miércoles 31 de diciembre de 2008

CUALQUIER OTRA COSA / UNA NOTA DE FIN DE AÑO


El 15 de Enero próximo este blog cumplirá 1 año, un día después que yo haya cumplido 44. EL CUENTADOR ha sido un muy interesante ejercicio a destacar en un 2008 para mí lleno de experiencias para guardar en la memoria. Y si bien este asunto de escribir podría ejercerse en solitario, la modalidad de hacerlo a través de un blog es sin duda una para compartir; quiero decir que no tiene mucho sentido mantener un blog si no hay quienes lo visiten y lo lean. He declarado que este blog es un ejercicio para conversar también contigo y para ti; es mi intención que ello siga siendo así.

Esta nota de fin de año es entonces mi forma de agradecer tus visitas, comentarios y compañía, y de manifestar mi esperanza de que tengas un 2009 interesante, memorable y simpático, que venga con ideas y proyectos para aventurar y emprender por senderos de progreso y bienestar. En el artículo que publiqué el 4 de Abril de 2008, dije que mis cinco palabras favoritas eran: LENGUAJE, PIEL, MAGIA, DIVERSIÓN e INTENSIDAD. Que esas palabras sean ahora mis deseos específicos para ti para el año que mañana comienza.

Como siempre…


Hugo Rafael

p.d. ¡Hey, criatura! La pasamos bien este año ¿no? Bueno, prepárate, porque en mis neuronas delirantes tengo más caleidoscópicas esquizofrenias reservadas para ti, para que disfrutes conmigo en el 2009.

Esquizo.

domingo 28 de diciembre de 2008

SUSPENSIÓN DE PUBLICACIONES DE ESQUIZO HASTA NUEVO AVISO.


Es mi deber informar a los lectores de este blog, que una de las más recientes publicaciones que tiene como protagonista al personaje conocido como Esquizo, ha herido sensibilidades y generado la posibilidad de que se produzcan acciones legales en mi contra como autor, de manera que por recomendación firme de mis abogados, me veo obligado a suspender hasta nuevo aviso los artículos referidos al susodicho personaje.

¡Feliz día de los inocentes, criatura!

Esquizo.

sábado 27 de diciembre de 2008

INSOLITUDES / DE LA NAVIDAD


La navidad es una fiesta de tradición cristiana que se celebra en muchos lugares del mundo, pero probablemente no hubo tal celebración los primeros siglos de la Iglesia Cristiana, entre otras cosas porque aparentemente en el cristianismo antiguo se solía conmemorar, no el nacimiento sino el deceso de personalidades destacadas. Fue en el año 345 cuando se institucionalizó el 25 de Diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, gracias a los esfuerzos de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno, mas la modalidad actual de celebración es un asunto relativamente reciente.

En muchos países se dice que los regalos que se acostumbra a ofrecer a los niños en Navidad los trae San Nicolás, aunque en Venezuela decimos que es el Niño Jesús quien los otorga. Pero en ambos casos se le suele escribir una carta, lo cual en algunos lugares implica cierta operación logística relativamente importante; por lo menos veinte países ponen en práctica un servicio postal especial en esta época del año, para procesar las famosas cartas. Finlandia, país que se jacta de ser la tierra natal de San Nicolás, recibe correspondencia de más de 150 países dirigidas a él.

Mientras tanto, el navideño personaje debe prepararse para una noche de 24 de Diciembre más bien agitada. De acuerdo con un estudio Sueco y a fin de que cada niño reciba un regalo en noche buena, los renos del trineo de San Nicolás deberían volar a 20 880 000 km/hora y hacer más o menos 2.5 millardos de paradas. Como la tecnología siempre modifica el mundo, ahora el posible itinerario de vuelo de San Nicolás puede ser seguido en Internet por los programas de seguimiento NORAD. Coloquen en su buscador de Internet preferido “Norad Santa” y verán.

La comida de navidad es parte central de la tradición del 24 de Diciembre y es expandido el espíritu de compartir con los más queridos en estos días. Como la gente se encariña no solo con otros seres humanos, los guardianes del Zoológico de Chesington quisieron obsequiar en Navidad a unos de los principales protagonistas del parque, los gorilas, dándoles de comer una de sus comidas favoritas: coles de Bruselas. El inconveniente es que esta legumbre les provoca una pesada flatulencia, que en esta ocasión llegó al punto de que el parque se vio obligado a pedir excusas a los visitantes, por la pestilencia que rondaba en las zonas donde están ubicados los grandes simios.

Pasando a cosas algo más civilizadas, la verdad es que este asunto de la cena de navidad puede tomar misteriosos caminos; muchas instituciones intentan dar un plato de comida a los desposeídos, con la esperanza de que nadie duerma esa noche con el estomago vacío. Pero esta reciente navidad, en Milán y gracias a la policía, algunos menesterosos comieron… ¡caviar! como obsequio de noche buena. El mes pasado, más de 40 kilos de esta famosa exquisitez fueron decomisadas como parte de un contrabando en esa ciudad, y en lugar de dejarlos perderse en el refrigerador de la comisaría, los responsables del departamento prefirieron donarlos a los más necesitados.

Ji, ji, ji (o más apropiadamente en estos días: jo, jo, jo), ¡otra vaina más!

miércoles 24 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO XII (FINAL)


XII

En la colina todos hacían algo relacionado con la celebración. Unos cocinaban, otros arreglaban, aquellos adornaban mesas y sillas y así cada quien, mientras que la parranda de los muchachos alegraba el ambiente. Un señor mayor, con la mirada brillante por su salud recientemente recuperada, decía a sus dos nietas:

-Queridas mías, observen a la gente ayudándose unos a otros. Poder servir a los demás es parte de la recompensa que debemos entregar por vivir en este mundo.

-Pero abuelo, ¿cómo se hace para que todo no se vuelva un enredo?

-Bueno, cada quien sabe hacer algo mejor que nosotros mismos. Hay que encontrar eso, respetarlo y darle buen uso.

Y a la media noche se oyeron unas campanas de iglesia, proclamando la llegada de la Navidad. Entonces los niños abrieron regalos y los adultos bailaron e intercambiaron platos y postres elaborados con sus propias manos, cada cual más delicioso. Todos recibieron algún presente y las miradas alegres, las palabras amables, las promesas de apoyo y las sonrisas cálidas se multiplicaron en aquella colina de cariño y amistad.

En ese momento, escuchando las palabras de la gente llenas de sinceros deseos e ilusiones por un mundo mejor, supo el árbol que no era tan importante lo vistoso o elegante que pudiera llegar a ser. Comprendió así el genuino propósito de un árbol de Navidad, y que su auténtica belleza no estaba en su apariencia, sino en la esperanza que pudiera contribuir a crear en otros.

Entonces un niño que jugaba con sus juguetes nuevos cerca del árbol, le comentó a sus amigos:

-Me gustan mucho mis regalos, pero lo que más me gusta es este árbol de Navidad de todos.

-Es cierto –dijo otro–. Tiene los lazos y guirnaldas y bambalinas y luces y canciones y adornos más bonitos que cualquier árbol de Navidad pudiera tener.

Pero una niña, la más pequeña de todas señaló:

-El árbol es muy lindo; pero le falta una estrella en la punta.

Entonces los astros que escarchan la noche y que estaban atentos a la celebración, enviaron como representante a un pequeño lucero que apenas al llegar se ubicó en la punta del copito del árbol. Y desde allí su luz chiquitica iluminó los rostros y corazones de todos, y especialmente los ojos de los niños que siguieron jugando al pie del árbol.

Porque en verdad éste era el árbol de Navidad más bonito del mundo.

Y el árbol, pero también el Viento, los cocuyos y las luciérnagas, los honguitos, las frutas y las mariposas, las flores, los escarabajos, los pájaros, los niños y todas las personas que estaban en la colina de la encrucijada de los caminos, sonreían.

martes 23 de diciembre de 2008

ESQUIZO / EL NAVIDEÑO



(Interrumpimos el cuentico navideño ese que el autor de este blog está publicando, para transmitir en cadena nacional una carta que sí vale la pena, criatura)


Jo, jo, jo, criatura. ¿Qué haces, que no tienes tu gorro de San Nicolás puesto aún? Que no de otra forma puedes leer una correspondencia de Esquizo El Navideño.

Estamos en la mejor estación, criatura; momento propicio para caerse a palos, gastarse los reales en regalos inútiles, reencontrarse con gente que uno detesta, cometer inusitados excesos alimenticios, colearse en cuanta fiesta sea posible, lanzarle cohetes y fuegos artificiales a la gente, despertar a los vecinos con una parranda a todo volumen las 3:30 a.m., echarle agua helada a todo el… (¡ah, no; eso es en carnaval!) y salir a la calle a torturarse entre el gentío que anda en la calle comprando quién sabe qué. No lo dudes; es mi temporada preferida del año.

