miércoles 4 de noviembre de 2009

PARA CONTAR / MENUDO ENTUERTO

 
¿Y cómo iba a saber yo que había alguien más pequeño dentro del tipo al que le faltaba un ojo?


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jueves 29 de octubre de 2009

SILMARIL / LA ESPADA


-Si fuesen una espada ¿cómo pensarían? Si fuesen una espada ¿cómo sentirían? Si fuesen una espada ¿cómo se moverían?


Eran las palabras con las que el Maestro comenzaba todos los días el entrenamiento formal del manejo de la espada, en nuestra formación como samuráis. Practicábamos los movimientos y los ejercicios y cada uno progresaba, pero no lográbamos comprender aquellas palabras y nos angustiábamos y nos preocupábamos, hasta que resolvimos preguntarle directamente.
 

-La integración armónica de las respuestas a esas tres preguntas establece la diferencia entre la vida y la muerte de un espadachín –dijo el maestro–. Ellas son camino para llegar a ser uno con la espada.
 

-Pero somos nosotros los que le damos vida a la espada. ¿Cómo llegar a ser uno con algo que no es uno?
 

-En la lucha la espada no es nada sin nosotros, ¿pero no es también al contrario? Aprender el arte de la espada es entenderla, es sentirla y es actuarla.
 

-¿Entonces son tres caminos separados los que planteas para aprender ese arte?
 

-Parecen separados, pero tal separación es ilusoria. Cuando el espadachín actúa, no actúa sin sentir, no siente sin pensar, no piensa sin actuar. Su experiencia es una sola.
 

-¿Pero cómo entender a la espada, Maestro?
 

-¿Puede acaso un espadachín ser tal sin calcular, sin estimar, sin predecir, sin reflexionar, sin resolver, sin decidir? ¿Puede acudir a la lucha y vencer sin imaginar, sin crear, sin asociar, sin combinar, sin intuir? Pensar como la espada es pensar todo esto; y sin embargo, si sólo pensaran como espada, no serían ella y morirían en la batalla.
 

-¿Cómo sentir a la espada, Maestro?
 

-¿Puede acaso un espadachín ser tal sin haber sentido las distintas emociones de la lucha? Pues no negarán su entusiasmo al empuñar la espada, el placer que les produce, la curiosidad y la intriga por conocer sus secretos. El temor y la duda, el respeto o el desprecio, la arrogancia o la insensatez pueden determinar el resultado de la lucha. Noten la vergüenza del derrotado, su frustración, arrepentimiento o deseo de venganza; observen la alegría, el orgullo y hasta la vanidad del vencedor. Sentir la espada es sentir todo esto; y sin embargo, si sólo sintieran como espada, no serían como ella y morirían en la batalla.
 

-¿Y actuar como la espada, Maestro?
 

-¿Puede acaso un espadachín ser tal sin acción? Actuar como la espada es ser la hoja, el filo, el brillo, el giro y el estilo. Ser la rapidez, la precisión, la vigilia y la postura. El sabor de la sangre, el calor del choque de dos filos, la energía y fuerza puestas allí, el sudor y los latidos que acompañan cada movimiento, la respiración y sus ritmos, y hasta el reposo cuando la espada regresa a la funda. Actuar como la espada es hacer todo esto; y sin embargo, si sólo actuaran como espada no serían como ella y morirían en la batalla.
 

-¿Cómo podemos seguir tus enseñanzas y todo lo que has dicho, si tú mismo dices que así moriremos?
 

-Vivir cada modalidad por separado es inútil. Lo que he dicho explica la lucha pero no es la lucha. El espadachín no será uno con la espada si permite que eso que piensa, que eso que siente o su forma de actuar nuble su estado y perturbe su atención.
 

En ese momento pasó una mosca volando y de repente, como un relámpago, el maestro desenvainó su espada, cortó a la mosca en el aire y luego volvió a guardar el arma. Puedo contarlo así, pero fue un solo y único movimiento que transcurrió en menos de un segundo, fluido, completo, imposible de fraccionar. Como si nada hubiera ocurrido, la expresión inmutable, el maestro continuó hablándole a nuestra sorpresa:
 

-Aprender la espada es aprender que pensamiento, emoción y acción existen. El espadachín comprende que no escapará de ellas, pero ser uno con la espada implica que ellas tampoco escapen del espadachín y puedan traicionarle. Es, como dije antes, la diferencia entre estar vivo o estar muerto.
 

-Pero la espada no está viva, Maestro –dijimos, sin poder alejar de nuestra mente los dos fragmentos de insecto en el piso.
 

-Si no piensan la espada, si no sienten la espada, si no actúan la espada; ¿acaso no considerará ella lo mismo sobre ustedes?


 

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lunes 26 de octubre de 2009

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / LA SIMÓN BOLÍVAR Y DUDAMEL EN PARÍS


La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y su director Gustavo Dudamel estuvieron en París para presentar dos conciertos los días 23 y 24 de Octubre, en la prestigiosísima Sala Pleyel. Creo que en Junio inició la venta de entradas y como para esos días planificaba yo un viaje a Colombia y Venezuela, me dije que a mi retorno las compraría. El 1° de Agosto regresé y de las primeras cosas que hice al llegar fue llamar a la sala; ¡horror!, hacía raaaAAAaaato que estaban agotadas. ¡No me vuelve a pasar!

