miércoles, 10 de diciembre de 2008

SILMARIL / PALABRAS MÁGICAS

Lo que se nombra adquiere fuerza; lo que no se nombra deja de existir.
Czeslaw Milosz

Hace tiempo que me seduce la posibilidad de que el lenguaje transforma y que la palabra dicha tiene un poder más allá de la mera actividad descriptiva o transmisora de lo que sentimos y pensamos. Estoy seguro de que la idea me atrajo mucho antes de poder articularla y mi fascinación por los magos en la literatura tiene mucho que ver con ello; los hechiceros de los libros que me atraparon (y aún lo hacen) conocían frases que hacían que sucedieran cosas extraordinarias. Creo que la primera que llamó mi atención fue la celebérrima “Ábrete sésamo” del cuento de Alí Babá y los 40 Ladrones, de Las Mil y Una Noches.

Dominar conjuros y palabras poderosas es una fantasía constante… iba a cerrar la frase agregando “entre los niños”, pero después pensé que los adultos también soñamos con ello, sin darnos cuenta de que sí hay poder en lo que decimos. Nuestras palabras pueden transformar cosas y relaciones; con ellas tenemos el poder para: perdonar, hacer reír, dañar, sorprender, amar, confundir, insultar, posponer, acordar, seducir y así. Cada uno de nosotros sabe que expresiones como “te amo”, “aprobado”, “lo lamento”, “fuiste tú”, “qué bien te ves”, el feliz año nuevo de esta temporada e incluso los en apariencia tan pequeños “sí” y “no”, pueden abrir –a la manera de cualquier “Ábrete sésamo”– puertas, posibilidades y mundos (y también cerrarlos). Si ello no es magia, díganme entonces qué es.

Claro que a veces el efecto de nuestras palabras no es el deseado, pero tampoco hay un mago que no se haya equivocado.

Con cuánta frecuencia escuchamos la recomendación de ser cautelosos con las palabras: “Eres esclavo de lo que dices…”, “Ten cuidado con lo que deseas…”. La expresión “tener que tragarnos las palabras” apunta por allí también; no es la palabra lo difícil a engullir, son sus consecuencias las que pueden resultarnos indigestas. La primera propuesta de Miguel Ruiz en su libro Los Cuatro Acuerdos es: Sé impecable con lo que dices. Pocas resoluciones en la vida me parecen tan formidables.

Una tendencia relativamente nueva en la televisión y el cine es la de historias de personajes con superpoderes que no logran dominar completamente; debajo subyace la idea de que toda capacidad implica responsabilidad en su uso, so pena de que las consecuencias puedan ser irreparables. Si tenemos poder con las palabras, lo anterior se aplica a cada uno de nosotros. Una vez leí una anécdota sobre alguien que meditaba con su esposa cada mañana, pero de vez en cuando un vecino ruidoso interrumpía su concentración con un alboroto tempranero. Durante una de esas interrupciones, el hombre dijo: “me gustaría conocer la palabra mágica para hacer desparecer a ese tipo”. Entonces la mujer respondió: “por eso es que no la conoces”.

La idea de que hay poder y magia en las palabras es recurrente. Un ejemplo en literatura fantástica reciente se encuentra en los Libros de Terramar, de Ursula K. Le Guin, en los que una de las labores de los magos es descubrir el “verdadero” nombre de las cosas, con el que después, al pronunciarlo, se tiene poder sobre tales cosas. De ser así, sería formidable conocer el verdadero nombre… ¡de la magia!

Por cierto que este asunto va mucho más allá de la literatura, en tanto en muchas tradiciones antiguas existe la noción de que el verdadero nombre de algo, es la esencia misma de ese algo. Para decirlo de alguna forma, uno es su nombre auténtico.

Los antiguos hebreos ya tenían una idea de este poder transformador de la palabra; en el mito del Golem se plantea que la fórmula para darle vida incluía decir una combinación de las letras del nombre secreto de Dios. Pero algo que conocí hace poco, leyendo el libro La Empresa Emergente, de Rafael Echeverría, es que en arameo, el idioma antiguo de los judíos y que tiene una historia de más de 3000 años, había una expresión que significaba “la palabra transforma”. La expresión, de acuerdo con lo que plantea el libro, era: avara ka d’avara. ¿Les suena conocida?

2 comentarios:

  1. me gustaria leer mas sobre este tema me parese interesante gracias

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  2. Muy bueno Hugo!! Genial!!
    Por cierto, hablando de "palabras"... cuando leía lo de "descubrir el “verdadero” nombre de las cosas", recordé la canción "Que dificil es hablar el español", la conoces?
    Este es el link: http://www.youtube.com/watch?v=Xyp7xt-ygy0
    Cada vez que la escucho me río muchísimo!! Si ya en Venezuela me causaba gracia y curiosidad que una fruta tuviese dos o tres nombres diferentes según la región, imagínate aquí en Montreal con "le melange" de latinos alrededor!!! Mis hijas están aprendiendo Español Internacional!! jajajajajajajajaja.

    Un gran abrazo y gracias por deleitarnos con la magia de tus palabras... o con tus palabras mágicas... (algunas veces el orden de los factores no altera el producto..., pero solo algunas veces!!! jejejeje)

    Saidiana

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