lunes, 31 de marzo de 2008

ESQUIZO / EL VIEJITO

Aaaayyyy criaturita, mira ya cómo estás de grande, verdaderamente que el tiempo pasa volando.

¿No me reconoces? Soy yo, Esquizo el Viejito, que con mano temblorosa y senil te escribe unas líneas que podrían ser las últimas de su existencia. Es que uno en su vejez sólo puede quejarse de los achaques. Estas cosas le pasan a uno con los años.

A mi edad lo he visto todo, lo he hecho todo, he escuchado todo... pero aayy mi espalda, ya no puedo recordar nada. Además, arrugado no es algo que yo quería ser cuando creciera; menos mal que las arrugas no duelen. Yo sí había escuchado que el tiempo era remedio para todo; lo que no sabía era que era un maquillador desastroso.

Por ahí hay algunos que creen que el joven es teoría, mientras que el anciano es un hecho. Pero yo ya soy, ayaaaayyy, más bien un desecho y estoy, sobretodo… maltrecho. No; es que cuanto más vive uno, yayyyyyyay, menos futuro tiene por el cual preocuparse, y después de los 60 (que yo pasé hace ya como 60 años) todos pertenecemos al sexo débil. Es más, ya yo estoy, ayyayayay mis piernas, en la edad en la que mi presión arterial es más alta que mi coeficiente intelectual. Si te cuento que el otro día me paré a retomar el resuello en el descanso de una escalera, y después no sabía si yo iba era subiendo o bajando.

Sí señor, pero nadie me puede quitar lo bailao... si tan sólo pudiera acordarme.

Pero uno no se va poniendo viejo, sino que los demás lo van poniendo viejo a uno, criaturita. Te diré que uno empieza a sospechar de que los años le están pegando, cuando los demás te dicen con frecuencia, “qué joven se ve Usted”. Por eso es que la tercera edad es la vencida, caracha. Aaayyyayay estos riñones. Cuándo en mis tiempos.

Ahora uno ve esa juventud de hoy que nunca sabe ni qué hora es ni en qué día está; con esos pelos estrafalarios y esas ropas tan poquitas que te pueden matar, ay de un infarto, y zarcillos en el ombligo y no quiero saber dónde más. Y esas costumbres, queriéndole contestar a uno, los muy irrespetuosos. Un bastonazo es que les puedo dar. Dígame esos novios; haciendo unas cosas que ya quisiera haber tenido permiso yo incluso de casado. Es que si Mi General todavía estuviera en el gobierno, ya los hubiera corrido para sus casas a planazo limpio.

Pero Usted no vaya a estar comportándose así, criatura, dando espectáculos gratis por la calle, mire que Usted es alguien decente; no me vaya a salir sin fundamento ahora que ya ha crecido. Es más, le diré algo muy importante, tan importante que puede cambiar su vida, tanto que nada de lo que le hayan dicho sus padres le iguala, de tal importancia que tal vez sea la cosa más importante que le importe a Usted, tan importante que, aayyyy la paleta, pues que… que… que… pues que ya no me acuerdo.

Es que los jóvenes de hoy como que no creen que envejecerán nunca. Vainas de muchacho, porque todo el mundo dice que desea poder llegar a viejo, pero se niegan a aceptarlo cuando han llegado. Mas tú sabes que estás envejeciendo cuando un sábado por la noche suena el teléfono y deseas que no sea para ti.

Ji, ji; si yo hubiera sabido que iba a vivir tanto, me habría cuidado un poco más. Porque en años de perro, aaayy mi espinazo, hace ratíííííííísimo ya que yo debería estar muerto. Es que se puede vivir cien años, siempre y cuando dejes de hacer las cosas que deseas hacer cuando llegues a esa edad. Pero te confiaré el secreto para que puedas cumplir cien años; es muy fácil: ¡tienes que cuidarte mucho después que tengas noventa y nueve!, ji ji ji. Lo que sí es cierto es que ponerse viejo es la única forma de vivir mucho tiempo.

Ahora dicen y que tengo que hacer ejercicio, porque debo cuidar la salud. ¿Cuál salud, criatura? Por eso es que cada vez que siento ganas de hacer ejercicio, me acuesto hasta que se me pasa. Y podrás hacer toda la gimnasia que quieras y comer todo lo sano que te provoque (si es que la comida sana puede provocar algo), mas de la pelona no te salva ni ella misma, criatura.

