viernes, 22 de agosto de 2008

INSOLITUDES / KIMONO EN LA ESTACIÓN


Supongamos por un rato que Usted es oficial de policía y anda tranquilamente en su comando. De repente, Usted y sus colegas son llamados por su Capitán y el siguiente diálogo tiene lugar:

- Oficiales, tienen que atender una situación irregular. Un individuo está perturbando gravemente la operación cotidiana de una estación de trenes de la ciudad.

- ¿Y es peligroso el individuo, mi Capitán?

- Se cree que no, pero sabemos poco de él y la situación no está clara.

- ¿Está armado? ¿Será acaso un terrorista?

- No es terrorista y definitivamente no está armado, porque ni siquiera lleva ropa; pero el asunto puede complicarse, de manera que tienen que ir hasta la estación y atraparlo.

- Pero si está desarmado y desnudo, ¿por qué no lo capturan los vigilantes de la estación y ya está? ¿Es acaso muy fuerte y corpulento, Capitán?

- Más bien bajito y débil. Pero es muy ágil y ha logrado encaramarse en un sitio bastante inaccesible.

- Disculpe la preguntadera, mi Capitán, pero no entiendo bien. ¿Acaso tomó rehenes? ¿El tipo es peligroso para el público? ¿Un loco furioso, quizás?

- No hay rehenes y en lugar de loco, debe ser bien simpático, porque hasta fotos le están sacando y la gente ya comienzan a encariñarse con el individuo, que además parece pacífico e incluso, algo asustado.

- Pero mi Capitán, ¿y entonces por qué tenemos que ir 30 de nosotros? ¿Y para qué son estas redes que nos están entregando?

- A ver, ¿cómo les digo esto?... es que ustedes tienen que ir a detener… ¡a un mono!

Tal vez un diálogo como el anterior tuvo lugar hace poco en un puesto de policía de Tokio, cuando a eso de las 9:40 a.m. y a causa de un primate, se armó todo un revuelo en una estación de trenes de esa ciudad. No se sabe cómo, pero el animalillo apareció allá (¿habrá llegado en tren?) y estaba cerca de las máquinas automáticas de billetes, cuando fue avistado por primera vez.

El barullo generado debe haberlo inquietado, porque entonces el simio se encaramó sobre un panel de información y allí se mantuvo por más de dos horas, para delicias de los transeúntes y creando sin quererlo, un revuelo de marca mayor en la estación hasta que llegó la policía.

El desentendido alborotador era aparentemente un mono japonés rojo que medía unos 60 cm desde la cabeza a la punta de la cola, pero todo esto es especulativo, porque a pesar de que 30 funcionarios se presentaron para el operativo –algunos armados con redes y todo–, el antropoide ¡se les escapó! Eso sí, nadie resultó herido y el episodio no llegó a retardar tren alguno. De la suerte del protagonista de esta historia no sabemos más por ahora, pero imagino que Tokio debe estar repleta de cosas más que interesantes para un mico.

Con el gran respeto que siempre he tenido por la Nación del Sol Naciente, no resistiré epilogar agradeciendo la vocación extremamente pacífica que el ejército de Japón ha sostenido después de la II Guerra Mundial, porque si 30 policías no pudieron atrapar a un indefenso mono… mejor no te cuento.

Ji, ji. ¡Otra vaina más!

2 comentarios:

Aldo Pacia Ricca dijo...

Gracias, don Hugo, qué agradable relato...este episodio del mono me hizo recordar otra anécdota similar relacionada con la policía de Canadá...Un ladrón...o su versión canadiense -un hombre de bien un poco perturbado, perdido en la casa de un vecino-, fue avistado por los dueños del inmueble...la llamada a la policía no se hizo esperar...Los oficiales llegan y se produce el siguiente diálogo...
-Hola, ciudadano...le saluda la policía de Toronto...
Desde adentro, y alzando un poco la voz para que le pudieran oir:
-Hola, sí...??
-Queremos hacerle saber que infringe la ley en sus artículos x, y, z... ha ingresado a propiedad privada sin permiso de los propietarios...
-Sí??? caray....pues...perdón...
-Le informamos que dentro de dos minutos ingresaremos al inmueble...Vamos desarmados; le agradecemos no oponga resistencia...Gracias de antemano...
-Entiendo...no hay de qué...Ehh..pensana llevarme unas cosas...
-Señor, sentimos informarle que no está en derecho de hacer tales cosas...
-Sí, creo que tienen toda la razón, muchachos...
Se cumplieron los minutos, los oficiales entraron y el resto es historia. Probablemente, todos se miraron a los ojos unos segundos, y después de sondear sus almas y haberse reconocido como buenos hijos de Dios, se abrazaron!!!!
Ahhhh....Canadá...bien vale soportar -30 celsius con tal de ver espectáculos de fraternidad y bonhomía como esos...aquí, en cambio, ver a las fuerzas policiales, con todo el respeto que puedan merecer, en cualquiera de sus labores, es una experiencia espeluznante...Una procesión de orcos tratando de esconder una naturaleza que tragicamente los iguala con cualquier malandro (No pude evitar sentir miedo en las oportunidades en las que me han detenido, siempre momentáneamente, gracias al cielo...
Hugo: gracias por la invitación...me siento super-honrado y estoy infinitamente agradecido por este fabuloso gesto de deferencia...Ya he comenzado a disfrutar con la gracia de tus relatos y tu genio literario...Puedes contarme como uno de tus asiduos lectores de ahora en adelante...Un abrazo, hermano...

Hugo Marichales dijo...

Aldo, gracias por tu muy amable comentario y por esa tan canadiense historia. Espero seguir sabiendo de ti y que algún día también te atrevas a publicar algo de lo que eres capaz de crear. De ser así, yo estaré allí para leerte.
Como siempre...

Hugo Rafael