jueves 31 de enero de 2008

ESQUIZO / EL BRUJO


Oh, criatura bienaventurada, que las Lámparas Supremas te iluminen. Esquizo el Brujo te bendice y te dice que es tiempo de que vayas procurando el favor de algunos aliados celestiales, porque aunque tus caminos se ven alumbrados, puede haber algunas potestades conspirando contra tu suerte. Pero si yo estoy contigo no tendrás nada de qué preocuparte; personalmente haré de intermediario entre tu persona y las entidades de las esferas superiores. Tú, como en la cédula, que yo todo lo puedo.

Muy bien, en este tabaquito de siete metros que te fumé, vi una nube gris que te acecha, tal vez un trabajo mal hecho que te encargó algún envidioso para que se te vayan los gallos cuando hables en público, y para que siempre se te aflojen las trenzas o se te abran los cierres. Pero no te inquietes, que Esquizo el Brujo va a revertir ahorita mismo eso.

¡Oh San Dunguero, patrono de los bonchones, permite que tu manto protector, que cubre la sagrada virtud revelada en los misterios de la música de los dioses medievales, recubra la garganta de esta criatura. Que sus cuerdas vocales estén siempre a tono y que su voz melodiosa llene de dicha los corazones de quien la escuche!

¡Oh San Dalia, tú que caminaste senderos y valles, colinas y sabanas, ten misericordia y cuida los pasos de esta criatura; aléjalos de vapores y abismos perversos y permite que su andar por el mundo sea fecundo y flote en gracia y felicidad!

¡Oh San Cudo, a ti acudo, tú que dentro del río de tu sangre llevas la revelación mística que la sagrada virtud reserva para los limpios de alma; de rodillas me planto ante tu fuente bendita, para que reboses de generosa salud a esta criatura, me la conserves sana y libre de cualquier desarreglo biológico y que no le caiga ni coquito!

¡Oh San Tito, el santo de los chiquitos, que no reposas ni domingos ni feriados, yo sé que aunque esta criatura tenga un cuerpote grandote, su corazón es pequeño y humilde, así que intercede para que los detalles de sus cosas no tengan fallas y aparta las molestias pequeñas de su destino. Que nunca tenga que hacer más de cinco minutos de cola, que no le salgan espinillas, que cuando beba no le dé ratón y que sólo se levante gente con mucho real!

Aquí leyéndote un tarot morado que me regaló un curandero de Birongo, criatura, te salió que es mejor que cargues un amuleto ensalmado por si las moscas. Así que yo, con ayuda de unos caracoles antiponzoñosos que pertenecieron al mismísimo Iluminado de Guanare, que en paz descanse, y unas pencas de sábila cultivadas y recogidas a las dos de la mañana bajo un cielo de luna llena sin nubes en las faldas de la montaña de Sorte, te prepararé una contra ensortijada que tienes que cargar encima cabeza pa’bajo por lo menos hasta dentro de 6 meses, para que te proteja. Además, consagraré esa contra a San Tero, el santo de los brujos, para que se repotencie cada cuatro horas, así como si fuera la pila de un celular.

Te recetaré unos baños también. Esto es lo que harás: vas a llenar una olla pequeña con leche de chiva cerrera y la vas a poner al fuego hasta que tibie. Tiene que ser en hornilla de gas, al carbón o a la leña; no puede ser en microonda ni en cocina eléctrica, mira que la electricidad interfiere con la transmisión de poderes y confunde a los Santos. Tú nunca has visto que a un Santo le prendan un bombillo; siempre le prenden una vela ¿verdad? Y si no me crees, pues fíjate que el otro día una señora me encargó un trabajo para levantarse a un viudo, pero mezcló los ingredientes en una licuadora Oster en vez de hacerlo ella misma; el tipo terminó empatado con una prima de ella, bien fea por cierto.

