lunes, 11 de febrero de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / CARNAVAL EN PARÍS


Río de Janeiro, por supuesto, pero además Venecia, Tenerife, Nueva Orleáns, Oruro, San Francisco y Barranquilla, son algunas de las ciudades cuyos carnavales gozan de fama extendida. La capital de Francia no se incluye en ese grupo, mas está haciendo un esfuerzo sostenido por retomar sus carnavales, que en una época llegaron a conocerse como “La Fiesta de París” y que tiene entre sus antepasados a la “Fiesta de los Locos” (que aparece en la famosa novela “Notre-Dame de Paris” de Víctor Hugo), celebrada desde al menos el siglo XI hasta mediados del siglo XV.

Pues bien, el pasado domingo 3 de Febrero fui al desfile de carnaval de París, que vuelve a realizarse desde 1998 y que hace un recorrido de aproximadamente 4 horas por las calles de la ciudad, hasta llegar a la Alcaldía. Tal vez la celebración no tenga aún dimensiones similares a las de los lugares arriba nombrados, pero encontré todos los ingredientes aprendidos en mi venezolana infancia, que debe tener cualquier desfile de carnaval que se precie: disfraces, máscaras, papelillos, bandas musicales, carrozas, gente divirtiéndose y especialmente niños disfrutando, bien sea disfrazados, bien sea boquiabiertos por los vistosos y estrafalarios atuendos que algunos adultos se atreven a llevar ese día.

Entre las cosas más interesantes está que el cortejo lo encabeza una vaca –tradición que remonta por lo menos al siglo XVI– y es que el desfile también se conoce como “La promenade du bœuf gras”, que significa: “paseo (o desfile) del buey gordo”. La costumbre tiene aparentemente antecedentes en los antiguos cultos agrarios que celebraban la llegada de la primavera y que veneraban bueyes por razones diversas, como la adoración al dios Apis en Egipto. La actual y muy simpática mascota del desfile de carnaval de París tiene un nombre un poco más elaborado: se llama “Pimprenelle Saint Fargeau II”, es de raza “limousine”, nació en junio de 1999 y pesa ya más de 700 kilos.

Me regocijé mucho observando a una señora disfrazada de no sé qué –medio saltimbanqui ella–, que pintaba gratuitamente a cuanto niño así lo deseara, al igual que con inmensas marionetas, bailarines, grupos cayéndole a golpes a unos tambores intentando batucadas y ritmos brasileños –algunos con muy buen resultado, diré–, zanqueros, comparsas… en fin, toda una parranda de carnaval. Disfruten las fotos.










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