lunes, 15 de diciembre de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / LUCES DE NAVIDAD

Alum, alum, alum, alúmbrame el zaguán
que eso se acostumbra en la navidad.
Coro del aguinaldo tradicional venezolano “Alúmbrame el Zaguán”.

Entre las cosas que más me sonríen de la época navideña está la tradición de iluminar, que supongo íntimamente relacionada con la leyenda de la estrella de Belén. Siempre me gustó levantarme temprano y en las navidades de mi infancia, las luces del arbolito que mi madre decoraba y que a mi padre le encantaba dejar encendidas, me recibían en la sala cuando salía de mi cuarto a deambular por la madrugada de nuestro apartamento caraqueño. La resplandeciente Cruz del Ávila se agrega a esos luminosos recuerdos decembrinos en la capital de mi país.

Ya en alguna navidad adolescente, mi tío Arquímedes nos llevó a pasear en su adoptiva Cabimas en el occidente de mi patria, por una calle muy popular en la temporada. Los vecinos de la zona adornaban sus casas con unos juegos de luces impresionantes y eran muchas las personas que iban hasta allá a contemplar el espectáculo. Imagino que seguirán haciéndolo; en todo caso creo que fue esa la primera vez que me encontré con la idea de la iluminación navideña a gran escala, en un espacio no comercial.

Hoy en día el despliegue de luces por todas partes es componente fundamental de la estación; las decoraciones en Maracaibo –para nombrar sólo un ejemplo y seguir unas líneas más en el venezolano y muy querido estado Zulia– son, para decir lo menos, sorprendentes y absolutamente coherentes con los deliciosos excesos que esa región no esconde.

Ciudad Luz es uno de los más conocidos apodos de París y son varias las explicaciones que se dan al respecto. Unos dicen que es porque París fue de las primeras ciudades que invirtió en un sistema de alumbrado público; otros sostienen que se relaciona con el famoso “Siglo de las Luces” y el aporte que los filósofos franceses dieron al saber humano entonces. Hay quienes trasladan el asunto hasta el Rey Luis XIV –no olvidemos que se hacía llamar el “Rey Sol”– quien logró imponer su criterio sobre el alumbrado público de su época y dio uniformidad a las lámparas de velas y reflectores de metal que existían entonces. Unos más empujan el asunto al siglo XVI, cuando François I recibe en la corte a los más importantes artistas y arquitectos de la época, haciendo confluir en la ciudad muchos de los movimientos del Renacimiento.

La versión que más me sorprende, sin embargo, nos transporta hasta el siglo XIV. Entonces Aviñón, al sur de Francia, fue escogida como residencia de los Papas y según cuentan, estos hicieron construir un puente para que todos los caminos –que hasta entonces llevaban a Roma– en adelante se dirigieran a la nueva ciudad papal. Dice la leyenda que entonces Philipe IV de Francia, que con frecuencia anduvo en pleitos con los Papas y aparentemente celoso porque Aviñón se había vuelto más famosa que París, hizo construir aquí una gran torre en cuya cúspide debía haber una habitación que estuviera siempre iluminada.

Regresando al presente, París en Diciembre nos da nuevas pretextos para seguir llamándola con el luminoso sobrenombre. Hay todo un programa coordinado por la alcaldía, en conjunto con la asociación de comerciantes, denominado “París ilumina París”, a través del cual 30 zonas de la ciudad son decoradas con luces de navidad, cada cual con un concepto y diseño específico, para estimular el flujo de turistas y paseantes, en un total de más de 150 kilómetros de resplandecidas calles. Hay unas muy interesantes; en la zona de la famosa plaza de los pintores en Montmartre, la decoración de luces tiene forma de… ¡paleta de pintor!

Complementan el asunto las clásicas iluminaciones y vitrinas, comenzando por la Torre Eiffel, pasando por las luces y vitrinas de las grandes tiendas del Boulevard Haussman, un árbol de luces de más de 20 metros de alto en la zona de “La Défense”” y por supuesto, las decoraciones que cada vecino y comerciante propone. Hay diseños muy agradables y la verdad es que a pesar de las bajas temperaturas, provoca pasear de noche por las calles –que abrigos y una taza de chocolate caliente siempre estarán disponibles– y admirar los ensoñadores decorados.

Por supuesto y para estar a tono con los tiempos –París no podrá menos– el asunto de la ecología y la conservación de energía es parte integral del programa. Así, los bombillos tradicionales han sido reemplazados por nuevos bombillos que reducen el consumo de electricidad hasta en un 50%, sin afectar la calidad estética de las puestas en escena. De hecho, la iluminación completa de la famosa Avenida de los Campos Elíseos durante la estación, la patrocina la empresa productora de energía “Gaz de France” con bombillos de bajo consumo, y la alimenta con electricidad “100% hidráulica”, según ellos, mucho más respetuosa del ambiente e inscrita dentro del concepto de desarrollo sustentable. Aún así, hay voces que promueven la prohibición de las luces de navidad, alegando que el despilfarro energético implícito no es compatible con la conciencia ecológica y el respeto por el ambiente.

Por mi parte sigo encontrando magia en las incansables y coloridas lucecitas que en Diciembre alegran las calles y realzan el espíritu festivo aquí y allá. Espero de corazón que nunca dejen de cautivarme los rostros de los niños fascinados con los intermitentes destellos, bien sea en una avenida rimbombante o en el arbolito o el “nacimiento” del rincón de su casa.

Más fotos en www.parisillumineparis.fr y en http://www.facebook.com/album.php?aid=48619&id=659287901&ref=mf

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Zoraya dice:
De verdad Hugo tienes mucha razón al decir que nuestros padres nos ponían las luces de navidad en el arbolito en nuestro hogar y que en ellas recordamos la época de navidad de cuando éramos niños y niñas. Es un lujo tenerte para que nos cuentes y muestres tus vivencias. Tqm

Anónimo dijo...

Hugo muy interesante todo lo que cuentas, también soy venezolana y disfruto de las luces decembrinas de Paris desde hace 10 años. Vivo en el barrio 15, tal vez somos, vecinos?

Hugo Marichales dijo...

¡Hola, venezolana! Muchas gracias por visitar El Cuentador y por tu nota; es muy especial recibir comentarios de paisanos. Aunque vivimos en la misma ciudad, no somos precisamente vecinos, pues yo habito en el 19, que es precisamente uno de los “arrondissements” más lejanos del 15, pero un encuentro siempre es posible. Ahora estoy de visita en Colombia, luego iré a Venezuela y regresaré a Francia en Septiembre. Tal vez el otoño de 2009 nos permita conocernos.

Carmen Tejeiro dijo...

Querido amigo, me encanta leer tus maravillosas historias, nos transportan a momentos que parecian lejanos y que volvemos a revivir , como las navidades en casa de mis padres ,con ellos dos y mi hermano y que por la junventud y las prisas ,las venimos a apreciar ya cuando no estamos todos fisicamentes. Aquella epoca que en Caracas, se salia a la calle, las patinatas, los dadivosos que eramos todos los venezolanos. Que bonito que tu , nos mantengas siempre esa llama encendida.Gracias

Hugo Marichales dijo...

¡Las patinatas, Carmen! Qué maravilla de recuerdo; gracias por traerlo al presente. Me encanta que visites este blog. Besos de navidad para ti.
Como siempre…

Hugo Rafael