Bueno, a la leche le agregas miel de Yaracuy a tu gusto y unas gotas de Ron El Gallo Piroco. Mientras vas echándole el ron, le rezas una oración a San Atorio, el Santo de los locos, pero debes hacerlo brincando en una sola pata por 20 minutos después que se oculte el sol. Luego agarras jabón azul, lo remojas bastante en esa mezcla y te bañas con ese jabón por lo menos tres veces. Eso sí, después tienes que quitarte ese pegoste de encima porque a las hormigas les gusta mucho la miel de Yaracuy. Eso es todo, criatura.

Y que el Ánima del Cunaviche nunca se olvide de ti.

Esquizo.

martes 29 de enero de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / TRIBUS Y CLANES


Soy mestizo, una mezcla de colores
Oh, mestizo, provengo de aquí y de más allá.
Traducción mía de una estrofa de la canción “Metisse”, de Yannick Noah

A veces en el metro de París tengo la impresión de andar entre diferentes clanes y tribus: de repente en un vagón, a mis espaldas, una lengua “me suena” a croata, polaco o algo parecido; volteo y veo a unos hombres grandes, treintones, en bluejeanes y con manos y rostros de albañiles, que parecen bromear entre ellos. Más allá, unas esbeltas jóvenes de ojos alargados y cabellera negra, maquillaje, atuendos y carteras a la moda, conversan vivamente, supongo que en mandarín, mientras que dos hermosas matronas que lucen espectaculares vestidos innegablemente africanos, sentadas una al lado de la otra se ríen en uolof o tal vez suahili.

Una pareja, hombre y mujer de rasgos de Taj Mahal y piel entre canela y torta de chocolate, contempla en silencio el pasar de las profundidades del metro por la ventana. ¿Cuál será el color de sus pensamientos? En la siguiente estación entran tres hombres de bigote, uno de ellos lleva el gorro tradicional islámico y me saluda con un “Salam alec oum” que aún no sé responder, por más que tome como un honor que de vez en cuando aquí, la gente del medio oriente me confunda con uno de los suyos. El tumulto que se traslada a esa hora los coloca al lado de un señor mayor que lleva en su cabeza la “kippá” judía; los tres musulmanes quedan a un costado del hebreo, todos en paz, cada quien tranquilo en su lugar.

También entró en el vagón un grupo de adolescentes, irreverentes, escandalosos, apasionados y felices –valgan las redundancias–, y por momentos me parece que no he aprendido nada del hablar de la tierra que me acoge, escuchando a los muchachos comunicarse en lo que sé que es francés, pero que preñado de jerga, metáforas y “verlang” (una forma de hablar invirtiendo el sonido de las palabras) me resulta casi incomprensible. Cervantes y su combo me rescatan cuando reconozco en la siguiente estación mi lengua materna, aunque con el acento que de algún lugar de España traen unos turistas. Nuevos clanes van y vienen y por ello, aunque deba bajarme, me tienta la idea de seguir en el metro, de seguir contemplándolos, oyéndolos, admirándome.

En esta dulce forma de ser extranjero entre mis iguales (?), me pregunto qué pensaran los de la tribu mayor, franceses de las más misceláneas estirpes, ante la inmensa representatividad del mundo que cohabita en esta ciudad luz, ciudad crisol. Extranjero es aquel ante quien crees estar en tu hogar, creo haber leído alguna vez. Pienso entonces que el lugar en el que resido hoy es una muy variopinta casa, en el mejor de los sentidos.

Quizás mi pregunta predilecta andando en París es la que me surge sobre el rostro de los que no he de ver, el de los parisinos de generaciones futuras, los que nazcan cuando los hijos e hijas de estos clanes se hayan encontrado con los de otros y procreen entre ellos nuevos hijos e hijas, soberbia mezcla de matices por venir.