Pero la vida es la vida y aunque no asistí a los conciertos, sí tuve el privilegio de escuchar la orquesta y en primera fila. ¿Cómo? Desde el 2001 hasta principios del 2004 integré la cuerda de tenores del Orfeón Universitario de Carabobo y a través de las amistades que consolidé en aquella aventura, he seguido conectado con el vibrante mundo musical sinfónico de Venezuela. Bien, uno de mis antiguos compañeros orfeonistas, Rodolfo Sarabia, ahora arpista de la Orquesta Simón Bolívar, me informó que los ensayos estarían abiertos al público. Pude acudir a tres de ellos y los días jueves 22, viernes 23 y sábado 24, de 10:00 a.m. a 1:00 p.m. me maravillé con la orquesta “en manga corta” (bueno, el ensayo del 23 fue filmado, de manera que ese día los músicos vinieron en traje).

La primera sorpresa la tuve el día 22 al encontrarme, no con la Orquesta Simón Bolívar sobre el escenario, sino con una orquesta mixta; una parte de músicos venezolanos y otra de músicos franceses, provenientes estos de la Filarmónica de Radio Francia. Me gustó que integrantes de dos orquestas, dos disciplinas y temperamentos, dos historias y tradiciones, en fin, de dos mundos musicales distintos, fructifiquen el encuentro para hacer cosas juntos aprovechando el camino común de la música; es un evento que me parece feliz. Esta orquesta “combo”, por así decirlo, ejecutó dos piezas durante el concierto del 23. Conocida es la edad promedio de nuestra orquesta, por lo que fue simpático ver a un músico canoso, más bien rosado, circunspecto y a todas luces europeo, tocando codo a codo con otro músico veinteañero, color café con leche, todo “zumbao” y tropical, con una gorra de béisbol en la cabeza y un zarcillo en una oreja.

El director Gustavo Dudamel es en mi opinión, la primera estrella musical venezolana con arraigo popular que surge del mundo clásico. Recuerdo un concierto que dirigió en nuestro país hace por lo menos tres años, a sala llena; cuando el joven salió a escena, un grupo de chicas gritaron y corrieron hacia el escenario para verlo de cerca, como si fuera uno de esos ídolos del pop o del cine. Algunos dirán que Alfredo Sadel en su tiempo también lo fue y es cierto que el extraordinario tenor desarrolló canto lírico en prestigiosas salas del mundo, pero su raíz, su primer contacto con el público, fue a través de la música popular. Dudamel, por el contrario, ha hecho siempre música clásica, coto tradicionalmente reservado en Venezuela a una audiencia cultivada, pero que recibe ahora mucho más respaldo de la gente común. Después de cada presentación, Dudamel dedica una parte de su tiempo a firmar autógrafos y a fotografiarse con sus “fans”. ¡Qué interesante resultado éste que más de 30 años de trabajo sostenido del ya famoso Sistema de Orquestas venezolano ha generado!

El jueves 22 asistió al ensayo un grupo de niños de una escuela francesa de música; Dudamel se reunió y conversó con ellos un rato y los chiquillos pudieron plantearle directamente diferentes preguntas. Del ensayo del día viernes 23 deseo destacar dos detalles: primero, una carta que los niños que vinieron el día anterior le escribieron a Dudamel y que por cosas del destino fui el encargado de entregar. Segundo, que en sala habían por lo menos 1.000 muchachitos de diferentes escuelas y cuando finalizó el ensayo de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, algunos comenzaron a corear: “¡Mambo!, ¡Mambo!”; solicitaban una de las piezas emblemáticas de la Orquesta Simón Bolívar, el Mambo de la obra musical West Side Story de Leonard Bernstein. Vale decir que los pilluelos fueron complacidos. Agrego que la Sinfonía Fantástica y el Mambo fueron las obras interpretadas en el concierto del 23 por la orquesta binacional que ya mencioné.

Como la vida sigue siendo la vida, en el primer ensayo tuve un feliz reencuentro con José Alegría, compañero de épocas publicitarias y quien resultó ser el jefe de prensa de la orquesta. Por su gentileza tuve la especial prerrogativa de asistir a un encuentro de Gustavo Dudamel con la prensa venezolana que cubre la gira y hablar directamente con el joven y brillante director. Una de las preguntas estuvo relacionada con su nuevo cargo como Director de la Filarmónica de Los Ángeles; en su respuesta Dudamel aprovechó para enfatizar que a pesar de esta nueva responsabilidad, no había abandonado Venezuela, donde aún desarrolla y seguirá desarrollando buena parte de su labor.

