martes, 11 de marzo de 2008

ESQUIZO / EL NEGADOR

No, criatura. ¡No!

¿Y por qué no voy a poder decir que no, pues?

No, me niego. Rotundamente. Ene o, no. Jamás voy a aceptar una cosa como esa. Never. No voy a negarme nunca a decir que no.

Y me llamarán Esquizo, el Negador, pero ni un paso atrás. Nada de eso. No señor. ¿Es que entonces no tengo derecho a decir que no? Eso no, criatura, y que no se hable más del asunto. Que no me vengan a mí con que no se puede, porque no hay nada peor en el mundo que no poder utilizar un no.

Un no, no es cualquier palabrita. Representa y resume nada menos que el pensamiento de los que alguna vez hemos sostenido que no se puede andar por la vida sin decir que no.

Así que basta ya de gente que no sabe administrar un no. No las soporto. Y no es por nada, pero una vecinita mía no supo decir que no a tiempo y por ahí anda con dos morochitos a cuestas. ¿No te digo yo?.

Un no apropiado es garantía de que las cosas no se pierdan, criatura. No tiene nada de malo decir que no, cuando es no lo que queremos expresar. Y no es que no podamos decir más nada, pero no negarse es a veces también la negación de la propia dignidad. Y yo, a la auto-negación, digo: ¡NO!

Una palabra tan aparentemente pequeña, pero tan grande en significado, no puede ser malamente utilizada. No, mi amor. Por eso rechazo, me opongo, me resisto, me enfrento y me niego a los no pusilánimes, blanditos, medio chimbos. Ningún ningún a partir de ahora a los “no” delicados. ¡No a los no que no parecen no!

Pues no hay vocablo alguno más importante que un no. Y no me cuesta nada demostrártelo. Porque un no, no es algo monótono. Nos acompaña por doquier:

Está en una nota musical, en lo luminoso, en lo normal,
en nuestras manos, en los buenos ciudadanos, en lo lejano y lo cercano,
en un norte, en la nobleza, en lo divino, en lo profano y en lo humano,
en el estreno sereno de un relleno,
en un mezquino torbellino marino y su vertiginoso remolino,
en un grano, en el ser venezolano, sea andino, marabino, capitalino o del llano,
en el sino, en el destino, en una noche de vino,
en el digno reino masculino y femenino,
en términos penosos, en honores notariales,
en lo eterno, en lo interno, en lo externo y sempiterno
en lo fino y en lo plano, en lo sano y lo lozano,
en la noticia y la economía, en la nostalgia y la novelería,
en tecnologías y nombramientos y en los terrenos del conocimiento,
en el entorno inocente, en un femeno arcano,
en tenores y sopranos, sus trinos a tono con un piano,
en un seno, en un horno, en un trono y un hermano,
y hasta en un animo mono que no perdo a un banano.

Un no, no puede ser sino notable, novedoso, magno, venenoso, prístino y cristalino. Menos mal que un no somos nosotros mismos; por eso es que uno no puede, en ningún camino, menospreciar a un genuino no.

Y no cederé, criatura, hasta que se le otorgue un noble y notorio premio bel al mejor no del año (con ñ, por si acaso).

Esquizo

1 comentario:

  1. ZORAYA DICE:
    FELICITACIONES NUEVAMENTE AL SR. HUGO MARICHALES POR TAN INTERESANTE ARGUMENTO.
    SI ES LA PURITITA VERDAD EL "NO", ES UNA PALABRA IMPORTANTÍSIMA, TANTO ASÍ QUE DE ALLÍ DEPENDE EL FUTURO DE MUCHA GENTE IMPORTANTÍSIMA COMO NOSOTROS POR EJEMPLO, OYE ESQUIZO, TU SÍ QUE SABES. TU SEGUIDORA NUMBER ONE.

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