lunes, 22 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO X


X

Los pájaros, a través de su siempre compañero de vuelo el Viento, supieron de la iniciativa que había emprendido el árbol de la colina de la encrucijada de los caminos y de los avances que ya había realizado gracias a la colaboración de otros.

Estimulados por el perico, que les dijo: “no son sólo finas plumas las que hacen que un pájaro sea fino”, los pájaros consideraron el tema. La conversación la dirigió el perico, a pesar de que algunos señalaron su tendencia a hablar más de la cuenta. Y si bien su frase favorita: “al hablar, se debe procurar que las palabras sean mejores que el silencio”, le fue recordada por otros pájaros en dos o tres oportunidades, no menos cierto es que el perico hizo un buen trabajo de dirección y la reunión fue fructífera.

Después de algunas deliberaciones y bajo el lema: “Dios le da el alimento al pájaro, pero no se lo lanza en el nido” propuesto por el perico, los pájaros convinieron en ofrecer su asistencia al árbol. Partió así una hermosa bandada multicolor que cruzó el cielo llenándolo de trinos. Iban entre otros, arrendajos, cristofués, azulejos, turpiales, paraulatas, loros y cardenales. Para motivarse, todos repetían: “Hay que apurarse en caso de que se tenga tiempo, para poder tener tiempo en caso de que haya que apurarse”, frase de supuesto autor desconocido, pero que muchos sospechaban que era también invención del perico.

Surcando el aire, encontraron a un grupo de inquietos cocuyos y luciérnagas que informados por el Viento, habían decidido ir también a ayudar al árbol de la colina de la encrucijada de los caminos. Acordaron entonces volar todos juntos en la misma dirección.

Cuando el árbol vio aquella extraordinaria bandada de pájaros acompañada de cocuyos y luciérnagas, arribar a la colina, saludó a todos con mucha emoción:

-¿Cómo se encuentran, espectaculares pájaros y brillantes y resplandecientes cocuyos y luciérnagas? Parecen venir de lejos; sepan que están ustedes en su casa.

-Gracias árbol; después de tanto volar, la verdad es que un buen descansito no nos vendría nada mal –respondió el perico, adelantándose al turpial que iba a contestar.

-No faltaba más, mis voladores amigos. Pero díganme, ¿qué hacen por aquí?

-Queremos colaborar contigo para que seas un árbol de Navidad –respondió un cocuyo asomado entre las plumas de la cabeza de un cristofué.

-Pues mucho les agradezco. Necesito aún luces de colores y canciones navideñas. Pero déjenme adivinar; quizás ustedes cocuyos y luciérnagas podrían servir como...

-¡Luces intermitentes, que fascinen a la gente! –exclamaron todos.

-Y por supuesto, las canciones de navidad pueden ser interpretadas por este grupo de pájaros cantores que hasta aquí han llegado –señaló un escarabajo.

-¡De ello no se tenga la menor duda! –dijo una paraulata, cerrándole el pico al perico que se disponía a agregar un comentario–, en esta bandada están los mejores exponentes del canto. Además hemos estado ensayado un repertorio coral muy variado y ésta es una excelente oportunidad para demostrar nuestras cualidades.

-¡Pues bienvenidos! –dijo el árbol, y un honguito agregó:

-Excelente; ya estaba haciendo falta algo de buena música por aquí.

Y los honguitos, las mariposas, los escarabajos, las frutas y las flores aplaudieron y gritaron en ratificación, y todos hicieron espacio para que los recién llegados pudieran ubicarse con comodidad.

Entonces montones de cocuyos y luciérnagas se posaron en el árbol desplegando una serie de ingeniosos y simpáticos juegos de luces, destellos y colores.

A su vez, los pájaros formaron un espléndido coro y juntos, creando armonías y combinaciones de sonidos, cantos, trinos y gorjeos, entonaron las más encantadoras canciones de Navidad.

Y a decir verdad, ninguna luz podría compararse con el resplandor de aquellos cocuyos, y la belleza del canto de los pájaros hacía recordar a un coro celestial.

Y el árbol sonreía.

No hay comentarios: