domingo, 21 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO IX


IX


El Viento pasó por unos sembradíos con la noticia de que los hongos, las mariposas y los escarabajos estaban ayudando al árbol en su proyecto. Entonces las flores y las frutas, observando que las cosas que ocurren, no ocurren por sí solas, decidieron cooperar también y enviar una delegación hacia la colina de la encrucijada de los caminos.

El grupo de las frutas lo conformaban mangos anaranjados y simpáticos, parchitas amarillas y regordetas, uvas moradas y brillantes, pomarrosas y ciruelas rojas y rozagantes, nísperos marrones y circunspectos, y mamones y guanábanas de verde reluciente.

Y unas piñas generosas y dormilonas que se levantaron tarde, quisieron incorporarse también, así que tuvieron que correr hasta alcanzar al grupo. Las demás frutas las recibieron sin problema y aminoraron un poco su marcha, hasta que las piñas recuperaron el aliento.

Las flores enviaron por su parte a una delegación formada por lirios risueños y excéntricas gladiolas, girasoles vibrantes y fragantes rosas, imponentes aves del paraíso y espontáneas trinitarias, vivos claveles y crisantemos espléndidos. Una espectacular orquídea iba al frente del grupo, acompañada de pequeñas y delicadas margaritas a manera de cortejo, y todas bailaban el vals de las flores por el trayecto.

Era realmente un desfile sorprendente, no sólo por lo deslumbrante de aquellas frutas y flores, sino también por el entusiasmo que ellas sentían al saberse parte de algo que consideraban verdaderamente importante.

Todavía hay quien sostiene –y es bueno que se diga, pues quien se guarda un elogio, se queda con algo que no le pertenece– que nunca ningún otro lugar del mundo había sido tan maravillosamente perfumado, como aquellos por donde pasaron las frutas y las flores dejando tras de sí una inolvidable estela de fragancias y aromas, en dirección a la colina de la encrucijada de los caminos.

Mientras tanto, el árbol conversaba con las mariposas y los escarabajos, y se reía de las ocurrencias de los honguitos, cuando vio llegar a las flores y frutas, a las que dijo:

-Saludos, frutas y flores espléndidas. ¿Qué asuntos les traen por esta colina?

-Queremos ayudarte –dijeron a coro los mangos y las trinitarias–. Hemos sabido por voz del Viento, que deseas ser un árbol de Navidad.

-Pues el Viento no les ha mentido, como tampoco ha descansado. Sí; quiero ser un árbol de Navidad y estos hongos, mariposas y escarabajos me acompañan en la aventura. Pero dicen los niños que necesito guirnaldas y bambalinas, de las que parecen gotas de alegría, para poder alcanzar mi objetivo. ¿Saben ustedes cómo obtenerlas?

-¿Bambalinas y guirnaldas? –respondió la orquídea–. Nosotras lo seremos, por si no te has dado cuenta.

Y el árbol, que ya comenzaba a ver los resultados de la cooperación de los hongos, mariposas y escarabajos, indicó:

-Creo que sí podría funcionar, aunque esa no era exactamente la idea que yo tenía cuando decidí ser un árbol de Navidad.

-Seguramente –dijeron las uvas y las rosas–. Pero ten presente que cambiar nuestras ideas no es necesariamente negativo; lo malo es no tener ideas para cambiar.

-Observa bien nuestras formas y colores y te convencerás –agregaron gladiolas y guanábanas. Y las margaritas, que siempre guardan por allí un pétalo de reserva para los casos complicados, añadieron:

-Ahí, entre esos deslumbrantes escarabajos y esas coquetas mariposas, si nos lo permiten, podremos colocarnos sin inconvenientes y adornarte como mereces para que seas un auténtico árbol de Navidad.

Los escarabajos y las mariposas que estaban muy atentos, no esperaron la respuesta del árbol y exclamaron:

-¡Por supuesto! Vengan; si nos arrimamos un poco verán que todavía hay mucho espacio disponible. Suban, que nosotros les ayudaremos.

Y hacían todo lo posible para que frutas y flores pudiesen subir al árbol, que casi no aguantaba las cosquillas que le producía todo aquel movimiento en su tronco y sus ramas.

-Apóyense en nosotros ¡podemos ser unos excelentes trampolines! –dijeron los honguitos mientras reían y jugueteaban, asistiéndoles también. Pero las piñas, a quienes no les gusta mucho las alturas y que ya habían hecho amistad con ellos, dijeron a viva voz y moviendo sus coronas:

-Nosotras nos quedaremos aquí abajo, en la base del árbol, junto a estos agradables honguitos –y a todos les pareció bien.

De esa manera las frutas y flores también se incorporaron, y en el árbol se veían magníficas y hermosas, mucho más que las más sofisticadas bambalinas y guirnaldas.

Y el árbol sonreía.

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