Sin embargo debo confesar que me da nostalgia en Navidad, porque me pongo a recordar cómo era mi casa antes, y lo peor es que me da precisamente cuando estoy… ¡en mi propia casa! Así que me voy pa’ la calle a celebrar. Aunque la verdad las aglomeraciones de la temporada no son lo mío; por eso y para alejarme del barullo navideño, intenté ir de tiendas con antelación, pero la policía me detuvo. En la comisaría me dijeron que estaba bien que quisiera escoger los regalos temprano, pero no antes de que abriesen las tiendas.

Es que uno se confunde con esto de los regalos y a quién por fin pedírselos; que si el Niño Jesús, el Espíritu de la Navidad, San Nicolás, Papá Noel, Santa Claus o Los Reyes. Aunque ahora sé que lo de los regalos de los reyes es un mito, porque que el príncipe Felipe de España me dijo que los reyes eran los papás.

Por si acaso, yo ya tengo mi lista de regalos favoritos, pero no los que quiero para mí, sino los que voy a entregar. Aquí están los top ten:

Un abono de funeraria.
Un CD pirata, con canciones infantiles de Las Ardillitas, Poppy y Juan Corazón.
Un chorizo del puerto.
Unas pilas envueltas en una caja que dice: “juguete no incluido”.
Un par de piezas de ropa interior usada.
Una fotocopia (en blanco y negro) ampliada y montada de un billete de un dólar.
Una pantufla vieja (una sola, no el par).
Un rollo de papel higiénico rugoso.
Una caja de sopa deshidratada en sobre, con fecha de vencimiento de 1977.
Un juego de cartas postales húmedas, con fotos de políticos conocidos.

¿Cuál te gusta, criatura?

De todas formas yo dejé de creer desde chiquito en San Nicolás, después de la vez que en un centro comercial le dije que había sido un niño bueno y a partir de entonces el tipo no dejó de reírse. Por eso le eché aquella sustancia en su vaso de agua; fue muy divertido observar la cara de los otros niños cuando San Nicolás los apartaba de su regazo repentinamente, se paraba como un rayo de su trono y salía corriendo al baño varias veces ese día.

Eso fue también por la época en que me fastidié de pedir un perrito para la nochebuena y no ser complacido; el plato principal de la cena en casa fue siempre pavo… Ahora que lo pienso, nadie sirve costillas de reno en Navidad; sería apropiado ¿no? Porque no olvidemos que hay gente que esa noche se esmera en servir una espléndida mesa, con un… ¡cochinito muerto en el centro! Bello, ¿verdad? Pesadilla segura para unos cuantos niñitos, en la que los persigue un cadáver de cochinito envuelto en papel de regalo.

Aunque uno cambia, criatura; primero uno cree en San Nicolás, después uno no cree en San Nicolás y después uno… ¡se vuelve San Nicolás! Eso tiene que ser un castigo o algo así; alguna moraleja debe haber en esta historia, pero te juro que no la encuentro. Por cierto que no te he contado que hay lugares en los que hacen una carrera de San Nicolases. Todo el mundo va disfrazado y me dije que sería imperdonable que yo no asistiera, de manera que me puse mi traje rojo y fui a inscribirme. Pero no me aceptaron, dizque porque es contrario al espíritu de la temporada, participar en la competencia vestido de Diablo Danzante de Yare. Burócratas que no saben nada de la verdadera diversión.

Porque en otros lados, la Navidad se celebra de distintas maneras, criatura; vas a ver que no soy yo el único loco en el mundo. En Japón, el gordito del traje rojo se llama “Santa Kuroshu” y tiene ojos en la espalda, para poder ver cómo se comportan los niños durante todo el año. También deben tener pesadillas, los japonesitos. Por su parte, en Suecia, la fiesta comienza el 13 de Diciembre, día de Santa Lucía, que según, llevaba comida a los cristianos que vivían en clandestinidad y traía una lámpara en la cabeza para mantener sus manos libres (esta fiesta es patrocinada ahora por los fabricantes de celulares). Entonces, en la navidad la hija mayor tiene que despertar al resto de la familia, vistiendo sólo un largo vestido blanco y una corona de velas en la cabeza… más pesadillas para los niñitos así despertados, criatura (por cierto, es probable que Suecia sea el país con mayor porcentaje de mujeres calvas del mundo, jo, jo, jo).

En Australia, donde todo es al revés, la fiesta cae en plena estación veraniega y la gente hace las compras el día siguiente de Navidad, bajo un sol bueno para hacer casabe y partir tejas. Llaman a ese día de compras, el “día de boxeo”; así será aquel desastre. En Polonia, la noche del 24 los chamos tienen que mirar al cielo y esperar a que salga la primera estrella, que es la que anuncia el inicio de las fiestas (no sé cómo harán si está nublado) y el menú tradicional es una mezcla de pescado ahumado, hervido y luego gelificado, compota de frutas secas y galletas de adormidera. Suculento, ¿no? A este menjurje lo rocían de miel y vodka; supongo que algunas personas se toman sólo el rociado y después ven, no uno, sino varios San Nicolás a la vez.

Aún así, eso de ser como San Nicolás está más o menos bien, fíjate que el tipo aparece una vez al año y todo el mundo piensa que es alguien importante. Pero seguro que te has preguntado cómo es posible que un trineo viaje por el aire. Es muy fácil: lo halan unos renos voladores.

Bueno, criatura, espero que la pases bien; la fecha es una buena excusa para poder abrazar a quien te provoque. No olvides que el tiempo pasa y la Navidad te lo recuerda, especialmente cuando San Nicolás luce más joven que tú. Además, en esta época solemos pensar en los hambrientos y necesitados; debe ser por eso que comemos tanto.

Deseo entonces que tus problemas duren tanto como tus propósitos de año nuevo y que tu Navidad sea divertida y esquizoide, pero te advierto… cuando yo era niño, tenía que decidir con cuál de mis regalos me iba a la cama; así que si antes de la nochebuena, un tipo vestido de rojo entra por tu chimenea, te agarra y te mete en una bolsa, no te asustes que no es ningún secuestro… ¡es que fui yo que te pedí de regalo!

¡Jo, jo, jo!

Esquizo.

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO XI


XI


Por supuesto, la noticia de la paulatina transformación del árbol se comentaba también entre la gente. Los niños que iban a la colina a jugar, le contaban a sus padres y éstos constataban la información con sus propios ojos al marchar por la encrucijada de los caminos. Todos se maravillaban cuando pasaban al lado del árbol y las expresiones de admiración se incrementaban cada vez más.

Entonces, no se sabe con precisión en qué momento ni cómo ni de dónde, una idea comenzó a pasearse entre la gente; algunos tenían la sensación de que era una idea llevada por el Viento, pero no podían asegurarlo. Una idea de convivencia, paz y reencuentro.

La idea de celebrar allí, en aquella colina y junto al árbol, la llegada de la Navidad.

Y ese 24 de Diciembre, a la caída de la tarde, la gente de los pueblos cercanos subió hasta la colina de la encrucijada de los caminos para pasar allí la Nochebuena.

Muchos decían que no había un árbol de Navidad más bonito, comentando y alabando su belleza, tal como el árbol había imaginado cuando comenzó a concebir su deseo. La gente elogiaba aquel árbol cubierto de flores y mariposas, escarabajos y frutas, cocuyos y pájaros, y con mucho cuidado caminaba entre los honguitos y las piñas ubicadas alrededor de la base, para no lastimarlos ni dañarlos.

Alrededor del árbol bailaron y jugaron, y junto al coro de pájaros cantaron alegres aguinaldos y dulces canciones de Navidad, repletas de fe y optimismo.

El Viento que también estaba allí, conversó con su amigo el árbol:

-Y bien; observo que has logrado tu objetivo y que te has convertido en un auténtico árbol de Navidad.

-Sí, querido Viento; soy todo un éxito y se me admira por mi apariencia y elegancia.

-Hay que admitir que te ves muy bien. ¿Pero acaso es sólo tuya esa apariencia?

-¿A qué te refieres, amigo Viento?

-Seguramente no habrás hecho todo eso tú solo.

-Bueno, la verdad es que no.

-Recuerda entonces algo: independientemente de lo que hayas logrado, siempre hubo alguien que te ayudó a hacerlo.

