miércoles 27 de agosto de 2008

ESQUIZO / EL OLÍMPICO

Honolable cliatula, ¿Cómo estal uté? Seguro que te gusta mi acento: Mandarín del mejor. Es que acabo de llegar de Pekín, criatura, porque estaba compitiendo; estás hablando nada menos que con Esquizo El Olímpico.

Sí, criatura, estuve participando en el torneo deportivo por excelencia. Aquí con 13 medallas y media, cuatro de loro, cinco de plátano (que oro parece), tres de bronceador y la media de algodón, además de docenas de jabones de hoteles de callejón, regreso yo, Esquizo El Olímpico.

Y tú me dirás (yo, cerca de 1 metro 70 sin contar las costillas y con viento en contra) que no podía estar allá porque el reporte del sanatorio dice que yo no salí esas dos semanas, pero una de las cosas buenas de tener tantas personalidades, es que se puede estar en varios sitios al mismo tiempo (ahora que lo pienso, que yo sepa, además de mí hay sólo alguien más con el don de ubicuidad, de manera que las probabilidades de que también sea esquizofrénico…), pero mejor sigamos con lo te contaba.

El caso es que estuve en los Juegos Olímpicos y tuve una destacación muy actuada. Pero mi participación no fue como esas donde llegan a derrochar físico y a sudar desesperadamente; eso no es conmigo. Yo cada vez que tengo ganas de hacer ejercicio, me acuesto hasta que se me pasan. Así y todo, competí en ping pong; fue muy emocionante escuchar el partido transmitido por radio, aunque otra de mis participaciones como que fue censurada, pues los chinos son medio quisquillosos y no quisieron difundir los encuentros de perinola.

Ahora, deportivamente te digo que ya sé por qué algunos países no les fue tan bien en estos juegos: es que no colocan a sus atletas donde deben. Te explico, Peter BALAZ debería haber competido en tiro, no en canoa; Romain BARRAS estaba en Decatlón cuando lo lógico es que estuviera en barras asimétricas; Sami AALTO lo metieron en gimnasia artística cuando debería jugar basket y a Daniel GRUESO lo inscribieron en atletismo; imagínate que incorporaron a Natalie GOLDA en un equipo de Water Polo, y por supuesto María Fernanda SESTO llegó después del quinto. A Dan SONG lo pusieron en atletismo y lo que hizo fue bailar, Maurizio BOBBATTO nunca supo dónde eran las competencias, Maria Enrica SPACCA se equivocaba todo el tiempo de dirección, y Janon BOXX estaba… ¡en fútbol!

Yo habría colocado a Florian FLOTO en natación y a Moritz FUERSTE en levantamiento de pesas; supongo que Sebastian BAYER debe haber quedado en el pódium, porque si es Bayer…, y aquí entre nosotros, jamás habría inscrito a Carmen MALO en nada. A Samir MAMMADOV lo vi muy cansado después de una pelea y Fabiana GRIPA estaba un poco enferma.

Pero los Juegos Olímpicos son también un espacio de reencuentro y pude saludar a mis compañeros de manicomio, Elena DEMENTIEVA, Stephane LOCAS, Sheena TOSTA, Loris MANIA (que la tenía agarrada con Oleg RABOTA, no sé por qué), así como a Athanasia PERRA y sus compinches, Nikolina DAKULOVIC, Alina STANCULESCU, Amanda TETERIS y Aija PUTNINA que siempre arman un revuelo por donde pasan (Gregorie PENNES las estaba buscando pero ignoro si las encontraría).

Lamento la confusión con Herbis TABAKU y Ramón FUMADO y el sistema anti-doping, pero el asunto me lo aclararon después los panas que hice en el bar de la villa olímpica: Gustave BEBBE, Isaac BOTELLA y Carole PEÓN (por cierto, en el baño me encontré a Ana MEARES y a Tan MIAO). Dicho sea de paso, el Comité Olímpico tiene una campaña en contra del alcohol; cuando leí acerca de los daños que causa su consumo... decidí dejar de leer.

Una de las cosas que me gustó más fue participar en el fútbol y aunque jugué una sola vez, hice los únicos cuatro goles del partido. Yo no sé por qué el técnico decidió que no jugaría más, si sólo perdimos 3 a 1 (Hablando aquí como los locos, dicen que todos los jugadores buenos van al Cielo, pero igualito van a perder si algún día juegan contra el Infierno: ¡allá tienen a todos los árbitros!).