¿Cuál será el color de sus pensamientos? No lo sabré, pero estoy seguro de que tendrá un lindo tono mestizo.

domingo 27 de enero de 2008

PARA CONTAR / MINICUENTOS


Me parece que el primer encuentro formal que tuve con los minicuentos lo hice a través del libro “Los 1001 cuentos de una línea”, del venezolano Gabriel Jiménez Emán, del cual me sorprendió especialmente uno que decía: “Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello”. Desde entonces esta modalidad de escritura me ha fascinado; aquí les dejo ocho minicuentos de mi propia creación:

El piso sigue acercándose; pronto sabré si mi suicidio tuvo éxito.

Las vueltas que da una llanta de carro de bombero en la vida; después de tanto rodar, termino en una hoguera de manifestantes.

Había una vez una vez que una vez dejó de serlo, pero sólo fue una vez.

Cuando miro las suelas de sus zapatos, me pregunto por qué les molesta que yo, el piso, a veces esté sucio.

Supo que no existía en el instante en que el espejo no le devolvió la mirada.

Este saxofón aturdiría menos si yo no tuviera que vivir dentro.

Se encontró perdido y entendió que no se había encontrado... o perdido.

¡Vaya!, el primer entierro al que asisto en mi vida, y tenía que ser el mío.

INSOLITUDES / LA INVESTIGACIÓN IMPROBABLE


En estos días me enteré de la existencia de los premios Ig Nobel, una especie de premios Nobel paralelos organizados por la revista humorística “Annals of Improbable Research”, que se entregan en la celebérrima Universidad de Harvard y que según sus organizadores, honran logros que hacen que la gente se ría y luego piense.

En mi opinión esta frase recoge la esencia de los premios, cada uno de los cuales es una INSOLITUD en sí misma, porque habría que ver lo que algunos de estos investigadores tuvieron que hacer para llevar adelante sus trabajos. Entre mis favoritos se encuentran:

Lingüística 2007: A un estudio que demuestra que las ratas a veces no distinguen entre el japonés y el holandés cuando las personas hablan esas lenguas al revés.

Química 2007: A un método para extraer esencia de vainilla de los excrementos de la vaca.

Ornitología 2006: A una investigación para explicar por qué los pájaros carpinteros no sufren dolor de cabeza.

Acústica 2006: A unos experimentos acerca de por qué a la gente le desagrada el ruido de las uñas arañando una pizarra.

Medicina 2005: A la invención de los Neuticles, o testículos artificiales para perros, disponibles en tres tallas, y tres grados de firmeza.

Ingeniería 2004: A la patente del “Combover” (Patente estadounidense Nro 4.022.227), peinado para calvos que pretende disimular lo evidente estirando todo lo posible el pelo que queda en los laterales del cuero cabelludo.

Investigación interdisciplinar 2003: Al informe “Las gallinas prefieren a los humanos guapos.”

Paz 2002: Por la promoción de la paz y armonía con la invención de Bow-Lingual, un dispositivo computacional que traduce automáticamente los ladridos de un perro a lenguaje humano.

Salud Pública 2001: Al descubrimiento médico de que hurgarse la nariz es una actividad común entre adolescentes.

Ji, ji. ¡Otra vaina más!

Fuente: http://www.improbable.com/


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jueves 24 de enero de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / EL ÚLTIMO DE LOS PELUDOS


Claro, la televisión ya se había encargado de adelantarme algo sobre el asunto, pero fue allá en Caracas en tiempos de la escuela y el liceo, cuando me enteré formalmente de los eventos conocidos como la I y II Guerra Mundial. Y allá se quedaron, en algún libro olvidado en aquel país para el que la guerra fue una cosa, sí, insólita, pero especialmente forastera, casi exótica, ocurrida en lugares desconocidos.

En París es distinto; aquí te encuentras con vestigios de la guerra a cada rato. Cruzas una calle y de repente, una placa conmemorativa de algún acontecimiento, el nombre de unos combatientes caídos o de unos niños deportados, un suceso ocurrido allí mismo, exactamente en el sitio que tus pies están pisando.