-Tienes razón, Viento, y ahora que lo pienso, creo no he agradecido todavía a mis amigos por su cooperación.

-Adelante entonces; cuanto antes mejor.

Y así lo hizo el árbol, dejando saber a cada uno lo importante que había sido su colaboración particular en el logro del éxito del que ahora todos disfrutaban.

Luego el árbol volvió a dirigirse al Viento:

-Hay alguien más a quien debo agradecer.

-¿Y quién será? –preguntó con interés el Viento.

-¡A ti, mi gran amigo! Tú también has contribuido a que este anhelo se convierta en realidad, comunicándolo por todas partes.

-Ha sido un placer el hacerlo; gracias a ti por darme la oportunidad de ayudarte.

Así, el Viento y el árbol reforzaron aún más su amistad.

Y el árbol sonreía.

lunes 22 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO X


X

Los pájaros, a través de su siempre compañero de vuelo el Viento, supieron de la iniciativa que había emprendido el árbol de la colina de la encrucijada de los caminos y de los avances que ya había realizado gracias a la colaboración de otros.

Estimulados por el perico, que les dijo: “no son sólo finas plumas las que hacen que un pájaro sea fino”, los pájaros consideraron el tema. La conversación la dirigió el perico, a pesar de que algunos señalaron su tendencia a hablar más de la cuenta. Y si bien su frase favorita: “al hablar, se debe procurar que las palabras sean mejores que el silencio”, le fue recordada por otros pájaros en dos o tres oportunidades, no menos cierto es que el perico hizo un buen trabajo de dirección y la reunión fue fructífera.

Después de algunas deliberaciones y bajo el lema: “Dios le da el alimento al pájaro, pero no se lo lanza en el nido” propuesto por el perico, los pájaros convinieron en ofrecer su asistencia al árbol. Partió así una hermosa bandada multicolor que cruzó el cielo llenándolo de trinos. Iban entre otros, arrendajos, cristofués, azulejos, turpiales, paraulatas, loros y cardenales. Para motivarse, todos repetían: “Hay que apurarse en caso de que se tenga tiempo, para poder tener tiempo en caso de que haya que apurarse”, frase de supuesto autor desconocido, pero que muchos sospechaban que era también invención del perico.

Surcando el aire, encontraron a un grupo de inquietos cocuyos y luciérnagas que informados por el Viento, habían decidido ir también a ayudar al árbol de la colina de la encrucijada de los caminos. Acordaron entonces volar todos juntos en la misma dirección.

Cuando el árbol vio aquella extraordinaria bandada de pájaros acompañada de cocuyos y luciérnagas, arribar a la colina, saludó a todos con mucha emoción:

-¿Cómo se encuentran, espectaculares pájaros y brillantes y resplandecientes cocuyos y luciérnagas? Parecen venir de lejos; sepan que están ustedes en su casa.

-Gracias árbol; después de tanto volar, la verdad es que un buen descansito no nos vendría nada mal –respondió el perico, adelantándose al turpial que iba a contestar.

-No faltaba más, mis voladores amigos. Pero díganme, ¿qué hacen por aquí?

-Queremos colaborar contigo para que seas un árbol de Navidad –respondió un cocuyo asomado entre las plumas de la cabeza de un cristofué.

-Pues mucho les agradezco. Necesito aún luces de colores y canciones navideñas. Pero déjenme adivinar; quizás ustedes cocuyos y luciérnagas podrían servir como...

-¡Luces intermitentes, que fascinen a la gente! –exclamaron todos.

-Y por supuesto, las canciones de navidad pueden ser interpretadas por este grupo de pájaros cantores que hasta aquí han llegado –señaló un escarabajo.

-¡De ello no se tenga la menor duda! –dijo una paraulata, cerrándole el pico al perico que se disponía a agregar un comentario–, en esta bandada están los mejores exponentes del canto. Además hemos estado ensayado un repertorio coral muy variado y ésta es una excelente oportunidad para demostrar nuestras cualidades.

-¡Pues bienvenidos! –dijo el árbol, y un honguito agregó:

-Excelente; ya estaba haciendo falta algo de buena música por aquí.

Y los honguitos, las mariposas, los escarabajos, las frutas y las flores aplaudieron y gritaron en ratificación, y todos hicieron espacio para que los recién llegados pudieran ubicarse con comodidad.

Entonces montones de cocuyos y luciérnagas se posaron en el árbol desplegando una serie de ingeniosos y simpáticos juegos de luces, destellos y colores.

A su vez, los pájaros formaron un espléndido coro y juntos, creando armonías y combinaciones de sonidos, cantos, trinos y gorjeos, entonaron las más encantadoras canciones de Navidad.

Y a decir verdad, ninguna luz podría compararse con el resplandor de aquellos cocuyos, y la belleza del canto de los pájaros hacía recordar a un coro celestial.

Y el árbol sonreía.

domingo 21 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO IX


IX


El Viento pasó por unos sembradíos con la noticia de que los hongos, las mariposas y los escarabajos estaban ayudando al árbol en su proyecto. Entonces las flores y las frutas, observando que las cosas que ocurren, no ocurren por sí solas, decidieron cooperar también y enviar una delegación hacia la colina de la encrucijada de los caminos.

El grupo de las frutas lo conformaban mangos anaranjados y simpáticos, parchitas amarillas y regordetas, uvas moradas y brillantes, pomarrosas y ciruelas rojas y rozagantes, nísperos marrones y circunspectos, y mamones y guanábanas de verde reluciente.

Y unas piñas generosas y dormilonas que se levantaron tarde, quisieron incorporarse también, así que tuvieron que correr hasta alcanzar al grupo. Las demás frutas las recibieron sin problema y aminoraron un poco su marcha, hasta que las piñas recuperaron el aliento.

Las flores enviaron por su parte a una delegación formada por lirios risueños y excéntricas gladiolas, girasoles vibrantes y fragantes rosas, imponentes aves del paraíso y espontáneas trinitarias, vivos claveles y crisantemos espléndidos. Una espectacular orquídea iba al frente del grupo, acompañada de pequeñas y delicadas margaritas a manera de cortejo, y todas bailaban el vals de las flores por el trayecto.

Era realmente un desfile sorprendente, no sólo por lo deslumbrante de aquellas frutas y flores, sino también por el entusiasmo que ellas sentían al saberse parte de algo que consideraban verdaderamente importante.

Todavía hay quien sostiene –y es bueno que se diga, pues quien se guarda un elogio, se queda con algo que no le pertenece– que nunca ningún otro lugar del mundo había sido tan maravillosamente perfumado, como aquellos por donde pasaron las frutas y las flores dejando tras de sí una inolvidable estela de fragancias y aromas, en dirección a la colina de la encrucijada de los caminos.

Mientras tanto, el árbol conversaba con las mariposas y los escarabajos, y se reía de las ocurrencias de los honguitos, cuando vio llegar a las flores y frutas, a las que dijo:

-Saludos, frutas y flores espléndidas. ¿Qué asuntos les traen por esta colina?

-Queremos ayudarte –dijeron a coro los mangos y las trinitarias–. Hemos sabido por voz del Viento, que deseas ser un árbol de Navidad.

-Pues el Viento no les ha mentido, como tampoco ha descansado. Sí; quiero ser un árbol de Navidad y estos hongos, mariposas y escarabajos me acompañan en la aventura. Pero dicen los niños que necesito guirnaldas y bambalinas, de las que parecen gotas de alegría, para poder alcanzar mi objetivo. ¿Saben ustedes cómo obtenerlas?

-¿Bambalinas y guirnaldas? –respondió la orquídea–. Nosotras lo seremos, por si no te has dado cuenta.

Y el árbol, que ya comenzaba a ver los resultados de la cooperación de los hongos, mariposas y escarabajos, indicó:

-Creo que sí podría funcionar, aunque esa no era exactamente la idea que yo tenía cuando decidí ser un árbol de Navidad.

-Seguramente –dijeron las uvas y las rosas–. Pero ten presente que cambiar nuestras ideas no es necesariamente negativo; lo malo es no tener ideas para cambiar.

-Observa bien nuestras formas y colores y te convencerás –agregaron gladiolas y guanábanas. Y las margaritas, que siempre guardan por allí un pétalo de reserva para los casos complicados, añadieron:

-Ahí, entre esos deslumbrantes escarabajos y esas coquetas mariposas, si nos lo permiten, podremos colocarnos sin inconvenientes y adornarte como mereces para que seas un auténtico árbol de Navidad.

Los escarabajos y las mariposas que estaban muy atentos, no esperaron la respuesta del árbol y exclamaron:

-¡Por supuesto! Vengan; si nos arrimamos un poco verán que todavía hay mucho espacio disponible. Suban, que nosotros les ayudaremos.