De todas maneras tengo que seguir ejercitándome para participar en los próximos Juegos Olímpicos, aunque ya estoy en forma: el círculo también es una forma. Por si acaso, estoy proponiendo al Comité Olímpico que incluya estas nuevas disciplinas: Esgrima con sierra eléctrica, equitación acuática sobre tiburones, carrera de relevo con el testigo de dinamita encendida (ahí sí que van a correr rápido), natación combinada con pesas al mismo tiempo, moto cross sobre cuerda floja, polo acuático con bolas de bowling, frisbee con cuchillos de chef, boxeo con guantes de papel de lija, velerismo con pañuelo de bolsillo como vela, salto alto (pero lanzándose de arriba para abajo, a ver quién se avienta desde más alto sin romperse una pierna), judo contra gorilas y kayac con cucharillas de café como remos.

Te dejo, criatura, que tengo que entrenar, pero recuerda la máxima olímpica: Come bien, haz ejercicio regularmente, respira y relájate, no cometas excesos… muérete de todas formas.

Esquizo


P.D. Dime algo, criatura. Si una integrante de un equipo de nado sincronizado se ahoga en competencia ¿se tienen que ahogar las otras también?

viernes 22 de agosto de 2008

INSOLITUDES / KIMONO EN LA ESTACIÓN


Supongamos por un rato que Usted es oficial de policía y anda tranquilamente en su comando. De repente, Usted y sus colegas son llamados por su Capitán y el siguiente diálogo tiene lugar:

- Oficiales, tienen que atender una situación irregular. Un individuo está perturbando gravemente la operación cotidiana de una estación de trenes de la ciudad.

- ¿Y es peligroso el individuo, mi Capitán?

- Se cree que no, pero sabemos poco de él y la situación no está clara.

- ¿Está armado? ¿Será acaso un terrorista?

- No es terrorista y definitivamente no está armado, porque ni siquiera lleva ropa; pero el asunto puede complicarse, de manera que tienen que ir hasta la estación y atraparlo.

- Pero si está desarmado y desnudo, ¿por qué no lo capturan los vigilantes de la estación y ya está? ¿Es acaso muy fuerte y corpulento, Capitán?

- Más bien bajito y débil. Pero es muy ágil y ha logrado encaramarse en un sitio bastante inaccesible.

- Disculpe la preguntadera, mi Capitán, pero no entiendo bien. ¿Acaso tomó rehenes? ¿El tipo es peligroso para el público? ¿Un loco furioso, quizás?

- No hay rehenes y en lugar de loco, debe ser bien simpático, porque hasta fotos le están sacando y la gente ya comienzan a encariñarse con el individuo, que además parece pacífico e incluso, algo asustado.

- Pero mi Capitán, ¿y entonces por qué tenemos que ir 30 de nosotros? ¿Y para qué son estas redes que nos están entregando?

- A ver, ¿cómo les digo esto?... es que ustedes tienen que ir a detener… ¡a un mono!

Tal vez un diálogo como el anterior tuvo lugar hace poco en un puesto de policía de Tokio, cuando a eso de las 9:40 a.m. y a causa de un primate, se armó todo un revuelo en una estación de trenes de esa ciudad. No se sabe cómo, pero el animalillo apareció allá (¿habrá llegado en tren?) y estaba cerca de las máquinas automáticas de billetes, cuando fue avistado por primera vez.

El barullo generado debe haberlo inquietado, porque entonces el simio se encaramó sobre un panel de información y allí se mantuvo por más de dos horas, para delicias de los transeúntes y creando sin quererlo, un revuelo de marca mayor en la estación hasta que llegó la policía.

El desentendido alborotador era aparentemente un mono japonés rojo que medía unos 60 cm desde la cabeza a la punta de la cola, pero todo esto es especulativo, porque a pesar de que 30 funcionarios se presentaron para el operativo –algunos armados con redes y todo–, el antropoide ¡se les escapó! Eso sí, nadie resultó herido y el episodio no llegó a retardar tren alguno. De la suerte del protagonista de esta historia no sabemos más por ahora, pero imagino que Tokio debe estar repleta de cosas más que interesantes para un mico.