Cada concierto en París tuvo un programa diferente; asistir a los ensayos me permitió apreciar todas las piezas. Siempre bajo la batuta de Dudamel –además de las que ya nombré– escuché “Dafne y Chloe”, de Maurice Ravel, interpretada por la Filarmónica de Radiofrancia; por la Orquesta Simón Bolívar: el “Concierto para Violín” de Tchaikovski –con el violinista francés Renaud Capuçon como solista–, la impactante “Sinfonía Alpina” de Richard Strauss y una hermosa pieza venezolana, “Santa Cruz de Pacairigua”, llena de reminiscencias musicales del estado Miranda, por la cual su compositor, Evencio Castellanos, recibió el premio nacional de música en 1954.

¿Quisiera ver el concierto del 23 de Octubre? Le tengo una buena noticia: fue filmado y en este enlace de Radio France está disponible, aunque por pocos días, así que mejor apúrese. Un momento muy especial ocurre en la parte final del concierto, antes de interpretar el Mambo de Bernstein, cuando los músicos venezolanos le obsequian y colocan en el cuello a sus pares franceses, una medalla en forma de violín y con cinta del tricolor patrio. No se lo pierda.

También vino con la orquesta el joven y extraordinario director de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Carabobo, Joshua Dos Santos, a quien conocí en mi adoptiva Valencia por la relación que el Orfeón tiene con otras instituciones musicales. Joshua tuvo a bien aceptar una invitación a almorzar y con él conversé un rato sobre algunos de los planes musicales que actualmente se llevan a cabo por allá.

Tanto se ha escrito sobre el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles venezolano, que nada podría agregar yo, pero con gusto mencionaré al Maestro José Antonio Abreu, cerebro detrás de la que yo considero la iniciativa más importante de aprendizaje organizacional desarrollada en la Venezuela contemporánea. El Maestro asistió al ensayo del jueves 22 y fue un placer observar que más personas estaban deseosas de saludarlo, fotografiarse y conversar con él, que con el mismo Dudamel. Sin conocer sus detalles, estoy convencido de que variantes del “Sistema” –precisamente porque es tal– podrían aplicarse al aprendizaje de disciplinas como las matemáticas o el deporte, o incluso a asuntos más abstractos como la ciudadanía o el dominio de sí mismo.

Mi amor por la música se fraguó en mi primera infancia, en la colección absolutamente ecléctica de discos de mis padres y que entre otras cosas incluía piezas clásicas que van conmigo a todas partes, como la “6° Sinfonía” de Beethoven,  el “Bolero” de Ravel, el “Intermedio Sinfónico” de la Caballería Rusticana de Pietro Mascagni, “La Dolores” de Tomás Breton o “El Cascanueces” de Tchaikovski. Por ello, ver a un grupo de disciplinados, apasionados y entusiastas venezolanos dándole la vuelta al mundo montados en notas musicales y generando buenas noticias de nuestro país, me llena de sereno orgullo. A los Maestros Abreu, Dudamel y a los músicos venezolanos y franceses protagonistas de este paseo musical: ¡Bravo!; a Rodolfo, José y Joshua, muchas gracias por las concesiones y el cariño. ¡Que viva la música!


p.d.: Me decía en estos días mi amiga Alicia Montero, que entre las cosas que uno debía hacer en la vida está regalarse la oportunidad de ver en vivo a alguno de sus artistas preferidos. Jean Michel Jarre, genio de la música electrónica y uno de mis músicos predilectos desde los 70s, se presentará en París en marzo del 2010. ¡Ya compré las entradas!


Las fotografías que ilustran este artículo fueron tomadas por mí; en orden descendente, corresponden a:

   1. Con Gustavo Dudamel.
   2. Ensayo de la Orquesta “Mixta” Simón Bolívar y Filarmónica Radio France, 23 de Octubre.
   3. Ensayo de la Orquesta Simón Bolívar, 24 de Octubre.
   4. Ensayo de la Orquesta “Mixta” Simón Bolívar y Filarmónica Radio France, 22 de Octubre.
   5. Con Joshua Dos Santos.
   6. La Orquesta Simón Bolívar en el ensayo del 24 de Octubre, esperando la llegada de su director.


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jueves 22 de octubre de 2009

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / PROBLEMAS DE IDENTIDAD



“Yo soy quien soy,
Y no me parezco a nairen”
Extracto de la canción “Yo soy quien soy” interpretada por Pedro Infante. 

El asunto de la identidad es uno que creo que por más que estudie, no llegaré nunca a comprender del todo. Aparece por todos lados y por si fuera poco, con distintos vestidos; tenemos así la inefable “identidad nacional”, como también: “identidad sexual”, “identidad trigonométrica”, “identidad cultural”, por supuesto “crisis de identidad” y la todopoderosa “cédula de identidad”.
 

Detrás de la noción de identidad hay concepciones filosóficas que me han dado más de un dolor de cabeza universitario. Por ejemplo, existe un principio ontológico de identidad que plantea que “una cosa es lo que ella es”, y como suerte de espejo de este principio hay otro que es el de contradicción: “una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo”. A primera vista esto puede parece evidente, pero tiene implicaciones muy importantes en distintos campos, entre ellos el legal.

