jueves, 6 de agosto de 2009

INSOLITUDES / EL EXTRAÑO CASO DEL CHOFER PARRANDERO


“No estaba muerto, estaba de parranda”.
Extracto de la canción “El Muerto Vivo” de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina.

“Nadie sabe, nadie nunca supo, la verdad sobre…” Así comenzaban los relatos que contaba “El Monje Loco”, un personaje de un programa de radio que se transmitió por primera vez en 1937 y que luego se publicó en formato de historieta. El narrador era un monje desquiciado que desde una “capilla negra” se deleitaba en relatar historias espantosas y al final las epilogaba con comentarios sarcásticos. Lo que a continuación se cuenta es digno de nuestra impredecible Latinoamérica y aunque pareciera producto de la mente extraviada y delirante del personaje, ocurrió de verdad, al sur de Bogotá, para más señas.

El asunto comienza con un entierro. O casi. Porque alguien ha muerto y sus deudos, después del velorio correspondiente, lo esperan en el cementerio para el sepelio de rigor. Pero el tiempo pasa y pasa, mas del difunto no se tiene noticias; ni el carro fúnebre donde es trasladado, ni su conductor, arriban al lugar.

Cuando la espera se hace demasiada, los familiares toman cartas en el asunto, pero después de las primeras diligencias el fallecido sigue “brillando por su ausencia”, hasta que ante la ya flagrante desaparición, los dolientes deciden denunciar el asunto ante la fiscalía.

Hubo que aguardar hasta el día siguiente para que apareciera la carroza funeraria, que estaba, con urna y cadáver dentro… ¡en el estacionamiento de un motel! Después de ser ubicado e interrogado, el chofer declaró que durante el trayecto hacia el camposanto había sentido mucha sed y se detuvo a tomarse unas cervezas en el establecimiento. Pero estarán de acuerdo en que tiene que haber sucedido algo más para que después de la pausa refrescante, el tipo no continuara el recorrido. Es aquí cuando el Monje Loco acotaría aquello de que “nadie sabe, nadie nunca supo la verdad…” de lo que ocurrió entonces, mas lo cierto es que la misma mañana del hallazgo de la carroza, el chofer fue localizado en una de las habitaciones del motel… ¡con “unas amigas”! y según uno de los oficiales que dirigió la investigación, cuando lo hallaron, el hombre “se encontraba en actividades personales”.

Ante semejante desenlace, el Monje Loco podría agregar con su sarcasmo característico, que ni siquiera su deceso logró impedir que el difunto terminara en un “matadero” de mala muerte. Sin embargo, a diferencia de la frase que hemos propuesto como epígrafe de este artículo, este muerto sí estaba muerto, pues quien estaba de parranda… ¡era el chofer de la carroza funeraria!

Ji, ji, ji. ¡Otra vaina más!

2 comentarios:

Amancio Ojeda Saavedra dijo...

¡Aunque Ud. No lo Crea!... jajajaja

Mercedes Montilla dijo...

asi habra visto muertos el chofer, que no le paró a nada y se fué de rumba. Quiza nosotros nos asustariamos de solo ver el féretro. jajajaja