Y hacían todo lo posible para que frutas y flores pudiesen subir al árbol, que casi no aguantaba las cosquillas que le producía todo aquel movimiento en su tronco y sus ramas.

-Apóyense en nosotros ¡podemos ser unos excelentes trampolines! –dijeron los honguitos mientras reían y jugueteaban, asistiéndoles también. Pero las piñas, a quienes no les gusta mucho las alturas y que ya habían hecho amistad con ellos, dijeron a viva voz y moviendo sus coronas:

-Nosotras nos quedaremos aquí abajo, en la base del árbol, junto a estos agradables honguitos –y a todos les pareció bien.

De esa manera las frutas y flores también se incorporaron, y en el árbol se veían magníficas y hermosas, mucho más que las más sofisticadas bambalinas y guirnaldas.

Y el árbol sonreía.

sábado 20 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO VIII


VIII


El Viento habló con unos laboriosos escarabajos fosforescentes que trabajaban la tierra, sobre el propósito del árbol de la colina de la encrucijada de los caminos y la ayuda que estaba solicitando. Entonces los escarabajos convocaron una asamblea para considerar la petición que les había hecho llegar el Viento. Llegaron todos puntualmente al lugar convenido y una vez abierta la sesión, se otorgó el derecho de palabra a quienes quisieran comentar la propuesta. En medio del debate, un escarabajo consideró:

-Esa idea no tiene ningún sentido; los árboles de Navidad están dentro de las casas, no afuera en las colinas. Además, nuestras ocupaciones son diversas ya y no deberíamos descuidarlas.

Pero otro de ellos argumentó lo siguiente:

-Es sin lugar a dudas una idea inusual, pero son las ideas inusuales las que muchas veces constituyen el progreso. Cuando algo nos parece sin sentido, es sólo porque no se ajusta a nuestra costumbre, mas no toda costumbre es necesariamente positiva. Arriesgarse a cambiar es con frecuencia, la vía más segura para avanzar.

La conclusión final de la asamblea fue acudir en ayuda del árbol, siempre y cuando no se pusieran en riesgo otras labores pendientes. Acordaron así crear una comisión con miembros representativos y los escarabajos que la conformaban solicitaron el permiso correspondiente a sus respectivos jefes. Luego de otorgado el permiso, la comisión salió en disciplinada marcha, ordenada y en fila, hacia la colina de la encrucijada de los caminos.

-¡Qué fuertes y saludables escarabajos han venido a visitarme! –dijo el árbol cuando los vio llegar–. ¿Qué los trae por aquí?

El escarabajo líder respondió:

-Tenemos la misión de contribuir contigo; sabemos que deseas llegar a ser un árbol de Navidad.

-Cierto –contestó el árbol–, pero no sé cómo pueden ayudarme; necesito tener coloridos adornos. ¿Pueden ustedes acaso conseguírmelos?

Entonces el escarabajo líder, mostrando repentinamente una fosforescencia sensacional, respondió:

-Nosotros mismos nos distribuiremos ordenadamente en tus ramas y expondremos nuestros radiantes colores; te sorprenderás con lo llamativos que podemos llegar a ser.

-Caramba, amigos escarabajos, su esfuerzo me impresiona, pero no estoy seguro de que esa idea los haga a ustedes muy felices –comentó el árbol.

-Pues debes saber, joven árbol, que la clave de la felicidad de nosotros los escarabajos no está en esforzarnos por el placer, sino en encontrar placer en el esfuerzo.

Y con el respaldo de los hongos y la complicidad de las mariposas –a las que les atraía esa luminosa apariencia y que estaban encantadas de poder tener nueva compañía y temas adicionales de conversación–, los escarabajos, guardando simetrías y respetando distancias, se ubicaron a lo largo de las ramas del árbol.

Ningún adorno podría haber sido más vistoso e impactante que aquellos.

Y el árbol sonreía.

viernes 19 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO VII


VII

El Viento seguía esparciendo el deseo del árbol por doquier. La noticia llegó así hasta donde se encontraban unas lindas mariposas que modelaban sus colores y sus estilizados trajes a la luz del sol.

Reunidas todas en un jardín, en donde unas se retocaban los reflejos de las alas y otras disfrutaban de una deliciosa taza de néctar de flores con polen, mientras charlaban de mil cosas a la vez, consideraron la posibilidad de ayudar al árbol. Largo rato conversaron y muchas se manifestaron de acuerdo con la idea, aunque una de ellas sugirió ignorar el tema y dedicarse… ¡a otra cosa, mariposa!

Pero como otra agregó, los problemas no dejan de existir tan sólo porque sean ignorados y si ellas podían hacer algo por el árbol, valía la pena intentarlo. Finalmente y recordando a unas primas suyas, famosas por sus migraciones, decidieron organizar un tour y partieron todas hacia la colina de la encrucijada de los caminos, dejando que sus coloridos y suaves trajes adornaran el recorrido.

Cuando el árbol las vio llegar, les dijo:

-¡Pero qué hermosas mariposas han venido hasta aquí! Bienvenidas, damiselas.

-Gracias mil, árbol. Eres todo un caballero –respondieron las mariposas.

-¿Andan ustedes de paseo, señoritas?

-Pues sí, pero no precisamente. Más bien te confiaremos algo: nos enteramos de muy buena fuente que deseas convertirte en un árbol de Navidad. Como la idea nos ha parecido apropiada y de mucho estilo, nos hemos trasladado entonces hasta esta colina para decirte que las mariposas pueden ayudarte a lograr tu objetivo y de paso, aprovechar y regalarte tal vez un par de recomendaciones estéticas que podrían serte muy valiosas.

-Me honran con su ofrecimiento, pero ¿cómo podrían ustedes ayudarme, bonitas mariposas? Con base en lo que oí decir a los niños, requiero de lazos de colores, que hacen que un árbol de Navidad sea elegante.

-Si de algo sabemos las mariposas, es de elegancia –respondió una–. Es muy sencillo, árbol; nosotras nos posaremos en tus ramas y hojas y abriremos nuestras alas, mostrando nuestros trajes y diseños. No pueden existir lazos más bellos.

-¿Mariposas en lugar de lazos? No deseo parecer rudo, pero eso me parece imposible –dijo el árbol.

-Pues tu cortesía no significa que no tengas cosas que aprender, amable árbol, y vamos a mostrarte que aprender es descubrir que algo es posible. Anda, no te hagas rogar y déjanos hacer lo que te pedimos.

Entonces un honguito que empezaba a piropear a las mariposas, le dijo al árbol:

-Es una muy buena idea, compadre; no lo pienses más. Y tú, guapa, la de los lindos colores tornasol, ¿qué tal si te colocas en esta hoja baja, cerca de mí, para que podamos conocernos mejor? –Y la mariposa halagada trataba de disimular su rubor escondiendo el rostro tras una de sus alas.

-Bueno, no estoy tan seguro... –empezó a decir el árbol, pero ya las mariposas estaban ubicándose en las ramas y los honguitos las aupaban y estimulaban desde abajo dedicándole simpáticos comentarios.

Y en verdad no podría haber lazos más finos y delicados que las alas multicolores que aquellas mariposas desplegaban.

Y el árbol sonreía.

jueves 18 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO VI


VI

Comenzó entonces el Viento a regar la voz de que el árbol de la colina de la encrucijada de los caminos quería ser un árbol de Navidad, y lo que necesitaba para lograrlo. A todos con quienes se cruzaba les contaba de la aspiración de su amigo.

Unos hongos divertidos y traviesos que escucharon al Viento, encontraron interesante colaborar con el árbol en su intento. Uno de ellos propuso que fueran inmediatamente hasta la colina, lo que produjo una algarabía mayúscula como muestra de aprobación. Otros, con un alboroto similar, salieron veloces a buscar a más compañeros para incorporarlos a la iniciativa.

Entonces partieron y entre chistes y travesuras, caminaron los hongos hasta llegar a la colina de la encrucijada de los caminos. Al llegar allí y encontrar al árbol, dijeron:

-Oye, árbol, el Viento anda por ahí diciendo que tú quieres ser un árbol de Navidad y hemos venido a ayudarte.

El árbol, al ver aquel montón de honguitos traviesos de muchas formas y tamaños, no pudo menos que sentirse halagado y les contestó:

-Gracias, divertidos honguitos, ¿pero cómo van a ayudarme en mi deseo?

-Requetefacilísimo –dijo un hongo largo y delgado que hablaba sin dejar de saltar de un lado a otro–. El Viento nos dijo que necesitabas regalos.