No he terminado aún de asimilar estas ideas cuando me entero de que aquí en Francia estos principios parecieran quebrarse por doquier y no debido a un ataque colectivo de esquizofrenia; es algo más espeluznante aún: la usurpación de identidad. En resumen, alguien se hace pasar por otra persona y comete en su nombre actos fraudulentos, pero es el usurpado quien corre con las consecuencias, por lo menos hasta que el asunto se aclare. ¿Se imagina? Por ejemplo, un día llega la policía a buscarle porque usted adquirió una serie de bienes suntuosos a crédito y ahora tiene que pagarlos, y resulta que nunca ha comprado nada por el estilo y que lo más lujoso que usted posee es un reloj que le dejó su abuela en herencia, que ni funciona.
 

Según un reciente estudio, cada año más de 210.000 personas en Francia son víctimas de usurpación de identidad (cifra más alta que la de afectados por robo al hogar o la de robo de automóviles), y la frecuencia del fenómeno se incrementa. Noten que dije “fenómeno” y no “delito”, porque el primer inconveniente legal en Francia al respecto es que la usurpación de identidad aún no es considerada como delito en sí; en consecuencia, en la mayoría de los casos es la víctima quien tiene que hacer todo el pesado trámite para demostrar que ella sí es ella, pero que no ha hecho lo que dicen que ha hecho. De ahí a que se le desarrolle algún síndrome de personalidad múltiple, no debe haber mucho trecho.
 

Uno de los casos más famosos es el de un hombre cuya identidad fue usurpada en el 2004 y todavía pena en un laberinto administrativo infernal, porque tiene prohibiciones bancarias y deudas contraídas hasta el 2014, ha perdido sus beneficios de seguridad social, ha sido eliminado de listas electorales y ha descubierto cuentas y obligaciones a su nombre, todo sin que él haya sido el responsable. A esto se le suma la pérdida de su empleo, una investigación por parte del fisco a causa de remuneraciones no declaradas (que él afirma no haber recibido nunca), prohibición de salida del país y conflictos permanentes para cualquier gestión que intente, porque mientras su problema no se resuelva, los expedientes en su contra siguen vigentes.
 

Otro caballero recibió una demanda de parte de una oficina pública para que devolviera dos pasaportes y dos documentos de identidad que él niega haber solicitado; dice que lo que más le aterra es saber que hay alguien por allí que se pasea con un documento de identidad que le corresponde. A una mujer le fue descontada durante varios meses la cifra de 323 euros mensuales de su cuenta bancaria en favor de una sociedad crediticia, por un asunto que le era totalmente desconocido. Otro hombre comenzó a recibir multas y a perder puntos en su licencia de conducir por unas infracciones que no había cometido; cuando fue a tratar de arreglar el entuerto, resulta que pesaba sobre él una averiguación más grave por la compra de un automóvil de un valor de 27000 euros que él jamás había visto. Como se aprecia, las consecuencias del asunto pueden ser serias.
 

Otro problema de identidad, aunque ya no de usurpación, le sucede actualmente a Tatiana de Rosnay, nacida en 1961 en Francia, hija de padre francés nacido en las Islas Mauricio y de madre inglesa que adquirió la nacionalidad francesa por el vínculo de matrimonio en 1959; el abuelo paterno de Tatiana es igualmente francés nacido en las Islas Mauricio y la abuela paterna, rusa nacionalizada francesa por haberse casado con un francés. Los abuelos maternos son ingleses. Agreguemos dos detalles: el padre de Tatiana es Joël de Rosnay, un científico de renombre mundial que ha recibido entre otras, la Legión de Honor, que es la más alta condecoración otorgada por la república francesa, y Tatiana es una novelista y periodista reconocida en el país, casada con un francés y con hijos y dos nietos nacidos también aquí.
 

Pues bien, hace poco Tatiana –cuya nacionalidad, al menos de acuerdo con el documento de identidad que siempre ha tenido, es francesa– acudió a la alcaldía de su residencia para renovar su pasaporte a fin de viajar a los Estados Unidos, en donde actualmente se produce una película basada en una de sus novelas. Pero resulta que a raíz de su requerimiento se le informó que debía solicitar primero un “certificado de nacionalidad”; según alguna nueva legislación, toda persona nacida en Francia, de padres franceses nacidos en el extranjero, debe probar su nacionalidad.
 

A partir de mediados de este año existe una nueva institución encargada de centralizar todos los asuntos relacionados con la nacionalidad francesa, ante la cual Tatiana debe presentarse con una lista insólita y “no limitativa” de documentos a presentar, que remonta a dos generaciones, ya que su nacionalidad, a los ojos de esta institución, es dudosa. Es probable que el asunto de Tatiana se resuelva favorablemente, pero el trámite le llevará por lo menos dos meses, con la consecuencia de que no podrá asistir a la filmación de su novela. Si esto le pasa a alguien con semejantes calificaciones ¿qué quedará para los pobres mortales?
 

