jueves, 30 de julio de 2009

PARA CONTAR / DESDE COLOMBIA



“¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
En surcos de dolores
el bien germina ya.”
Coro del Himno Nacional de Colombia.

Estoy en Colombia desde hace algunos días. Es un país que he tenido la suerte de visitar varias veces y que siempre me ha regalado amor; mi ahijado mayor es hijo de una colombiana de nombre Nelly a quien quiero profundamente, y las amistades colombianas que he podido cultivar son personas nobles, ingeniosas, profundas y entusiastas. Es en esta oportunidad cuando más tiempo he podido permanecer en tan magnífica tierra y digo que me encanta mirar alguno de sus paisajes y con frecuencia darme cuenta que si no supiera que estoy en Colombia, no podría distinguirlo de mi Venezuela natal.

Pasé cuatro días en el territorio del departamento del Quindío, en la región centro occidental de Colombia, parte del conocido “eje cafetero” colombiano. El Quindío tiene hoy un auge turístico interesante y una de las evidencias más importantes es que muchas haciendas de la zona están ofreciendo ahora servicios de hospedaje y atención al turista, sin perder su identidad agrícola y pecuaria. Me alojé en una de esas fincas, productora de café y plátano, que aprovecha sus instalaciones y extensión para ofrecer a los visitantes, desde actividades agrícolas como “el proceso del café” hasta deportes extremos como el canopi, el cual experimenté por primera vez.

Mal podría un país que le ha regalado al mundo el talento de escritores como Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis o Laura Restrepo, para nombrar tan sólo a tres, no tener historias escondidas en rincones diversos. Apasionado como soy por los relatos, cada vez que voy a un lugar intento escuchar los que tienen para contar las personas sencillas, humildes, de “a pié”; si pongo suficiente atención, a veces la vida me premia con algunos muy hermosos. Fue conversando con la gente del Quindío que me enteré de los relatos que comparto a continuación, algunos, dignos ejemplos de eso que llaman “realismo mágico”.

Conocí a alguien que en sus tiempos mozos fue corredor de motocicleta y que comenzaba a dar de qué hablar en ese mundo, hasta que en una competencia, un amigo suyo sufrió una caída justo delante de él, con tan mala suerte que no pudo esquivarlo y lo golpeó, provocándole la muerte. Después del desgraciado accidente, nuestro protagonista no pudo volver a montar en moto sin sentir temor, hasta que un día su amigo fallecido se le apareció en sueños diciéndole que estaba bien y que no se preocupara más por él. El atleta retomó entonces la competencia y comenzó a correr con la foto de su amigo en el pecho. El día que ganó su primera carrera, cuando recibió la copa de ganador, sacó de su pecho la foto, la mostró a todos y la pegó a la copa. Después la vida lo llevó por otras rutas, pero al final de su relato, el hombre me dijo que aún conservaba en casa la foto de su amigo.

Preguntando sobre un local desierto, ubicado en un sitio con una vista espectacular, me enteré que allí funcionó una discoteca que fue el lugar de esparcimiento más popular en su momento, hasta que un día, en pleno fragor de rumba, se sintió un intenso olor a azufre y entonces, sobre la pista de baile principal, se observó una horrible sombra danzando. La sombra tenía la mismísima forma del Diablo. Después de una estampida que afortunadamente sólo produjo heridos, la gente no regresó más al lugar. Desde entonces se dice que pesa un maleficio sobre el sitio, pues la discoteca tuvo que cerrar sus puertas al poco tiempo de la aparición, y a pesar de haber cambiado de propietario varias veces y de que en el sitio se han intentado diversas iniciativas comerciales, nada más ha podido prosperar allí. El local permanece abandonado.

Otro cuento interesante es el de un burdel clandestino que funcionaba en la trastienda de un bar, que contaba entre su mobiliario un gran refrigerador ubicado en una esquina retirada. Cuando algún cliente llegaba al bar y preguntaba “¿Qué hay en la nevera?”, le traían un menú especial en el cual habían fotos de las chicas que operaban en la casa de citas. Después del proceso de selección y negociación correspondiente, el cliente iba hasta el refrigerador, abría la puerta… ¡entraba en él! y luego desaparecía cerrándolo tras de sí. El refrigerador era la entrada secreta que daba acceso al prostíbulo.

Me encantó poder conversar con campesinos y agricultores de café y me impresionó la forma en que se refieren a las instituciones oficiales relacionadas con el cultivo. Tengo la impresión de que detrás de la competitividad que Colombia presenta en este rubro, juega un papel importante la relación que algunos organismos han establecido con los productores. Lo digo porque el agricultor suele ser una persona pragmática, que no utiliza eufemismos ni disfraces de lenguaje para decir lo que piensa: si algo le parece bien, lo expresa, y si algo le parece mal, también. Es por ello que cuando escuché a un campesino hablar maravillas del Centro Nacional de Investigaciones del Café, de la Federación Nacional de Cafeteros e incluso de algunos políticos relacionados con el área, supe que tales halagos no eran gratuitos.

Se sabe que el café proviene de África, probablemente de la zona conocida como Etiopía y que llegó a tierras americanas a través de los españoles en tiempos de la colonia, pero una simpática narración nos explica porqué el café es hoy símbolo de Colombia. Cuentan que en la zona de Santander un padre católico de nombre Francisco Romero, impuso en la primera mitad del siglo XIX a aquellos que venían a confesión, como parte de su proceso de penitencia y expiación de culpas, que sembraran… ¡matas de café! La costumbre la siguieron otros sacerdotes y de ahí que se la atribuya al padre Romero el primer impulso para que Colombia sea hoy la potencia cafetera que es.
La historia que más me conmueve de esta tierra hermosa, no es sin embargo una leyenda, una anécdota o un relato de otros tiempos; es una historia actual, de hoy, que continúa escribiéndose y que aún no termina. Es una historia de la cual he escuchado fragmentos cada día y sobre la cual se insiste permanentemente, bien sea en un evento público, en la radio, la televisión o en la conversación con gente de cualquier estrato. Es la historia en la que está empeñada esta Nación y que ya muestra frutos; la de vencer finalmente a la violencia que tanto dolor le ha causado. Una historia que estoy seguro, tendrá un final feliz.

2 comentarios:

  1. Gracias por ese comentario tan amable sobre mi pais.
    Te invito a ver mi blog

    memorabiliaggm.blogspot.com

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  2. Hola Hugo……confieso que leer este fragmento me robo unas lagrimas por tu admiración no solo por mi tía Nelly, si no por el pueblo Colombiano, tanto tu como yo sabes lo que es ser un emigrante alejado de tu gente y tus costumbres, es por ello que me alegra y emociona cuando hablan bien de tu patria.
    Gracias y mil gracias por tu lindas palabras por exaltar a mi hermosa tierra; sin que ello desmerite a este grandioso pueblo el Venezolano, rumbero siempre con una gran sonrisa y un pana dispuesto a darte la mano, mi segunda patria a la que le debo lo que hoy soy.
    Besos que sigas disfrutando de la maravillas de este planeta, que siga la sabiduría para escribir lindas palabras, un gran abrazo @martica@

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