VIII
El Viento habló con unos laboriosos escarabajos fosforescentes que trabajaban la tierra, sobre el propósito del árbol de la colina de la encrucijada de los caminos y la ayuda que estaba solicitando. Entonces los escarabajos convocaron una asamblea para considerar la petición que les había hecho llegar el Viento. Llegaron todos puntualmente al lugar convenido y una vez abierta la sesión, se otorgó el derecho de palabra a quienes quisieran comentar la propuesta. En medio del debate, un escarabajo consideró:
-Esa idea no tiene ningún sentido; los árboles de Navidad están dentro de las casas, no afuera en las colinas. Además, nuestras ocupaciones son diversas ya y no deberíamos descuidarlas.
Pero otro de ellos argumentó lo siguiente:
-Es sin lugar a dudas una idea inusual, pero son las ideas inusuales las que muchas veces constituyen el progreso. Cuando algo nos parece sin sentido, es sólo porque no se ajusta a nuestra costumbre, mas no toda costumbre es necesariamente positiva. Arriesgarse a cambiar es con frecuencia, la vía más segura para avanzar.
La conclusión final de la asamblea fue acudir en ayuda del árbol, siempre y cuando no se pusieran en riesgo otras labores pendientes. Acordaron así crear una comisión con miembros representativos y los escarabajos que la conformaban solicitaron el permiso correspondiente a sus respectivos jefes. Luego de otorgado el permiso, la comisión salió en disciplinada marcha, ordenada y en fila, hacia la colina de la encrucijada de los caminos.
-¡Qué fuertes y saludables escarabajos han venido a visitarme! –dijo el árbol cuando los vio llegar–. ¿Qué los trae por aquí?
El escarabajo líder respondió:
-Tenemos la misión de contribuir contigo; sabemos que deseas llegar a ser un árbol de Navidad.
-Cierto –contestó el árbol–, pero no sé cómo pueden ayudarme; necesito tener coloridos adornos. ¿Pueden ustedes acaso conseguírmelos?
Entonces el escarabajo líder, mostrando repentinamente una fosforescencia sensacional, respondió:
-Nosotros mismos nos distribuiremos ordenadamente en tus ramas y expondremos nuestros radiantes colores; te sorprenderás con lo llamativos que podemos llegar a ser.
-Caramba, amigos escarabajos, su esfuerzo me impresiona, pero no estoy seguro de que esa idea los haga a ustedes muy felices –comentó el árbol.
-Pues debes saber, joven árbol, que la clave de la felicidad de nosotros los escarabajos no está en esforzarnos por el placer, sino en encontrar placer en el esfuerzo.
Y con el respaldo de los hongos y la complicidad de las mariposas –a las que les atraía esa luminosa apariencia y que estaban encantadas de poder tener nueva compañía y temas adicionales de conversación–, los escarabajos, guardando simetrías y respetando distancias, se ubicaron a lo largo de las ramas del árbol.
Ningún adorno podría haber sido más vistoso e impactante que aquellos.
Y el árbol sonreía.
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