martes, 21 de abril de 2009

PARA CONTAR / TRES MINUTOS DE SILENCIO


“Silencio, que están durmiendo los nardos y las azucenas”.
Extracto de la canción “Silencio” de Rafael Hernández.

El pasado 24 de Marzo publiqué en este blog, un artículo titulado “Silencio para aprender”. La historia que sigue podría servir en cierta forma, de complemento a lo que allí expuse. La tomé y adapté de un libro titulado “Si je mens” (Si yo miento), escrito por Madame Françoise Giroud; creo que ilustra muy bien el valor que puede tener el silencio en algunos momentos.

Después de la invasión alemana a Holanda, Bélgica y Francia en 1940, el primer ministro británico Arthur Neville Chamberlain se vio obligado a renunciar a su puesto y comprendiendo que ya no era capaz de liderar a Inglaterra en tiempos de guerra, escogió a su sucesor, como era aparentemente costumbre entonces en el seno del partido conservador inglés.

La decisión recayó en Lord Halifax, un personaje muy influyente en la política exterior de ese país. A fin de darle todo el soporte posible al nuevo gobierno, antes de hacer su decisión pública, Chamberlain llamó aparte a Wiston Churchill para pedirle que la respaldara y que accediera además a ser el número 2 del nuevo gabinete, ya que el conflicto en ciernes y el futuro del país así lo requerían. Curchill aceptó.

Horas más tarde, Lord Beaverbrook, magnate del periodismo y amigo personal de Churchill, convocó a este de urgencia a su oficina y le reclamó el haber aceptado que fuese Halifax y no él (Churchill), primer ministro. Churchill respondió diciendo que ello era un asunto de estado y que no discutiría al respecto. Beaverbrook insistió:

- Eso es un crimen contra la nación. Solamente usted puede movilizar a la Gran Bretaña.

A pesar de estar en el fondo convencido de que lo que decía Beaverbook era cierto, Churchill respondió:

- Ya he dado mi palabra y no voy a echarla para atrás.

Entonces Lord Beaverbrook dijo:

-Una sola cosa le pido. Cuando sea convocado por Chamberlain, en presencia de Halifax, y que le solicite confirmar su aceptación, permanezca en silencio durante tres minutos. Tres verdaderos minutos. Ciento ochenta segundos. Antes de decir que sí. En nombre de Inglaterra se lo demando.

A Churchill aquello le pareció descabellado y no veía cómo una cosa tal podría cambiar la situación, pero con base en su amistad y estima por Beaverbrook, le prometió que así lo haría.

Al día siguiente, Curchill y Halifax se encuentran en la oficina de Chamberlain, quien se dirige a Churchill:

- ¿Quiere usted, se lo ruego, confirmar a Lord Halifax que usted acepta ser parte de su gabinete de gobierno?...

Y Churchill se calla. Pasa un minuto y Churchill permanece en silencio. Un minuto y medio y Churchill continúa en silencio. Antes de que los tres minutos prometidos hubiesen culminado, Lord Halifax dice:

- Yo creo que Wiston Churchill debe ser el Primer Ministro.

Se podría epilogar diciendo que aquellos tres minutos de silencio iniciales de Churchill, resultaron tan valiosos como todas sus posteriores palabras y acciones durante la Segunda Guerra Mundial.

1 comentario:

Verónica dijo...

1) Cuando el alma habla, el cuerpo se calla.
2) Hay silencios que valen por mil palabras.
3) "...antes de la palabra, el silencio. El vuelo del halcón brilla en el espacio vacío".
4) "Silencio, que en la cama del amante, la magia duerme poco, pero se acuesta antes".
y 5) Interpreta mi silencio.