Con el gran respeto que siempre he tenido por la Nación del Sol Naciente, no resistiré epilogar agradeciendo la vocación extremamente pacífica que el ejército de Japón ha sostenido después de la II Guerra Mundial, porque si 30 policías no pudieron atrapar a un indefenso mono… mejor no te cuento.

Ji, ji. ¡Otra vaina más!

miércoles 20 de agosto de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / A LA PLAYA, EN PARÍS


Busque en cualquier mapa y verá que si algo no tiene París, es costa, así que la opción de ir a la playa en la capital de Francia parece, en principio, una fantasía y sin embargo… ¡esa posibilidad existe!

Una de las iniciativas más interesantes que he visto en ciudad alguna, es el programa conocido como “Paris Plages” que promueve la Alcaldía de París y que se lleva a cabo durante el verano. Resulta que en esta época, una increíble cantidad de habitantes toma vacaciones y literalmente huye de la ciudad, que queda un poco más a merced de ambulantes turistas con sus inefables bermudas, autobuses, cámaras fotográficas y mapas inmensos en las manos.

Pero como no todos pueden escaparse, desde 2002 la Alcaldía impulsa este programa que tiene como objetivo principal ofrecer gratuitamente a quienes permanecen en la ciudad, así como a los turistas, la posibilidad de practicar algunas actividades que normalmente están reservadas a lugares playeros.

Aprovechando que el tránsito automotor también disminuye debido al éxodo parisino, la Alcaldía “corta” durante un mes la circulación de automóviles en algunas zonas y las convierte en verdaderos lugares de recreación vacacional. Estamos hablando de 3,5 kilómetros en los que se colocan palmeras, sillas de extensión, grama… ¡y arena!, que en sitios como la rivera derecha del río Sena o en el Estanque de la Villete y bajo el solecillo de la temporada, evocan simpáticas playitas.

No se contenta el programa con ofrecer la ambientación costera, sino que además se organizan diversas actividades lúdicas y deportivas, como ping-pong, petanca (la versión francesa de las “bolas criollas” venezolanas), esgrima, paseos en bicicleta, restaurantes, futbolito de mesa, una gran piscina portátil, conciertos, golfito, bailes, espectáculos artísticos, cafés, trampolines, ventas de helados, tai chi, y sesiones de cuenta cuentos y talleres de artes plásticas para los más pequeños. Vaya, no se puede meter uno en el mar, pero no seamos tan exigentes.

La operación es inmensa y el costo de crear playas con palmeras y todo, así como la instalación de quioscos, aspersores de agua y equipos deportivos, mantenimiento, pago de recreadores y dispositivos de seguridad, es considerable. El presupuesto que la iniciativa consumió en 2004 fue de dos millones de euros, que la Alcaldía comparte con patrocinantes públicos y privados. Pero la iniciativa es muy bien recibida por la gente y ya otras ciudades como Berlín, Bruselas, Budapest y Praga desarrollan propuestas similares.

Entre los pasatiempos favoritos de los franceses parece estar el filosofar sobre casi cualquier cosa. Un verbo que ellos mismos usan para describirse es “causer”, que puede traducirse como “ser la causa”, pero que también equivale a “conversar”; una modalidad francesa frecuente es conversar y en ello, intentar llegar a la raíz o la causa de las cosas (“En France on cause”, sostienen). En consistencia con esto, encontré hace poco la siguiente frase de Bernard Stiegler, un filósofo francés (¿valga la redundancia?): “en vacaciones, buscamos reencontrar la coherencia de la existencia”. Desde esta mirada tropical no puedo menos que responder con asombro: ¡Carajo!, yo no sabía que las vacaciones eran una cosa así de seria.

Es poco probable que por ahora me detenga a pensar tan profundamente sobre las vacaciones; creo que mi herencia informal venezolana me impulsaría más bien a disfrutar del rato libre sin complicarme tanto la existencia (estamos de vacaciones, ¡por Dios!). Imagino que si en una playa Caribe en compañía de ciertos parranderos y paisanos amigos, se me ocurriera pronunciar una frase semejante a la del Sr. Stiegler, creo que me mirarían, cuando menos con compasión y después me lanzarían una lata de cerveza a la cabeza.