Al final de la película “El Protegido” (Unbreakable) se descubre que el personaje Elijah Price ha cometido toda una serie de hechos atroces con el objetivo de saber quién es él, de conocer su identidad auténtica, lo cual sólo alcanza cuando encuentra a su opuesto perfecto, el personaje David Dunn, de quien Elijah es némesis. En un texto memorable (la traducción es mía), Elijah le dice a Dunn: “¿Sabes cuál es la cosa más espantosa? No saber cuál es tu lugar en el mundo. No saber por qué estás aquí.” y más adelante agrega: “Ahora que tú sabes quién eres, yo sé quién soy”.
 

En este caso, la identidad surge por contraposición; una vez que está claro quién es el otro y que puedo establecer que su identidad es diferente de la mía, es que puedo saber quién soy. Para decirlo de otro modo: sé quién soy cuando sé quién no soy, o si se me permite una ligera variante, sé quién soy porque puedo distinguir que hago esto y no lo otro (estoy consciente de que la vaina es medio complicada, ya se los había advertido). El rollo para algunas desafortunadas personas aquí en Francia, es que sabiendo quiénes son, hay quienes lo ponen en tela de juicio, o peor aún, hay otros desgraciados que están haciendo en nombre de esas personas, lo que ellas mismas no habrían hecho nunca.
 


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domingo 18 de octubre de 2009

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / EL ALIMENTO DE LOS DIOSES


“Feliz chocolate, que después de haber recorrido el mundo a través de la sonrisa
de las mujeres, encuentra la muerte en un beso delicioso
y que se derrite en su boca”.
Anthelme Brillat Savarin

Cuentan de un lugar que dependiendo de la tradición, se conoce como Cielo, Jardín Florido, Aaru, Campos Elíseos, Nirvana, Praderas de las Cacerías Felices, Tír na nÓg, Valhala o Isla de los Bienaventurados, entre otros nombres y al cual irían después de morir, quienes se portan bien. Juego a la idea de que el lugar está hecho a la medida de nuestros gustos terrenales; es decir, que el Paraíso de cada uno de nosotros contendría aquellos elementos que nos hicieron más felices en la Tierra. De ser así, entre lo que yo encontraré allá –si me toca ir– estará el chocolate, cuyo sortilegio sobre mí se fraguó entre las galletas Susy y los chocolates Savoy de mi infancia, las tortas y pudines que la mano de mi madre aún puede crear y el vaso de Toddy o la taza de chocolate caliente de mis desayunos o meriendas.

Este viernes pasado tuve una experiencia plena de teobromina: estuve en el 15° Salón del Chocolate en París, una exposición inmensa dedicada a ese maravilloso elemento infaltable en mi (cruzo los dedos) posible Más Allá. Estupendos 14.000 metros cuadrados de exhibición, cerca de 400 participantes de diversos países y unos 150.000 visitantes girando en torno a toda clase de asuntos relacionados con el chocolate: insólitos y refinadísimos bombones, reconocidos chef mostrando en vivo sus secretos de cocina con chocolate, exposiciones y conferencias sobre la cosecha y la historia del cacao, arreglos florales con imitaciones de flores y plantas hechas en chocolate, crema de cacao para el cuerpo, depilaciones a base de chocolate y hasta un desfile de moda con vestidos que además de tela, incluían chocolate en su confección.

La edición 2009 del Salón del Chocolate tuvo como tema central la ópera (el género musical, no la torta de chocolate, aunque esta también estuvo presente). Así, el desfile de modas mencionado se inspiró en el vestuario de diferentes óperas y vi una exposición de obras de arte con temas asociados, con sorprendentes esculturas y hasta un cuadro de chocolate sobre la primera escena de baile de La Traviata. Una de las atracciones principales del salón fue una réplica de aproximadamente dos metros de largo por un metro de alto y medio metro de profundidad, del famoso Teatro de la Ópera Garnier de París, hecha en chocolate con incrustaciones de cristal que tomó catorce días para ser realizada. Qué bueno que el complejo de exposiciones no tiene hormigueros cerca.

Hubo un especial homenaje al profesor Christian Cabrol, cirujano pionero del trasplante de corazón en Francia y Europa. El Dr. Cabrol ha sido conferencista en todas las ediciones del Salón y sostiene que comer chocolate, por supuesto sin excesos, es bueno para el corazón. El acto fue especial porque durante el reconocimiento se le obsequió un chocolate de más de dos kilos en forma de corazón, elaborado por un chef cuya abuela fue operada por el Dr. Cabrol hace ya muchos años y que hoy continúa viva gracias a la operación.

No sólo de chocolate vive la exposición; también había vainillas y confituras de Madagascar, panes dulces y mermeladas, moldes de repostería, especias, libros, malvaviscos y caramelos, galletas, licores y hasta un stand donde –haciendo un alto en la ingesta chocolatosa– probé un sorbo del recontrafamoso vino Tokay de Hungría, cuya presentación más económica –que por supuesto no adquirí– costaba la bicoca de 43 euros.

