujeres que la han apoyado) se presentó ante el tribunal… ¡en pantalones!, y previo al juicio había declarado que no pagaría ninguna multa y que estaba dispuesta a ir a prisión de ser necesario. Distintas organizaciones de defensa de los derechos humanos respaldan a la periodista y el mismísimo Secretario General de la O.N.U. Ban Ki-Moon ha declarado estar “profundamente preocupado”.

Quienes me honran revisando de vez en cuando lo que escribo, les pido que por favor tengan cuidado con la lectura de este artículo. Radicales hay en todos lados y lo que expongo no tiene nada que ver con creencia religiosa alguna. Es la interpretación extrema, sesgada, anacrónica y hasta retorcida de un texto legal lo que está en juego, fenómeno que puede ocurrir en cualquier parte, independientemente de la fe que se profese. La hermosa religión del Islam –por más que podamos estar en desacuerdo con algunas de sus prácticas– no se parece a lo anterior.

A Lubna, una viuda que con base en la poca información del caso que manejo, me parece una mujer valiente y con los pantalones bien puestos, mis respetos. En la distancia le dedico este epílogo, tomado de una escena de la extraordinaria película animada Persépolis, basada en el comic del mismo nombre, escrito por Marjane Satrapi. La escena ocurre en Irán, algún tiempo después del golpe de estado que derroca al Sha. Dos integrantes de la policía, “guardianes de la revolución”, observan a una chica que corre apresurada por la calles de Teherán y la conminan a detenerse. Este es el diálogo (asumo el riesgo de la traducción del francés) que ocurre entonces entre los funcionarios y la chica:

- ¡Hey, usted! La dama que lleva el bolso de mano. ¡Deje de correr!
- Es que estoy retardada, tengo una clase dentro de cinco minutos.
- Sí, pero no debe correr de esa manera… cuando usted corre, su trasero realiza movimientos… cómo decir… ¡impúdicos!
-Pues bien, ¡ustedes no tienen sino que dejar de mirarme el culo!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por Lubna, mis respetos, pantalones muy bien puestos

Hugo Marichales dijo...

Gracias por su visita. Puede seguir las incidencias sobre Lubna Hussein en Internet, porque como he dicho, creo que el asunto no termina aun.
¡Regrese con frecuencia!

Hugo R. Marichales V.