jueves, 6 de noviembre de 2008

SILMARIL / ELECCIONES


Uno elige. Con frecuencia; con mucha frecuencia.

Uno no siempre elige algunas de sus circunstancias, pero sí la manera en la que las vive. Uno no elige la familia en la que nace, mas puede elegir la relación que mantiene con sus otros integrantes. Uno puede elegir sus amigos y relacionados, y dependiendo de la forma en que elija convivir, elegirá también sus enemigos o no tener ninguno, si bien la posibilidad de ganarse enemigos gratuitos es uno de los precios que pagamos por ser libres.

Uno elige sus palabras; qué decir, qué no decir y cuándo y cómo. No elige la manera en que lo que diga será tomado por otros, pero podrá elegir tomar (o no) algunos riesgos al utilizar estas palabras o aquellas.

Uno elige qué hacer y qué no. Aunque a veces nos sintamos obligados a hacer algo, la elección de hacer otra cosa o incluso de negarse, siempre estará a la mano (si bien a veces las consecuencias podrían ser insoportables). Estemos advertidos: elegir no hacer algo es también una elección.

No siempre podremos elegir las consecuencias de nuestros actos; estas también dependen de lo que los demás elijan pensar y hacer al respecto, y además no siempre podemos ver las ramificaciones futuras de lo que hacemos hoy.

Los líderes tienen una responsabilidad especial con lo que eligen decir y hacer (o no); la razón es simple: hay otros que han elegido seguirlos, de manera que todo lo que los líderes eligen decir y hacer (o no) genera significado y puede tener consecuencias en un número importante de personas.

Una elección cuyos resultados tendrán consecuencias tal vez ni siquiera sospechadas aún, ha finalizado en Estados Unidos y un interesante joven político, Barack Obama, ha sido electo presidente. Su contrincante, el Senador John McCain, reconoció oportunamente su derrota y ante sus seguidores dijo cosas respecto de su contrincante que me impactaron. Elijo destacar dos:

“…y haré todo lo que esté en mi poder para ayudarlo a que nos lidere a través de los muchos desafíos que enfrentamos”

y

“…pido a todos los que me apoyaron se me unan no sólo en felicitarlo, sino en ofrecerle a nuestro próximo presidente nuestra mejor voluntad y esfuerzo honesto para encontrar los compromisos necesarios para salvar nuestras diferencias”

A su vez, el recién electo presidente eligió decir sobre su oponente:

“…somos mejores por el servicio prestado por este bravo y noble líder. Lo felicito, felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado y espero trabajar con ellos a fin de renovar la promesa de esta nación en los meses venideros”

¡Qué interesantes palabras las que eligieron cada uno de estos señores una vez conocidos los resultados electorales, para referirse al otro! ¿Palabras de políticos? Cierto, y habrá quien argumente –no sin faltarle razón– en contra de quienes han confiado ciegamente en algunos políticos. Pero un líder, un verdadero líder, entre otras cosas establece con sus palabras y sus actos, la modalidad, el tipo de acción y relación que muchos de los que han elegido seguirle, desplegarán en el camino hacia los objetivos que procuran.

Iba a ensayar una comparación entre las palabras que he citado y las que han elegido proferir (la elección del verbo “proferir” es profundamente consciente) algunos líderes de mi país en los últimos años, mas prefiero no profundizar en ello ahora. Pero elijo al menos comenzar a epilogar con las ideas de que las palabras que un líder elige deberían en la medida posible contener –por lo menos implícito– un mensaje de esperanza, y que sería fantástico hacer consciente a nuestra gente, de que también puede elegir no escuchar, si ese es su deseo.

Sospecho que llorar no es siempre una elección personal; a veces las lágrimas pueden mostrar mejor que nada cómo sentimos y pensamos respecto de algo. Una de las imágenes que voy a recordar por mucho tiempo de esta elección en Estados Unidos, es la de las lágrimas bajando por el rostro del reverendo Jesse Jackson, al confirmarse el triunfo de Barack Obama. El pastor Jackson eligió para sí hace mucho la causa de los derechos civiles y acompañó en su momento a uno de los personajes que yo he elegido admirar: Martin Luther King.

¿Qué habrá elegido pensar el reverendo Jackson en esos instantes?

2 comentarios:

OP_YODA dijo...

Épale, muy ilustrativo comentario. Me recuerda un escrito de Stephen Covey donde habla de su famosa regla 90-10 que dice que el 10% de lo que pasa no lo puedes controlar, pero el 90% restante es tu respuesta a ese 10% que no controlas.

Lástima que cierto tocayo tuyo elija palabras y acciones desintegradoras y que una cantidad considerable de seres humanos decida hacerse eco de él.

En fin... Para no cerrar este comentario tristemente te cito las palabras del Agente Smith y Neo en "Matrix Revolutions". En la escena, Neo se levanta y mira desafiante a Smith luego de que éste le pateara hasta el cielo de la boca y...

SMITH: ¿Por qué, Sr. Anderson?... ¿Por qué?... ¿Por qué lo hace?... ¿Por qué?... ¿Para qué levantarse?... ¿Para qué seguir luchando?... ¿Cree que está luchando para algo?... ¿Por algo más que su supervivencia?, ¿Puede decirme por qué es?... ¿Siquiera lo sabe?... ¿Es por libertad?... ¿O por la verdad?... ¿Quizás por la paz?... ¿Podría ser por amor? Ilusiones, Sr. Anderson. Caprichos de la percepción. Edificaciones temporales de un intelecto humano débil, tratando desesperadamente de justificar una existencia sin propósito y todas ellas tan artificiales como la mismísima Matrix. Aunque, sólo una mente humana podría inventar algo tan insípido como el amor.
Usted lo debe poder ver, Sr. Anderson. Ya debería saberlo. No puede ganar. No tiene sentido seguir luchando. ¿Por qué, Sr. Anderson?... ¿Por qué persiste?....

NEO: Porque LO ELIJO...

Hugo Marichales dijo...

Gracias, op_yoda, por tan agradable comentario. No vi Matrix Revolutions, así que desconocía la escena; interesante diálogo.

Espero poder seguir escribiendo cosas que llamen la atención de lectores como tú; mientras tanto te dejo una frase de un código que muy probablemente conozcas:

There is no ignorance; there is knowledge.

Saludos.

Hugo Rafael