Mención aparte deben recibir varios artesanos y maestros chocolateros, tanto franceses como suizos, italianos, belgas y hasta… ¡japoneses!, con soberbias creaciones cada una mejor y más sublime que la otra, tanto en sabor como en apariencia. Tampoco escapa el salón a las tendencias ecológicas y de desarrollo sustentable, de manera que algunas marcas se proponen como modelos de comercio equitativo o aspiran a ser preferidas sobre otras con argumentos como que contribuyen a conservar los cultivos tradicionales, que el cacao que utilizan es orgánico o que su producción logra de alguna forma combatir el recalentamiento de la atmósfera. Chocolate responsable, pues.

En fin, una muy variopinta exhibición de tentador y pecaminoso chocolate donde aprendí cosas diversas e interesantes: por ejemplo, que muy pronto se inaugurará en París un museo dedicado exclusivamente al chocolate o que la palabra “cacao” proviene de la voz maya “cacahua” o “kaka’w” con la que los mayas designaban a la planta del cacao y que se relaciona con el vocablo “kakh” que significa fuego, por el fuego que la fruta guardaba en sus semillas. El origen de la palabra chocolate no es tan claro, porque varias expresiones en lenguas centroamericanas se le parecen, tales como: “chocol haa” o “chocou hoa” que en maya quiché significa: “agua caliente”; “chocola’j”, también del maya quiché, que quiere decir: “beber chocolate juntos”; “cacáhuatl” que en náhuatl equivale a “agua de cacao”; o “xocóatl”, también del náhuatl y que significa “agua amarga”.

Me enteré también de que aunque el cacao es americano –de acuerdo con estudios genéticos, probablemente originario de la Orinoquia, donde surgiría hace tal vez unos 4000 años–, sólo dos países de nuestro continente están entre los ocho principales productores de cacao del mundo; estos son en orden de importancia y de acuerdo con cifras del 2008: Costa de Marfil, Ghana, Indonesia, Nigeria, Brasil, Camerún, Ecuador y Malasia. El 90% del cacao consumido en el planeta viene de estos países, los cuatro primeros acumulan más del 75% de la producción global y el líder, Costa de Marfil, produce 41% del cacao del mundo.

Una pequeña desilusión fue no haber visto presencia oficial de Venezuela, a pesar de que en la lista de expositores estaba incluida nuestra embajada –que según el plano de la exposición tendría un stand que no existió– y de una presentación de bailes tradicionales venezolanos anunciada como parte del programa artístico, que no se realizó, al menos el día de mi visita; supongo que algún inconveniente de última hora debe haber ocurrido. A pesar de ello, fue muy agradable observar que la calidad del cacao venezolano es cada vez más reconocida y que más de un artesano informaba expresamente que sus chocolates eran elaborados con cacao proveniente de mi tierra natal. Mencionaré de pasada un puesto que ofrecía unos bombones llamados “Caracas”; cuando pregunté con qué cacao había sido hecho, me dijeron que de Malasia. Por supuesto, ahí no compré nada.

La historia del cacao está llena de deliciosas pequeñas historias. Dadas sus supuestas propiedades afrodisíacas, en tiempos coloniales algunos monjes franceses prohibieron su consumo y tanto en Francia como en España se llegó a catalogarlo de vicio; es evidente que el rechazo no prosperó. Se dice que fue el cocinero de Luis XIV quien ideó la manera de solidificar el chocolate, que para entonces sólo se ingería en forma líquida, así como el café o el té, pero la anécdota que más me divierte es la de una marquesa francesa que tuvo un hijo de piel bastante oscura y en su defensa argumentó que ello había sido el resultado de… ¡haber comido demasiado chocolate!

Theobroma cacao es el nombre científico del cacao. Theobroma significa “alimento de los dioses” y según la leyenda, nada menos que Quetzalcoatl, compadecido de las penurias de los toltecas, bajó a la Tierra a ayudarles y plantó un arbusto robado a los dioses, de donde surgió el cacao para darles alimento y fuerza. Es decir, si cuando me toque ir para otro mundo tengo la posibilidad de elegir un Paraíso, tal vez escoja el de los toltecas, porque allí chocolate ha de haber. No llegaré a decir aquello de que “Si en el Cielo no hay chocolate, ¡pues no voy!”, pero más le vale a Quetzalcoatl no haberse robado la única planta de cacao de allá, porque de lo contrario tendrá que vérselas conmigo; por si acaso y también para ir reuniendo energía, escribo esto al lado de una suculenta taza de espeso y humeante chocolate.


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Las fotos que aparecen en este artículo fueron tomadas por mí el viernes 16 de Octubre de 2009 en el 15° Salón del Chocolate de París. Más fotos e información sobre este salón, en http://www.salonduchocolat.fr/

domingo 11 de octubre de 2009

UN LIQUI-LIQUI EN LA GALIA / OJOS OBSERVANDO


“Hay ojos de miles miradas, cristales que observan al mundo pasar”.
Extracto de la canción “Ojos” de Rubén Blades.

