jueves, 10 de abril de 2008

PARA CONTAR / PARA QUE MUERAN LOS CANGREJOS


Desde su pequeña cueva horadada en una roca del rompeolas de una playa, un cangrejo miraba a los humanos. Le llamaba la atención la curiosa y divertida forma de locomoción hacia delante que presentaban esos seres al caminar sobre la arena; tanto, que un día decidió salir de su escondite y subir hasta lo más alto de la roca –su brillante caparazón expuesto al salitre y al sol– para observarlos con mayor detenimiento.

Se dijo entonces que jamás había visto a uno de esos seres fallecer y estaba a punto de pensar algo sobre la inmortalidad de los humanos, cuando una gaviota que volaba por allí lo vio y se lo llevó en el pico.

3 comentarios:

  1. Siempre me sorprende tu capacidad de voltear la perspectiva de quien tradicionalmente habla.
    Eso es propio de alguien inteligente, como tú. Me gustó lo de pensar en la inmortalidad de los humanos. Jajaja-
    Continúa escribiendo así, para mi deleite y de muchos otros.
    Alicia

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  2. Vaya suerte del cangrejo, si no es la gaviota, es el hombre. Pero tu cuento esta genial. Estoy de acuerdo con Alicia, eres de esas personas que no recorren caminos trazados porque sabes que solo llegaras a donde otros ya fueron.

    Un gran abrazo.

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  3. Gracias por tu abrazo, Sakura, y aunque parecieras conocerme, no estoy muy seguro de saber quién eres(tu perfil en blogger no es público). De todas formas, las cerezas están entre mis frutas favoritas.
    Muchas gracias también por el halago sobre la historia. Respecto del cangrejillo, bueno, a veces sucede algo así. Por ello no termina de convencerme la idea de dejar que las cosas se solucionen “de manera natural”; verás, en la naturaleza las soluciones suelen ser drásticas, tanto que a mi gusto puede llegar a ser demasiado.
    En cualquier caso, ten un abrazo de vuelta, bien a tu gusto.
    Como siempre…

    Hugo Rafael

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