Tal vez las personas con las que hablas son hijos o nietos de quienes participaron directamente en algunos de esos hechos, lo que siempre me resulta sorprendente. Pero más es que otros, ciertamente ya mayores pero todavía por ahí, en carne y hueso, hayan sido los protagonistas ellos mismos. La guerra no la leyeron o la vieron en una pantalla; es algo que vivieron en primera persona.

Ahora, el asombro y la maravilla son estratosféricos cuando te enteras de que uno de esos protagonistas, no de la II sino de la I Guerra Mundial, sigue vivo. Porque si la I Guerra Mundial terminó (así creo que decía el libro aquel) en 1918, cualquiera que hubiese estado allí, forzosamente tendría que ser hoy, centenario.

Pues el pasado 20 de Enero murió, a la asombrosa edad de 110 años, el penúltimo de los franceses que combatieron en la I Guerra Mundial. Se llamaba Louis de Cazenave y era conocido como uno de los “peludos”, sobrenombre dado a los combatientes franceses de ese conflicto, según algunos (no todos acuerdan con esta versión) porque se dejaban crecer la barba y el bigote durante su estada en las trincheras y luego a su retorno de la batalla, lucían todos “peludos”.

Pero dije bien: el penúltimo, porque todavía queda otro vivo, también de 110 años, de nombre Lazare Ponticelli (nacido en Italia y naturalizado francés) y quien a su muerte y como último de los 8.5 millones de franceses que se movilizaron en la I Guerra Mundial, será enterrado en el Panteón Nacional, por decisión del anterior Presidente de Francia, Jacques Chirac. Por cierto, el Sr. Ponticelli no está muy de acuerdo con ese homenaje y dice que “los primeros peludos que cayeron, tienen tanto derecho a ser honrados, como yo que soy el último”. Sus descendientes mantienen que ello sólo será factible si sus exequias se hacen, no en su memoria, sino en la de todos los hombres y mujeres que murieron por Francia en aquellos combates.

De pronto, la llamada Gran Guerra es a mis ojos, no sólo algo mucho más palpable, sino que tiene nombre, apellido e incluso, apodo. Un apodo muy “peludo”.


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SDF

EL VIEJITO


TRES MINUTOS DE SILENCIO

domingo 20 de enero de 2008

ESQUIZO / EL PALABREADOR


Palabras, criatura, después de todo, palabras.

Las que decimos, las que callamos, las que pensamos. Ese conjunto de sonidos y letras inteligible para quienes comparten un mismo idioma. Palabras. Las que conforman esta misiva, las de mis escritos anteriores y las que todavía debes recibir. Sólo palabras.

Considera por un instante el poder de las palabras. Todo lo que ellas contienen y todo lo que de nosotros va en ellas. Porque el significado de las palabras no está en quien las pronuncia sino en quien las escucha y acepta. Si yo te digo por ejemplo “cabeza de tusa”, a lo mejor te ofendes. Pero si te digo “cabeza de tusa” en chino y tú no hablas chino (a ver si aprendes), tú ni pendiente de las palabras que te he dirigido.

Así, yo podría decir: “Alguna vez pensé que era esquizofrénico”. Ahora sé que son sólo palabras y yo, un palabrareador. Nada más y nada menos que Esquizo, el Palabrareador.

Son una trampa las palabras. Precaución con ellas, criatura. Benditos quienes no teniendo nada que decir, se abstienen de demostrarlo por medio de sus palabras, y bienaventurados los que no hablan porque ellos se entienden.

Fíjate que la lengua es un órgano que prácticamente no pesa nada, pero muy pocas personas son las que pueden sujetarla. Es que no es fácil mantener tu boca y tu mente abierta al mismo tiempo. Tal vez por eso el silencio sea con frecuencia un gran arte conversacional. Pero cuidado, que no por hacer callar a alguien significa que con tus palabras le has convencido.