¿Le ha ocurrido alguna vez que anda por la calle y de repente tiene la impresión de que unos ojos le observan? ¿Sí? Bueno, si usted pasea en estos días por la Isla de Saint-Louis y sus alrededores, en París, hay buena probabilidad de que tenga una sensación parecida. Porque en los muros y puentes de la zona va a encontrarse con unos enormes, inmensos, descomunales ojos que “miran” a los transeúntes. Es cierto; frótese los ojos para que vea.

No es un intento de supervisión y control ciudadano, un dispositivo bigbrotheriano en la mejor tradición de Orwell, una nueva variante de un programa de tele realidad, un anuncio de un producto oftalmológico o una recreación gráfica de la famosa escena en la que la caperucita roja le pregunta al lobo disfrazado de abuelita, por qué tiene los globos oculares tan grandes; es más bien el resultado de una peripecia artística que vale la pena… mirar.

El responsable es un artista plástico que utiliza el seudónimo de JR para identificarse y que después de haberse encontrado una cámara fotográfica en el metro de París, ya no pudo despegarse y ahora se dedica a la fotografía en grande. La expresión en este caso no es sólo un decir; a JR le encanta la gigantografía y puede afirmarse que exhibe sus obras en las galerías más grandes del mundo. Me refiero a terrazas, muros y subsuelos de ciudades: paredes del Medio Oriente, puentes rotos de África o techos de las favelas de Brasil han sido algunas de las superficies que JR ha escogido para mostrar su trabajo y así captar la atención de un público que no necesariamente frecuenta los museos y galerías tradicionales.

Desde el 2004, JR trabaja en el Proyecto 28 milímetros –llamado así por el tipo de lente fotográfico de gran angular que utiliza– cuya primera fase llegó incluso a ser reseñada en la primera página del reconocido diario New York Times. Ahora el proyecto se encuentra en su tercera etapa, llamada “Women are Heroes” (Las mujeres son héroes) que se exhibe actualmente en París; el fotógrafo ha retratado a más de 70 mujeres de diferentes partes del mundo y con la anuencia del municipio, ha colocado algunas de esas fotos –particularmente detalles como los ojos, que parece ser uno de sus motivos predilectos– en distintas paredes de la isla de Saint-Louis, sobre el río Sena. El artista reproduce las fotos en papel a tamaño de Gulliver en Liliput y luego las pega sobre los muros o lugares previamente seleccionados.

“Women are héroes” tiene como objetivo subrayar el rol principal de la mujer y resaltar su dignidad, pero el asunto no es solamente que unas imágenes colosales sorprendan a quien tenga la suerte de pasar cerca. Se ha diseñado además un sistema que permite a los paseantes marcar un número gratuito desde sus teléfonos celulares, para escuchar entrevistas con las mujeres fotografiadas y conocer su historia.

En la primera parte del libro “La Quinta Disciplina en la Práctica”, Peter Senge relata que en algunas tribus de Suráfrica se utiliza la expresión “Sawu bona” como saludo corriente. Significa: “Te veo y se responde con la expresión “Sikkhona” que quiere decir: “Estoy aquí”. Nos explica Senge que para efectos de la relación, el orden en que vienen dadas las frases es central: primero me ves, después existo. La primera, primerísima impresión que tuve al ver uno de esos ojos (no me había dado cuenta en ese instante de que había más de uno), fue que Polifemo se había mudado a las aguas del Sena; ya repuesto de la idea, digo que es hasta simpático caminar por París y encontrarse de pronto con unas pupilas, iris, párpados, pestañas y cejas monumentales. Luego surge la pregunta de qué rayos hacen esos ojos ahí, pero si se explora un poco más, entonces se da uno cuenta de que “están ahí” por algo que va más allá de una mirada de artista. Detrás de esos ojos que lo miran a uno hay un testimonio interesante, que hace pensar que vale la pena ser visto por ellos.

Las fotos que aparecen en este artículo fueron tomadas por mí, pero en la página http://www.womenareheroes-paris.net/ hay más imágenes –así como videos–, de superior calidad y desde otras perspectivas aún más interesantes. Si desean conocer más del trabajo de fotografía de JR, pueden visitar también http://www.jr-art.net/ y http://www.28millimetres.com. No se lo pierdan.

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jueves 8 de octubre de 2009

INSOLITUDES / MÚSICA, SEDUCCIÓN Y DIENTES

“Canto a la vida que soy tiburón
Que estoy del amor enamorado

Sé que encanto en la vida y encanto al amor

Que yo soy un tiburón enamorado”

Estrofa de la canción “Rey Tiburón” del grupo mexicano Maná.

“Baby, take it all off
I wanna see you the way you came into the world”
Extracto de la canción “Love Serenade” de Barry White.

Uno de los muchos retos que enfrentan los científicos que estudian especies animales salvajes es que no siempre pueden estar cerca para observar su comportamiento; por supuesto, la captura de algunos ejemplares puede paliar el asunto, pero es bien sabido que en cautividad los animales suelen modificar sus costumbres.