-Sí –dijo otro hongo gordito y rozagante–. Nadie más entendido en estos asuntos que nosotros, especialmente si se trata de fiestas y regalos.

-Bien, los niños dicen que un árbol de Navidad tiene regalos en su base. ¿Pero es que han traído ustedes regalos? Yo no veo ninguno.

-Mucho mejor que eso, árbol. Tú ni te preocupes que los hongos te arreglamos ese problema. ¡Nosotros seremos los regalos!

-¿Qué ustedes serán los regalos? Miren, honguitos, yo aprecio mucho su intención, mas no creo... –Pero un hongo colorado lo interrumpió diciendo:

-No se hable más, árbol. Vinimos a ayudarte y así lo haremos. ¿O es que tú crees que nosotros hemos llegado hasta aquí por nada? Nos colocaremos en la tierra, alrededor de tu tronco, y así pareceremos regalos en tu base. Ya verás. ¡Adelante chicos!

Y sin darle tiempo de decir otra palabra, que además tampoco se habría escuchado a causa del nuevo escándalo que en su entusiasmo habían formado, los hongos se pusieron en acción. De manera que el árbol observó a muchos honguitos coloridos ubicarse en su base, en torno a su tronco, que realmente semejaban hermosos regalos de distintas formas y tamaños.

Y el árbol sonreía.

miércoles 17 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ARBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO V


V


El deseo de convertirse en un árbol de Navidad fue creciendo más y más en su corazón, y cada día se imaginaba a sí mismo vistoso y elegante en aquella colina, rodeado de personas que alababan y comentaban su belleza.

Sólo había un inconveniente: él no tenía una idea clara de cómo llegar a ser un árbol de Navidad. Todo lo que sabía al respecto era lo que había escuchado en la conversación de aquellos niños.

Pero el árbol estaba convencido de que las ideas podían ser alcanzadas si se creía en ellas; sostenía que los sueños no eran algo por lo que debía esperarse, sino algo que había que lograr y sabía también que el apoyo de otros era clave para conseguir las cosas que realmente valían la pena.

Decidió así pedir ayuda y se llenó de ilusión y coraje –que resultan muy útiles a la hora de contarle nuestros anhelos a alguien más–, y la próxima vez que su amigo el Viento pasó por allí a conversar, el árbol le comentó:

-Hola, Viento; hay algo en lo que he estado pensando mucho últimamente.

-Pues aquí estoy yo si deseas conversar al respecto; con los buenos amigos siempre se puede pensar en voz alta.

-Querido amigo Viento; yo deseo ser un árbol de Navidad.

-¡Ah caramba! Me parece muy buena tu idea; muy cónsona además con la época que se avecina.

-Pero yo no sé como ser un árbol de Navidad.

-Mmm. Entonces tienes un problema.

-Ya lo creo, Viento, aunque espero poder resolverlo.

-Bueno, en momentos de incertidumbre, la esperanza no tiene nada de malo.

-Lo que sí sé, pues así se lo escuché decir a los niños, es que los árboles de Navidad tienen muchas cosas que yo no tengo: adornos, regalos, luces, lazos, bambalinas y guirnaldas y canciones. Y también sé que se ven muy bonitos.

-Eso es correcto.

-Pues bien, amigo Viento, quiero solicitar tu colaboración para conseguir todo eso.

-¿Mi colaboración? ¿Pero cómo podría ayudarte? Bien sabes que yo, por más que quisiera, no podría traer esos objetos hasta aquí.

-Cierto; pero eres ligero y versátil, y puedes trasladarte fácilmente desde cualquier lugar hacia otro.

-Sí; pero todavía no entiendo cómo ayudarte.

-Lo que te pido amigo Viento, es que donde vayas anuncies que yo, el árbol de la colina de la encrucijada de los caminos, deseo convertirme en un árbol de Navidad.

-Eso está a mi alcance. ¿Y entonces?

-Quisiera también que dijeras que necesito para ello regalos y adornos y luces y bambalinas y guirnaldas y canciones. Tal vez alguien que te oiga, decida venir y traerme esas cosas. Eso me haría muy feliz.

-Ahora comprendo. Está bien, pero me gustaría advertirte, amigo árbol, que la felicidad no es tanto tener cosas, sino formar parte de ellas.

-Mmm... no lo había pensado, Viento.

-De todas formas me gusta mucho tu idea y voy a ayudarte.

-¡Excelente! Sabía que me apoyarías.

-Será un placer; además cuando uno acepta un favor de un amigo, al mismo tiempo le está haciendo otro.

-Pues muy bien, anda entonces, Viento y cuéntales a todos de mi idea.

Salió así el Viento a colaborar con el árbol en el logro de su sueño. Entonces el árbol pensó entonces que tan valiosa como la ayuda de los amigos, es la sensación de saber que se puede contar con ellos.

Y viendo a su amigo el Viento alejarse en la tarde, el árbol sonreía.

martes 16 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ARBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULOS III Y IV


III

La Navidad estaba cerca.

El árbol lo sabía porque las mañanas comenzaban a ser más frescas, la fragancia de las flores más intensa, el color de los atardeceres le parecía todavía más bonito, la luz del día duraba un poco menos y la noche aparecía más temprano y tardaba más en partir.

Pero también lo sabía por lo que decía la gente.

-Ya viene la Navidad –escuchaba el árbol comentar a un señor que hablaba con su esposa.

-Y también el Niño Jesús para los muchachos –contestaba ella en tono cómplice.

Una mujer con una sonrisa inmensa en el rostro, comentaba con una amiga:

-Estoy muy feliz; esta Navidad viene a visitarme mi hermana mayor, con quien hablo siempre por teléfono, pero que hace mucho que no veo. Además va a traer a mis sobrinos, que ya están grandes.

-¡Qué bueno! –respondía su amiga–. Espero que la lleves a mi casa una tarde aunque sea. A mí también me dará mucho gusto verla.

Y el árbol compartía la alegría y entusiasmo de las dos mujeres.
-Ahora que viene Navidad, voy a celebrar mucho y a comer otra vez esas hayacas tan sabrosas que prepara mi madre –decía la voz de un joven hablando con sus amigos. El árbol escuchaba a éstos responder:

-Pues la semana entrante vamos a empezar a ensayar las nuevas canciones de la parranda, para ir por las calles a alegrarles las noches a los vecinos.

-¡Fantástico!, pero no se olviden de ensayar también algunas serenatas, miren que hay muchas chicas bonitas por allí.

El hijo de un comerciante dueño de un abasto le decía a su padre:

-Hay que aprovechar las ventas adicionales de la temporada para ahorrar y ampliar el negocio, como hemos venido hablando.

-Sí, aunque debemos pensar bien qué queremos hacer; mira que la prudencia es buena compañera de los negocios. Pero los cambios que me has propuesto me parecen muy interesantes –le respondía su padre.

El árbol sentía en las palabras de la gente, que la esperanza, las ideas y las ilusiones crecían con la llegada de la Navidad.


IV

La colina de la encrucijada de los caminos era un lugar tan bonito y especial, que por supuesto muchos niños de los alrededores iban allí en su tiempo libre a disfrutar del ambiente y a jugar con sus amigos.

Un día, un grupo de niños y niñas jugaba cerca del árbol. Uno de ellos dijo:

-La Navidad es chévere. Hay muchas fiestas y juguetes, y el pueblo está más contento. Las casas se ven mejor y la gente se abraza.

Otro niño añadió:

-Yo lo que prefiero de esta época son los vistosos árboles de Navidad, con sus regalos en la base y sus luces intermitentes que me fascinan.

Entonces al árbol le picó la curiosidad y puso mayor atención a los niños y a su conversación. Una niña comentó:

-Es verdad. A mí también me gustan mucho, sobre todo con esos adornos y lazos coloridos y elegantes. Son lindos los árboles de Navidad.

Otro niño dijo:

-A mí me encantan sus guirnaldas y bambalinas, que parecen gotas de alegría. En mi casa nos reunimos alrededor del árbol de Navidad y mi papá nos cuenta unas historias buenísimas mientras comemos torta de la que mi mami hace.

Y la niña más pequeña del grupo, indicó:

-Sí, pero a mí me lo que me parece más bonito es la estrella brillante que le colocan en la punta. Debería haber un árbol de Navidad para todos.

El árbol entonces pensó que él podía ser ese árbol de Navidad del cual hablaba la niña. Tal vez él también podría celebrar la Navidad a su manera. A la manera de un árbol. Y en ese momento decidió que él sería un árbol de Navidad.

lunes 15 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULOS I Y II


Restan 10 días para que sea Navidad. Será la primera de este blog.


