viernes, 19 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO VII


VII

El Viento seguía esparciendo el deseo del árbol por doquier. La noticia llegó así hasta donde se encontraban unas lindas mariposas que modelaban sus colores y sus estilizados trajes a la luz del sol.

Reunidas todas en un jardín, en donde unas se retocaban los reflejos de las alas y otras disfrutaban de una deliciosa taza de néctar de flores con polen, mientras charlaban de mil cosas a la vez, consideraron la posibilidad de ayudar al árbol. Largo rato conversaron y muchas se manifestaron de acuerdo con la idea, aunque una de ellas sugirió ignorar el tema y dedicarse… ¡a otra cosa, mariposa!

Pero como otra agregó, los problemas no dejan de existir tan sólo porque sean ignorados y si ellas podían hacer algo por el árbol, valía la pena intentarlo. Finalmente y recordando a unas primas suyas, famosas por sus migraciones, decidieron organizar un tour y partieron todas hacia la colina de la encrucijada de los caminos, dejando que sus coloridos y suaves trajes adornaran el recorrido.

Cuando el árbol las vio llegar, les dijo:

-¡Pero qué hermosas mariposas han venido hasta aquí! Bienvenidas, damiselas.

-Gracias mil, árbol. Eres todo un caballero –respondieron las mariposas.

-¿Andan ustedes de paseo, señoritas?

-Pues sí, pero no precisamente. Más bien te confiaremos algo: nos enteramos de muy buena fuente que deseas convertirte en un árbol de Navidad. Como la idea nos ha parecido apropiada y de mucho estilo, nos hemos trasladado entonces hasta esta colina para decirte que las mariposas pueden ayudarte a lograr tu objetivo y de paso, aprovechar y regalarte tal vez un par de recomendaciones estéticas que podrían serte muy valiosas.

-Me honran con su ofrecimiento, pero ¿cómo podrían ustedes ayudarme, bonitas mariposas? Con base en lo que oí decir a los niños, requiero de lazos de colores, que hacen que un árbol de Navidad sea elegante.

-Si de algo sabemos las mariposas, es de elegancia –respondió una–. Es muy sencillo, árbol; nosotras nos posaremos en tus ramas y hojas y abriremos nuestras alas, mostrando nuestros trajes y diseños. No pueden existir lazos más bellos.

-¿Mariposas en lugar de lazos? No deseo parecer rudo, pero eso me parece imposible –dijo el árbol.

-Pues tu cortesía no significa que no tengas cosas que aprender, amable árbol, y vamos a mostrarte que aprender es descubrir que algo es posible. Anda, no te hagas rogar y déjanos hacer lo que te pedimos.

Entonces un honguito que empezaba a piropear a las mariposas, le dijo al árbol:

-Es una muy buena idea, compadre; no lo pienses más. Y tú, guapa, la de los lindos colores tornasol, ¿qué tal si te colocas en esta hoja baja, cerca de mí, para que podamos conocernos mejor? –Y la mariposa halagada trataba de disimular su rubor escondiendo el rostro tras una de sus alas.

-Bueno, no estoy tan seguro... –empezó a decir el árbol, pero ya las mariposas estaban ubicándose en las ramas y los honguitos las aupaban y estimulaban desde abajo dedicándole simpáticos comentarios.

Y en verdad no podría haber lazos más finos y delicados que las alas multicolores que aquellas mariposas desplegaban.

Y el árbol sonreía.

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