sábado, 20 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ÁRBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULO VIII


VIII


El Viento habló con unos laboriosos escarabajos fosforescentes que trabajaban la tierra, sobre el propósito del árbol de la colina de la encrucijada de los caminos y la ayuda que estaba solicitando. Entonces los escarabajos convocaron una asamblea para considerar la petición que les había hecho llegar el Viento. Llegaron todos puntualmente al lugar convenido y una vez abierta la sesión, se otorgó el derecho de palabra a quienes quisieran comentar la propuesta. En medio del debate, un escarabajo consideró:

-Esa idea no tiene ningún sentido; los árboles de Navidad están dentro de las casas, no afuera en las colinas. Además, nuestras ocupaciones son diversas ya y no deberíamos descuidarlas.

Pero otro de ellos argumentó lo siguiente:

-Es sin lugar a dudas una idea inusual, pero son las ideas inusuales las que muchas veces constituyen el progreso. Cuando algo nos parece sin sentido, es sólo porque no se ajusta a nuestra costumbre, mas no toda costumbre es necesariamente positiva. Arriesgarse a cambiar es con frecuencia, la vía más segura para avanzar.

La conclusión final de la asamblea fue acudir en ayuda del árbol, siempre y cuando no se pusieran en riesgo otras labores pendientes. Acordaron así crear una comisión con miembros representativos y los escarabajos que la conformaban solicitaron el permiso correspondiente a sus respectivos jefes. Luego de otorgado el permiso, la comisión salió en disciplinada marcha, ordenada y en fila, hacia la colina de la encrucijada de los caminos.

-¡Qué fuertes y saludables escarabajos han venido a visitarme! –dijo el árbol cuando los vio llegar–. ¿Qué los trae por aquí?

El escarabajo líder respondió:

-Tenemos la misión de contribuir contigo; sabemos que deseas llegar a ser un árbol de Navidad.

-Cierto –contestó el árbol–, pero no sé cómo pueden ayudarme; necesito tener coloridos adornos. ¿Pueden ustedes acaso conseguírmelos?

Entonces el escarabajo líder, mostrando repentinamente una fosforescencia sensacional, respondió:

-Nosotros mismos nos distribuiremos ordenadamente en tus ramas y expondremos nuestros radiantes colores; te sorprenderás con lo llamativos que podemos llegar a ser.

-Caramba, amigos escarabajos, su esfuerzo me impresiona, pero no estoy seguro de que esa idea los haga a ustedes muy felices –comentó el árbol.

-Pues debes saber, joven árbol, que la clave de la felicidad de nosotros los escarabajos no está en esforzarnos por el placer, sino en encontrar placer en el esfuerzo.

Y con el respaldo de los hongos y la complicidad de las mariposas –a las que les atraía esa luminosa apariencia y que estaban encantadas de poder tener nueva compañía y temas adicionales de conversación–, los escarabajos, guardando simetrías y respetando distancias, se ubicaron a lo largo de las ramas del árbol.

Ningún adorno podría haber sido más vistoso e impactante que aquellos.

Y el árbol sonreía.

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