Pero ya me cansé y ahora tengo que ir a ponerme mis dientes y masticar por lo menos una compota. La verdad es que eres joven cuando no tienes que hacer nada por parecerlo. Por eso baile bastante, criatura, no deje de bailar nunca. Aunque después no se acuerde con quién bailó, ji ji. Aaaaayy mis huesos.

Esquizo

viernes, 28 de marzo de 2008

INSOLITUDES / TACONES DE CARRERAS

“Yo quiero unos zapatos de tacón alto”, decía una canción que siempre me pareció risible (lo cual no impidió que lograra cierto éxito en su momento, al menos en Venezuela), pero más risa me dio enterarme de un evento sucedido el año pasado en México. Ya le cuento, pero antes imagine usted andar caminando por la calle, sin mayores preocupaciones, y entonces llegar a una plaza y encontrarse de repente un montón de mujeres con atavíos de cualquier género, pero con una sola característica en común: todas con zapatos de tacón alto.

No, lo anterior no es ninguna fantasía producto de cierto y particular fetichismo ni tampoco la máxima aspiración de un dependiente de zapatería que sólo gana comisión por cada venta realizada. Es algo incluso más singular: el encuentro de un número importante de féminas dispuestas a competir en una carrera de 100 metros planos, llevando puestos… ¡zapatos de tacones altos!

El caso es que en México se realizó a finales del 2007, una carrera con estas características, que también se ha llevado a cabo en Holanda, Polonia, Estados Unidos, Rusia, Alemania y Francia. Unas dicen que el asunto es un homenaje a los diseñadores internacionales más reconocidos, mientras que otras, tal vez buscando un lado más práctico, sostienen que es una manera de demostrar que las mujeres pueden hacer todo también en tacones, incluso correr los cien metros.

Los tacones altos, en tanto símbolos de la moda, nos vienen – qué sorpresa–, de Francia. El cuento se relaciona con el famoso Luis XIV, el Rey Sol, que instauró la monarquía absoluta, que permaneció 72 años en el poder y que también fue protagonista central de la vida social francesa de entonces. El egocéntrico y excéntrico rey usaba tacones altos para disimular su baja estatura y llegó a prohibir, so pena de muerte, que cualquier otra persona utilizara modelos similares. Al caer la monarquía francesa, los zapatos perdieron su signo de privilegio y a partir de allí, los tacones han subido, bajado y ampliado su campo de acción, al punto de que hoy son incluso parte esencial de competencias de velocidad.

En la edición mexicana, la convocatoria estuvo dirigida a mujeres mayores de 25 años y sólo se permitió el uso de zapatos de tacón de aguja de un mínimo de 8 centímetros y un máximo de 10.5 centímetros, sin plataforma. Además –supongo que para evitar la competencia desleal que la presencia de algún “travesti” pudiera significar– las bases de la carrera estipulaban que todas las participantes que pasaran a la gran final, debían ser mujeres por naturaleza y presentar una identificación oficial que avalase su edad y género.

Por supuesto –el postmodernismo, pana–, hay quienes se opusieron firmemente al evento, argumentando que los tacones altos ponen en riesgo la salud de las mujeres, que es necesario más bien promover iniciativas dirigidas a una mayor y mejor conciencia sobre el autocuidado, y que la carrera, además de degradante para la condición femenina, tenía un propósito final eminentemente consumista. Hay que decir que en México, uno de los principales patrocinantes de la carrera fue una conocida tienda que había ofrecido entre otros, regalos para “el mejor peinado”, “la más elegante” y “la mejor sonrisa”.

Sea cual sea su posición al respecto, sepa que la ganadora en esta ocasión fue la mexicana de 31 años, Yamilé Alaluf, quien logró un tiempo de 14 segundos y 74 milésimas, registro que –hay que decirlo– muchos santos varones en zapatos tradicionales no son capaces de igualar.

