jueves, 14 de agosto de 2008

PARA CONTAR / PRIMERA LECCIÓN

Se preguntarán por qué tan concurrida esta reunión, pero no hay otra forma de estar en tantos lugares a la vez y en estos tiempos, nuestro número ha de incrementarse si queremos seguir haciendo lo que hacemos. Por eso están aquí, aprendices; su escogencia tiene como fin perpetuar el oficio.

Aprenderán entre otras cosas, nuestros nombres: “Piedad”, por ejemplo, o “Clemencia”; dos de los muchos y poco sospechados que tenemos. Con ellos se nos convoca con frecuencia, pero son muy pocos quienes tienen conciencia de que es nuestra labor lo que realmente solicitan.

No nos preocupa; entre los malabares de nuestro mandato está saber que no siempre quienes nos llaman, desean efectivamente nuestra visita. Cuando los miramos directamente a los ojos, algunos parecen decir “¡pero esto no es lo que quería!”.

Es igualmente corriente oír que nuestro arribo fue a destiempo, que debimos tardar un poco más, aunque también están –no han sido tantos, pero ¿para qué negarlo?– quienes nos reprochan no haber llegado antes. Pocas veces –estemos conscientes– nos dan la bienvenida; pero la cortesía, la puntualidad o cualquier otra de esas complicaciones humanas no nos interesan.

Otros ojos encontrarían por lo menos curioso, al vernos aquí en esta reunión, que se crea que somos una sola entidad y no tantos a la vez; de nuevo, ese no es nuestro problema. Es incluso una creencia conveniente, especialmente si hace falta que actuemos en conjunto, lo que ocurre con cierta frecuencia. Pero eso no es para ustedes aún; sus primeras asignaciones serán sencillas y en la medida en que aprendan, se harán cargo de asuntos más complejos.

Si debemos ir a un sitio, llegaremos indefectiblemente; como nuestra presencia en un lugar no es decisión nuestra, es irrelevante que nos llamen. Vamos cuando vamos, invitados o no, aunque a veces debamos esperar un rato hasta ejecutar nuestro acto. Pero es útil tener nombres; ayuda a orientarnos, especialmente si andamos por territorios desconocidos, que hemos visitado pocas veces o que han cambiado mucho desde la última ocasión. Por supuesto que no todo el que pide misericordia o clemencia, descanso o esclarecimiento, requiere de nuestra asistencia, pero podría ser el caso.

¿Equivocaciones? Ciertamente las hay; mas son pocas y tarde o temprano se reparan.

Es todo lo que diré ahora; será la práctica y no el discurso su guía en el camino que comienzan. Les doy la bienvenida, mis aprendices. Entiendan, cuanto antes mejor, que no es sencillo este oficio de La Muerte.


2 comentarios:

  1. Mi querido Cuentador mi perspectiva de la vida no es desde la muerte sino desde la propia vida, la que me permite soñar, imaginar, reir y hasta llorar. Le confieso que he llorado, que he sufrido, también que he reido, pero por sobre todas las cosas, que he vivido...Un gran abrazo para usted Cuentador.

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  2. Te botaste con esto, estimado Cuentador. El final no me lo esperaba, pero casi que llegué a él corriendo para ver de qué se trataba. Y no me defraudó. Ah malhaya un cochocalatico caliente de por medio para seguirlo conversando.

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