domingo, 5 de octubre de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / LA NOCHE BLANCA

Souvent il m'arrivait devant mon chevalet
de passer des nuits blanches
retouchant le dessin de la ligne d'un sein
du galbe d'une hanche
.

Estrofa de la cancion La Bohéme, de Charles Aznavour


La expresión en francés “passer la nuit blanche” –literalmente pasar una noche en blanco, o una noche blanca– es el equivalente a nuestro castellano “trasnocharse”. Quizás sea por lo contradictorio de la frase –la idea de que una noche pueda ser nívea es prácticamente un oximorónpero la expresión me gusta; la escuché por primera vez en la famosa y parisinísima canción “La Bohéme” del mítico cantante Charles Aznavour, en la que un pintor recuerda –de ahí el epígrafe de esta nota– las muchas veces que “delante de su caballete pasó noches blancas, retocando el dibujo de la línea de un seno, de la curva de una cadera”.

Bien, desde 2002 y al igual que el pintor de la canción, los parisinos tienen una excusa oficial relacionada con el arte, para pasar una noche blanca; es decir, para trasnocharse. Ese año Christophe Girard, alcalde adjunto de la cultura, le propuso a Bertrand Delanoë, alcalde de la ciudad, crear un recorrido artístico dedicado al arte contemporáneo, durante toda una noche de otoño en París, que aprovechara el espacio urbano para hacer que nueva creaciones artísticas fuesen accesibles a todo público. La iniciativa, que fue recibida efusivamente por la gente y se repite desde entonces, se conoce como “La Noche Blanca” y es ya referencia en el calendario de la ciudad; este año correspondió a la noche del 4 al 5 de Octubre.

Para la edición de 2008 y tal vez porque es la número 7, se privilegió al séptimo arte, de manera que proyecciones gigantes e imágenes animadas fueron la modalidad principal. En tanto la idea pretende rendir homenaje al patrimonio de la ciudad e incorporar el espacio urbano como parte integral, este año se escogió a las estaciones de trenes como puntos principales, de manera que las fachadas de estas edificaciones emblemáticas parisinas y sitios a sus alrededores, se convirtieron en gigantescas pantallas, estudios de foto, escenas de producción o extrañas salas de proyección, para el gratuito disfrute de los noctámbulos paseantes que anduvimos por calles de París en la ocasión.

Vi algunas cosas la mar de interesantes; tal vez la que más me gustó fue un gran edificio al frente de la estación de trenes Gare de l’est, sobre cuya fachada principal se proyectaba la imagen de una pintura que se deslizaba sobre un vidrio, de manera que uno tenía la impresión de que era sobre el edificio por donde corría la pintura, mientras un pianista y una guitarrista ejecutaban una música de fondo harto misteriosa.

También observé un proyecto llamado La Forêt de Mânes (algo así como el bosque de los espíritus o almas buenas), donde un jardín tomaba un aspecto dulcemente espectral, gracias a la iluminación de tonos azules y verdes de la que era objeto, acompañada de la proyección de imágenes fantasmales de corrientes de agua y personas. En otra fachada, se proyectaban unas inquietantes imágenes de un grupo de niños que recitaban una suerte de mantra o quién sabe qué cosa. Hubo asimismo un simpático fotógrafo que montó un estudio en el que le tomaban una foto a cualquiera del público que así lo quisiera. Luego se manipulaba la fotografía en computadora y se proyectaba en una gran pantalla, con la característica de que la imagen parecía entonces una escena familiar o de vacaciones, con los escenarios más variopintos que se pudiera imaginar, desde un baño a un bosque, con el agregado de que en ella, además de los fotografiados, aparecía el fotógrafo como si fuera primo, amante, padrino, familiar, compañero o quién sabe qué, en igual calidad de protagonista. Mientras las fotos pasaban, había una frase del artista que decía “Ustedes todos son mis amigos”.

Intentar describir con palabras un experiencia tan marcadamente visual, es tarea casi siempre utópica, de manera que les dejo algunas fotos que intentarán hablar un poco más por mí (no son muchas; sacar buenas fotos nocturnas es un arte que me es extraño) o más bien hagan una búsqueda de “Nuit Blanche” en Internet con cualquier navegador decente. Confesaré que algunas de las propuestas no fueron precisamente de mi gusto –eso tan inefable que llaman el arte contemporáneo suele generar reacciones diversas y hasta encontradas–, pero en cualquier caso me gustó la audacia y creatividad de los artistas.

Dado su éxito, otras ciudades en Francia y el resto de Europa se suman a la iniciativa, para que más y más se desvelen una noche observando curiosidades artísticas. Yo regresé a mi casa a eso de las 2 de la mañana, de manera que en sentido estricto no me trasnoché, pero poder caminar a horas desacostumbradas para mí en una fresca noche, viendo cosas extrañas proyectadas sobre los edificios de París, es una bohemia oportunidad que espero repetir. Si alguno de ustedes visita París en los próximos otoños y sigo yo viviendo por aquí, cuadremos para que juntos salgamos a pasear, no dormir, asombrarnos con las ocurrencias de estos nuevos creadores –no estarán de más las copas de vino– y pintar la noche de blanco.


2 comentarios:

Rafael E. Guzmán Garmendia dijo...

Que envidia de la buena, que estupendo amigo, mis oraciones para coincidir en un otoño parisino y compartir estas exuberancias modernas de los paises atrevidos, gracias por compartirlo con el mundo. Te envío un gran abrazo.

Hugo Marichales dijo...

Un placer, Rafa. Agradezco mucho tus comentarios.
Como siempre...

Hugo Rafael