Hace tres o cuatro años, con mis ahijados en mente, escribí un cuento navideño infantil que consta de varios capítulos. Pues bien, como regalo de temporada para las personas que han visitado este año El Cuentador, a partir de hoy y durante el lapso que falta para Navidad, publicaré uno o dos capítulos diarios, de manera que el relato se complete el 24; es decir, el día de Nochebuena.

El cuento se llama “Un Árbol de Navidad” y si les place y quieren hacerme un regalo, por favor léanlo a sus hijos, sobrinos, ahijados, pareja, hermanos, padres, primos, tíos, amigos... en fin, a cualquier persona querida.

Concédame el Niño Jesús que esta mi forma de reconocerles su compañía, les resulte agradable.

Como siempre...


Hugo Rafael


I

Cuentan –y los cuentos que cuentan los que cuentan cuentos cuentan– que en algún lugar de Venezuela, en una colina al lado de una encrucijada de caminos cerca de un pueblo, vivía un árbol joven.

Y dicen también que aquel era un lugar muy hermoso y apacible, donde la tierra era fértil y la gente que por allí pasaba era amable y respetuosa con animales y plantas.

En ese lugar, el árbol de esta historia había crecido sano, vigoroso y feliz. Entre las razones que alimentaban su dicha estaba el que desde esa colina –que tenía una vista realmente magnífica–, él podía apreciar los siempre interesantes paisajes que el cambio de colores de los días generaba.

Surgían allí los delicados azules, violetas y rosados pasteles con los que se vestían las mañanas al despertar, y los multicolores tonos, volúmenes y matices de las cosas que se revelaban con el transcurrir de las horas, en la medida en que el sol se elevaba e imponía gentilmente su brillo de vida.

También se percibían claramente las indecisas y divertidas formas de las nubes y los diferentes grados de grises de los días lluviosos, los múltiples verdes vegetales después de caído un aguacero y el posterior perfume de la hierba y de la tierra húmeda.

Al final del día, el árbol disfrutaba de la explosión de incandescentes amarillos, anaranjados y rojos de los atardeceres y crepúsculos, de los aromas del campo, de los sonidos de los grillos, del trinar de los pájaros y del rumor de la brisa.

Con la noche llegaban los inmensos índigos y negros, profundos y misteriosos, salpicados de la escarcha de las estrellas, y la serena y firme línea de luz blanca que aportaba la luna. Se regocijaba entonces el árbol con los cambios de temperatura y con la frescura que regalaba un río que pasaba cerca.

Era el árbol además sociable y cordial y tenía muchos amigos. Su preferido era el Viento, que venía con frecuencia a visitarlo; hablaban entonces ellos dos de diversos temas y cada uno le contaba al otro de sus cosas y de sus días.

En aquella colina de la encrucijada de los caminos, el árbol era feliz.


II

Pero lo que más le gustaba al árbol de vivir en aquel lugar, era poder escuchar lo que decían las personas cuando pasaban por allí.

Como era una encrucijada de caminos, la gente se cruzaba yendo en una dirección u otra. Al coincidir, intercambiaban palabras y con frecuencia se detenían a charlar unos minutos. Entonces el árbol oía sus conversaciones y de esa forma se enteraba de lo que sucedía en las poblaciones cercanas.

-Buenos días –saludaba amablemente un señor a una vecina, levantando ligera y cortésmente su sombrero. Y el árbol en silencio también respondía al saludo.

-Ya pronto será el cumpleaños de nuestra hija mayor –oía el árbol decir a una señora que caminaba con su esposo.

-Es verdad –respondía éste–. Creo que podemos hacerle una bonita fiesta.

-Sí, además tengo la impresión de que se nos está enamorando.

-¿Ah sí? ¿Y de quién?

Y el árbol seguía la conversación de la pareja.

-¡Adiós bonitas! –decía un señor a unas muchachas que se dirigían al río–. ¿Cómo sigue su abuelo?

El árbol ponía entonces atención a la respuesta para enterarse del estado de salud del abuelo de las muchachas.

-Todavía está algo delicado, gracias.

-Díganle por favor que el viernes voy a visitarlo.

-Cómo no. ¡Con mucho gusto!

Unos campesinos que se dirigían a un sembradío, comentaban:

-Ya pronto estará listo el terreno para sembrar el maíz. ¡Ojalá que las lluvias sean buenas esta próxima temporada!

Y el árbol conocía así las esperanzas de aquellos sembradores.

En aquella encrucijada, el árbol compartía las ilusiones, las penas, los anhelos, las aventuras y la cotidianidad de la gente, a través de sus conversaciones.

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / LUCES DE NAVIDAD

Alum, alum, alum, alúmbrame el zaguán
que eso se acostumbra en la navidad.
Coro del aguinaldo tradicional venezolano “Alúmbrame el Zaguán”.

Entre las cosas que más me sonríen de la época navideña está la tradición de iluminar, que supongo íntimamente relacionada con la leyenda de la estrella de Belén. Siempre me gustó levantarme temprano y en las navidades de mi infancia, las luces del arbolito que mi madre decoraba y que a mi padre le encantaba dejar encendidas, me recibían en la sala cuando salía de mi cuarto a deambular por la madrugada de nuestro apartamento caraqueño. La resplandeciente Cruz del Ávila se agrega a esos luminosos recuerdos decembrinos en la capital de mi país.

Ya en alguna navidad adolescente, mi tío Arquímedes nos llevó a pasear en su adoptiva Cabimas en el occidente de mi patria, por una calle muy popular en la temporada. Los vecinos de la zona adornaban sus casas con unos juegos de luces impresionantes y eran muchas las personas que iban hasta allá a contemplar el espectáculo. Imagino que seguirán haciéndolo; en todo caso creo que fue esa la primera vez que me encontré con la idea de la iluminación navideña a gran escala, en un espacio no comercial.

Hoy en día el despliegue de luces por todas partes es componente fundamental de la estación; las decoraciones en Maracaibo –para nombrar sólo un ejemplo y seguir unas líneas más en el venezolano y muy querido estado Zulia– son, para decir lo menos, sorprendentes y absolutamente coherentes con los deliciosos excesos que esa región no esconde.

Ciudad Luz es uno de los más conocidos apodos de París y son varias las explicaciones que se dan al respecto. Unos dicen que es porque París fue de las primeras ciudades que invirtió en un sistema de alumbrado público; otros sostienen que se relaciona con el famoso “Siglo de las Luces” y el aporte que los filósofos franceses dieron al saber humano entonces. Hay quienes trasladan el asunto hasta el Rey Luis XIV –no olvidemos que se hacía llamar el “Rey Sol”– quien logró imponer su criterio sobre el alumbrado público de su época y dio uniformidad a las lámparas de velas y reflectores de metal que existían entonces. Unos más empujan el asunto al siglo XVI, cuando François I recibe en la corte a los más importantes artistas y arquitectos de la época, haciendo confluir en la ciudad muchos de los movimientos del Renacimiento.

La versión que más me sorprende, sin embargo, nos transporta hasta el siglo XIV. Entonces Aviñón, al sur de Francia, fue escogida como residencia de los Papas y según cuentan, estos hicieron construir un puente para que todos los caminos –que hasta entonces llevaban a Roma– en adelante se dirigieran a la nueva ciudad papal. Dice la leyenda que entonces Philipe IV de Francia, que con frecuencia anduvo en pleitos con los Papas y aparentemente celoso porque Aviñón se había vuelto más famosa que París, hizo construir aquí una gran torre en cuya cúspide debía haber una habitación que estuviera siempre iluminada.

Regresando al presente, París en Diciembre nos da nuevas pretextos para seguir llamándola con el luminoso sobrenombre. Hay todo un programa coordinado por la alcaldía, en conjunto con la asociación de comerciantes, denominado “París ilumina París”, a través del cual 30 zonas de la ciudad son decoradas con luces de navidad, cada cual con un concepto y diseño específico, para estimular el flujo de turistas y paseantes, en un total de más de 150 kilómetros de resplandecidas calles. Hay unas muy interesantes; en la zona de la famosa plaza de los pintores en Montmartre, la decoración de luces tiene forma de… ¡paleta de pintor!

Complementan el asunto las clásicas iluminaciones y vitrinas, comenzando por la Torre Eiffel, pasando por las luces y vitrinas de las grandes tiendas del Boulevard Haussman, un árbol de luces de más de 20 metros de alto en la zona de “La Défense”” y por supuesto, las decoraciones que cada vecino y comerciante propone. Hay diseños muy agradables y la verdad es que a pesar de las bajas temperaturas, provoca pasear de noche por las calles –que abrigos y una taza de chocolate caliente siempre estarán disponibles– y admirar los ensoñadores decorados.

