viernes, 5 de diciembre de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / PASEO EN LA CAPITAL HISPANA


Desde París uno puede razonablemente visitar otros lugares. Mi primer verdadero viaje turístico fuera de Francia lo cristalicé hace poco; salté de La Galia a Hispania… y mire macho, que la he pasao la mar de bien. Pues nada, ya le cuento. ¡Venga!

Uno de niño escuchó de España porque la historia de Latinoamérica le está irreductiblemente ligada. En la escuela de mi infancia la llamaban “la madre patria”, aunque a mí siempre me sonó más bien como una abuela. Una que por fin conocí personalmente, aunque de abuela sólo tenga la historia, porque su vigor es el de una mujer en su mejor momento.

Estuve por primera vez en mi vida en Madrid este pasado fin de semana. Dos días no serán nunca suficientes para conocer esta ciudad, pero en todo caso me dieron un primer sabor que agradezco y que se queda en el corazón, por distintas razones. Para tratar de expresarlo a la española, diría: Hombre ¡qué guapa, Madrid!

Conocí la ciudad de mano de una de mis más queridas amigas, Ingrid González, a quien no había visto en por lo menos 10 años (ella jura que 15 como mínimo), maracucha (pero ya con acento español) y quien fue una guía y anfitriona en verdad insuperable. Ingrid urdió una combinación perfecta de rencuentro y paseos, sazonada con tapas españolas, buen vino y mejores conversas, y diluyó en segundos y con su sonrisa de siempre, la tensión de todo ese tiempo de no habernos visto. ¡Qué experiencia tan formidable, la renovación del cariño!

Madrid me recordó varias veces a mi natal Caracas; paseándola di gracias una vez más por los queridos inmigrantes que vinieron a Venezuela a mediados del Siglo XX y que enriquecieron tanto nuestro país. Disfruté sus calles centrales y visité la Plaza Mayor, en esta época, repleta de tarantines donde ofrecen todo tipo de cosas para hacer los “Belén” o como le decimos en Venezuela, “Nacimientos”. Adquirí un par de libros en los libreros de la calle, compré y comí castañas asadas, me deleité con edificios y callecitas y gentes, visité una cava de vino sorprendente y vi un gigantesco jardín vertical.

No soy un empedernido de los muesos, pero una parte importante de este viaje la pasé frente a obras de arte. Pude felizmente ver en persona el impresionante “Guernica” de Picasso, así como piezas de Miró, Dalí y otros en el Museo Reina Sofía, y también visité el Museo del Prado. Aquí me deleité con creaciones como “Las Meninas” de Velázquez y “El Jardín de las Delicias” de “El Bosco”, aunque lo que más me sorprendió fue el trabajo de Goya. Siempre había querido observar el cuadro “Saturno devorando a uno de sus hijos”; verlo a pocos centímetros de distancia fue sobrecogedor.

No contenta con hacerme ver la capital de día, Ingrid me sacó a pasear la noche del domingo para apreciar la ciudad nocturna iluminada con motivos navideños. Madrid estaba despejada, aunque fría, de manera que prudentemente no rondamos demasiado y porque queso manchego y chorizo español esperaban también su turno para seguir azuzando la conversación.

Qué genial poder contar todo esto en el soberbio español en el que me expreso (soberbio, no porque lo hable yo, sino porque es la lengua de Cervantes y de tantos otros), me entiendo y hasta me confundo. Para mí es esa la gran herencia que recibe Latinoamérica. No sé si la tierra de donde surgió seguirán llamándola “madre patria”, mas la verdad no me importa tanto; a esta lengua sí la seguirán llamando “materna”.

A Madrid, mi promesa de volver, porque además me quedé con ganas de probar unos callos a la madrileña, de comprar más libros y de visitar tanto otro lugar que tiene para ver. A Ingrid, mi agradecimiento inmenso y mi cariño redundante; difícil imaginar mejor manera de haber conocido la ciudad que adoptaste y que te adoptó, querida. Habrá que regresar.

p.d. Más fotos de mi paseo en Madrid en: http://www.facebook.com/album.php?aid=46759&l=a4e09&id=659287901

1 comentario:

Anónimo dijo...

Guapa es poco para definir a Madrid...es una ciudad mágica, hospitalaria, multiracial y multicolor, que enamora, como lo ha hecho conmigo...9 años casi que llevo aquí también son pocos para descubrir todos los bellos rincones que tiene esta ciudad, pero sufientes para poder servir de guía a mis amigos. Siempre serás bienvenido Hugo, pero la próxima vez espero que vengas con Karla y con un poco más de tiempo. Besos.