Filosofías y modalidades aparte, uno agradece que exista Paris Plages, que dura hasta mañana 21 de Agosto, pues la ciudad se prepara ya para el regreso de los viajeros y el reinicio de las actividades cotidianas. Podrán imaginar que quedándome este verano en París, aproveché la oportunidad de salir de pic-nic por la playa más urbana de la que se pueda tener idea y acompañado de mi esposa y de un buen libro, nos explayamos (no creo que otro verbo pueda ser más pertinente) en una silla de extensión un rato a orillas del Sena, a tomar… ¡el sol parisino!

jueves 14 de agosto de 2008

PARA CONTAR / PRIMERA LECCIÓN

Se preguntarán por qué tan concurrida esta reunión, pero no hay otra forma de estar en tantos lugares a la vez y en estos tiempos, nuestro número ha de incrementarse si queremos seguir haciendo lo que hacemos. Por eso están aquí, aprendices; su escogencia tiene como fin perpetuar el oficio.

Aprenderán entre otras cosas, nuestros nombres: “Piedad”, por ejemplo, o “Clemencia”; dos de los muchos y poco sospechados que tenemos. Con ellos se nos convoca con frecuencia, pero son muy pocos quienes tienen conciencia de que es nuestra labor lo que realmente solicitan.

No nos preocupa; entre los malabares de nuestro mandato está saber que no siempre quienes nos llaman, desean efectivamente nuestra visita. Cuando los miramos directamente a los ojos, algunos parecen decir “¡pero esto no es lo que quería!”.

Es igualmente corriente oír que nuestro arribo fue a destiempo, que debimos tardar un poco más, aunque también están –no han sido tantos, pero ¿para qué negarlo?– quienes nos reprochan no haber llegado antes. Pocas veces –estemos conscientes– nos dan la bienvenida; pero la cortesía, la puntualidad o cualquier otra de esas complicaciones humanas no nos interesan.

Otros ojos encontrarían por lo menos curioso, al vernos aquí en esta reunión, que se crea que somos una sola entidad y no tantos a la vez; de nuevo, ese no es nuestro problema. Es incluso una creencia conveniente, especialmente si hace falta que actuemos en conjunto, lo que ocurre con cierta frecuencia. Pero eso no es para ustedes aún; sus primeras asignaciones serán sencillas y en la medida en que aprendan, se harán cargo de asuntos más complejos.

Si debemos ir a un sitio, llegaremos indefectiblemente; como nuestra presencia en un lugar no es decisión nuestra, es irrelevante que nos llamen. Vamos cuando vamos, invitados o no, aunque a veces debamos esperar un rato hasta ejecutar nuestro acto. Pero es útil tener nombres; ayuda a orientarnos, especialmente si andamos por territorios desconocidos, que hemos visitado pocas veces o que han cambiado mucho desde la última ocasión. Por supuesto que no todo el que pide misericordia o clemencia, descanso o esclarecimiento, requiere de nuestra asistencia, pero podría ser el caso.

¿Equivocaciones? Ciertamente las hay; mas son pocas y tarde o temprano se reparan.

Es todo lo que diré ahora; será la práctica y no el discurso su guía en el camino que comienzan. Les doy la bienvenida, mis aprendices. Entiendan, cuanto antes mejor, que no es sencillo este oficio de La Muerte.


jueves 7 de agosto de 2008

ESQUIZO / EL USURPADOR

El otro día estaba acostado en mi cama jugando yo-yo, criatura, y me quedé viendo las estrellas; entonces me pregunté de pronto: ¿y en dónde carajo está mi techo?

Fue cuando me di cuenta de una cosa horrible (aparte de que mi techo había desaparecido y de que mi yo-yo es horrible también) y por eso me levanté a escribir esta nota urgente. Es muy importante que la leas, criatura; cuanto antes mejor. Es más, ya deberías haberla leído, así que apúrate; pero asegúrate de que soy yo quien te la escribe. Aunque no lo creas, podría ser otro yo y no yo.