Por supuesto y para estar a tono con los tiempos –París no podrá menos– el asunto de la ecología y la conservación de energía es parte integral del programa. Así, los bombillos tradicionales han sido reemplazados por nuevos bombillos que reducen el consumo de electricidad hasta en un 50%, sin afectar la calidad estética de las puestas en escena. De hecho, la iluminación completa de la famosa Avenida de los Campos Elíseos durante la estación, la patrocina la empresa productora de energía “Gaz de France” con bombillos de bajo consumo, y la alimenta con electricidad “100% hidráulica”, según ellos, mucho más respetuosa del ambiente e inscrita dentro del concepto de desarrollo sustentable. Aún así, hay voces que promueven la prohibición de las luces de navidad, alegando que el despilfarro energético implícito no es compatible con la conciencia ecológica y el respeto por el ambiente.

Por mi parte sigo encontrando magia en las incansables y coloridas lucecitas que en Diciembre alegran las calles y realzan el espíritu festivo aquí y allá. Espero de corazón que nunca dejen de cautivarme los rostros de los niños fascinados con los intermitentes destellos, bien sea en una avenida rimbombante o en el arbolito o el “nacimiento” del rincón de su casa.

Más fotos en www.parisillumineparis.fr y en http://www.facebook.com/album.php?aid=48619&id=659287901&ref=mf

viernes 12 de diciembre de 2008

CUALQUIER OTRA COSA / ¿QUIÉNES FUERON LOS 100 VENEZOLANOS DE MÁS IMPACTO E INFLUENCIA SOBRE LA SOCIEDAD VENEZOLANA EN EL SIGLO XX?


La pregunta me la hice hace relativamente poco, después de leer una lista de la revista Time sobre las 100 personas más influyentes del siglo XX. No encontré ningún venezolano en la lista y entonces dije que tal vez la pregunta anterior sería un tema interesante para dedicarle algo de tiempo libre.

Llevo aproximadamente tres meses pensando sobre el tema y el asunto ha resultado tan fascinante que he decidido abrir un blog al respecto. Allí intento un espacio de conversación sobre tan insólita pregunta.

El método que planteo para seleccionar la respuesta es proponer una lista general de personalidades –que supera ya los 450 nombres– y escoger de allí los 100. La lista está dividida en las siguientes 10 categorías:

1. Artistas Plásticos
2. Deportistas
3. Empresarios / Gerentes
4. Escritores
5. Intelectuales
6. Músicos / Cantantes
7. Periodistas / Medios
8. Políticos / Estadistas
9. Televisión, teatro, cine y similares
10. Otros

La idea básica es seleccionar 10 en cada categoría, para llegar a los 100 de marras. Hay algunos criterios para incluir a alguien dentro de la lista general, pero ello está explicado en profundidad en el blog.

Creo que el contenido del blog está suficientemente maduro como para presentarlo al público, aunque estoy seguro de que hay nombres que faltan en la lista. La invitación es entonces a que me den sugerencias al respecto, así como sobre cualquier otro elemento del contenido del blog que deseen plantear.

Ya yo tengo mi selección de las 100 personas, al menos al día de hoy. Les ofrezco entonces lo siguiente: si me dejan un comentario interesante en el blog, les haré llegar como parte de mi agradecimiento, la respuesta que hasta el momento he elaborado. Así que vayan directamente al blog y paséense por él, antes de dar su opinión.

¿La dirección?, muy sencilla: http://venezolanossigloxx.blogspot.com

(Este es el nombre que he privilegiado por ahora para el blog, pero si creen que otro le iría mejor, por favor háganme llegar también sus sugerencias)

Gracias por su respaldo, amistad y consecuencia; disfruten el paseo. Reciban otro cordial saludo.

Como siempre…


Hugo Rafael

miércoles 10 de diciembre de 2008

SILMARIL / PALABRAS MÁGICAS

Lo que se nombra adquiere fuerza; lo que no se nombra deja de existir.
Czeslaw Milosz

Hace tiempo que me seduce la posibilidad de que el lenguaje transforma y que la palabra dicha tiene un poder más allá de la mera actividad descriptiva o transmisora de lo que sentimos y pensamos. Estoy seguro de que la idea me atrajo mucho antes de poder articularla y mi fascinación por los magos en la literatura tiene mucho que ver con ello; los hechiceros de los libros que me atraparon (y aún lo hacen) conocían frases que hacían que sucedieran cosas extraordinarias. Creo que la primera que llamó mi atención fue la celebérrima “Ábrete sésamo” del cuento de Alí Babá y los 40 Ladrones, de Las Mil y Una Noches.

Dominar conjuros y palabras poderosas es una fantasía constante… iba a cerrar la frase agregando “entre los niños”, pero después pensé que los adultos también soñamos con ello, sin darnos cuenta de que sí hay poder en lo que decimos. Nuestras palabras pueden transformar cosas y relaciones; con ellas tenemos el poder para: perdonar, hacer reír, dañar, sorprender, amar, confundir, insultar, posponer, acordar, seducir y así. Cada uno de nosotros sabe que expresiones como “te amo”, “aprobado”, “lo lamento”, “fuiste tú”, “qué bien te ves”, el feliz año nuevo de esta temporada e incluso los en apariencia tan pequeños “sí” y “no”, pueden abrir –a la manera de cualquier “Ábrete sésamo”– puertas, posibilidades y mundos (y también cerrarlos). Si ello no es magia, díganme entonces qué es.

Claro que a veces el efecto de nuestras palabras no es el deseado, pero tampoco hay un mago que no se haya equivocado.

Con cuánta frecuencia escuchamos la recomendación de ser cautelosos con las palabras: “Eres esclavo de lo que dices…”, “Ten cuidado con lo que deseas…”. La expresión “tener que tragarnos las palabras” apunta por allí también; no es la palabra lo difícil a engullir, son sus consecuencias las que pueden resultarnos indigestas. La primera propuesta de Miguel Ruiz en su libro Los Cuatro Acuerdos es: Sé impecable con lo que dices. Pocas resoluciones en la vida me parecen tan formidables.

Una tendencia relativamente nueva en la televisión y el cine es la de historias de personajes con superpoderes que no logran dominar completamente; debajo subyace la idea de que toda capacidad implica responsabilidad en su uso, so pena de que las consecuencias puedan ser irreparables. Si tenemos poder con las palabras, lo anterior se aplica a cada uno de nosotros. Una vez leí una anécdota sobre alguien que meditaba con su esposa cada mañana, pero de vez en cuando un vecino ruidoso interrumpía su concentración con un alboroto tempranero. Durante una de esas interrupciones, el hombre dijo: “me gustaría conocer la palabra mágica para hacer desparecer a ese tipo”. Entonces la mujer respondió: “por eso es que no la conoces”.

La idea de que hay poder y magia en las palabras es recurrente. Un ejemplo en literatura fantástica reciente se encuentra en los Libros de Terramar, de Ursula K. Le Guin, en los que una de las labores de los magos es descubrir el “verdadero” nombre de las cosas, con el que después, al pronunciarlo, se tiene poder sobre tales cosas. De ser así, sería formidable conocer el verdadero nombre… ¡de la magia!

Por cierto que este asunto va mucho más allá de la literatura, en tanto en muchas tradiciones antiguas existe la noción de que el verdadero nombre de algo, es la esencia misma de ese algo. Para decirlo de alguna forma, uno es su nombre auténtico.

Los antiguos hebreos ya tenían una idea de este poder transformador de la palabra; en el mito del Golem se plantea que la fórmula para darle vida incluía decir una combinación de las letras del nombre secreto de Dios. Pero algo que conocí hace poco, leyendo el libro La Empresa Emergente, de Rafael Echeverría, es que en arameo, el idioma antiguo de los judíos y que tiene una historia de más de 3000 años, había una expresión que significaba “la palabra transforma”. La expresión, de acuerdo con lo que plantea el libro, era: avara ka d’avara. ¿Les suena conocida?

lunes 8 de diciembre de 2008

CUALQUIER OTRA COSA / DISCAPACIDADES

Lo esencial es invisible a los ojos.
Antonie Saint Exupery


El pasado 3 de Diciembre se celebró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

Uno suele felicitar a los médicos o a los escritores o a los músicos en sus respectivos días, pero no es así con las personas con discapacidad. Claro, una discapacidad no es algo para celebrar y sin embargo…

Tengo una amiga de nombre Gladys Morillo, invidente desde que tenía dos años y madre de mi amiga Alicia Montero. Gladys es tal vez la persona que más me ha mostrado nuevas aristas particulares del epígrafe (extraído del hermoso libro “El Principito) de este artículo. Nunca olvidaré cuando Gladys me dijo que quienes podíamos ver, lo que teníamos era muchísima más información, pero que poníamos en ello tanta atención que nos perdíamos otras cosas.