Por ejemplo, el asunto del cortejo y del apareamiento en cautiverio a veces es complicado. No es para menos; imagine por un momento que está usted con esa persona que le resulta tan especial, que todo está dado para una ocasión romántica y que comienza usted a utilizar sus mejores técnicas de seducción, cuando de pronto voltea y se da cuenta que detrás de un vidrio hay un grupo de personas con batas blancas observando y tomando nota de todo lo que usted hace. ¡A cualquiera se le va la libido de paseo!

Quién sabe si algo similar ocurría hace poco en un acuario de Londres, que abrigaba una hembra tiburón llamada “Mazawabee”, perteneciente a la especie conocida como Tiburón Cebra (Stegostoma fasciatum). Pues bien, con la intención de intentar su reproducción, a Mazawabee le trajeron desde Bélgica a “Zorro”, un macho de su misma especie al que le presentaron nada menos que el 14 de Febrero; sin embargo pasó el tiempo y Zorro, a pesar de estar precedido de una notable reputación de seductor, no prestó mayor atención a Mazawabee.

Figúrense la decepción de los científicos, que tenían expectativas con el encuentro y que veían los días transcurrir sin que Zorro demostrara interés por la chica. Tal vez la frustración o el aburrimiento llevó a alguno de los investigadores a plantear más o menos lo siguiente: ¿Y si le ponemos una música sensual, que agregue algo de sabor el asunto? Con los humanos suele dar resultado…

La extraña propuesta fue aceptada, imagino que entre otras razones porque no había nada que perder; total, Zorro andaba en su mundo sin hacer caso de Mazawabee. Ya había algunos tímidos antecedentes, como investigaciones que muestran que los peces pueden reconocer diferentes tipos de música, así como el hecho de que en algunos lugares hay vacas lecheras que han aumentado su productividad el escuchar piezas clásicas. Por otra parte, es sabido que una buena selección musical puede establecer la atmósfera para el romance; pero aun desde ese supuesto ¿cuál utilizar en este caso? Pues bien, fue la música del desaparecido Barry White la escogida para tratar de alborotarle las hormonas a Zorro.

Conocí el trabajo de Barry White a través de un LP (ése cuya foto incluyo en este artículo) que mi tío José Jesús trajo a mi casa durante la primera mitad de los 70s. El gigantesco músico salía retratado en la portada y el grupo que dirigía llevaba el sugestivo nombre de “La Orquesta del Amor Ilimitado”. No tenía yo suficiente edad para juzgar si la música era sensual o no, pero sí encontré en aquel vinil dos piezas que se mantienen entre mis canciones favoritas: “Love’s Theme” y “Rhapsody in White”.

Revise usted cualquiera de esas listas que existen por ahí sobre música sexy y es probable que encuentre alguna de las creaciones del genial artista norteamericano, ícono del soul, el disco y el funk. En la conocida serie de televisión “Ally McBeal”, el personaje John Cage era un abogado para quien el voluminoso maestro era ídolo y cuya música utilizaba para su desempeñó tanto en la corte como en la cama…

Vaya, aceptemos por un momento que la música de Barry White pudiera ayudar en el cortejo entre seres humanos, pero tendría el mismo efecto… ¡¿con un tiburón?!

Pues como que sí, al menos de acuerdo con dirigentes del acuario de Londres, que indicaron que después de ponerle algunas piezas de Barry White a Zorro, este se convirtió en una verdadera “máquina del amor”. El efecto fue tan vivo, que el personal debió advertir a los visitantes que los rituales de cortejo y apareamiento de los tiburones suelen ser violentos, para que no se alarmaran ante el lujurioso –aunque en apariencia no muy romántico– espectáculo.

El tema podría generar estudios suficientes para llenar una biblioteca. Me pregunto qué habría pasado con Zorro si en lugar de Barry White le hubieran puesto el “Tico-Tico” o la “Cumbia Cienaguera”. Deliremos un poco más y pensemos por ejemplo en una tesis sobre los efectos de las canciones de Julio Iglesias en la respuesta sexual del pavo, la influencia de las rancheras mexicanas en el apareamiento del cachicamo o… ¡mejor no sigamos! Por cierto, el apellido del extraordinario Barry White habría calado perfectamente en la experiencia comentada si el escualo hubiese sido de la especie Carcharodon carcharias, pero intuyo que no debe haber muchos investigadores interesados en sobre estimular a un gran tiburón blanco.

Barry White vendió más de 100 millones de discos y cuentan que es una de las personas a quien le lanzaron más ropa interior al escenario, a pesar de no haber sido precisamente el prototipo del adonis. Su reputación de “sexy” la fue construyendo a punta de temas con letras manifiestamente sugestivas, melodías románticas y un tono gravísimo que el hombre sabía explotar y que le valió el calificativo de “la Voz de Terciopelo”. Probablemente a causa de su gran tamaño también se le conocía con el mucho menos respetuoso mote de “La Morsa del Amor”; conexión acuática de por medio o no, el asunto es que el estímulo al romance que se le adjudica también funcionó, al menos en un caso registrado, entre criaturas marinas.


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