Como consecuencia de mirar las estrellas, unas voces en mi cabeza me dijeron, a través de unas fuentes telepáticas que están en otra parte de mi cabeza, que un peligro inmenso se cierne sobre nosotros. Sí, sobre tú y yo (y tal vez sobre el yo-yo). Fuentes adicionales también en mi cabeza se echaron a perder y el cerebro se me inundó un rato, así que tuvimos que llamar un plomero. Pero esto no tiene nada que ver con lo que iba a decirte, así que hazme el favor de no distraerme más ni lanzarme para arriba y para abajo como a un yo-yo, y deja que siga echándote el cuento.

Sucede que aprovechando que mi techo se fue de paseo, alguien irrumpió en mi morada (que es más bien fucsia) y se metió en mi materia gris (que es más bien gris) y como la muy regalada lo dejó entrar, el malhechor se llevó mis pensamientos consigo. Menos mal que me dejó algunos, porque si no estaría yo igualito que un yo-yo y me habría sido imposible escribir esto.

Como sea, el hurto indica que en algún momento el muy impostor va a querer sustituirme. He aquí la gravedad del asunto; un tipo que no soy yo se va a hacer pasar por mí ante ti diciéndote que soy yo. Seguro que declarará entonces que es Esquizo El Usurpador y a lo mejor hasta te sale con el cuento de que alguien quiere suplantarlo. Lo sé porque además se robó algo que yo había escrito para ti, asumo que para publicarlo en “El Cuentador” como si fuera yo y decir después, embaucadoramente, que fue él quien lo hizo. Patrañas, puras patrañas y triquiñuelas de charlatán barato, pero se le va a enredar el guaral del yo-yo, vas a ver.

El individuo en cuestión se llevó además mi partida de nacimiento y mi certificado de defunción, mi colonia, una entrada gratis para el sanatorio, un metro de encaje negro (que no es lo mismo…), un par de bracunostricélidos color verde claro, un libro de cómo tener éxito siendo esquizofrénico, un ornitorrinco (que no sé qué diablos haría allí), una mata de guaritoto que yo usaba para bañarme y hasta el queso que había en la mesa también se lo comió, ese barbarazo. Me dejó el yo-yo, eso sí (tal vez le pareció horrible).

Ahora ¿por qué ese ensañamiento conmigo?, pregunto yo. Pero no me contesto, no sea Esquizo El Usurpador en lugar de mí quien pregunte aprovechando el desconcierto y logre confundirme conmigo mismo, y luego le suministre yo información delicada creyendo que yo me estoy hablando yo a mí mismo, como un mismo yo-yo. Por precaución voy a dejar de dirigirme la palabra unos días, pero por si acaso, no me lo recuerdes, criatura, no vaya a ser que Esquizo El Usurpador te confunda también y se te vaya el yo-yo y le digas a él lo que me ibas a decir a mí y todo esto se vuelva un yo-yo.

Insisto; si alguien que no es yo puede hacerse pasar por mí, su siguiente paso va a ser contactarte e intentar marearte cual yo-yo. Así que no le creas, criatura, porque no seré yo. Yo, este yo que soy yo, el original y exclusivo y nadie más sino yo mismo, sólo hay uno e indivisible, por muchas personalidades que tenga: yo; que soy el único, genuino e inimitable yo que soy yo. Tengo mi yo-yo de testigo (sí, ya sé que es horrible, pero ni modo).

Espero que no sea tarde y no te hayan engañado ya como a un chino (no sé cómo lo harán porque a ningún chino se le entiende), dándote minino por conejo o gurrufío por yo-yo. Alerta, criatura.

En resumen, espero que no caigas en la burda trampa de alguien tan vil que es capaz hasta de hacerse pasar por mí. Nadie que te diga que soy yo seré yo, porque yo no estaré allí. Yo estoy aquí, por tanto no puedo estar allí o acullá, y en mi singularidad e irrepetibilidad no puede haber más Esquizo que yo en el mundo y universo; de manera tal pues que no creas en palabras de otro yo, por más yo-yo que sepa jugar.

De todas formas, establezcamos un código secreto entre tú y yo; una especie de clave de seguridad que a la vez sirva como arma de retaliación contra ese abusador, triste y descolorida copia destinada a ser borrada del tiempo, envidioso y fallido alter-ego, burda y chimba imitación. Si viene alguien por allí como yo, con o sin yo-yo, a decirte que es Esquizo, le preguntas "¿Esquizo qué?" y tiene que responderte: "Esquizo El Usurpador". Así sabrás que soy yo y no otro yo. El recurso es brillante, porque a la vez estaremos usurpando su usurpador alias y él ya no podrá utilizarlo; la propia venganza. Es que yo soy de verdad insólito; no puede haber dos como yo.