¡Otra vaina más!

martes, 25 de marzo de 2008

SILMARIL / ANTON EGO Y EL RIESGO DE EXPONER(SE)

Cada vez más el cine nos regala películas que si bien dirigidas a público infantil, los adultos las disfrutamos incluso en mayor medida. Esto me sucedió con Ratatouille, la producción de Walt Disney sobre una rata que quiere llegar a ser cocinero, y que por azares de la vida llega a vivir y a cocinar en el restaurante Gusteau’s ubicado en París.

No toda obra es creativa; para que podamos considerarla como tal, parece necesario al menos el juicio de que ella aporte algo original. Tal vez la idea de que el arte no consiste en representar cosas nuevas, sino en representarlas de manera novedosa, se relacione con esto. Ahora bien, que algo incorpore un elemento novel, no implica necesariamente que sea exitoso o valioso; no toda nueva combinación es por tal, apreciada o bien recibida de antemano, pero esto es tema para otro artículo.

En todo caso, la calificación de que una obra es “creativa” suele venir de alguien distinto a quien la creó, así que para obtenerla, se requiere presentar la obra ante los demás. Su creador podrá estar de acuerdo o no con el veredicto del otro, pero más allá de su relación con la opinión ajena, quien se atreve a mostrar su creación, se atreve también a que los demás la critiquen.

Dos queridas amigas creadoras, una en el campo de la literatura y la otra, tanto en la literatura como en la pintura –Alicia Montero y Verónica Flores respectivamente–, han premiado mi amistad, otorgándome el privilegio de estar entre los primeros que han mirado algunas de sus creaciones. Ambas han confesado –cada una a su modo– cierto aprieto ante la posibilidad de presentar lo que han hecho, a los demás. Es como si al hacer público su trabajo, también expusieran una parte muy frágil de sí mismas. Esto también le ocurre, en mayor o menor medida, a muchos de los que crean; pero claro, por formidable que nos parezca, si aspiramos a compartir lo que hacemos, no hay forma de escapar al riesgo de exponernos.

Pienso entonces en el crítico profesional. Ese que como modalidad de vida opina sobre algo y cuya opinión suele considerarse al menos, digna de ser escuchada. Una idea relativamente expandida es la de que no hay ninguna estatua levantada a la memoria de un crítico, y mi Tío Talabarto pregonaba que a los críticos había que leerlos como al horóscopo: más como excentricidad que para tomarlos en cuenta. Sin embargo, es innegable que en algunos casos, la opinión de un crítico puede marcar la diferencia entre el éxito o no de otro. ¡Qué profesión tan rara!

Sospecho que casi todo creador prefiere recoger críticas sobre su trabajo, incluso si no son favorables, a no recibirlas. Y sabiendo que muchas creaciones han sobrevivido y se han impuesto por encima de la crítica inicial no propicia, pocas cosas deben ser más odiosas para quien expone su obra, que el indiferente silencio de los demás.

No puedo evitar preguntarme si el crítico también considera su trabajo como “creación” y si espera igualmente “críticas” al respecto. Mientras tanto, regreso a Ratatouille (si no han visto el film, les sugiero lo hagan), película entre cuyos momentos culminantes está la declaración del crítico culinario, Antón Ego, respecto de la comida que probó en el restaurante Gusteau’s. El texto lo considero una profunda mirada sobre el asunto de la creatividad.

No sin antes desearles la inmensa suerte de que lleguen a disfrutar del trabajo de Alicia y Verónica, les dejo aquí mi traducción de la versión oficial en inglés del ya famoso Monólogo de Antón Ego. La propuesta difiere de la versión oficial en español, aunque incorpora de ésta un par de elementos no contemplados en la versión en inglés. A mí me gusta bastante así, pero sus críticas son bienvenidas:


El trabajo de un crítico es, en muchas formas, sencillo. Arriesgamos muy poco y sin embargo, disfrutamos de una posición por encima de la de aquellos que someten su trabajo y a sí mismos a nuestro juicio. Prosperamos sobre la base de una crítica negativa, divertida de escribir y leer.

Pero la amarga verdad que los críticos debemos enfrentar es que, en el gran orden de las cosas, la pieza promedio de basura tiene más significado que lo que nuestra crítica pudiera asignarle.

Sin embargo hay veces en las que un crítico sí se arriesga, y ello es en el descubrimiento y la posterior defensa de algo nuevo. El mundo suele ser cruel con el nuevo talento; las nuevas creaciones, lo nuevo, necesita amigos.

