martes, 16 de diciembre de 2008

PARA CONTAR / UN ARBOL DE NAVIDAD, CAPÍTULOS III Y IV


III

La Navidad estaba cerca.

El árbol lo sabía porque las mañanas comenzaban a ser más frescas, la fragancia de las flores más intensa, el color de los atardeceres le parecía todavía más bonito, la luz del día duraba un poco menos y la noche aparecía más temprano y tardaba más en partir.

Pero también lo sabía por lo que decía la gente.

-Ya viene la Navidad –escuchaba el árbol comentar a un señor que hablaba con su esposa.

-Y también el Niño Jesús para los muchachos –contestaba ella en tono cómplice.

Una mujer con una sonrisa inmensa en el rostro, comentaba con una amiga:

-Estoy muy feliz; esta Navidad viene a visitarme mi hermana mayor, con quien hablo siempre por teléfono, pero que hace mucho que no veo. Además va a traer a mis sobrinos, que ya están grandes.

-¡Qué bueno! –respondía su amiga–. Espero que la lleves a mi casa una tarde aunque sea. A mí también me dará mucho gusto verla.

Y el árbol compartía la alegría y entusiasmo de las dos mujeres.
-Ahora que viene Navidad, voy a celebrar mucho y a comer otra vez esas hayacas tan sabrosas que prepara mi madre –decía la voz de un joven hablando con sus amigos. El árbol escuchaba a éstos responder:

-Pues la semana entrante vamos a empezar a ensayar las nuevas canciones de la parranda, para ir por las calles a alegrarles las noches a los vecinos.

-¡Fantástico!, pero no se olviden de ensayar también algunas serenatas, miren que hay muchas chicas bonitas por allí.

El hijo de un comerciante dueño de un abasto le decía a su padre:

-Hay que aprovechar las ventas adicionales de la temporada para ahorrar y ampliar el negocio, como hemos venido hablando.

-Sí, aunque debemos pensar bien qué queremos hacer; mira que la prudencia es buena compañera de los negocios. Pero los cambios que me has propuesto me parecen muy interesantes –le respondía su padre.

El árbol sentía en las palabras de la gente, que la esperanza, las ideas y las ilusiones crecían con la llegada de la Navidad.


IV

La colina de la encrucijada de los caminos era un lugar tan bonito y especial, que por supuesto muchos niños de los alrededores iban allí en su tiempo libre a disfrutar del ambiente y a jugar con sus amigos.

Un día, un grupo de niños y niñas jugaba cerca del árbol. Uno de ellos dijo:

-La Navidad es chévere. Hay muchas fiestas y juguetes, y el pueblo está más contento. Las casas se ven mejor y la gente se abraza.

Otro niño añadió:

-Yo lo que prefiero de esta época son los vistosos árboles de Navidad, con sus regalos en la base y sus luces intermitentes que me fascinan.

Entonces al árbol le picó la curiosidad y puso mayor atención a los niños y a su conversación. Una niña comentó:

-Es verdad. A mí también me gustan mucho, sobre todo con esos adornos y lazos coloridos y elegantes. Son lindos los árboles de Navidad.

Otro niño dijo:

-A mí me encantan sus guirnaldas y bambalinas, que parecen gotas de alegría. En mi casa nos reunimos alrededor del árbol de Navidad y mi papá nos cuenta unas historias buenísimas mientras comemos torta de la que mi mami hace.

Y la niña más pequeña del grupo, indicó:

-Sí, pero a mí me lo que me parece más bonito es la estrella brillante que le colocan en la punta. Debería haber un árbol de Navidad para todos.

El árbol entonces pensó que él podía ser ese árbol de Navidad del cual hablaba la niña. Tal vez él también podría celebrar la Navidad a su manera. A la manera de un árbol. Y en ese momento decidió que él sería un árbol de Navidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

HUGO AL DECIDIR QUE ÉL QUERÍA SER UN ÁRBOL DE NAVIDAD SE PODRÍA DECIR QUE "SE J.... COCODRILO" DISCÚLPAME EL COMMENT, DE REPENTE SE ME OCURRIÓ...PERO SIGO LEYENDO EL CAP. V.