miércoles, 12 de noviembre de 2008

CUALQUIER OTRA COSA / A SIMÓN DÍAZ

Camino del llano viene
puntero en la soledad
el cabestrero cantando
su copla en la madrugá
.

Estrofa de la Tonada del Cabestrero, de Simón Díaz

Tu hazaña musical será recompensada hoy con una edición muy especial del premio Grammy Latino. Conozco a Juan Bautista –uno de tus hijos– y cuando supe la noticia le escribí expresándole mi regocijo. Esta nota se roba algunas cosas que a él le expuse.

Soy uno de tus muchos adoptados sobrinos y he podido además verte y hasta conversar alguna vez contigo. Ya no sé por cual camino del llano vino a mis manos la foto que adorna esta nota; a lo mejor fue tomada en tu casa de San Sebastián de los Reyes, donde con la gente de Madison Publicidad, tuve la oportunidad de escuchar en vivo tu Serenata en Barbacoas.

La primera vez que te encontré personalmente fue por una confusión paterna. Resulta que en 1979 se presentaba una pieza de ballet en Caracas, creo que en el Teatro Municipal y mi madre deliraba por ir a ver ballet personalmente. Mi padre quiso complacerla y nos invitó a ella y a mí, pero poco asiduo a ese tipo de espectáculos, se equivocó de recinto y llegó hasta el Teatro Nacional, pues ambas salas están muy cerca una de la otra. En la taquilla solicitó tres entradas y nadie verificó lo que estaba comprando.

El espectáculo comenzó con un grupo cantando algo medio folclórico y mis padres y yo nos vimos las caras. Terminó la canción y creo que luego apareciste tú; la equivocación a estas alturas era evidente: estábamos ante una pieza de teatro, pero como ya era tarde para arrepentimientos, nos quedamos a verla. La obra se llamaba “Un Fausto anda por la avenida”, escrita por César Rengifo; una adaptación del mito del tipo que le vende su alma al diablo, en la que tú hiciste el papel de Fausto. Mi memoria mantiene una escena en la que le dices al maligno algo como: “¡Tú lo que eres es un pobre diablo!”.

Pero la imagen más clara que tengo de esa velada corresponde a después del final. Mi padre, que había trabajado como locutor y que te conocía de sus días de farándula, fue a saludarte a los camerinos y me llevó consigo. Todavía estabas quitándote el maquillaje de la cara con un paño cuando entramos y no sé si será porque la frase te está indefectiblemente asociada, pero puedo jurar que lo recibiste con una de tus características “caracha, negro”. El adolescente que yo era salió de allí de lo más contento: había conocido a Simón Díaz.

Ya sabía de ti desde muy niño. Una de mis canciones favoritas en la vida es la Tonada del Cabestrero, entre otras razones porque su copla en la madrugá –la de la versión que grabaste por allá por finales de los 60 para la edición del Círculo Musical con motivo del cuatricentenario de Caracas y que espero poder volver a oír algún día–, debe haberme despertado y arrullado desde el picó de mi padre, más de una vez.

No es la única de tus canciones que alumbró los pasos de mi infancia. De los discos que hacías con Hugo Blanco para la época navideña, son parte de mi querencia las risas brotadas de la fuente de la gaita de las cuñas, en sus diferentes versiones y luego las consiguientes gaitas de las locas, de los margariteños, de los italianos y así, al igual que la menos conocida, pero muy jocosa gaita gitana, el cigarrón, o una estrofa que dice “Simón tiene un violín, cuin cuin cuin” de una canción que mi padre puso hasta el cansancio y que hoy sigue siendo tema de guasa en mi familia.

Después conocí tus mejores creaciones, tus flores de araguaney: Sabana, El Alcaraván, Mercedes, El Becerrito, Mi Querencia, Tonada de la Luna Llena, Pasaje del Olvido, el mítico Caballo Viejo y pare usted de contar. Luego tuve incluso el honor de cantar contigo, cuando el Orfeón Universitario de Carabobo y la Orquesta Sinfónica de Carabobo te acompañaron en una presentación de unas muy interesantes versiones de algunas de tus canciones, en Valencia; la vida me regaló el privilegio de ser parte de la cuerda de tenores del coro en esa ocasión.

Es decir; he tenido la suerte de conocerte y de que tu música conviva conmigo, a veces incluso como espejos de lagunas. ¿Cómo no quieres entonces que tenga tantas ganas de volver a ella?

Siempre me ha parecido bien celebrar en vida las personas con logros importantes, porque al que se merece la sabana, pues que se la den. Pero el sencillo llanero que eres sostendrá ante tal argumento que el mejor homenaje para un artista es el aplauso sincero de su público. Yo replico: entonces has recibido incalculables homenajes, tío. Que mis palabras sean uno de esos millones de aplausos –arestines que querrán volver a mojar tu ruedo– que te serán dedicados hoy.

Lejos estaría de pretender que mi alegría será tan grande como la de tu familia. Pero después recuerdo que soy también uno –que toda leche da queso– de los muy numerosos y felices sobrinos que tienes en el mundo, de manera que el agua de la tinaja del orgullo de ser venezolano estará rebosante hoy y será su fuerza un cimarrón, cuando recibas ese reconocimiento.

Hoy también la luna, ahora sin buscar la sombra, te estará mirando, Simón Díaz –o Tío Simón para ser más preciso–, pero esta vez sí sabrás lo que te verá: esa claridad de lucero de la mañana con la que has bañado la historia artística de Venezuela. Para ti, cabestrero de hermosa música, prosiga una solicitud de bendición, un abrazo y un cantar que en este caso no tendrá nada, absolutamente nada de doliente.

4 comentarios:

  1. Hola Compadre,
    Felicitaciones por tan buen saludo y emocionante comentario.
    Gracias por compartir.
    Adrián

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  2. Que Hermoso Hugo, de verdad! escribes todo lo que quisieramos decir, dios te dió la gracia de expresarte por todos los que no tenemos ese dón que te ha sumado la vida, de escribir cosas tan maravillosas.

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  3. Hola Hugo, soy Bettsimar la hermana de Juan. Muy emocionante leer lo que escribiste y de que hubieses visto el Fausto...fue una de las pocas veces que el hizo Teatro. Recibe un abrazo cariñoso de nuestra parte. Bettsimar Diaz

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  4. Gracias, querida Betsimar. Es un placer leer tu comentario y un honor la posibilidad de que tal vez a través de ti, el tío conozca las palabras que le dedico.

    Una vez le mencioné a Juan Bautista sobre la versión de “Tonada del Cabestrero” y sobre “El violín de Simón” a las que hago referencia en el artículo y me dijo que si había alguien que podía tenerlas grabadas, eras tú. Si lees este comentario y tienes a bien informarme cómo puedo volver a escucharlas, puedes escribirme preferiblemente a hrmv01@yahoo.com o también a hugomarichales@gmail.com

    Un feliz 2009 para ti y para todos en tu familia.

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