Anoche experimenté algo nuevo, una comida extraordinaria proveniente de una fuente particularmente inesperada. Decir que tanto la comida como su creador han desafiado todas mis suposiciones ante la buena cocina, sería una grosera subestimación. En realidad, me han sacudido en lo más profundo.

En el pasado no escondí mi desdén por famoso eslogan del Chef Gusteau: “Cualquiera puede cocinar.” Pero es sólo ahora cuando me doy cuenta de lo que realmente quiso decir: No que cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero sí que un gran artista puede provenir de cualquier parte.

Es difícil imaginar orígenes más humildes que los del genio que ahora cocina en Gusteau’s, quien es, en opinión de este crítico, nada menos que el mejor cocinero de Francia. Volveré hambriento a Gusteau’s pronto, por más.

viernes, 21 de marzo de 2008

PARA CONTAR / LA FÓRMULA DEL DIAMANTE

Para Federico Innerebner


Federico y Alexis deben haber estado entre los líderes y promotores del experimento; Euclides, Néstor, Humprey, posibles cómplices, tal vez Evencio o Domingo (algunos nombres se entraman; puede llegar a ser perversa la combinación del tiempo y el desuso).

Incontables habrán sido los segundos de mezclas y tentativas para que por fin en el fondo de un tubo de ensayo apareciera –por arte de magia hubiera dicho yo, de no saber que la química experimental, así como la perseverancia y la pasión de aquellos investigadores estaba de por medio– el asombroso resultado.

La fórmula del diamante había sido develada. La incontestable prueba estaba a la vista de todos quienes pudimos admirar los cristales en el fondo de aquel tubo de ensayo, que contenía una solución de color azul a la vez intenso y traslúcido: el líquido amniótico de las piedras preciosas. Fue escaso el tiempo que las admiré; el investigador protegía celosamente el recipiente cilíndrico, pues la excesiva exposición a la luz podía afectar la evolución de la experiencia.

Hoy, la fórmula ha desaparecido, supongo.

Algo en mí lamenta no saber cuál fue la miscelánea de elementos ni las condiciones experimentales que aquellos creadores forjaron. Se me perdonará, en tanto nunca me interesó la química, mas si pudiéramos reunir a esos científicos otra vez y les preguntásemos –a uno de ellos localicé después de más de 30 años y ni siquiera recordaba haber participado en aquellas pruebas–, la probabilidad de que la fórmula del diamante permaneciese viva en alguna memoria seguiría siendo baja.

Qué insensato parece por momentos el que alguien que habiendo tenido en sus manos la posibilidad de producir diamantes a voluntad en un tubo de ensayo, haya olvidado también cómo hacerlo. Más aún; tal vez sea yo el único –asumo el riesgo de arrogar– que guarde remembranzas de aquella gloria. Pero seamos indulgentes; parece natural que en el devenir de niños a hombres, cosas como esas se borren.

Dije ya que la química jamás atrajo mi atención, pero conmigo se quedó el recuerdo de aquellos cristales –podría jurar que resplandecían a enceguecer– en el fondo de un tubo de ensayo que contenía un hermosa pócima celeste, que unos estudiantes de 3° ó 4° grado con vuelos de alquimistas recrearon en su tiempo de descanso gracias a un juego de química, allá en días de primaria del Colegio La Concordia.

jueves, 13 de marzo de 2008

SILMARIL / EL OTRO LUGAR


En un capítulo titulado “A nice place to visit” de la famosa serie “La Dimensión Desconocida”, “Rocky” Valentine, un ladrón de poca monta, cae abatido en un tiroteo. El ladronzuelo luego se “levanta” para darse cuenta de que ha muerto, y se encuentra con un robusto señor vestido de blanco, cuyo nombre es Pip, quien le informa que ha venido para ser su guía.

Pip conduce a “Rocky” a un sitio en donde hasta el menor de sus deseos y caprichos es satisfecho en un santiamén: comidas extraordinarias, la ropa más elegante y las más bellas mujeres las obtiene sin esfuerzo alguno y todo, absolutamente todo le es favorable, de manera que en cualquier iniciativa, lance o apuesta en que participa, gana indefectiblemente. Pip le asegura que cualquier cosa que quiera, se puede arreglar a su antojo y el malhechor concluye que ha llegado al Cielo.