Cuando hables, criatura, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. Ten presente que eres dueña de las palabras que callas y esclava de las palabras que dices. Hablar sin pensar, es como disparar si apuntar.

Las palabras pueden cambiar la vida de cualquiera. Por ejemplo, hay dos palabras que te abrirán diversas puertas: “hale” y “empuje”.

Mucho atrevido hay en el mundo, que no tiene nada que decirte más allá de su imperiosa necesidad de decirte algo. Su jerga, eso que dice, suena como a español, pero la verdad es que no se les entiende ni una palabra de lo que habla. Menos mal que cuando decimos que tenemos que tragarnos las palabras, hablamos en sentido figurado. Si no, criatura, imagínate cómo haríamos con palabras como cuatricentenario, supercalifragilísticoespialidoso, parangaricutirimícuaro o cúpulocorruptipuntofijistismomismo.

En una película encontré una vez la idea de que el hombre había inventado las palabras para poder seducir a las mujeres. Debe ser por eso que hablamos tanta paja. Por cierto, qué risa, tanto que seducimos por medio de las mentiras y luego pretendemos ser amados por nosotros mismos; pero me estoy desviando del tema con estas palabras.

Creo que la gente debería hablar menos. Ahorrar palabras. Dejar que sólo quienes tenemos cosas realmente importantes que decir, habláramos en exclusiva.

Mas no pretendo yo que estés de acuerdo con las palabras que comunican mis opiniones. De hecho, cuando la gente concuerda con las palabras que le dan forma mis opiniones, empiezo a sospechar, a desconfiar de ellas.

Es más; yo no quiero que me entienda nadie, no. Quiero que mis palabras sean mías, sólo mías, que nadie las oiga, que nadie las lea. Que no se separen de mí. No deseo hablarlas ni comunicarlas ni decirlas ni cuchichearlas ni conversarlas ni proferirlas ni afirmarlas ni pronunciarlas ni dialogarlas ni exponerlas ni platicarlas ni declararlas ni recitarlas ni murmurarlas ni chacharearlas ni expresarlas ni enunciarlas ni señalarlas ni mencionarlas, ni nada por el estilo. Y si quieres te doy mi palabra, pero por un ratito nada más; después me la tienes que devolver.

Al final la gente siempre va a decir lo que quiera, criatura. La verdad es que es muy difícil conversar cuando la gente habla mucho. Podrán algunos incluso decir que estoy mal de la cabeza, que tengo un desastroso desorden de personalidades múltiples. De nuevo, puras palabras y sólo eso: palabras. Por lo tanto, al respecto yo tengo la última palabra.

Y sí, alguna vez pensé que era esquizofrénico, pero ya nos hemos curado. Palabra de honor, criatura.

Esquizo.

martes 15 de enero de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / PICNIC EN UN CEMENTERIO


París tiene de todo para ofrecer, incluso para quienes andamos con el bolsillo recortado. Estuve hace poco de paseo en el cementerio de Pere Lachaise, el cementerio intra-muros más grande de la ciudad. Extraño sitio para turistear, dirás, pero resulta que es muy visitado porque allí están las tumbas de varios personajes famosos. El lugar es en verdad muy interesante y aunque suene paradójico, hasta romántico, no tanto en la acepción amorosa del asunto, sino más bien como manifestación concreta de ese movimiento cultural y político que entre otras cosas privilegió el sentimiento frente a la razón. Las esculturas y monumentos son un verdadero espectáculo.

No permanecí mucho tiempo y el cementerio es inmenso, razón por la cual no pude visitar todas las tumbas que hubiese querido, pero como el lugar es abierto y gratuito, podré ir en cualquier otro momento. Por cierto, mirando en uno de los mapas de ubicación, que indican dónde están las tumbas de los famosos, escuché a alguien decir a su acompañante: “Bueno, ¿y a quién quieres ver?”, y yo pensé para mis adentros: “yo no quiero ver a nadie, yo lo que quiero observar son sus respectivas tumbas, pero nada más”.

