jueves, 14 de febrero de 2008

ESQUIZO / EL CURSI


Mi nunca menos y siempre más amada criatura, ya no aguanto. Por eso hoy, 14 de Febrero, día de San Valentín glorioso, mi corazón lloroso, desangrado y penoso, escribe este texto en sollozo, herido de muerte por un fuego que despertó desde el etéreo instante en el cual del arco del siempre inquieto y tirano Cupido, niño malo, una flecha melosa y dorada con tu nombre grabada, atravesome el alma hasta entonces inmutable ante el amor.

Y dirás que soy Esquizo el Cursi, mas no me importa, corazón de tortolita, porque he de hablarte de mi amor, aunque en tal osadía sea cual mancebo que en sus manos lleva una deshojada y marchita margarita y que sabe que peca por haberse fijado en algo inalcanzable, pero aún sabiéndolo prefiere pecar antes de morir ahogado y mudo en el río de suspiros que por dentro le nace.

Quisiera ser un mosquito para entrar en tu mosquitero y decirte al oído lo mucho que te quiero, criatura. Arrancarme esta agonía y a tus pies rendirla y ofrecértela, sabiendo que mi esperanza es como la del humilde niño, hambriento y pobre que enjuaga sus ojitos pardos, porque estos ven lejano, lejanísimo, a causa de un precio inconmensurable, el juguete colorido en la vitrina de una inconmovible tienda, y con sus manitas sucias cuenta tres o cuatro monedas que de nuevo guarda en un bolsillo de su pantalón raído por el cual se asoman unas piernitas flacas y alpargatadas.

La más dulces poesías surgen de tan sólo pensarte y en cualquier idioma mi sentimientos se mantienen; por tanto puedo expresarte inspirado que:

“I' love you en inglés,
ti amo en italiano,
pero lo mucho que te quiero,
te lo digo en castellano”

Ah, criatura, mitad de mi vida, peluche con encajes, no puedo esconder más esta adoración tan grande como el azul y verde del mar que cubre el planeta, con algas, pececitos y estrellas de mar adentro y todo.

Dulce flor que adornas el jardín cuya entrada me ha sido vedada, apiádate de mi espíritu, que pálido, enfermo y tontamente enamorado, yace agonizante en el lecho de espinas de saber que no correspondes a mi amor en desesperanza.

¿Qué he de hacer entonces, agüita de la madrugada, razón de mis días, mi canchunchú florido, terroncito de azúcar, triple cuchicuchi, panal de miel, mi crucifixión, rayo angelical de luna llena, querubín inefable; para que esta mi alma afligida deje de repetir tu bello nombre cada segundo? Dime la fórmula, al menos el secreto para no temblar ante tanta belleza, para no arrastrarme y suplicarte, para borrar esta pena que me vacía y me llena, que me atrapa y me condena, que se ha vuelto una cadena y que también me envenena.

Porque me tienes loco, criatura (por si no te has dado cuenta). Por ti he ingresado en el miserable mundo de la sinrazón y el desvarío, mas esclavo de esta demencia que anhela el paraíso de tu cuerpo, me sé condenado a deambular sórdidamente en la cárcel sin retorno que es el limbo de los que aman sin ser correspondidos.

Concluye así mi existencia, pues mi sentencia es la muerte. Dime entonces, criatura, cómo he de morir, ya que si estar sin ti es mi destino cruel, lo rechazo de antemano. Pereceré sin remedio, ya que no soy capaz siquiera de parpadear pues me quita tiempo de deleitarme en tu hermosura. Sólo espero a que tú pronuncies el dictamen fatal e inexorable.

Y al exhalar mi último aliento, mi pensamiento final será para ti; entonces la fosa fría y siniestra que reciba mis despojos será muda testigo de la infinita expresión de tristeza de mi cadáver, y en mis labios fallecidos tu nombre quedará inscrito eternamente.

Esquizo

1 comentario:

  1. Muy muy cursi, pero lo mejor fue lo del mosquito, una vez mas la sacaste del estadio.

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