Una de los planteamientos más poderosos que conozco es éste: “Si tuvieras todo lo que fuese necesario para hacerlo y supieras que es imposible que fallases en el intento… ¿A qué te dedicarías?”. Lo juzgo poderoso, porque entre otras cosas apunta a los sueños que acariciamos más profundamente. Responder con sinceridad esa pregunta puede darnos luces sobre lo que genuinamente anhelamos hacer en la vida. Ojo: la respuesta implica también la posibilidad de confrontarnos con nosotros mismos, si es marcado el contraste entre ella y nuestra actividad principal (Un posible corolario de esta idea es que en la medida en que eso que soñamos alcanzar, se parezca o esté directamente relacionado con nuestro día a día, seremos más felices).

Pero el planteamiento también tiene “un lado oscuro” por decirlo así, tal vez “el otro lugar” al que se refiere el título de este artículo. Porque… ¿qué pasaría si en verdad supiésemos que fuese imposible fallar en lo que hacemos? Imaginemos por un rato que conocemos previamente que el resultado de cualquier cosa que emprendiésemos, será siempre a nuestro favor.

Puede sonar divertido en principio, pero creo que las consecuencias en el mediano y largo plazo serían terribles. Para empezar no haría falta aprender nada; ya sabemos que todo va a salir perfecto. Con el tiempo, la arrogancia y luego el hastío parecen inevitables, a menos por supuesto que estemos desprovistos de absolutamente todo anhelo personal y al mismo tiempo, dispuestos a actuar exclusivamente en función de los demás, pero sin involucrarnos emocionalmente en el asunto. Como esta combinación me parece ajena a la experiencia de “ser humano”, sigamos con el desarrollo.

Lo anterior sugiere que para aprender, es necesario un componente de incertidumbre en el escenario donde nos movamos. Que haya algo que no sepamos hacer aún, que el resultado al que aspiramos pueda también estar afectado por factores distintos a nosotros, sobre los que no tenemos control, que nos sintamos insatisfechos en alguna medida y que estemos conscientes de que el aprendizaje que intentamos requiere disciplina.

En el extraordinario libro de Arie de Geus, “The living company” (Nicholas Brealey Publishing, Londres, 1999), se hace referencia a un trabajo de David Ingvar, de la Universidad de Lund, en Suecia. El Sr. Ingvar plantea que nuestro cerebro elabora planes de acción y programas para el futuro, con base en condiciones hipotéticas relacionadas con el entorno. No hablo de profecías, predicciones o intuiciones, sino de posibles escenarios de la cotidianidad que se construyen con base en lo que experimentamos y aprendemos.

Esos planes se almacenan en el cerebro como secuencias lógicas y los humanos los “visitamos” constantemente, usándolos para tomar decisiones cuando llega la ocasión (de ahí que el Sr. Ingvar los haya bautizado como “Memorias del Futuro”). Mientras más sano está el cerebro, más proyectos alternativos de futuro arma, considerando entre otras cosas los factores y condiciones que pudieran incidir a favor o en contra; luego, al procesar nueva información, “actualiza” y “optimiza” esos escenarios. Es decir; las expectativas que nos hacemos del futuro son “historias” que vamos contándonos permanentemente, con base en lo que asumimos posible.

Infiero de esta fascinante propuesta, que el cerebro está “diseñado” para la incertidumbre y que el fenómeno que llamamos aprender es sólo posible en tanto haya cierto grado de ella en nuestras vidas. Incertidumbre es “no saber”, y sólo podemos aprender lo que aún no sabemos.

También se necesitan certezas, evidentemente; es innegable que valoramos altamente lo que es estable y predecible. Mas pareciera que la incertidumbre es constitutiva de nuestra condición humana; en la naturaleza, todo lo que es estable o predecible, o está muriendo o está ya muerto. Quizás no sea tan grave que hayan cambios y eventos inesperados en nuestras vidas, que no siempre alcancemos lo que deseamos, y que nuestros objetivos y metas requieran un esfuerzo de nuestra parte: una “inversión” intrínsecamente conectada con el posterior –y subordinado– “sabor” de la victoria.