Pude visitar entre otras las de Oscar Wilde, Chopin, el Monumento de los Muertos, Miguel Ángel Asturias, el Barón Haussman (personaje muy importante para el desarrollo armónico de París), La Fontaine, Moliere y Jim Morrinson, además de otras sepulturas espectaculares de gente menos conocida. La de Oscar Wilde tiene un montón de besos en pintura de labios y grafittis que algunos ociosos le dejan, y la de Chopin está repleta de flores; aparentemente él quiso que lo enterraran en París, pero pidió que su corazón fuese enterrado en su Varsovia natal y su hermana se encargó de que así fuera.

Me quedé con ganas de ver las tumbas de Abelardo y Eloísa, la de Balzac y la de Edith Piaf, pero estoy bastante seguro de que no se van a mover de allí, de manera que en otra oportunidad las conoceré. Tal vez mi mayor impresión fue ver banquitos en muchas partes, donde algunas personas se sentaban a hacer picnic. Claro, siendo un lugar tan grande (439.300 m2 de superficie) y con tanta afluencia turística, no es raro que la gente haga un alto en su paseo para sentarse y retomar fuerzas, pero confieso que la idea de llevarme un recipiente con ensalada y arroz, o un sándwich para comérmelo delante de un muerto, me resulta por lo menos nueva. A ver si en mi próxima visita me llevo una arepa de queso. Si quieres darte una vuelta por el más allá virtual y saludar a algunos fallecidos famosos, puedes visitar http://www.pere-lachaise.com/. Ji, ji, un cementerio para pasear, ¡quién diría!

INSOLITUDES / UNA PARROQUIA DIVIDIDA POR UNA FRONTERA


En el extremo sur de Lituania, en un población llamada Norviliskes, hay una iglesia. Un poco más allá de la iglesia está la frontera con Bielorrusia. Como Lituania ingresó a partir de 2004 a la Unión Europea, bien se podría decir que la iglesia está muy cerca de la frontera entre Bielorrusia y la Unión Europea.

Tradicionalmente la frontera entre Lituania y Bielorrusia la fijaban los límites entre las granjas colectivas (kolkhozes) allí establecidas, límites que se movían cada año con base en lo acuerdos a los que los jefes de las kolkhozes llegaban entre ellos. Cuando Lituania restableció su independencia en 1990, el asunto comenzó a complicarse y algunas poblaciones quedaron cortadas en dos, entre ellas Norviliskes, a cuya parroquia le fueron quitadas 10 hectáreas, y de la cual dependían 20 poblaciones del lado lituano y más de 30 del lado bielorruso.

Cada familia tiene a alguien del otro lado y en tiempos de la Unión Soviética el asunto era meramente administrativo, así que se podía ir y venir a conveniencia; mas el creciente rigor con el que se está vigilando la frontera ha traído como consecuencia que ahora, por ejemplo, muchos de los fieles del lado bielorruso no puedan asistir a la misa, o que para poder enterrar a sus muertos en el cementerio, tengan que ir a la embajada de Lituania situada en Minsk, a unos 200 kms de allí, para poder obtener una visa.

Pero qué vaina, ¿no?

Fuente: http://www.liberation.fr/actualite/monde/303920.FR.php

PARA CONTAR / EL LOBO HOMBRE


Es sabido que en una región de Vansiltrania, hay una maldición que persigue a algunos entre la especie de los lobos.

A la mañana siguiente de la noche de luna llena, al salir el sol, el lobo atrapado por esa maldición empieza a caérsele el pelo, el tamaño de sus dientes y sus uñas se reduce, su olfato se hace menos agudo, su piel comienza a aclararse, pierde toda apariencia canina y asume una posición erguida, tomando finalmente una horrible forma humana, tan horrible como la de cualquier lobo que se humanice.

