martes, 15 de enero de 2008

SILMARIL / EL NUEVO CAPITÁN DE LA GUARDIA DEL SULTÁN


Ha llegado a mis oídos que en tiempo antiguos y pasados siglos, hubo un Sultán muy poderoso y afortunado, señor de muchas tropas y con gran número de siervos y criados, amado por los suyos y por su pueblo venerado.

Pero un mal día, que así lo quiso el sino, el Capitán de su guardia personal enfermó repentinamente y pocos días luego falleció inesperadamente. Debió entonces el Sultán avocarse a reemplazarlo, a pesar de su pesar, porque el Capitán había sido su amigo y mucho le apenaba su deceso. A tal fin, hizo llamar entonces al mejor representante de cada uno de sus cuatro ejércitos, para escoger entre ellos al que sustituiría en adelante al Capitán fallecido.

Y el día convenido, los cuatro candidatos llegaron ante el palacio del Sultán y se anunciaron. Entonces el chambelán los hizo pasar a la sala de audiencias, en donde se encontraba el Sultán en su trono, custodiado a su izquierda por un inmenso esclavo nubio que empuñaba una espada desenvainada, y a su derecha por un guerrero beduino armado de lanza con punta en acero coronada.

Después de los saludos de rigor, el Sultán les dio permiso para aproximarse y así habló a su corte:

-Uno de estos hombres será escogido como nuevo Capitán de mi guardia personal. Todos ellos forman parte de los ejércitos del reino; veremos entonces cuál ha sido ahí su aprendizaje y así juzgar quién tiene las mejores condiciones para el puesto.

Y dirigiéndose a los cuatro hombres, les preguntó:

-¿Cómo cree cada uno de ustedes que podrá servir a su Sultán? ¿Qué es lo que han aprendido? Y sean breves; no dispongo de mucho tiempo.

Entonces se adelantó el primero y luego de una reverencia, esto contestó:

-Oh Monarca poderoso, sepan tus oídos que he viajado hasta lejanos confines y en esos lugares extraños he sido entrenado en los más poderosos secretos de la lucha, de suerte que no hay nadie que en el combate pueda vencerme. Dispuesto estoy a poner ese mi saber a tu disposición y antojo.

Se adelantó de seguida el segundo y después de inclinarse, así dijo:

-Mi Señor, contigo la gloria y la fortuna, ¿De qué pueden valer uno o dos trucos de combate ante la afilada hoja de la cimitarra? Has de saber que éste, quien te habla y tu leal servidor, conoce mejor que nadie el arte del acero, de la forja y de la fabricación de armas, que son sin que alguien se atreva a discutirlo, garantía de que mi Sultán estará siempre a buen resguardo. Pongo ante ti ese conocimiento, Señor de discernimiento.

Cogió luego el tercero y después de una genuflexión, dio un paso al frente para decir lo siguiente:

-Sultán del siglo, el de magníficas ideas. ¿Puede acaso el conocimiento de uno servir de algo, si el éxito depende, no de ese uno sino de muchos? ¿Y no es verdad que son más de una centena los hombres que conforman tu guardia personal? Ha de capitanearla, quien pueda comandar esa fuerza y entrenarla y mejorarla. He aquí a quien habiendo dirigido y adiestrado a innumerables soldados, humildemente pone a tu servicio su experiencia.

Llegó así el turno del cuarto hombre.

Entonces éste, sin decir palabra, dio una voltereta agilísima quedando frente al esclavo nubio, al cual tumbó por los suelos y desarmó en un instante. Inmediatamente giró y con el dorso de la espada que le había quitado al nubio, golpeó al guerrero beduino en el vientre dejándolo sin aliento; luego, sin mediar segundo, dio otro salto y en el mismo aire sacó de su cinto una daga escondida, cuyo filo colocó al caer a un centímetro de distancia del cuello del Sultán.

Después dio un paso atrás, se puso de rodillas y con el rostro hacia el suelo, extendió con suavidad su brazo para ofrecer gentilmente y en silencio la daga al Sultán, que aún no salía de su asombro ante tal despliegue de rapidez.

Sólo entonces se levantaron el esclavo nubio y el guerrero beduino y estaban ya a punto de caer sobre él, cuando el Sultán gritó:

-¡Alto!

Luego, incorporándose de su trono y tomando la daga que le entregaba aquel hombre postrado ante sí, anunció:

-Este será el nuevo Capitán de mi guardia personal.

1 comentario:

  1. Hugo R. me encanta esta idea del Blog, està super refrescante, me ha relajado leer tus mini cuentos, me reì con las insòlitas investigaciones, y me encanta tu look sin bigotes.
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