Hoy creo que aprecio más los aromas, las melodías y las texturas, gracias a lo que he aprendido con Gladys. Una vez me invitó a dar una conferencia ante una asamblea de ciegos y personas con discapacidad visual; cuando le expuse mi inquietud y temores de no estar a la altura de aquel reto, me dijo: “Hugo, no te preocupes tanto, que ellos te van a ver”.

Gladys tenía razón. Esa conferencia ha sido una de las más emocionantes de mi vida y ciertamente en aquella ocasión no solo me sentí visto, sino observado y hasta escudriñado.

Conocer a una persona con discapacidad tan capaz como Gladys, ha hecho que me pregunte con frecuencia sobre las cosas en las que no pongo mi atención, así como en las capacidades que no desarrollamos quienes no somos discapacitados, precisamente porque no lo somos. Tal vez sea momento de comenzar a hablar de la discapacidad de creer que no somos discapacitados.

De todas maneras Alicia siempre ha sostenido que todos somos discapacitados en algo. Podríamos decir entonces que todos tenemos cosas y capacidades por descubrir.

Creo que es una buena razón para felicitarnos todos.

Gracias, Gladys.

viernes 5 de diciembre de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / PASEO EN LA CAPITAL HISPANA


Desde París uno puede razonablemente visitar otros lugares. Mi primer verdadero viaje turístico fuera de Francia lo cristalicé hace poco; salté de La Galia a Hispania… y mire macho, que la he pasao la mar de bien. Pues nada, ya le cuento. ¡Venga!

Uno de niño escuchó de España porque la historia de Latinoamérica le está irreductiblemente ligada. En la escuela de mi infancia la llamaban “la madre patria”, aunque a mí siempre me sonó más bien como una abuela. Una que por fin conocí personalmente, aunque de abuela sólo tenga la historia, porque su vigor es el de una mujer en su mejor momento.

Estuve por primera vez en mi vida en Madrid este pasado fin de semana. Dos días no serán nunca suficientes para conocer esta ciudad, pero en todo caso me dieron un primer sabor que agradezco y que se queda en el corazón, por distintas razones. Para tratar de expresarlo a la española, diría: Hombre ¡qué guapa, Madrid!

Conocí la ciudad de mano de una de mis más queridas amigas, Ingrid González, a quien no había visto en por lo menos 10 años (ella jura que 15 como mínimo), maracucha (pero ya con acento español) y quien fue una guía y anfitriona en verdad insuperable. Ingrid urdió una combinación perfecta de rencuentro y paseos, sazonada con tapas españolas, buen vino y mejores conversas, y diluyó en segundos y con su sonrisa de siempre, la tensión de todo ese tiempo de no habernos visto. ¡Qué experiencia tan formidable, la renovación del cariño!

Madrid me recordó varias veces a mi natal Caracas; paseándola di gracias una vez más por los queridos inmigrantes que vinieron a Venezuela a mediados del Siglo XX y que enriquecieron tanto nuestro país. Disfruté sus calles centrales y visité la Plaza Mayor, en esta época, repleta de tarantines donde ofrecen todo tipo de cosas para hacer los “Belén” o como le decimos en Venezuela, “Nacimientos”. Adquirí un par de libros en los libreros de la calle, compré y comí castañas asadas, me deleité con edificios y callecitas y gentes, visité una cava de vino sorprendente y vi un gigantesco jardín vertical.

No soy un empedernido de los muesos, pero una parte importante de este viaje la pasé frente a obras de arte. Pude felizmente ver en persona el impresionante “Guernica” de Picasso, así como piezas de Miró, Dalí y otros en el Museo Reina Sofía, y también visité el Museo del Prado. Aquí me deleité con creaciones como “Las Meninas” de Velázquez y “El Jardín de las Delicias” de “El Bosco”, aunque lo que más me sorprendió fue el trabajo de Goya. Siempre había querido observar el cuadro “Saturno devorando a uno de sus hijos”; verlo a pocos centímetros de distancia fue sobrecogedor.

No contenta con hacerme ver la capital de día, Ingrid me sacó a pasear la noche del domingo para apreciar la ciudad nocturna iluminada con motivos navideños. Madrid estaba despejada, aunque fría, de manera que prudentemente no rondamos demasiado y porque queso manchego y chorizo español esperaban también su turno para seguir azuzando la conversación.

Qué genial poder contar todo esto en el soberbio español en el que me expreso (soberbio, no porque lo hable yo, sino porque es la lengua de Cervantes y de tantos otros), me entiendo y hasta me confundo. Para mí es esa la gran herencia que recibe Latinoamérica. No sé si la tierra de donde surgió seguirán llamándola “madre patria”, mas la verdad no me importa tanto; a esta lengua sí la seguirán llamando “materna”.

A Madrid, mi promesa de volver, porque además me quedé con ganas de probar unos callos a la madrileña, de comprar más libros y de visitar tanto otro lugar que tiene para ver. A Ingrid, mi agradecimiento inmenso y mi cariño redundante; difícil imaginar mejor manera de haber conocido la ciudad que adoptaste y que te adoptó, querida. Habrá que regresar.

p.d. Más fotos de mi paseo en Madrid en: http://www.facebook.com/album.php?aid=46759&l=a4e09&id=659287901

jueves 4 de diciembre de 2008

INSOLITUDES / ENTRE GALLOS Y MEDIA NOCHE


Kikiriki cantaba el gallo
Kikiriki por la madrugá”.
Coro de una canción de Fajardo y Sus Estrellas


Mi ahijado Andrés Miguel disfrutaba de niño una película animada sobre un gallo de nombre Chanteclair, palabra que podríamos traducir como “Cantaclaro” (bonito nombre para un gallo). Que un gallo cante parece algo normal por donde se mire, pero que ese canto le cueste 1500 euros a su dueño, es ya otra cosa.

Pues sí, de acuerdo con un diario regional, un habitante de Aubagne –población del sur de Francia–, fue condenado a pagar la cifra señalada por daños e intereses a sus vecinos, ya que su gallo canta demasiado temprano en la mañana.

Parece que el señor tiene en su granja unas gallinas con su correspondiente gallo, el cual canta como cualquiera de sus congéneres. Pero a lo mejor será porque el ejemplar de esta historia tiene unos pulmones más desarrollados de lo normal, el caso es que una vecina, desesperada por la manifestación rutinaria del gallináceo Pavarotti, ha demandado al granjero por “Escándalo Nocturno”.

“Estoy bajo ansiolíticos y tengo que tomar medicamentos para dormir; ¡ya no puedo más!”, reclama la vecina, alegando además que el bendito gallo canta a cualquier hora del día y de la noche, lo que la ha llevado a denunciar el asunto ya cuatro veces. Finalmente las autoridades decidieron que el granjero tenía dos opciones: o mataba al gallo o pagaba a sus vecinos por daños, con correspondientes intereses.

El granjero, que se rehúsa al gallicidio, alega a su vez que no es culpa suya si la claridad de la madrugada alborota al ave. “El canto del gallo es un asunto natural en el campo”, dice, sin que se le vaya el gallo. Para tratar de aminorar la molestia, el hombre le puso tapaderas al corral, pero como que el esfuerzo fue insuficiente. Dispuesto a mantener su gallo con vida, ha decidido apelar la decisión.

Estoy seguro que algún tío mío allá en Venezuela habría resuelto el conflicto con un sancocho, pero tal vez porque el gallo suele representar a Francia (“galo” y “gallo” son palabras muy cercanas), el tema se volvió punto de honor. Mi tío podría agregar que si por regionalismos es, siempre queda a la mano la receta del famoso plato francés “gallo al vino”.

Total que por el momento no conocemos el desenlace de esta historia y si el gallito seguirá cantando o no, porque a diferencia de una canción de Gualberto Ibarreto, este gallo tal vez “enamora a las del patio”, pero definitivamente no a “las del otro lao”. A todas estas, nadie ha dicho cómo se llama el animal de marras, pero creo que de ahora en adelante, en lugar de “Cantaclaro” –como el héroe de las aventuras animadas infantiles de Andrés Miguel–, podría perfectamente llamarse “CantaCARO”.

¡Otra vaina más!