Sus hermanos de raza se aterrorizan al verlo y huyen de él, porque la historia demuestra que los humanos son muy peligrosos para los lobos...

SILMARIL / EL NUEVO CAPITÁN DE LA GUARDIA DEL SULTÁN


Ha llegado a mis oídos que en tiempo antiguos y pasados siglos, hubo un Sultán muy poderoso y afortunado, señor de muchas tropas y con gran número de siervos y criados, amado por los suyos y por su pueblo venerado.

Pero un mal día, que así lo quiso el sino, el Capitán de su guardia personal enfermó repentinamente y pocos días luego falleció inesperadamente. Debió entonces el Sultán avocarse a reemplazarlo, a pesar de su pesar, porque el Capitán había sido su amigo y mucho le apenaba su deceso. A tal fin, hizo llamar entonces al mejor representante de cada uno de sus cuatro ejércitos, para escoger entre ellos al que sustituiría en adelante al Capitán fallecido.

Y el día convenido, los cuatro candidatos llegaron ante el palacio del Sultán y se anunciaron. Entonces el chambelán los hizo pasar a la sala de audiencias, en donde se encontraba el Sultán en su trono, custodiado a su izquierda por un inmenso esclavo nubio que empuñaba una espada desenvainada, y a su derecha por un guerrero beduino armado de lanza con punta en acero coronada.

Después de los saludos de rigor, el Sultán les dio permiso para aproximarse y así habló a su corte:

-Uno de estos hombres será escogido como nuevo Capitán de mi guardia personal. Todos ellos forman parte de los ejércitos del reino; veremos entonces cuál ha sido ahí su aprendizaje y así juzgar quién tiene las mejores condiciones para el puesto.

Y dirigiéndose a los cuatro hombres, les preguntó:

-¿Cómo cree cada uno de ustedes que podrá servir a su Sultán? ¿Qué es lo que han aprendido? Y sean breves; no dispongo de mucho tiempo.

Entonces se adelantó el primero y luego de una reverencia, esto contestó:

-Oh Monarca poderoso, sepan tus oídos que he viajado hasta lejanos confines y en esos lugares extraños he sido entrenado en los más poderosos secretos de la lucha, de suerte que no hay nadie que en el combate pueda vencerme. Dispuesto estoy a poner ese mi saber a tu disposición y antojo.

Se adelantó de seguida el segundo y después de inclinarse, así dijo:

-Mi Señor, contigo la gloria y la fortuna, ¿De qué pueden valer uno o dos trucos de combate ante la afilada hoja de la cimitarra? Has de saber que éste, quien te habla y tu leal servidor, conoce mejor que nadie el arte del acero, de la forja y de la fabricación de armas, que son sin que alguien se atreva a discutirlo, garantía de que mi Sultán estará siempre a buen resguardo. Pongo ante ti ese conocimiento, Señor de discernimiento.

Cogió luego el tercero y después de una genuflexión, dio un paso al frente para decir lo siguiente:

-Sultán del siglo, el de magníficas ideas. ¿Puede acaso el conocimiento de uno servir de algo, si el éxito depende, no de ese uno sino de muchos? ¿Y no es verdad que son más de una centena los hombres que conforman tu guardia personal? Ha de capitanearla, quien pueda comandar esa fuerza y entrenarla y mejorarla. He aquí a quien habiendo dirigido y adiestrado a innumerables soldados, humildemente pone a tu servicio su experiencia.

Llegó así el turno del cuarto hombre.

Entonces éste, sin decir palabra, dio una voltereta agilísima quedando frente al esclavo nubio, al cual tumbó por los suelos y desarmó en un instante. Inmediatamente giró y con el dorso de la espada que le había quitado al nubio, golpeó al guerrero beduino en el vientre dejándolo sin aliento; luego, sin mediar segundo, dio otro salto y en el mismo aire sacó de su cinto una daga escondida, cuyo filo colocó al caer a un centímetro de distancia del cuello del Sultán.

