martes, 5 de agosto de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / EL OTRO MUSEO

Uno de los atractivos de París son los museos, al menos para el visitante que aprecia las llamadas bellas artes. El más famoso es por supuesto, el Museo de Louvre, aunque en la inmensa lista están también el Museo D’Orsay (probablemente mi favorito), el Museo Rodin o el centro George Pompidou, por nombrar sólo otros muy conocidos. Pero la lista ofrece más, muchas más opciones.

Los primeros domingos de cada mes, los museos públicos en Francia son gratuitos; aprovechando la circunstancia, este domingo 3 de Agosto visité un interesante lugar: Le Musée du Quai Branly (Museo del Muelle Branly), inaugurado en Junio de 2006 y cuyo lema podría traducirse como “El lugar donde las culturas dialogan”. Es un museo de carácter etnológico y dentro de una concepción arquitectónica contemporánea, la estupenda edificación que lo contiene, concebida por el arquitecto Jean Nouvel, alberga piezas de antiguas culturas de Oceanía, Asia, África y América.

El museo se enfoca en elementos artísticos, históricos y antropológicos de culturas no europeas; según algunos, el propósito del museo es dar el mismo trato al arte no occidental, que el Louvre da al arte griego, romano y renacentista, o que el Museo D’Orsay le da a los impresionistas. Armas, vestidos, adornos, escudos, objetos rituales e instrumentos musicales, entre muchos otros –algunos provenientes de lugares de los que sólo te enteras que existen cuando te sientas a curucutear un Atlas con calma y minuciosidad– están expuestos allí, en una atmósfera más bien oscura que añade dramatismo al asunto, para el disfrute y asombro de los visitantes.

Mis piezas favoritas fueron las máscaras, que siempre han llamado mi atención; allí observé de distinta especie y con expresiones que iban desde lo divertido hasta lo aterrador (me refiero a las expresiones de las máscaras, aunque no dudo que las mías las hayan reflejado en algún caso).

Se han quedado también en mi recuerdo coloridas y vistosas vestimentas colocadas en las vitrinas. Más allá de lo impactante y hermoso de su diseño, confesaré que me sorprendió un poco el hecho de encontrar ropa exhibida en un museo, aunque después me resultó evidente que la indumentaria es elemento esencial de una cultura. Tal vez como la ropa es un asunto tan cotidiano, no suelo pensar en los diseñadores de moda como artistas, pero no hay duda de que a lo largo de la historia hay prendas de vestir que son verdaderas obras de arte.

No todos los comentarios son favorables al museo; algunos críticos lo han catalogado de neo-colonialista, racista y euro-centrista. Quién sabe… sólo me atrevo a decir que pasearme entre tanto objeto interesante me hizo pensar profundamente en la riqueza cultural que conformamos los seres humanos y más aún, en las posibilidades, en las inmensas posibilidades que representamos. En las realizaciones que descansan por ahora en el mundo de lo que aún no hemos creado, y del bien (y el mal) que con ellas pudiéramos generar. Como dice el Credo de la Cámara Júnior: “el gran tesoro de La Tierra reside en la personalidad humana”.

Luego de este pequeño paréntesis filosófico, agregaré que me divertí y que me gustó visitar el museo. Dejo casi sin comentar la hermosa estructura arquitectónica o el soberbio jardín con que la institución recibe a sus visitantes; tampoco tengo fotos que mostrar de la exhibición, porque está restringido el uso de cámaras fotográficas, pero no está de más darse un paseíllo por la página web oficial: www.quaibranly.fr y apreciarlo un poco más.

Interesante, éste que algunos llaman “El otro museo”; tal vez una declaración más de Francia en su genuino intento de permanecer abierta al resto del mundo.

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