Comentaba una vez un amigo, que vivir sin saber estrictamente nada de lo que va a ocurrir, debe ser espantoso. Agrego yo que el otro extremo ha de ser igualmente atroz.

El episodio del ladronzuelo culmina así: pasado el tiempo, el hombre comienza a aburrirse de saber anticipadamente que todo va a salirle bien –y de la posibilidad de tener que cargar con ello por toda la eternidad– hasta que llega a un punto en el que no aguanta más y desesperado, decide hablar con Pip, su guía. La que sigue es mi versión en castellano del revelador diálogo final:

Rocky: Ven. Siéntate, gordito; siéntate. Mira, yo no sé cómo explicarte esto, pero es que no es lo mismo. Digo, ¿en dónde está la gracia de robar un banco si todo el mundo sabe al respecto, ah? ¡Y las mujeres! Nunca creía que podría aburrirme de mujeres hermosas, pero…mira, no espero que un ángel entienda esto, pero ser un tipazo con las chicas no significa nada si ya el asunto está previamente arreglado. Quiero decir, todo es fantástico aquí, ¿ves?, realmente increíble; justo de la forma que yo imaginé. Excepto que, aquí entre tú y yo, gordito, me parece que no pertenezco a este lugar. No creo que sea mi sitio.

Pip: Oh, tonterías. Claro que sí.

Rocky: ¡No; de verdad! Alguien tiene que haber cometido un error. Si tengo que permanecer aquí un día más ¡me voy a volver loco! Mira, el Cielo no es sitio para mí ¿ves? Yo quiero irme al otro lugar.

Pip: ¿El Cielo? ¿Y qué le hizo suponer que estaba en el Cielo, Sr. Valentine? ¡Este es EL OTRO LUGAR!

miércoles, 12 de marzo de 2008

CUALQUIER OTRA COSA / MI TÍO EN CASA

Algunos me han preguntado si mi artículo “Un Secuestro Más” es una ficción; con dolor he de responder que no, que en realidad un tío mío fue secuestrado en Venezuela. El propósito de esta pequeña nota es darles la buena noticia de que fue liberado hace ya algunos días y que ahora está en su casa, junto a los suyos, recuperándose del trance.

Gracias a todos por sus buenos deseos y respaldo.

Como siempre…


Hugo Rafael

p.d. Cuando inicié este blog, jamás creí que habría de escribir una nota como esta y menos como la que titulé “Un Secuestro Más”. Las secciones previstas en este blog, como su descripción lo ratifica, no contemplaban tales contenidos; no obstante, la sección “Cualquier Otra Cosa” –que además fue la última que incluí– fue concebida para tratar precisamente materias que escaparan del alcance de los temas que se privilegian en “El Cuentador”. De ahí que un asunto tal lo haya tratado yo en esa sección. Por supuesto, nada más lejano de ser “cualquier otra cosa” para mí, que el secuestro de alguien; mucho menos el de un familiar.

martes, 11 de marzo de 2008

ESQUIZO / EL NEGADOR

No, criatura. ¡No!

¿Y por qué no voy a poder decir que no, pues?

No, me niego. Rotundamente. Ene o, no. Jamás voy a aceptar una cosa como esa. Never. No voy a negarme nunca a decir que no.

Y me llamarán Esquizo, el Negador, pero ni un paso atrás. Nada de eso. No señor. ¿Es que entonces no tengo derecho a decir que no? Eso no, criatura, y que no se hable más del asunto. Que no me vengan a mí con que no se puede, porque no hay nada peor en el mundo que no poder utilizar un no.

Un no, no es cualquier palabrita. Representa y resume nada menos que el pensamiento de los que alguna vez hemos sostenido que no se puede andar por la vida sin decir que no.

Así que basta ya de gente que no sabe administrar un no. No las soporto. Y no es por nada, pero una vecinita mía no supo decir que no a tiempo y por ahí anda con dos morochitos a cuestas. ¿No te digo yo?.

Un no apropiado es garantía de que las cosas no se pierdan, criatura. No tiene nada de malo decir que no, cuando es no lo que queremos expresar. Y no es que no podamos decir más nada, pero no negarse es a veces también la negación de la propia dignidad. Y yo, a la auto-negación, digo: ¡NO!