Después dio un paso atrás, se puso de rodillas y con el rostro hacia el suelo, extendió con suavidad su brazo para ofrecer gentilmente y en silencio la daga al Sultán, que aún no salía de su asombro ante tal despliegue de rapidez.

Sólo entonces se levantaron el esclavo nubio y el guerrero beduino y estaban ya a punto de caer sobre él, cuando el Sultán gritó:

-¡Alto!

Luego, incorporándose de su trono y tomando la daga que le entregaba aquel hombre postrado ante sí, anunció:

-Este será el nuevo Capitán de mi guardia personal.

ESQUIZO / EL EMPERADOR


Salud, criatura que me lees. Ya era tiempo de que vinieras a mí.

Estás ante el Gran ESQUIZO I, Emperador, Amo y Señor de lo existente, Rector de la vida y de la muerte, Repartidor de todos los dones, Aperturador de almas, Dominador de las palabras, el Gran Hermano del Gran Hermano, Regente de las ideas, Guardián de las estrellas y Salvador de la historia.

Hoy me siento un tanto magnánimo, así que me dispongo a dedicarte algunas líneas de manera que tu sencilla existencia se vea en algo iluminada por mi resplandor. Aquí, desde los espacios en los que los Dioses me confiesan sus problemas y me consultan sus decisiones te diré que ya sabía que inexorablemente vendrías.

Porque todo lo sé, criatura. En cambio, tú, allí, comprendiendo al fin tu ineludible postración, aunque tu cerebro aún juegue con la absurdez de que tal vez podrías escapar de mí. Oh pequeña entidad, hay que ver que la inocencia es tan ilusa como ciega. Sólo tienes que mirar a tu alrededor y no podrás no encontrarme, pues estoy en todas partes.

La primera luz que ven tus ojos al despertar soy yo y la oscuridad en la que tu sueño se envuelve también soy. Omnipresente, allá y aquí, donde es y no es, dentro de los espejos, encima de la bruma de la tarde, en la tinta que dejas en el papel al escribir, en el resplandor de las pupilas de los gatos, en el aroma del café y del té, en tu transpiración, en el polvo que se te mete debajo de los párpados, en el caminar de la gente, en las hebras de tu pensamiento, en la esencia de las ansiedades, en la magia irónica de un beso, en las hierbas de la montaña, en las monedas transadas... detrás, dentro, delante, encima y fuera de ti.

Porque estoy allí. Pero para poder verme has de quitar el velo que cubren tus ojos. Has de mirar con la mirada de la verdad. Has de mirar creyendo. Has de mirar confiando en que primordial, previo y superior a la gran maraña de cosas que abruman tu vista estoy yo. Has de mirar con el alma, más allá de lo que miras. Has de mirar... Bueno ya me cansé, el caso es que allí estoy yo. Créeme; si no, peor pa' ti.

Y si no te es posible, pues sea entonces de tu conocimiento de que en esta época de confusión, en la que una pizza llega más rápido a tu casa que la policía; en la que las conciencias limpias son sólo síntomas de una muy mala memoria; en la que es posible observar a indios usando sombreros de vaquero; en la que toda cuestión tiene dos puntos de vista (el equivocado y el nuestro, por supuesto); en la que hay más cheques que dinero; en la que sonreír es definitivamente sólo la segunda mejor cosa que se puede hacer con los labios; en la que nos hemos convertido en esas personas contra las que nos alertaron nuestros padres; en la que tener una mente abierta implica el riesgo de que se te caiga el cerebro; en la que sólo hay tres tipos de personas: las que saben contar y las que no saben; y en la que si un pajarito te dice que estás loco, probablemente lo estés porque los pájaros no hablan… en esta época es más que nunca imprescindible creer en algo.

Todos debemos creer en algo, criatura. Yo creo que me tomaré otro trago.

Esquizo