martes, 15 de enero de 2008

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / PICNIC EN UN CEMENTERIO


París tiene de todo para ofrecer, incluso para quienes andamos con el bolsillo recortado. Estuve hace poco de paseo en el cementerio de Pere Lachaise, el cementerio intra-muros más grande de la ciudad. Extraño sitio para turistear, dirás, pero resulta que es muy visitado porque allí están las tumbas de varios personajes famosos. El lugar es en verdad muy interesante y aunque suene paradójico, hasta romántico, no tanto en la acepción amorosa del asunto, sino más bien como manifestación concreta de ese movimiento cultural y político que entre otras cosas privilegió el sentimiento frente a la razón. Las esculturas y monumentos son un verdadero espectáculo.

No permanecí mucho tiempo y el cementerio es inmenso, razón por la cual no pude visitar todas las tumbas que hubiese querido, pero como el lugar es abierto y gratuito, podré ir en cualquier otro momento. Por cierto, mirando en uno de los mapas de ubicación, que indican dónde están las tumbas de los famosos, escuché a alguien decir a su acompañante: “Bueno, ¿y a quién quieres ver?”, y yo pensé para mis adentros: “yo no quiero ver a nadie, yo lo que quiero observar son sus respectivas tumbas, pero nada más”.

Pude visitar entre otras las de Oscar Wilde, Chopin, el Monumento de los Muertos, Miguel Ángel Asturias, el Barón Haussman (personaje muy importante para el desarrollo armónico de París), La Fontaine, Moliere y Jim Morrinson, además de otras sepulturas espectaculares de gente menos conocida. La de Oscar Wilde tiene un montón de besos en pintura de labios y grafittis que algunos ociosos le dejan, y la de Chopin está repleta de flores; aparentemente él quiso que lo enterraran en París, pero pidió que su corazón fuese enterrado en su Varsovia natal y su hermana se encargó de que así fuera.

Me quedé con ganas de ver las tumbas de Abelardo y Eloísa, la de Balzac y la de Edith Piaf, pero estoy bastante seguro de que no se van a mover de allí, de manera que en otra oportunidad las conoceré. Tal vez mi mayor impresión fue ver banquitos en muchas partes, donde algunas personas se sentaban a hacer picnic. Claro, siendo un lugar tan grande (439.300 m2 de superficie) y con tanta afluencia turística, no es raro que la gente haga un alto en su paseo para sentarse y retomar fuerzas, pero confieso que la idea de llevarme un recipiente con ensalada y arroz, o un sándwich para comérmelo delante de un muerto, me resulta por lo menos nueva. A ver si en mi próxima visita me llevo una arepa de queso. Si quieres darte una vuelta por el más allá virtual y saludar a algunos fallecidos famosos, puedes visitar http://www.pere-lachaise.com/. Ji, ji, un cementerio para pasear, ¡quién diría!

1 comentario:

Pedro dijo...

Interesante visitar un lugar con tantas conexiones históricas, ah, y la próxima vez no temas comer sentado arriba de una tumba, total, ni Chopin ni Oscar Wilde se van a enterar.