Una palabra tan aparentemente pequeña, pero tan grande en significado, no puede ser malamente utilizada. No, mi amor. Por eso rechazo, me opongo, me resisto, me enfrento y me niego a los no pusilánimes, blanditos, medio chimbos. Ningún ningún a partir de ahora a los “no” delicados. ¡No a los no que no parecen no!

Pues no hay vocablo alguno más importante que un no. Y no me cuesta nada demostrártelo. Porque un no, no es algo monótono. Nos acompaña por doquier:

Está en una nota musical, en lo luminoso, en lo normal,
en nuestras manos, en los buenos ciudadanos, en lo lejano y lo cercano,
en un norte, en la nobleza, en lo divino, en lo profano y en lo humano,
en el estreno sereno de un relleno,
en un mezquino torbellino marino y su vertiginoso remolino,
en un grano, en el ser venezolano, sea andino, marabino, capitalino o del llano,
en el sino, en el destino, en una noche de vino,
en el digno reino masculino y femenino,
en términos penosos, en honores notariales,
en lo eterno, en lo interno, en lo externo y sempiterno
en lo fino y en lo plano, en lo sano y lo lozano,
en la noticia y la economía, en la nostalgia y la novelería,
en tecnologías y nombramientos y en los terrenos del conocimiento,
en el entorno inocente, en un femeno arcano,
en tenores y sopranos, sus trinos a tono con un piano,
en un seno, en un horno, en un trono y un hermano,
y hasta en un animo mono que no perdo a un banano.

Un no, no puede ser sino notable, novedoso, magno, venenoso, prístino y cristalino. Menos mal que un no somos nosotros mismos; por eso es que uno no puede, en ningún camino, menospreciar a un genuino no.

Y no cederé, criatura, hasta que se le otorgue un noble y notorio premio bel al mejor no del año (con ñ, por si acaso).

Esquizo

jueves, 6 de marzo de 2008

INSOLITUDES / MOSQUITO ANTI-ADOLESCENTE





Hace poco, una firma de seguridad lanzó en el Reino Unido un invento conocido como “El Mosquito”, que ha resultado ser una solución eficaz al inconveniente que generan algunos no muy deseados grupos de adolescentes que deambulan en centros comerciales y en los alrededores de algunas tiendas.
La eficacia del “Mosquito” –llamado así porque el ruido que emite es semejante al zumbido de un insecto– descansa en un fenómeno conocido como “Presbiacusia”, que es la gradual pérdida de audición en la mayoría de las personas, en la medida en que envejecen. De esta forma, el dichoso “Mosquito” produce un molesto sonido de alta frecuencia que los jóvenes escuchan –pero no así las personas mayores de 20 años– y que hace que se alejen del lugar. Un repelente anti-adolescente, pues.
(Tengo que decir aquí que el asunto me parece un soberano desperdicio de dinero; con sólo poner ciertas canciones cursi-pavosas que yo he escuchado por ahí, sería suficiente para que los adolescentes salieran corriendo)
El caso es que los dueños de los establecimientos están felices con la novedad, en tanto la presencia de algunas de estas bandas de jóvenes en las cercanías desanima a los verdaderos compradores a entrar en los negocios, con la consecuente disminución en ventas. Además, la policía reporta una reducción importante en los índices de robos y daños a los comercios a raíz de la instalación de cerca de 3500 de estos artefactos en toda Inglaterra.
A pesar de estos resultados, ya hay grupos de opinión solicitando la prohibición del “Mosquito”. Entre los argumentos esgrimidos está que la invención actúa de manera indiscriminada, afectando a todos los adolescentes y no sólo a aquellos que pudieran causar molestias, y que utilizarla para dispersar grupos es una violación a los derechos humanos de jóvenes y niños. Sin embargo el gobierno ha dicho que por el momento no tiene planes de prohibirlo, enfatizando –eso sí– que el artilugio en cuestión debería ser usado como un “último recurso” ante comportamientos anti-sociales.
Por supuesto, mientras los grandes debaten filosofía y derechos humanos, los adolescentes ya le han encontrado al menos una vuelta interesante al asunto. El sonido del aparato ha logrado ser grabado y “hackeado”, y ahora se distribuye como un tono de teléfonos celulares que podría servir entre otras cosas, para recibir mensajes de textos y señales de alerta en los liceos sin que los profesores se den cuenta de lo que está ocurriendo.
¡Otra vaina más!

