jueves, 11 de septiembre de 2008

ESQUIZO / EL MAGO


Ja, criatura en sortilegio.

Me cuentan que quieres averiguar más acerca de mí. ¿Y eso como para qué? Bueno, ja ja, abracadabramente te digo que me apresto a crear magia. Tan sólo prepárate a entrar en otro mundo.

Porque la demencia es una puerta a otros mundos, incluido el de la magia. Es que si no te has dado cuenta, soy mago. Esquizo, el Mago. Dueño de las palabras capaces de torcer y arrugar los acontecimientos naturales, y ja, ja, de pasarles una planchita también si es necesario, no vayan a decir que ando por ahí como un zarrapastroso. Esquizo el Mago, heredero de Babilonia, Alejandría, Stonehenge, Bizancio, Mamera y Tucusiapón de abajo.

Cuando se tiene la condición de mago, que es casi lo mismo que ser político, ja, se pueden hacer un montón de hechicerías bien divertidas sin que a uno se le entienda mucho (¿ves que es casi lo mismo?). Por ejemplo, soy parasicólogo amnésico; es decir, puedo saber con anticipación qué es lo que voy a olvidar. Y poseo el secreto de volar; es tan simple que no vas a creerlo, criatura: consiste sencillamente en, ja, lanzarte contra el piso y fallar. ¡Voila!

Pero no es lo que único que anhelo en la vida, criatura, no creas. Tengo otras aspiraciones. Por ejemplo, aunque no fui yo quien inventó el pecado, estoy tratando de perfeccionarlo, ja; aunque reconozco que en estos días, ja, contrario a lo que plantean los católicos, es bastante difícil cometer un pecado original. Mas cual sorprendente truco de cartas, en mi magia no sufro –como piensan algunos–, de locura; por el contrario, disfruto cada minuto de ella.

De vez en cuando me salgo de la nigromancia y me dan ataques de ciudadanía, cordura y comportamiento normal, pero por suerte, ja ja, se me pasan rápido; un polvito mágico y listo (te lo recomiendo, criatura; ¿te lo echo yo mismo?). Por lo pronto estoy trabajando en el desarrollo de un método para convertirme en cualquier cosa, sin varita mágica, ja. La primeras lecciones las obtuve de un antiguo programa llamado Plaza Sésamo, pero dejé de verlo, porque, ja, ya me sé casi todo lo que dicen ahí.

Cuando culmine mi creación y domine finalmente este encanto, me convertiré entonces en, ja, una pepitona embrujada, un tetero piche, una caperucita fucsia, un patín para morrocoyes, una alcachofa gitana, una embotelladora de aire para saxofón, una pantufla mocha; en fin, en un poco de cosas poderosas. Y tengo planes también para ti, criatura, ja; hocus-pocus contigo. ¿En qué te gustaría que te convirtiera?

Ja, sé que tú también querrías seguir por este sendero de conocimiento, pero te faltan las palabras mágicas y te advierto que la dilogía de nuestra ecúmene es inextricable al punto de la parafasia horrísona. Ah, contumaz e hidrópico ser: no pignores en que te subvenga o que sea exorable contigo, ni pretendas procaz agnición, que tu anejir circunstante no logrará siquiera ludir y siempre será alóctono al inmarcesible, pertinaz e inefable acervo sibilino de erudición de nuestra cofradía. Compélote a esculcar allende, que de porfiar en hacer perspicua nuestra sapiencia, finiquitarás cual cenotafio, como un oblongo divieso ahí sin comprender una papa (te dije que la vaina era complicada; pero no, tú no haces caso, ja).

Este soy, pues: Esquizo el Mago. Un mago grande criatura, y ja, voy a hacer magia contigo; pienso sacarte como a un conejo de mi sombrero, picarte en dos con un serrucho, meterte debajo de la manga, y luego hacerte aparecer y desaparecer a mi gusto. A mi poder no debes ofrecer resistencia porque no tiene sentido; mira que quien lucha contra la corriente, ja, finalmente muere electrocutado.

La magia es el camino de la transustanciación y de la liberación del yugo de la realidad. Si no fuera por, ja, la realidad, yo estaría perfectamente bien. Pero no es tan grave; total, si no te importa en dónde te encuentras, entonces no estás perdido. Ja.

Criatura, recuerda (y no reloca, aquí el que está mal de la cabeza soy yo) que la ilusión de mi magia te circunda. Tanto que va a hacerte falta tiempo para disfrutarla, así que, ja, mejor vas comprándote dos relojes. Si me has entendido hasta ahora, ja, es que no me he explicado bien. Y si no me has entendido, pues entonces tal vez esta poción mágica te ayude: tómate 77 aspirinas, dos vasos y medio de vodka con anís en bastante leche de magnesia y un diente de ajo. Si después de eso logras levantarte, ja, no hay duda de que te sentirás mejor.

El pronóstico del tiempo para esta noche: oscuro. Y si quieres hacer volar tu mente... ¡Fuma dinamita!

No puedes escapar de mi magia, criatura.

Ja, ja , ja.

Ja.

Esquizo.

4 comentarios:

  1. Esquizo de mi torcida voluntad; Casualmente ayer estuve inmersa en una conversación muy sabrosa, sobre brujería de diversos tonos. Tu promesa-amenaza de unos "polvos mágicos" es por demás interesante y podría someterla a consideración de mi aquelarre. Después no digas que no te avisé.

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  2. ¡Susto! Pobre víctima el voluntario que se preste para que hagas tu función. jejeje.

    Me parece genial el comentario de que ¡no hay pecado original! la lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia, son prácticas de lo mas comunes desde que el mundo es mundo.

    Saludos amigo, no olvides tu dosis de litio.
    MM

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  3. Abracadabra, pata de cabra, mis amigas.

    Verónica, me doy por avisado y te digo que soy mago, no brujo; pero aún siéndolo y por mágica que resultase mi varita, un aquelarre completo pareciera una oferta por encima de mis mejores trucos. Yo seré loco, pero no imprudente.

    Apreciada María Mercedes, bienvenida, gracias por postularse, pase por aquí (ñaca ñaca), ademas, me estaba haciendo falta una asistente; empezaremos de una con el truco de tragarse una espada que esta vez sí va a salirme bien, mire que no deseo volver al cementerio tan pronto.

    Esquizo

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