Aunque claro, si él no sabe… bueno, no importa, por si acaso tú haces como quien no sabe. Y si nos descubre, ¡le das en la cabeza con el yo-yo!

Por lo pronto te dejo porque está lloviendo y se me mojan el cuarto y el yo-yo. Así que hasta luego.

Esquizo.

P.D ¿Por casualidad no habrás visto mi techo por ahí?

martes 5 de agosto de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / EL OTRO MUSEO

Uno de los atractivos de París son los museos, al menos para el visitante que aprecia las llamadas bellas artes. El más famoso es por supuesto, el Museo de Louvre, aunque en la inmensa lista están también el Museo D’Orsay (probablemente mi favorito), el Museo Rodin o el centro George Pompidou, por nombrar sólo otros muy conocidos. Pero la lista ofrece más, muchas más opciones.

Los primeros domingos de cada mes, los museos públicos en Francia son gratuitos; aprovechando la circunstancia, este domingo 3 de Agosto visité un interesante lugar: Le Musée du Quai Branly (Museo del Muelle Branly), inaugurado en Junio de 2006 y cuyo lema podría traducirse como “El lugar donde las culturas dialogan”. Es un museo de carácter etnológico y dentro de una concepción arquitectónica contemporánea, la estupenda edificación que lo contiene, concebida por el arquitecto Jean Nouvel, alberga piezas de antiguas culturas de Oceanía, Asia, África y América.

El museo se enfoca en elementos artísticos, históricos y antropológicos de culturas no europeas; según algunos, el propósito del museo es dar el mismo trato al arte no occidental, que el Louvre da al arte griego, romano y renacentista, o que el Museo D’Orsay le da a los impresionistas. Armas, vestidos, adornos, escudos, objetos rituales e instrumentos musicales, entre muchos otros –algunos provenientes de lugares de los que sólo te enteras que existen cuando te sientas a curucutear un Atlas con calma y minuciosidad– están expuestos allí, en una atmósfera más bien oscura que añade dramatismo al asunto, para el disfrute y asombro de los visitantes.

Mis piezas favoritas fueron las máscaras, que siempre han llamado mi atención; allí observé de distinta especie y con expresiones que iban desde lo divertido hasta lo aterrador (me refiero a las expresiones de las máscaras, aunque no dudo que las mías las hayan reflejado en algún caso).

Se han quedado también en mi recuerdo coloridas y vistosas vestimentas colocadas en las vitrinas. Más allá de lo impactante y hermoso de su diseño, confesaré que me sorprendió un poco el hecho de encontrar ropa exhibida en un museo, aunque después me resultó evidente que la indumentaria es elemento esencial de una cultura. Tal vez como la ropa es un asunto tan cotidiano, no suelo pensar en los diseñadores de moda como artistas, pero no hay duda de que a lo largo de la historia hay prendas de vestir que son verdaderas obras de arte.

No todos los comentarios son favorables al museo; algunos críticos lo han catalogado de neo-colonialista, racista y euro-centrista. Quién sabe… sólo me atrevo a decir que pasearme entre tanto objeto interesante me hizo pensar profundamente en la riqueza cultural que conformamos los seres humanos y más aún, en las posibilidades, en las inmensas posibilidades que representamos. En las realizaciones que descansan por ahora en el mundo de lo que aún no hemos creado, y del bien (y el mal) que con ellas pudiéramos generar. Como dice el Credo de la Cámara Júnior: “el gran tesoro de La Tierra reside en la personalidad humana”.

Luego de este pequeño paréntesis filosófico, agregaré que me divertí y que me gustó visitar el museo. Dejo casi sin comentar la hermosa estructura arquitectónica o el soberbio jardín con que la institución recibe a sus visitantes; tampoco tengo fotos que mostrar de la exhibición, porque está restringido el uso de cámaras fotográficas, pero no está de más darse un paseíllo por la página web oficial: www.quaibranly.fr y apreciarlo un poco más.

Interesante, éste que algunos llaman “El otro museo”; tal vez una declaración más de Francia en su genuino intento de permanecer abierta al resto del mundo.