lunes, 14 de abril de 2008

PARA CONTAR / ALGO PARA TI

La pregunta “¿para qué escribes?” me recurre. O me la hago o me la proponen. No quiero tener una única respuesta; ello además me restringiría de disfrutar otras posibilidades como la de alguien que intentó resumir el asunto diciéndome: “Tú deseas compartir”. Contestaré ahora, sabiendo probable que en el futuro me arrepienta de la respuesta, porque ese que seré y que leerá esto no es quien soy hoy, o porque leeré desde un espacio distinto de donde ensayo ahora, o porque dadas esas u otras razones, la respuesta de hoy me parecerá equivocada, quién sabe si excesiva o más bien exigua. A manera de advertencia –¿o de dispensa?–, van algunos “tal vez” y “quizás”, y pidamos(nos) algo de clemencia.

De cierto, escribo para contar; para contarte, para creer que tengo algo que contar. A ti que lees y quizás para que otros a través de ti lean también; que se alimenten de lo que tú puedas contar.

“Cada vez te siento más Europeo, Marichales”, me dijeron. Sin estar seguro de que sea réplica o admisión, incluso con dejos de temor, he hecho saber que me acecha la sospecha de que mi alma permanecerá siempre caribe. Alma informal, de baile y de amigo, de selva y de risa, de caos y cuerpo, de misterio y cacao, de fruta y de lágrimas, de magia y sudor. Alma en relato, intensa, de palabras altisonantes. Alma de piel.

La que sigue tramándose. ¿Qué será un alma caribe, carajo? ¿Con qué se corta y se come eso? ¿De dónde lo habré sacado? Porque no sólo el Caribe la integra (dicho sea de paso, hasta hace muy poco pensaba que el mar no me hacía mayor falta) y porque no seré yo quien ose definir lo que es “ser caribe”. Pero no negaré –para qué, además–, que:

He dicho “te amo”, absolutamente y sin amarras. Susurrado y gritado.

He conocido sabores incomparables en los sortilegios culinarios de mi madre. Heredo la entrega.

He contemplado múltiples caras de la obra de mi padre. Heredo la libertad.

He reído, sonreído y llorado a mis amigos. Hay noches que he atravesado a su lado.

He entrado en un río y he invocado y consagrado el recinto como mi lugar. Un hogar paralelo.

He admirado las alas que han llevado lejos a algunos de los que creí míos. Son sus alas, no las mías.

He estado solo. No me atemoriza.

Me han acompañado. Me encanta.

Me he volcado en otro ser y he sentido que no hay más universo que el cuerpo que me besa. He sido yo en ese allá, desbordado de llamas del fuego de otras; juro haber sido amado por una Ondina.

He andado, a veces por donde no tenía que andar, y me he detenido, a veces cuando debí seguir andando. Siempre habrá caminos.

He bautizado y veré a otros bautizar. En mi corazón los espero.

He conversado con el mar y la montaña. Ballenas y aves me han hallado.

He cantado al lado de varios. Pido cantar mientras pueda; mejor si para ti y todavía más si contigo.

He intentado; he acertado y me he equivocado. Sobre todo, seguiré intentando.

He herido sin quererlo. Desde esta serena impresión de no haber actuado desde la traición, te pido las disculpas que sé, no exiges.

He mentido y he dicho cosas que no podrían ser más ciertas. Apuesto a un balance favorable.

He celebrado, incluso el dolor y el vacío. ¡Continúo brindando!

He sido mago; lo creo en verdad. Lo seré en la medida en que pueda contribuir a que hayan más.

He dicho y diré. Espero saber callarme.

He escrito para mirar otros ojos y me he mirado en ellos escribiendo. Allí quiero seguir mirándome.

No sé qué tengan que ver estas 20 íntimas proezas con lo caribe o no de mi alma (¡como si a ella le importara!). Pretendo ignorar que la tentativa es sólo subterfugio para que una vez más mires a través de mis ojos o, quizás también, para mirarte mirando mis ojos mirar.

A lo mejor te escribo –sí, a ti, tan sólo para ti y por ti– intentando la fragua de una inverosímil garantía que sirva para que en el instante de la última pregunta, La Muerte no pueda decir, ni de ti ni de mí, que no tuvimos nada que contar.

Como siempre…


Hugo Rafael

3 comentarios:

  1. Y gracias por hacerlo, de cualquier forma, con estilo o no, pensado o sentido me da igual... siempre me encanta.
    Un beso,
    Maya

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  2. Se contempla lo hermoso. Lo que escribes es sencillamente hermoso segun la distinción de hemosura que cada cultura tenga. Que importa si caribeña, europea, asiática o africana... La verdad que tu reflejas un mundo expandido y sin fronteras que le puede sonar a quien le suene de acuerdo a la historia desde donde te lee...
    Yo disfruto tus cuentos y siempre estoy curucuteando por este blog a ver donde me consigo yo en lo que escribes tu...
    ¡Gracias mil por compartir!
    MM

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  3. Hola Hugo, soy Álvaro de Quito-Ecuador. Me gusta lo que escribes porque es sincero. En Europa, en África o en América, nunca pierdas lo verdaderamente tuyo, TU AUTENTICIDAD.. Un abrazo, amigo y maestro...

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