miércoles, 20 de agosto de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / A LA PLAYA, EN PARÍS


Busque en cualquier mapa y verá que si algo no tiene París, es costa, así que la opción de ir a la playa en la capital de Francia parece, en principio, una fantasía y sin embargo… ¡esa posibilidad existe!

Una de las iniciativas más interesantes que he visto en ciudad alguna, es el programa conocido como “Paris Plages” que promueve la Alcaldía de París y que se lleva a cabo durante el verano. Resulta que en esta época, una increíble cantidad de habitantes toma vacaciones y literalmente huye de la ciudad, que queda un poco más a merced de ambulantes turistas con sus inefables bermudas, autobuses, cámaras fotográficas y mapas inmensos en las manos.

Pero como no todos pueden escaparse, desde 2002 la Alcaldía impulsa este programa que tiene como objetivo principal ofrecer gratuitamente a quienes permanecen en la ciudad, así como a los turistas, la posibilidad de practicar algunas actividades que normalmente están reservadas a lugares playeros.

Aprovechando que el tránsito automotor también disminuye debido al éxodo parisino, la Alcaldía “corta” durante un mes la circulación de automóviles en algunas zonas y las convierte en verdaderos lugares de recreación vacacional. Estamos hablando de 3,5 kilómetros en los que se colocan palmeras, sillas de extensión, grama… ¡y arena!, que en sitios como la rivera derecha del río Sena o en el Estanque de la Villete y bajo el solecillo de la temporada, evocan simpáticas playitas.

No se contenta el programa con ofrecer la ambientación costera, sino que además se organizan diversas actividades lúdicas y deportivas, como ping-pong, petanca (la versión francesa de las “bolas criollas” venezolanas), esgrima, paseos en bicicleta, restaurantes, futbolito de mesa, una gran piscina portátil, conciertos, golfito, bailes, espectáculos artísticos, cafés, trampolines, ventas de helados, tai chi, y sesiones de cuenta cuentos y talleres de artes plásticas para los más pequeños. Vaya, no se puede meter uno en el mar, pero no seamos tan exigentes.

La operación es inmensa y el costo de crear playas con palmeras y todo, así como la instalación de quioscos, aspersores de agua y equipos deportivos, mantenimiento, pago de recreadores y dispositivos de seguridad, es considerable. El presupuesto que la iniciativa consumió en 2004 fue de dos millones de euros, que la Alcaldía comparte con patrocinantes públicos y privados. Pero la iniciativa es muy bien recibida por la gente y ya otras ciudades como Berlín, Bruselas, Budapest y Praga desarrollan propuestas similares.

Entre los pasatiempos favoritos de los franceses parece estar el filosofar sobre casi cualquier cosa. Un verbo que ellos mismos usan para describirse es “causer”, que puede traducirse como “ser la causa”, pero que también equivale a “conversar”; una modalidad francesa frecuente es conversar y en ello, intentar llegar a la raíz o la causa de las cosas (“En France on cause”, sostienen). En consistencia con esto, encontré hace poco la siguiente frase de Bernard Stiegler, un filósofo francés (¿valga la redundancia?): “en vacaciones, buscamos reencontrar la coherencia de la existencia”. Desde esta mirada tropical no puedo menos que responder con asombro: ¡Carajo!, yo no sabía que las vacaciones eran una cosa así de seria.

Es poco probable que por ahora me detenga a pensar tan profundamente sobre las vacaciones; creo que mi herencia informal venezolana me impulsaría más bien a disfrutar del rato libre sin complicarme tanto la existencia (estamos de vacaciones, ¡por Dios!). Imagino que si en una playa Caribe en compañía de ciertos parranderos y paisanos amigos, se me ocurriera pronunciar una frase semejante a la del Sr. Stiegler, creo que me mirarían, cuando menos con compasión y después me lanzarían una lata de cerveza a la cabeza.

Filosofías y modalidades aparte, uno agradece que exista Paris Plages, que dura hasta mañana 21 de Agosto, pues la ciudad se prepara ya para el regreso de los viajeros y el reinicio de las actividades cotidianas. Podrán imaginar que quedándome este verano en París, aproveché la oportunidad de salir de pic-nic por la playa más urbana de la que se pueda tener idea y acompañado de mi esposa y de un buen libro, nos explayamos (no creo que otro verbo pueda ser más pertinente) en una silla de extensión un rato a orillas del Sena, a tomar… ¡el sol parisino!

2 comentarios:

  1. Fenomenal haber disfrutado de un ambiente así en la capital de la luz. En Zaragoza con motivo de la Expo, se inventaron también "una playa" (yo diría mejor piscina), con agua del río Ebro y palmeras incluídas.

    Eso de "en vacaciones, buscamos reencontrar la coherencia de la existencia" lo harán SOLO los franceses; en España sería una herejía.

    Y por cierto, "petanca" no es una palabra exclusiva de Francia, aquí también se usa.

    Sigue escribiendo que disfruto mucho de tus relatos.

    Besos. Ingrid.

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  2. Ingrid querida, gracias por seguir visitando El Cuentador. Imagino que con las ganas francesas de filosofar, es suficiente para los europeos de raíces latinas. Y ciertamente la petanca parece estar expandida en Europa, aunque debí haber escrito "pétanque" para ser exacto.
    Besos de vuelta; espero podamos vernos pronto.
    Como siempre...

    Hugo Rafael

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