martes, 29 de enero de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / TRIBUS Y CLANES


Soy mestizo, una mezcla de colores
Oh, mestizo, provengo de aquí y de más allá.
Traducción mía de una estrofa de la canción “Metisse”, de Yannick Noah

A veces en el metro de París tengo la impresión de andar entre diferentes clanes y tribus: de repente en un vagón, a mis espaldas, una lengua “me suena” a croata, polaco o algo parecido; volteo y veo a unos hombres grandes, treintones, en bluejeanes y con manos y rostros de albañiles, que parecen bromear entre ellos. Más allá, unas esbeltas jóvenes de ojos alargados y cabellera negra, maquillaje, atuendos y carteras a la moda, conversan vivamente, supongo que en mandarín, mientras que dos hermosas matronas que lucen espectaculares vestidos innegablemente africanos, sentadas una al lado de la otra se ríen en uolof o tal vez suahili.

Una pareja, hombre y mujer de rasgos de Taj Mahal y piel entre canela y torta de chocolate, contempla en silencio el pasar de las profundidades del metro por la ventana. ¿Cuál será el color de sus pensamientos? En la siguiente estación entran tres hombres de bigote, uno de ellos lleva el gorro tradicional islámico y me saluda con un “Salam alec oum” que aún no sé responder, por más que tome como un honor que de vez en cuando aquí, la gente del medio oriente me confunda con uno de los suyos. El tumulto que se traslada a esa hora los coloca al lado de un señor mayor que lleva en su cabeza la “kippá” judía; los tres musulmanes quedan a un costado del hebreo, todos en paz, cada quien tranquilo en su lugar.

También entró en el vagón un grupo de adolescentes, irreverentes, escandalosos, apasionados y felices –valgan las redundancias–, y por momentos me parece que no he aprendido nada del hablar de la tierra que me acoge, escuchando a los muchachos comunicarse en lo que sé que es francés, pero que preñado de jerga, metáforas y “verlang” (una forma de hablar invirtiendo el sonido de las palabras) me resulta casi incomprensible. Cervantes y su combo me rescatan cuando reconozco en la siguiente estación mi lengua materna, aunque con el acento que de algún lugar de España traen unos turistas. Nuevos clanes van y vienen y por ello, aunque deba bajarme, me tienta la idea de seguir en el metro, de seguir contemplándolos, oyéndolos, admirándome.

En esta dulce forma de ser extranjero entre mis iguales (?), me pregunto qué pensaran los de la tribu mayor, franceses de las más misceláneas estirpes, ante la inmensa representatividad del mundo que cohabita en esta ciudad luz, ciudad crisol. Extranjero es aquel ante quien crees estar en tu hogar, creo haber leído alguna vez. Pienso entonces que el lugar en el que resido hoy es una muy variopinta casa, en el mejor de los sentidos.

Quizás mi pregunta predilecta andando en París es la que me surge sobre el rostro de los que no he de ver, el de los parisinos de generaciones futuras, los que nazcan cuando los hijos e hijas de estos clanes se hayan encontrado con los de otros y procreen entre ellos nuevos hijos e hijas, soberbia mezcla de matices por venir.

¿Cuál será el color de sus pensamientos? No lo sabré, pero estoy seguro de que tendrá un lindo tono mestizo.

3 comentarios:

  1. Amigo,que sana envidia, como quisiera poder estar en esa encrucijada cultural, disfrútalo

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  2. Tu hogar está donde está tu corazón, dicen por ahí. Entonces, más que habitar un país, habemos varios habitando otros corazones. Bienvenido a casa, Marichales.

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  3. jejejeje me gusto mucho la parte donde declaras que te saludan con un “Salam alec oum” y que la gente del medio oriente te confunda con uno de los suyos, de verdad que echo el guajiro tienes cara de arabe hermano, por si las cosas diles "La tuya por si acaso.." jejeje me gusta la sección Un Liqui Liqui en la Galia es una sección entretenida.

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