lunes, 3 de marzo de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / INVASORES DEL ESPACIO EN PARÍS


A finales de los años 70 comenzó el furor de las consolas caseras de video juegos, con Atari a la cabeza, y uno de los juegos más populares de entonces fue el mítico “Invasores del Espacio” o “Space Invaders”. Consistía en que unos alienígenas del espacio exterior, algunos cuyas formas semejaban cangrejos y pulpos, intentaban llegar a La Tierra y el jugador tenía como misión eliminarlos antes de que tocaran suelo.

Yo no he sido nunca muy fanático de los video juegos, pero mis hermanos menores tenían un Atari en casa, de manera que conocí y alguna vez hasta llegué a combatir y aniquilar personalmente algunos de aquellos cómicos muñequitos que venían a apoderarse de nuestro planeta, en el canal 3 del televisor. Con el tiempo los video juegos fueron evolucionando y haciéndose más y más sofisticados y complejos, y aquellos invasores del espacio quedaron inevitablemente relegados al recuerdo. ¡Cómo iba a imaginarme yo que los setentosos muñequitos estarían acechándome en las esquinas de París!

Pues resulta que desde los 90s, hay un artista que ha colocado en París y en otras ciudades del mundo, mosaicos inspirados en los dichosos “Invasores del Espacio”. El artista en cuestión a manera de invasión (o “intervención”, para utilizar un término más de moda en el mundo artístico), prepara sus obras en casa y luego, preferiblemente de noche o de madrugada, las pega en alguna esquina u otro imprevisto lugar, donde puedan ser vistas por los transeúntes al día siguiente. Citando al autor de estas criaturas: “Como un hacker, yo propago un virus en el seno de un sistema”.

Así, cuando uno menos se lo espera, se encuentra frente a frente con un ser de otro planeta hecho de cuadritos de colores (el artista también ha hecho reproducciones de otros video juegos como Mario Bross, e incluso ha utilizado motivos adicionales como caritas felices y el famoso “Cubo de Rubik”) al cruzar la calle. Debido a que la tecnología de los 70s en materia de video juegos era relativamente rudimentaria, al menos en términos de diseño, los muñequitos son fácilmente reproducibles con la técnica de mosaico. El material utilizado permite además que la obra permanezca pegada por largo tiempo al muro en donde ha sido colocada y resista incluso los embates del clima, así que por ahí el asunto también compite con los “graffitis”.

Según palabras del artista, la invasión propiamente dicha se inició en 1998, aunque él ya había colocado un primer invasor en una callecita parisina tiempo atrás. Un “centinela” como lo llama, “porque permaneció solo algunos años”. El artista, que prefiere en lo posible permanecer incógnito, se hace llamar “Invader”, pseudónimo que también toma del juego y que según él “es la perfecta definición de mi trabajo. Yo soy un invasor de espacios”.

La ofensiva ha requerido energía, pues sólo en París han habido más de 500 “invasores”. Pero es que son por encima de 25 las ciudades que han sido “atacadas”, no solo en Francia, sino en el resto del planeta. Entre estas últimas se pueden mencionar Ámsterdam, Bangkok, Hong Kong, Barcelona, Istanbul, Nueva York, Tokio, Londres, Viena y Los Ángeles; de hecho, las famosas letras de la palabra “Hollywood” en la colina del mismo nombre en Estados Unidos, han sido objeto de intervención.

¿Quieres ver o saber más de estos “Invasores Espaciales de Mosaico”? Si puedes leer francés, encontrarás una interesante entrevista con “Invader” en:

http://www.magda-gallery.com/fr/invadertexte.htm

Y aquí tienes algunas páginas donde podrás apreciar los “Invasores” a gusto:

http://www.space-invaders.com/ (sitio oficial)
http://space.invaders.paris.free.fr/
http://www.ekosystem.org/tag/spaceinvader
http://sitayoyoso.free.fr/invaders
http://pixelbot.stefdem.com/pixelsdanslarue.php
http://www.flickr.com/photos/meteorry/sets/124207
http://thefollower.free.fr/
http://webselection.over-blog.com/categorie-10194054.html