sábado, 16 de febrero de 2008

CUALQUIER OTRA COSA / UN SECUESTRO MÁS


A mi tío secuestrado y a sus hijos.

Tienes 5 ahijados de quienes estás más o menos pendiente; a todos les guardas especial cariño y hablas de ellos con frecuencia. De tu padrino no hablas tanto. Es también tu tío, hermano de tu padre; hace 10, tal vez 15 años que no lo has visto y no porque no le quieras, sino porque la vida es la vida y el camino que escogiste en ella te lleva por lados distintos. En algún momento pasaste cerca de donde estaba y pudiste ir a saludarlo, pero una cuestión alterna apremiaba y te dijiste: “en otra ocasión será”. Has conversado con él por teléfono, eso sí, y la pequeña charla te recuerda un cariño también especial.

Entonces una tarde te llama tu padre y te dice más o menos esto: “A tu tío lo secuestraron hace ya 9 días y aún no sabemos nada de él…”

Así, de repente, ese asunto tan sombrío y tan entelequia a la vez, del que oyes y que crees que le sucede sólo a “otros”, se te convierte en una cosa tristemente sólida y certísima, un risco árido que te socava entre pecho y espalda y que se te engancha intruso en medio de la voz.

“…los que se lo llevaron aún no han llamado…” y mientras la temperatura de tu sangre se desploma, comienzan a brotar cosas que dormían en la cesta de tu memoria: el hijo mayor de tu tío, tu primo y pana insuperable de primeras correrías; la casa, la de las fiestas de la familia paterna, esa en donde jugaste hasta el hartazgo, donde varias veces llegó el año nuevo, donde te rompiste la barbilla, donde un pantalón se te rasgó enganchándose en un clavo; el tío poniéndoles a escoger, a ti y a tu primo, si los llevaba al autocine o al parque de diversiones; la hija, la prima bautizada el mismo día que tú y tu hermano (los tres salen en la foto de la tarjeta de invitación); la risa genuina del tío en una casa de playa y su manera de decirte “viejito”, que otro de sus hijos imita a la perfección; el tío bajando una escalera y luciendo una chaqueta espectacular…

…lo agarraron llegando a su casa, lo estaban esperando”. Y conoces ahora lo que no puedes conocer de ninguna otra forma: esa atroz manera de estar incompleto en familia; esa que ya no es más “de otros” porque ahora tú también la cargas. Y que en grotesca paradoja se hace más pesada mientras más la llevan, porque estás conciente de que éste es “un secuestro más” y que nuevos “otros” tampoco habrán de escapar del fardo. Y no terminas de tragar que a tu tío lo lleven ahora por lados de un camino que no escogió él, sino que se lo impusieron a punta de arma. Y vuelves a pensar en tu esposa y en tus ahijados y en tus primos y en tus tías y en tu padre y en tu madre y en los hijos que aún no tienes, y después e ineludiblemente, en tus amigos y en las familias de los “otros”. Y entonces te da una rabia planetaria mirar que tu tierra, Venezuela, con tanta posibilidad, esté tan maltratada. Sentir que a tu país también lo tienen secuestrado.

Hugo R. Marichales V.

1 comentario:

  1. Tan crudo, tan rudo, tan cierto.... es increible como puedes pasar de ser un simple espectador a quizas ser un extra en la pelicula de terror o quizas por que no ser uno de los protagonistas principales... Que Dios escuecha nuestras oraciones y traiga con bien a tu tío.

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